Las élites que no amaban a su pueblo: qué es el populismo (y qué no es)
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Las élites que no amaban a su pueblo: qué es el populismo (y qué no es)

El periodista y escritor Thomas Frank ofrece en su último libro una historia libre de tópicos del populismo estadounidense

placeholder Foto: Trump y Biden reflejados en la cámara de un operador en el segundo debate presidencial en EEUU. (Reuters)
Trump y Biden reflejados en la cámara de un operador en el segundo debate presidencial en EEUU. (Reuters)

El candidato electoral es un demagogo. Promete "una cruzada que restaure América para su propia gente" y presupone que sus ideas son idénticas a las del pueblo estadounidense, al que se oponen una minoría de élites que conspiran contra él. Exhibe aquello que Richard Hofstadter definió como un "estilo paranoico". Carga contra sus presuntos enemigos en el establishment: "son unánimes en su odio hacia mí, y yo recibo su odio con los brazos abiertos". Pero estas florituras no engañan a nadie. El candidato también es un miembro del establishment, un neoyorquino poderoso perteneciente a una familia rica.

¿Donald Trump? No, Franklin Roosevelt: el presidente más exitoso de Estados Unidos en el siglo XX. Realizó las declaraciones anteriores en 1936, durante su campaña de reelección, en la que aplastó al candidato republicano por casi 25 puntos. Pero hoy su partido rechazaría emplear esta retórica, tachándola de radical o divisiva. Desde los años 70, el Partido Demócrata se ha desvinculado de los trabajadores estadounidenses, convirtiéndose en el representante de las clases medias educadas. Con el tiempo, el centro-izquierda se ha vuelto el portaestandarte de las élites culturales, a la conquista de estabilidad y moderación con un barniz de progresismo social. La paradoja es que Joe Biden acaba de ganar las elecciones presidenciales gracias al rechazo visceral que produce su rival, no porque su campaña tibia y renqueante inspirase a nadie.

Señoritos contra esnobs y pijos contra pedantes: tal es la pugna política en EEUU

Nada de esto quiere decir que el Partido Republicano se haya convertido en el tribuno de la clase trabajadora estadounidense. Pese a su retórica proteccionista y antisistema, el legado más tangible de Trump será rebajar impuestos a grandes corporaciones, nominar a jueces conservadores y desregular (más aún) la economía estadounidense. Los republicanos siguen siendo el partido de los plutócratas. Señoritos contra esnobs y pijos contra pedantes: la competición política en EEUU parece haber degenerado en una guerra cultural tan inconsecuente como agotadora.

Esta es la tesis del nuevo libro de Thomas Frank. El periodista y escritor, conocido por ensayos sugerentes sobre las batallas culturales mediante las que el Partido Republicano alcanza y ejerce el poder (¿Qué pasa con Kansas?) o la deriva conservadora del Partido Demócrata (Listen, Liberal), centra su último texto en una tercera corriente política: el populismo estadounidense. Contra la legión de académicos y periodistas que usan este término como sinónimo de nacionalismo o derecha radical, Fank lo considera la tradición emancipadora estadounidense por excelencia. 'The People, No: A Brief History of Anti-Populism' es una crítica sin contemplaciones a las élites que se han opuesto al populismo americano a lo largo de su historia, así como a los impostores que han pretendido cooptarlo con fines espurios.

placeholder 'The People, No'
'The People, No'

Roosevelt fue su máximo exponente, pero los pioneros del populismo estadounidense se encuentran en la Farmer’s Alliance y el People’s Party, movimientos de agricultores en las grandes praderas a finales del siglo XIX. Su candidato presidencial más reconocido, William Jennings Bryan, formó una alianza con el Partido Demócrata y fue derrotado por el republicano William McKinley en 1896. Pero muchas de sus reivindicaciones –contra el patrón oro que ejercía un efecto deflacionario y arruinaba a los pequeños productores; a favor de romper los monopolios financieros y de transporte de los 'robber barons'– terminaron siendo adoptados tanto por republicanos como por demócratas.

En los años 30, el movimiento que hace posible a Roosevelt y su New Deal tenía una base más sindical que agraria, pero el trasfondo populista está igual de presente. Es la era de la fascinación por la cultura popular, en la que el poeta Carl Sandburg escribe 'The People, Yes': una oda de 300 páginas a las virtudes del pueblo estadounidense. Ese impulso se mantiene con la lucha por los derechos civiles de los años 60. A finales de la década, Martin Luther King rompe con la administración demócrata que inició la guerra en Vietnam y promueve una “campaña de la gente pobre”, al margen de su color de piel. Un giro que terminaría con su asesinato en Memphis, Tennessee, cuando gran parte de las élites demócratas y el movimiento por los derechos civiles le había dado la espalda.

Demócratas conservadores

Durante los años 70, los demócratas pierden gradualmente su interés por ahondar en el proyecto del New Deal (integrando a afroamericanos, ampliándolo como respuesta a las turbulencias económicas de la década). Optan por abrirse a profesionales liberales –hasta entonces votantes republicanos– y ningunear a los sindicatos que formaban el corazón de su base electoral. Aunque la revolución neoliberal se asocia con la figura de Ronald Reagan, cada empuje republicano en esta dirección contó con antecedentes y herederos demócratas: Jimmy Carter, Bill Clinton y, tras la crisis de 2008, un Barack Obama que optó por parches modestos en vez de convertirse en el Roosevelt del siglo XXI. Biden se encuadra plenamente en esta tradición de demócratas conservadores.

No estamos ante el estudio más exhaustivo en defensa del populismo estadounidense, honor que posiblemente corresponda a Michael Kazin. Tampoco ante una historia de las luchas por la emancipación de distintos colectivos estadounidenses, al estilo de Howard Zinn. Frank no proporciona una perspectiva comparada ni una economía política del populismo, como las que ofrecen Mark Blyth y Eric Lonergan en 'Angrynomics'' o –con perdón por el autobombo– el autor de esta reseña. El libro de Frank es un ensayo periodístico, fantásticamente escrito pero sin pretensiones académicas y con algún que otro apunte de brocha gorda.

Frank refuta los análisis del populismo como un fenómeno de la derecha nacionalista

Eso no le impide cuestionar con eficacia los relatos habituales –tanto periodísticos como académicos– sobre el populismo. 'The People, No' refuta los análisis que presentan el populismo como un fenómeno vinculado a la derecha nacionalista. En la historia de EEUU –donde los movimientos populistas trataron, aunque no siempre éxito, de integrar las reivindicaciones de afroamericanos, mujeres y emigrantes– ocurre justamente lo contrario. 'The People, No' discierne entre populistas genuinos como Roosevelt, capaces de canalizar una indignación e iras legítimas en una dirección útil, y demagogos como Trump, que usan la retórica xenófoba como un señuelo para beneficiar a otros millonarios.

Otra refutación importante es la del cliché que retrata al populismo como una ideología que ofrece "soluciones simples a problemas complejos". El People’s Party promovió universidades populares para ilustrar a sus militantes; Roosevelt, asesorado por un 'brain trust' de expertos académicos, se convirtió en el padre del Estado administrativo americano. A lo largo de su historia, los populistas no se oponen al conocimiento en sí, sino a una ortodoxia que se ha demostrado fallida: la defensa férrea del patrón oro durante el siglo XIX, la reacción fallida al crack de 1929, o los recortes sociales y las políticas de austeridad tras la crisis de 2008.

Los populistas no se oponen al conocimiento en sí, sino a una ortodoxia fallida

Quienes defienden esa ortodoxia forman parte de una tradición anti-populista que Frank retrata sin misericordia. De Gustave Le Bon –convencido de que las masas sufrían procesos colectivos de hipnosis– a pensadores contemporáneos como Yascha Mounk o Steven Levitsky, pasando por Seymour Martin Lipset o el propio Hofstadter, la historia del anti-populismo está repleta de académicos que desprecian las reivindicaciones populares al tiempo que se aferran a las convenciones de su época. El campo de los "estudios de populismo", que continúa abotagándose a un ritmo espeluznante, recibe un repaso lacerante, a la altura de críticas clásicas como las de Marco d’Eramo en New Left Review.

Lo que no parece es que los múltiples aciertos de Frank se traduzcan en capacidad para pronosticar el futuro. 'The People, No' apuesta por Bernie Sanders, el senador outsider que estuvo cerca de ganar las primarias demócratas en 2016 y 2020 prometiendo "socialismo democrático" –sanidad pública, aumentos del salario mínimo, un Green New Deal ambicioso– en el país capitalista por excelencia. (Es una lástima que Frank apenas dedique espacio a analizar la tradición socialista en EEUU, con la que el populismo en ocasiones se solapó.) Pero Sanders ha sido derrotado por Hillary Clinton y Biden, dos demócratas ortodoxos, y su edad le impide presentarse a unas terceras elecciones presidenciales.

A la espera de que alguien tome su relevo, no parece que Biden vaya a desprenderse de los dejes anti-populistas del Partido Demócrata. Tampoco que el Partido Republicano vaya a abandonar la demagogia xenófoba. Así que urge encontrar un candidato –o candidata– que restaure el hilo popular en la historia de EEUU.

*Jorge Tamames es jefe de redacción en Política Exterior y doctorando en University College Dublin

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