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Carla Simón conquista a la crítica con 'Alcarràs': "La mujer de campo aguanta mucho"
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Carla Simón conquista a la crítica con 'Alcarràs': "La mujer de campo aguanta mucho"

La directora galardonada con el Oso de Oro en Berlín hizo historia; su retrato del desmoronamiento del campo llega a las salas españolas recibida con un aplauso unánime

Foto: Carla Simón, directora de 'Alcarràs' (EFE Mariscal)
Carla Simón, directora de 'Alcarràs' (EFE Mariscal)
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"Queremos vivir de la tierra", exclaman los protagonistas de 'Alcarràs' mientras el sustento de su familia se desmorona. Al final del verano, tendrán que abandonar la plantación de melocotones que regentan por un acuerdo de palabra desde el final de la Guerra Civil. El fruto está dejando de ser rentable y el heredero de las tierras ha decidido colocar placas solares donde antes sombreaban los árboles. En 'Alcarràs', como en muchas regiones de España, la vida en el campo languidece y cada protagonista lo afronta desde su rincón. Con la resignación del patriarca retirado, con la ira y la frustración del padre-patrón, con la incredulidad de los niños y la rebeldía del adolescente.

"Es una crónica de una muerte anunciada", cuenta Carla Simón (Barcelona, 1986). El segundo largometraje de esta directora catalana hizo historia hace unos meses al alzarse con el Oso de Oro en el Festival de Berlín, cuando se convirtió en la primera española con este galardón. En 'Verano 1993', Simón convenció a la crítica por su sensibilidad para el relato oculto, aquel que los niños captan con una mirada furtiva. Aquella era una película con matiz autobiográfico, sobre el duelo de una niña que perdía a sus padres y se adaptaba a una nueva vida. Tras conquistar uno de los festivales de cine internacionales más importantes del mundo, 'Alcarràs' ha conquistado a la crítica y llega se estrena este viernes en las salas españolas.

Foto: La ficticia pero increíblemente real familia Solé protagoniza 'Alcarrás', de Carla Simón. (Avalon)

PREGUNTA. Quienes protagonizan 'Alcarràs' son actores no profesionales. Rostros desconocidos en la gran pantalla, y a la vez familiares para el espectador. Podría conocerlos, cruzárselos por la calle...

RESPUESTA. Es un elenco muy grande, muchos de ellos son niños y adolescentes que no tenían experiencia previa. Creo que se nota en la piel y en las manos si alguien trabaja en el campo. Si alguien ha pasado muchas horas bajo el sol, se ve perfectamente. De alguna manera, era importante mantener eso para conseguir una naturalidad... También era importante el tema del catalán. En la zona de Lleida se habla un catalán muy específico. Como trabajo con un guion, pero improvisando un poco, me parecía necesario que el actor no tuviera que fingir esa forma de hablar, ese acento. Vimos actores y actrices, pero al final nos decantamos por la gente de la zona, que tiene un vínculo real con la tierra. Así, nos parecía más fácil retratar la historia que cuenta 'Alcarràs'. La única que es actriz profesional es mi hermana, Berta Pipó, que también ayudó en la parte de 'casting'. Vimos actores también, pero los que no lo eran nos terminaron gustando más.

P. ¿Por qué contar el desmoronamiento del campo, de la agricultura familiar? ¿Qué tiene de autobiográfico?

R. Mis tíos cultivan melocotones en Alcarràs. No nací ahí, pero es una zona que conozco porque solía pasar las vacaciones allí. Siempre me había llamado mucho la atención cinematográficamente. Por sus paisajes, por la luz que tiene... Cuando estaba escribiendo 'Verano 1993', murió mi abuelo. Fue un momento de valorar su legado, lo que nos había dejado. Por un momento, imaginé qué pasaría si los árboles desaparecieran. Si esta tierra que él cultivaba ya no estuviera, por algún motivo. Mis tíos siguen cultivando, pero hablando con la gente de la zona te das cuenta de que este modelo está dejando de ser sostenible. Este oficio tan viejo y la agricultura en familia están desapareciendo y, poco a poco, la gente está dejando la tierra. No es que se acabe la agricultura, porque la necesitamos para comer, pero están cambiando los modelos. Contar el final de una manera de vivir me parecía interesante.

Foto: Carla Simón se lleva el Oso de Oro de la Berlinale por 'Alcarràs'. (Reuters/ Hannibal Hanschke)

P. 'Alcarràs' retrata la descomposición de esa vida a través de los miembros de una familia. El abuelo que recoge los frutos con amor, los niños que convierten el campo en su terreno de juego... Pero también el hombre que se parte la espalda trabajando, la presión, la precariedad. ¿Era importante no idealizar la dureza del campo?

R. Totalmente. Como yo no vivo ahí, me parecía importante no reflejar una mirada externa. Eso es algo que tuvimos que trabajar desde la escritura del guion... Nos mudamos allí durante dos veranos con Arnau Vilaró, el coguionista, vivimos en la masía de mis tíos donde cosechan melocotones. Era una manera de sentir de cerca su trabajo, escucharles, verles. También era importante cuidar ese aspecto visualmente, desde dónde pones la cámara. Era importante no llegar ahí y pensar: 'Mira qué paisaje tan bonito, qué luz tan bonita'. No contar el lugar desde el punto de vista idealizado de quien no lo conoce, sino desde el de ellos. Evidentemente, un día te mandan una fotografía de una puesta de sol impresionante. Pero, en general, los que viven allí saben que hace calor, que trabajar la tierra es duro. Están allí todos los días y no lo ven solo con los ojos del 'qué bonito es esto'. La premisa de la película es contarlo todo desde los personajes. En ese sentido, eso surgió de manera natural, el evitar idealizarlo.

P. En 'Verano 1993', la mirada de la infancia es el punto de vista principal. En 'Alcarràs', la trama pasa por niños, adolescentes, jóvenes, adultos, ancianos. Personajes que ven desaparecer su vida y su sustento. ¿Qué es lo que aporta ese relato coral y generacional?

R. Es curioso. Cuando empezamos a desarrollar la historia, yo pensaba que la forma más natural de contarla era la de Quimet. Un hombre, agricultor, de 45 años. Obviamente, yo estoy muy alejada de ese punto de vista. Entonces, era crucial encontrar una perspectiva que también me resultara natural. Y quizá ese lugar era el de formar parte de una familia muy grande. De ahí surgió la idea de la coralidad, la de contar la crisis desde todos esos personajes. Veníamos de 'Verano 1993', que era una película con un punto de vista, y tuvimos que trabajar mucho el equilibrio del relato a través de muchas voces. Encontrar qué tipo de coralidad queríamos, porque hay muchas.

"Si no hay relevo en el campo no es por falta de vocación, sino de oportunidades"

Al final, nos decantamos por esa idea de tratar la familia como un único cuerpo emocional, como si todos estuvieran en el mismo barco y hubiera un relevo de emociones. Que la emoción de un personaje afecta a otro y se van intercambiando para que el espectador pueda estar un ratito con cada uno, empatizar y entender cómo se siente dentro del conflicto que viven. Eso es algo que también tuvimos que trabajar en las posiciones de cámara y en el montaje. La primera versión era larguísima y hay cosas que cambiaron un poco en el guion. Encontramos conexiones más directas que no estaban escritas antes para poder tratar esa emoción colectiva.

P. En los primeros minutos de la película, una grúa se lleva un viejo coche donde jugaban los niños para despejar el campo y empezar a instalar placas solares. En lugar de mostrar la grúa, la película muestra a todos los personajes mientras la miran. Se escucha su ruido, se refleja la preocupación en las miradas de los personajes, pero la grúa no se muestra hasta el final. Es un planteamiento que se repite a lo largo de 'Alcarràs', el de prestar más atención a quien mira que al objeto que se mira. La hace más pausada, más críptica, si se quiere...

R. Para mí, tiene más misterio contar las cosas así. Atender al que mira, porque está descubriendo algo. Siento que la emoción es más fuerte desde el que descubre algo que desde el que lo vive en primera persona. Por ejemplo, hay una escena de una pelea en el pantano que solo se ve a lo lejos, desde el punto de vista del hijo, que está mirando desde fuera. En ese caso, la emoción del hijo me parecía mucho más potente que el que está enfadado y se pelea. De hecho, probamos a rodar una vez esa pelea desde dentro, desde uno de los personajes que participaban. Pero no me interesaba nada. Esa cosa del que descubre, el que mira, el que recibe, es más potente emocionalmente. Pero también hay algo estilístico en eso, que hace la película menos explícita. Si se está siempre en el centro del drama, se cuenta directamente lo que ocurre. Pero, a nivel emocional, no dejas que el espectador siga su propio camino, sino que le estás induciendo mucho más.

placeholder Un fotograma de 'Alcarràs'. (Avalon)
Un fotograma de 'Alcarràs'. (Avalon)

P. Quizá esa es una característica de la mirada infantil de 'Verano 1993'. Los niños descubren las cosas furtivamente, en las conversaciones de los adultos, en recuerdos, en detalles...

R. Hasta ahora, mi rol en la familia siempre ha sido el de una nueva generación. Ahora estoy embarazada y eso puede cambiar, pero aun siendo adulta, he ocupado el papel de una nueva generación en mi familia. Por eso hay algo que puedo contar mejor desde ese rol. De pequeña, como me ocurrió lo que se cuenta en 'Verano 1993', supongo que tengo algo que me lleva a explorar la psicología de los niños. Me parece muy interesante y compleja. En el caso de 'Alcarràs', ellos tienen su pequeña trama que va más avanzada que la de los adultos. Esto es como una crónica de una muerte anunciada, en la que tendrán que dejar la tierra al final del verano. Pero a los primeros a los que les quitan su lugar de juego es a los niños. Entonces, tienen que buscar un nuevo lugar para jugar a lo largo de la peli. Se adaptan y escalan de forma mucho más rápida que los adultos y eso me interesaba como metáfora.

P. El personaje de Roger, el hijo mayor que descubre la pelea, es el de un joven que no quiere abandonar el campo. Al pensar en la desaparición de la vida rural, ¿se pasan por alto esas voces, la de los jóvenes que quieren conservar y heredar? ¿La de aquellos a los que les interesa la agricultura?

R. Había muchas maneras de afrontar esa cuestión, de si los hijos quieren heredar la tierra o no. Le dimos muchas vueltas, pero era interesante mostrar a un joven que sí quisiera trabajar en el campo. Pensamos que existe una falta de relevo generacional en la agricultura porque no hay vocación. Y no es eso, porque el amor por la tierra se transmite de manera muy directa entre padres e hijos. Muchas veces no es una falta de vocación, sino una falta de oportunidades o de que ese modo de vida ha dejado de ser sostenible. Los agricultores tienen esa contradicción: les gustaría que sus hijos siguieran llevando la tierra pero quieren que estudien y se vayan, porque es difícil vivir de ello. A lo mejor, la agricultura en familia está desapareciendo porque vienen otros modelos más extensivos y de explotación. Pero en esa manera de cultivar ecológica es donde yo veo un poco de luz, porque no la puedes hacer en grande. En la película, el hijo quiere explorar eso, pero el padre le empuja a que estudie, le parece una tontería. Es muy sutil, pero el personaje plantea que podría haber un relevo generacional, que si no lo hay no es por falta de vocación.

"Siento que la emoción es más fuerte desde el que mira algo que desde el que lo vive en primera persona"

P. La llegada de las placas solares es la principal trama de 'Alcarràs', pero en ella se inscriben muchas otras: las tierras apalabradas como favores desde la Guerra Civil, los roles de hombres y mujeres en la familia, el crecimiento de una chica adolescente, el desbarre de un joven díscolo... ¿Por qué llegar a todos esos detalles?

R. Me gusta trabajar por capas en las películas. Con cosas que son evidentes y otras que se quedan un poco más por debajo. Realmente, el tema de la propiedad de la tierra es algo que en España no se ha solucionado muy bien. En un caso como el de la película, es verdad que la tierra podría terminar siendo del que la trabaja... Pero si hay un acuerdo solo de palabra puede ser que no. Lleida es un sitio donde la guerra está muy presente. En el paisaje, porque hay búnqueres y trincheras, pero también en la memoria de la gente y de las familias. En otros sitios más grandes, eso no sale tan a menudo. Al final, esta película habla de la tradición y del cambio, de cómo ciertas cosas que antes funcionaban (como un acuerdo de palabra) ya no funcionan. Es lícito entender a la familia protagonista, pero también al que hereda la tierra legítimamente y cuestiona ese acuerdo apalabrado de hace décadas. Y que, encima, quiere poner placas solares en el campo. También eso es algo necesario, con toda su controversia. El dilema es un poco más complejo y eso me parecía guay.

placeholder Un fotograma de 'Alcarràs'. (Avalon)
Un fotograma de 'Alcarràs'. (Avalon)

El tema del género también me parecía importante. Ahora mismo, estamos concienciados con que necesitamos más historias de mujeres feministas y empoderadas, que rompen. Pero hay lugares donde estos procesos van más despacios, como el mundo rural. No significa que esto no esté llegando. Mi prima es parte de la asamblea feminista de Alcarràs y está a tope con ello. Nuestra intención era mostrar que está llegando, pero que va más lento. Las mujeres de campo, muchas veces, aguantan mucho porque hacen el trabajo de casa y el de fuera. Lo llevan todo encima.

P. 'Alcarràs' ha hecho historia en el cine español con el Oso de Oro en el Festival de Cine de Berlín. Han pasado meses de aquello, y la crítica ha recibido el estreno en España con un entusiasmo unánime. ¿Cómo lo lleva?

R. Es muy guay. Me siento muy afortunada por haber contado la peli como quería contarla. Con mis manías de no ser explícita, de la sutileza y de prestar atención a cosas que no están tan presentes. Es muy bonito el momento de verla con el público, que conectan y que la entienden. Significa que todo aquello por lo que habías apostado en la manera de contar una historia funciona. Sobre todo, me hace sentir muy afortunada de que la gente entienda mi sensibilidad.

"Queremos vivir de la tierra", exclaman los protagonistas de 'Alcarràs' mientras el sustento de su familia se desmorona. Al final del verano, tendrán que abandonar la plantación de melocotones que regentan por un acuerdo de palabra desde el final de la Guerra Civil. El fruto está dejando de ser rentable y el heredero de las tierras ha decidido colocar placas solares donde antes sombreaban los árboles. En 'Alcarràs', como en muchas regiones de España, la vida en el campo languidece y cada protagonista lo afronta desde su rincón. Con la resignación del patriarca retirado, con la ira y la frustración del padre-patrón, con la incredulidad de los niños y la rebeldía del adolescente.

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