El último secreto de Rosalía
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El último secreto de Rosalía

El libro 'La Rosalía. Ensayos sobre el buen querer' recoge varios artículos que intentan explicar el fenómeno desde una mirada que combina la música, la moda, el arte y sus raíces

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Rosalía en el Palau Sant Jordi de Barcelona en 2019 (EFE)

Cuando hace tres años Rosalía Vila Tobella (Sant Esteve de Sesrorives, 1993) entró en el centro de manicura Divine Nails de Cerdanyola del Vallés para colocarse unas uñas postizas extremas de varios colores buscaba un estilo propio. La cantante tenía 19.000 seguidores en su cuenta de Instagram -que no está mal, pero no es ningún fenómeno-, su disco ‘Los Ángeles’ había vendido 8.000 copias, que tampoco es mala cifra, aunque ningún boom. Pero ahí, en ese interés estético, ya algo palpitaba. Los siguientes meses, como todo el mundo sabe, fueron meteóricos: se lanzó ‘El mal querer’ coproducido por ella y El Guincho, y el videoclip de ‘Malamente’ con toda esa estética de polígono - “a Sant Esteve por cualquier calle que entres hay un polígono”, ha dicho ella en entrevistas- con su maquinaria pesada, su chándal y... sus uñas. Tiempo después de aquella manicura Rosalía tiene más de 16 millones de seguidores en Instagram, ha ganado varios Grammys (y no solo latinos), ha aparecido en una película de Pedro Almodóvar… y el centro de estética tiene una sucursal en Barcelona y atiende a clientes nacionales e internacionales. Eso es que te toque el Gordo con la clientela.

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'La Rosalía. Ensayos sobre el buen querer'

Quizá por eso lo próximo es el abandono de esas uñas largas. Rosalía, ya sin apellidos, y encumbrada a Diosalía, es -como dice la frase hecha, pero es que no hay otra manera de decirlo- el mayor fenómeno musical español desde Julio Iglesias y Alejandro Sanz. Y no solo en la música. Dicta tendencia, fórmulas, modas. Hasta un tuit en el que escribió “fuck Vox” tuvo interpretaciones políticas. No extraña que se publique estos días el libro ‘La Rosalía. Ensayos sobre el buen querer’ (Errata Naturae), coordinado por el escritor y crítico cultural Jorge Carrión, en el que críticos, escritores, poetas, músicos y periodistas explican desde una mirada poliédrica el fenómeno. Con una conclusión sencilla y cristalina porque al fin y al cabo es una oda, no una investigación sobre posibles tramas mercantiles: lo de Rosalía es algo que solo se ve cada cincuenta años. Como decía aquel crítico del The New York Times en esa anécdota sobre Lola Flores que ya se ha demostrado que es falsa, pero que sigue quedando estupenda: no se la pierdan.

"Es la artista española que mejor ha entendido el diálogo entre la tradición y las redes sociales, entre el arte e internet, entre lo clásico y lo viral"

“Creo que es la artista española que mejor ha entendido el diálogo que he pensado en mi último libro, 'Lo viral', entre la tradición y las redes sociales, entre el arte e internet, entre lo clásico y lo viral. Además ha tenido suerte, como explica Bruno Galindo en su texto del libro”, explica Carrión a El Confidencial como una explicación grosso modo del porqué del éxito global.

Y esta cuestión la desarrolla en el prólogo de este ensayo, donde escribe: “Un concierto de Rosalía es un espacio de encuentro entre generaciones y clases sociales (...) y conviven las cajeras del supermercado con las economistas y las influencers”, escribe Carrión sobre el boom transversal que supone la artista. Una mezcla que alcanza otros aspectos como la capacidad para trabajar con distintas pantallas, como buena nativa digital: en sus espectáculos puede haber un encadenado de fotos de Instagram, mensajes de whatsapp o videos de YouTube. La esencia de nuestros tiempos con las dos compañías que dictan nuestros pasos: Facebook y Google. Efectivamente, no puede haber nada más contemporáneo que eso.

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Rosalía en el Wizink Center de Madrid en 2019 (EFE)

Pero, escribe Carrión, la capacidad de Rosalía no es solo que mira hacia adelante, sino también hacia atrás, hacia lo clásico y la tradición flamenca. Y esta última, paradójicamente, es hoy epítome de lo moderno, aunque, como comenta Carrión a este periódico, tampoco es algo tan inusual. “La modernidad siempre ha tenido fundamentos fuertes en la tradición. Ser radical es ir a las raíces. Rosalía también es radicante, como la hiedra. Martha Asunción Alonso habla de su parentesco con Lorca, que además de poeta fue músico y pintor. También él tuvo una excelente recepción en EEUU, por cierto”.

"La modernidad siempre ha tenido fundamentos fuertes en la tradición. Ser radical es ir a las raíces. Rosalía también es radicante"

La primera foto que colgó en Instagram, el 6 de octubre de 2013, quizá el año en el que empezó realmente el siglo XXI con las consecuencias de la gran crisis, ella, que tiene 20 años, está junto a su perro rodeada de discos de vinilo de Conchita Piquer, Rocío Jurado, Camarón de la Isla y Enrique Morente. Años después, cuando empezó a colaborar con Raul Refree, interpretó ‘Catalina’, versión del flamenco Manuel Vallejo. “Lo clásico le permite aterrizar, anclarse en el suelo, no perder el norte por culpa de la circulación estratosférica, por vías de alta velocidad, de su imagen, de sus videoclips, de sus canciones, de sus fotos, de sus tuits, de sus premios, de sus éxitos y de sus polémicas”, prosigue Carrión. En resumen: es un éxito porque es urbana y flamenca, porque es antigua y es viral.

Otra de las patas tiene que ver con lo colaborativo. Ocurre con su generación. Los discos no son individuales. Eso cuando hay un álbum de estudio y no singles. Desde ‘El mal querer’, Rosalía ha colaborado con la cima musical actual y con estilos tan diferentes como el de Billie Eilish - 75 millones de seguidores en Instagram - con quien a comienzos de este año lanzó ‘Lo vas a olvidar’, el de Bud Bunny, cuyo tema ‘La noche de anoche’ lleva casi 300 millones de escuchas en Spotify o el de J. Balvin -su canción ‘Con altura’ llega ya a 543 millones de escuchas. Todos ellos, por cierto, también empezaron subiendo sus temas a plataformas como Soundcloud, Instagram o YouTube (y siguen haciéndolo a lo que va a apareciendo como Tik Tok o Genius).

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Rosalía y Bad Bunny (SNL)

“Sus obras son colaborativas en todos los niveles, desde la idea y la composición hasta la edición y el directo, pasando por el diseño gráfico, las coreografías, el estilismo o los videoclips”, escribe Carrión que recuerda cómo en ‘El mal querer’ participan desde El Guincho a Ferrán Etchegaray en la dramaturgia, su hermana Pili en el estilismo y Felip Cusic en el arte visual del disco, entre otros artistas. Ahora bien, un asunto que sublima todo esto, según este crítico cultural, y que la acerca a artistas de principios del siglo XX como Breton y Duchamp y a las últimas divas del pasado siglo como Madonna y Bjork es que Rosalía se reserva el control de toda la creación. “Siempre hay alguien que lidera el equipo, y en mi caso, soy yo misma”, ha zanjado en alguna ocasión la propia cantante.

El flamenco, la moda, el éxito

Más allá de estos trazos gruesos, el ensayo abunda en aspectos como ‘Flamenca’, la novela medieval que inspiró la estructura de ‘El mal querer’, a cargo del flamencólogo Pedro G. Romero; el crítico musical Javier Blánquez abunda en que no hay un estilo concreto en la música de Rosalía, que se nutre de todo lo que le da la gana (como hacía Bjork); y el músico y escritor Bruno Galindo desentraña cómo se produjo el éxito desde sus inicios en 2016 cuando todavía colaboraba con C. Tangana (y era su pareja). Todavía hay quien recuerda aquellos bolos por Madrid en lugares como Casa Patas o la Sala Berlanga junto a Refree (y, para algunos, todavía ni siquiera estaba a la altura de una Silvia Pérez Cruz o Rocío Márquez). Por aquel entonces, Rosalía decía que tenía tres cosas muy claras, como desvela Galindo: quería hacer música de calidad, pero comercial y susceptible a convertirse en un éxito global; quería que le ocurriera como a Luz Casal (seguir en los escenarios a su edad) y colaborar con James Blake. Lo de la edad aún no se sabe, pero el resto lo ha cumplido ya de largo. Y el pistoletazo de salida fue en enero de 2018 como cuenta este escritor que también recalca que, como en todo en la vida, también hubo un poco de suerte para el despegue mundial (como que en una de tus actuaciones antes de los Grammy Latino pasara por allí Alejandro Sanz).

El despegue fue en enero de 2018 como cuenta Galindo que también recalca que, como en todo en la vida, también hubo un poco de suerte

Más aristas del libro: la producción escénica, musical y audiovisual vista por la crítica de arte Marisol Salanova; la interpretación de sus uñas-garfias como seña de identidad a cargo del escritor y músico Reinaldo Laddaga; las prendas con todos sus significados -la capa, la capucha, el chándal, las plataformas- desmenuzados por la ensayista Marilena de Chiara; los ecos poéticos lorquianos de sus letras detectados por la poeta Martha Asunción Alonso; y dos asuntos que quizá más controversias han levantado desde que Rosalía escapó de Barcelona para lanzarse al mundo (porque estas son las polémicas de las redes cada día): el apropiacionismo cultural y el feminismo, a cargo del escritor Agustín Fernández-Mallo y la poeta y periodista Isabel Navarro, respectivamente.

placeholder Rosalía y J. Balvin en Coachella en 2019 (EFE)
Rosalía y J. Balvin en Coachella en 2019 (EFE)

Del primero, ella misma lo ha dejado claro: “El flamenco no es propiedad de los gitanos. No es propiedad de nadie, de hecho. Y no pasa nada por experimentar con él. Es sano”. Incluso cuando le han insinuado que lo flamenco le podía quedar algo lejano por ser catalana: “En Cataluña, la cultura andaluza se respira en cada esquina, vengas de donde vengas, seas quien seas. Yo me he criado entre hijos de inmigrantes andaluces. Uno no es solo aquello que le viene dado, también aquello que elige ser”. Su propio bautizo fue escuchar un día a Camarón a todo trapo mientras salía de los altavoces de un coche en un parque de la ciudad industrial en la que creció.

“El flamenco no es propiedad de los gitanos. No es propiedad de nadie, de hecho. Y no pasa nada por experimentar con él"

Precisamente, el cronista Christian Segura establece un recorrido biográfico de la artista para entender sus claves, como el barrio y el polígono sin tener nada que ver estos con la marginalidad -al final y al cabo como se dice en algún momento Rosalía es una “choni ilustrada”, una mujer con estudios, culta- aspectos en los que se recrea la crítica Mery Cuesta con un cierto halago hacia lo quinqui (y aquel cine y expresiones artísticas de los ochenta). Para terminar, la periodista Berta Jiménez Luesma cita diez nombres de artistas afines a Rosalía como Nathy Peluso -actuó recientemente en los Goya-, Queralt Lahoz o María Arnal.

“Una cultura de la remezcla, el nomadismo estético, las colaboraciones anómalas en estructuras colectivas, las raíces y los viajes, el origen concreto y el destino global, los cuerpos y las pantallas”. Así resume Jorge Carrión la cultura de estas primeras décadas del siglo XXI, esa que han captado a la perfección Rosalía, Billie Eilish o Bud Bunny y que podemos extrapolar a C. Tangana (su último disco con esas colaboraciones y aires tradicionales es un manual de esta tendencia). ¿Y esto cuánto durará? ¿Cuánto se puede mantener Rosalía en el top global? “En el mundo de la viralidad y el estrellato pop, todo es frágil. Pero yo intuyo que Rosalía tiene raíces fuertes, clásicas, musicales, artísticas, flamencas, buenas herramientas para enfrentarse a esa amenaza constante: lo fuerte en cualquier momento se vuelve frágil”, zanja Carrión.

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