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Hubo otros mundos en este: cinco viajes en el tiempo al remoto pasado alienígena de la Tierra
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Hubo otros mundos en este: cinco viajes en el tiempo al remoto pasado alienígena de la Tierra

El científico y divulgador escocés Thomas Halliday publica 'Otros mundos' (Debate), un recorrido fascinante por ecosistemas del pasado más remoto y las increíbles criaturas que los habitaron, uno de los mejores libros del año

Foto: Omnides amplus, un asombroso y fiero depredador de hace más de 500 millones de años
Omnides amplus, un asombroso y fiero depredador de hace más de 500 millones de años

Nos tumbamos en la hierba a imaginar formas en las nubes, alimentamos con hierba a nuestras vacas y también a nuestros hijos, que no otra cosa son el trigo, el maíz o el arroz. Pero, en realidad, esas plantas herbáceas que nos parecen eternas son relativamente recientes, brotaron por primera vez hace setenta millones de años y se extendieron por todo el planeta hace cuarenta. Los gigantescos saurópodos del Jurásico, como el Diplodocus, no solo nunca pisaron una brizna de hierba, sino que tampoco se embriagaron con una flor. Entre la vida del último Diplodocus y la del primer Tyrannosaurus transcurrió más tiempo que entre la del último Tyrannosaurus y el nacimiento de usted que está leyendo esto.

"Mi nombre es Ozymandias, rey de reyes; contemplad mis obras, poderosos, y desesperaos". Siempre hemos leído los célebres versos de Shelley como una fúnebre advertencia sobre la caducidad de todo lo que existe, también de los poderosos soberanos de los más grandes imperios sólo quedarán ruinas como las de la estatua de Ramses II que acongojó al poeta cerca de Luxor. Y, sin embargo, hay otra interpretación más luminosa, reflexiona el joven científico británico Thomas Halliday en las primeras páginas de un libro memorable destinado ya a disputar el trono del mejor título de divulgación del año. A fin de cuentas, aquella efigie destrozada daba fe de la existencia de una época lejana de la que tal vez no supiéramos nada sin ella, de un faraón, de una civilización, de una cultura e incluso de una mirada al mundo. ¿No cumplen la misma función esos fósiles de animales extintos que nos permiten recrear los pasados más remotos y extraños? Tan extraños que parece alienígenas, otros mundos...

placeholder 'Otros mundos' (Debate)
'Otros mundos' (Debate)

Tal es el título del libro de Thomas Halliday: 'Otros mundos. Viaje por los ecosistemas extintos de la Tierra' (Debate). Se trata de un tour de force prodigioso -que recuerda al también excepcional 'Orígenes', de Lewis Dartnell'- escrito en estado de gracia por un paleontólogo y biólogo evolucionista treintañero que va desplegando estampas, a cada cual más antigua, de distintos escenarios de la vida en la Tierra entre la siberiana estepa de los mamuts de hace 20.000 años y las insólitas criaturas de la Ediacara australiana hace 550 millones de años. Exóticos ecosistemas vuelven a la vida con tal cantidad de detalles que el lector viaja en el tiempo mientras el planeta arde o se congela, los continentes se separan y vuelve a unirse, las extinciones masivas se suceden y la vida resiste y vuelve a plantar su semilla. De los dieciséis viajes lo pasado, elegimos cinco a modo de ejemplos de este inolvidable catálogo de maravillas.

Foto: Recreación de los antecesores de nuestra especie que dejaron sus huellas en Laetoli hace más de tres millones de años

1. La explosión cámbrica (hace 520 millones de años)

"La explosión del Cámbrico se ha descrito durante mucho tiempo como una irrupción repentina, prácticamente instantánea, de todos los filos en un periodo de no más de veinte millones de años. Aunque esto pueda parecer simplista, resulta extraño que, tanto en Chengjiang como en la posterior y más famosa biota del esquisto de Burgess, en el lejano Canadá, todos los filos modernos, los ingredientes básicos de la diversidad actual estén ya presentes. Todos los animales que existen hoy tienen su origen en el Cámbrico o, en algunos casos, antes".

Todos los animales que existen hoy tienen su origen en el Cámbrico

"El mundo anterior al Cámbrico era un entorno de fondos oceánicos bastante tranquilos, con la superficie del lecho marino como único hábitat ocupado por la vida pluricelular. Nada se adentraba en el lodo, ni nadaba activamente a gran velocidad por el agua sobre él. En un mundo más o menos estable, de alimentación por filtración, con animales que recogían con tranquilidad los detritus o el plancton a la deriva, algunos han empezado a ir en busca de su alimento. Los animales se han animado; ha nacido el depredador".

2. Millones de árboles escamosos reducidos a carbón (hace 309 millones de años)

"La ironía de todo esto es que, gracias al carbón depositado en toda la cordillera central de Pangea, estos lugares -Illinois y Kentucky, Gales y las Tierras Medias Occidentales de Gran Bretaña y Westfalia en Alemania- desempeñarán un papel fundamental en las primeras y aceleradas industrializaciones de los siglos XVIII y XIX, que usarán la fuerza motriz que les proporcionará el carbón almacenado bajo tierra durante los últimos trescientos nueve millones de años. Alrededor del 90 por ciento de todo el que existe actualmente en la Tierra se depositó durante el Carbonífero. Su gran abundancia en los lugares donde yacía hizo de él un combustible barato y de alto valor energético para la industrialización; el carbón movía las máquinas de vapor y era parte integrante del acero de alta calidad. El legado de los árboles escamosos perdura en una transformación climática que provocamos con cada tonelada de carbón quemada".

3. El día después del gran meteorito (hace 66 millones de años)

"El mundo se ha acabado. Hace dos años, un fragmento de roca de al menos diez kilómetros de ancho apareció en el cielo, al norte, y se desplazó hacia el sudoeste a miles de metros por segundo. Casi inmediatamente después de iluminar la estratosfera, colisionó con los mares poco profundos de Chicxulub, en el Yucatán del actual México. La corteza terrestre se quebró y se fundió con el impacto y el magma ardiente salió despedido al cielo. En el aire frío, las gotas de rocas fundidas a solidificar en el transcurso de tres días y vieron esferas de cristal caliente sobre media América del Norte. El calor que acumulaban quemó los bosques, mató a dos tercios de las especies de árboles de todo el mundo, hasta el último espécimen, y provocó una deforestación en lugares tan lejanos como Nueva Zelanda".

placeholder Reconstrucción artística del meteorito que acabó con los dinosaurios (EFE / Joschua Knüppe)
Reconstrucción artística del meteorito que acabó con los dinosaurios (EFE / Joschua Knüppe)

"Tras dos años de oscuridad, dos años sin fotosíntesis en todo el mundo, dos años de lluvia con ácido nítrico y sulfúrico disueltos cayendo sobre los océanos, las poblaciones se han perdido. Las especies adaptadas al calor no han podido sobrevivir, y tanto los herbívoros como los carnívoros de gran tamaño, privados de todo suministro de alimentos, han muerto de inanición. De tres cuartas partes de las especies de la Tierra, cada macho, cada hembra, cada adulto y cada cría están muertos. Es un invierno que durará una generación".

4. El origen de nuestra especie (hace 4 millones de años)

"El grito de alarma de un turaco causa alboroto en un grupo de Australopithecus. Perturbados por la masticación de unas hojas, los homínidos se ponen en pie y corren a trepar por las lianas para ponerse a salvo en una espina de invierno, una acacia de tronco ancho y ramas extendidas; el Australopithecus es el primer homínido que camina y corre exclusivamente sobre dos patas. Los rictus hostiles muestran sus enormes caninos cuando se aferran a las ramas, inclinados hacia la fuente de su temor y su furia, mientras los vencejos dan vueltas en su interminable danza anular. Hay algo que los amenaza allí abajo, sobre la hierba: una pitón, para la que un australopiteco sería una presa de buen tamaño".

Hablar de los primeros humanos es como clavar un poste en un antiguo río que dice 'no hay humanos hasta este punto', sin importar la corriente

"Hablar de los primeros humanos es como clavar un poste en un antiguo río que dice 'no hay humanos hasta este punto', sin importar la corriente contigua que fluye alrededor de su base. No hay nada esencial para la humanidad, ninguna característica única que haya hecho que una criatura sea intrínsecamente humana cuando sus padres no lo eran. Si avanzamos con rapidez, si aceleramos el tiempo y seguimos a los Australopithecus Anamensis a medida que los rasgos generales de la comunidad se transforman en los de Australopithecus Afarensis, se constata la escasa importancia -o al menos la ambigüedad- de esta noción de especie a lo largo del eje del tiempo. En la dimensión temporal, las distinciones que establecen las clasificaciones linneanas carecen de sentido. Por mucho que se intente definir cada punto antes del poste como 'no humano'', y los de más allá como 'humano', el río fluye continuamente"

5. El gran deshielo (hace 20.000 años)

"En la estepa de los mamuts, el conjunto de las grandes poblaciones de herbívoros pinta el cuadro de una comunidad próspera. Hay ciertas reglas fundamentales que todos los ecosistemas deben seguir. La energía, que suele proceder de la luz solar o, en raras ocasiones, de la descomposición de los minerales, debe fluir para reemplazar la que se pierde con la actividad y la putrefacción. Los organismos que pueden acceder a esta energía son los productores, y los que no pueden son los consumidores, que se alimentan de otros seres vivos para sobrevivir. Cuanta más energía produzcan los primeros, más de los segundos podrán mantenerse. Y la estepa de Bering es extraordinariamente productiva. En el inhóspito extremo norte de Siberia, cada kilómetro cuadrado sustenta a unas diez toneladas de animales —equivalentes a unos cien caribúes—, muchos más de los que, en la actualidad, pueden sobrevivir en lugares fríos similares. En un ecosistema, el número de depredadores es siempre inferior al de productores; en verano, esto llega a extremos en la vertiente norte".

placeholder Un hombre pasa junto a las esculturas de mamuts en Khanty-Mansiysk, Rusia. (EFE/SERGEI ILNITSKY)
Un hombre pasa junto a las esculturas de mamuts en Khanty-Mansiysk, Rusia. (EFE/SERGEI ILNITSKY)

"Al derretirse las capas de hielo y subir el nivel del mar, hay más agua para la evaporación, más agua que puede añadirse al paisaje. Ahora, el clima es variable y a veces produce veranos más cálidos y húmedos de lo habitual; trae humedad a Beringia y, con ella, nubes en verano y putrefacción en otoño. La existencia de la estepa de los mamuts ha dependido de la aridez y de los claros e interminables cielos azules. Cuando los veranos son cálidos y húmedos, hay menos posibilidades de que el agua encuentre zonas de drenaje, formando así ciénagas locales, descomponiendo el material vegetal y produciendo turba. El aumento de esta inicia una cascada destructiva para la estepa".

Nos tumbamos en la hierba a imaginar formas en las nubes, alimentamos con hierba a nuestras vacas y también a nuestros hijos, que no otra cosa son el trigo, el maíz o el arroz. Pero, en realidad, esas plantas herbáceas que nos parecen eternas son relativamente recientes, brotaron por primera vez hace setenta millones de años y se extendieron por todo el planeta hace cuarenta. Los gigantescos saurópodos del Jurásico, como el Diplodocus, no solo nunca pisaron una brizna de hierba, sino que tampoco se embriagaron con una flor. Entre la vida del último Diplodocus y la del primer Tyrannosaurus transcurrió más tiempo que entre la del último Tyrannosaurus y el nacimiento de usted que está leyendo esto.