Manifiesto antidepilación: "Se nos califica de feministas, lesbianas y malfolladas"
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Manifiesto antidepilación: "Se nos califica de feministas, lesbianas y malfolladas"

Bel Olid publica 'A contrapelo', un texto en el que desarrolla los mecanismos de control sobre el cuerpo de las mujeres con el vello y cómo escapar de ellos

Foto: La escritora Bel Olid (CRISTINA CANDEL)
La escritora Bel Olid (CRISTINA CANDEL)

El debate está ahí desde hace un tiempo. Como si de un búmeran se tratara, quizá porque las cosas no se acabaron de cerrar, han regresado a la escena pública (y política) los viejos interrogantes que ya se plantearon muchas mujeres hace décadas: ¿por qué me tengo que depilar si es doloroso? ¿Quién me obliga a depilarme? ¿Qué pasaría si un día salgo a la calle sin haberme depilado las piernas desde hace semanas? Estas preguntas, que vuelven a revolotear en este ambiente de discusiones sobre el feminismo, lo queer, lo trans, también se las hizo la escritora y profesora Bel Olid (Barcelona, 1977) poco antes de tomar la decisión de no volver a rasurarse las piernas. El proceso de reflexión lo plasmó después en un librito-manifiesto de menos de cien páginas, 'A contrapelo. Por qué cortar el círculo de depilación, sumisión y autoodio', que se publica ahora en Capitán Swing. Avisa: “Este libro no intenta hacer proselitismo de no depilarse. Que cada una haga lo que pueda. Yo no quiero controlar el cuerpo de nadie y no quiero que controlen el mío”. Pero también constata: “Cuando hay algo que en teoría es pequeño, pero que ofrece tanta resistencia al cambio significa que hay algo simbólico que merece la pena cambiar”.

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'A contrapelo'

Olid, acostumbrada a vadearse en ambientes de discusión política -formó parte de la candidatura de las CUP en las elecciones de 2017 en Cataluña-, es consciente de que si nos ponemos a comparar este asunto de depilarse o no con otros que tienen que ver con la igualdad de derechos, “está claro que se plantea como un asunto banal. Y entre depilarme o no y votar o no me quedo con votar”, pero también alerta del poder como símbolo que tiene el vello de la mujer. “Cuando no lo haces es cuando te das cuenta. A una mujer que no se depila ya de primeras se la califica todavía como feminista, lesbiana y malfollada. Ahí hay un contenido político innegable cuando no depilarte te coloca ahí tanto si eres feminista como si no o si eres lesbiana o no o vas malfollada o no”, sostiene como tesis.

Cuando hay algo que en teoría es pequeño, pero que ofrece tanta resistencia al cambio significa que hay algo simbólico que merece la pena cambiar

El asunto obliga a echar la vista atrás, puesto que suena a rebeldía de la no depilación de hace un tiempo. Hay imágenes de festivales de música de los setenta con mujeres con las axilas sin depilar. Eso sí, parece que la batalla la ganaron después las máquinas de calentar cera o las del láser. “Bueno, hubo un movimiento en los noventa de retroceso. Conseguimos avances de igualdad legal que en ningún caso supusieron igualdad real o efectiva de oportunidades, pero sí una realidad legal en la que somos iguales ante la ley. Fue un momento de optimismo y se consideró que algunas luchas como esta de la depilación eran muy banales, pero si te das cuenta de que es una opresión colectiva y que va más allá de si tú decides depilarte o no sino que tienen relación con qué cuerpos tienen derechos a ocupar el espacio público y qué cuerpos no. Si lo enfocamos desde esta perspectiva no es que hayamos vuelto atrás sino que hemos avanzado. No estamos inventando la rueda, simplemente estamos reflexionando más sobre esto”, admite Olid.

Mecanismo de control

En el libro, la escritora hace un repaso sobre los mecanismos de control sobre el cuerpo de las mujeres que siguen insistiendo en la rasuración del vello. Sostiene que son diversos movimientos en los que se conjugan intereses económicos e ideológicos. Los primeros, porque esto de depilarse es un negocio que incluso ha llegado hasta a los hombres. “Hay una maquinaria muy bestia en la que se está intentando que entren también los hombres como falsa igualdad”, comenta Olid. Y los segundos porque, según ella, “no olvidemos que en el mundo mandan señores y cuantas más horas al día estamos nosotras ocupadas quitándonos pelos, peinándonos, menos estamos preocupadas en hacer otras cosas. Este ejercicio del poder sobre los cuerpos es un ejercicio de poder sobre un grupo social mayoritario y detrás hay muchos señores que tienen miedo a que nos creamos lo que de la igualdad de verdad y que exijamos igualdad de derechos y de oportunidades de verdad”.

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Bel Olid (CRISTINA CANDEL)


De hecho sobre los hombres -heterosexuales- y su relación con mujeres no depiladas dedica algunos párrafos en los que señala que, a priori, no hay muchos que se echen hacia atrás, sexualmente, si se encuentran ante una mujer que no está rasurada. Ni en las piernas ni en otros lugares de su cuerpo como el pubis. Sea su pareja habitual o no. “Muchas mujeres se pasan todo el invierno sin depilarse y esto no es un problema. Obviamente, si tu pareja no te desea cambia de pareja porque ahí la cosa sí va mal”, manifiesta.

Muchos hombres se sentían incómodos porque eso atenta contra su masculinidad cuando amigos les dicen, oye que tu novia no se depila, dile algo

El conflicto llega cuando esas piernas no depiladas se ven fuera del hogar y la esfera íntima. “Hay un estudio de una universidad de EEUU sobre estudios de género en el que el ejercicio era no depilarse durante cuatro meses y escribir las reacciones. Lo que salió es que muchos hombres se sentían incómodos porque eso atenta contra su masculinidad cuando amigos les dicen, oye que tu novia no se depila, dile algo, ¿no?. Es decir, controla el cuerpo de tu novia porque también es tuyo. Es un mecanismo que funciona”, manifiesta Olid, que enlaza esta cuestión con cómo de satisfechos nos sentimos hombres y mujeres en las relaciones heterosexuales: “Los hombres están satisfechos cuando su pareja sexual cumple con sus expectativas, pero las mujeres se sienten satisfechas cuando cumplen las expectativas de sus parejas. Aquí hay una perversión y algo muy duro que tenemos que trabajar ellos y nosotras porque nadie lo hace de forma consciente porque sea un machista cabrón”.

Pero entonces ¿qué hace que el pelo en las piernas, en el bigote, en la barbilla, el pubis y en las axilas se vea como algo feo que hay que quitarse? Para Olid tiene que ver con dos movimientos que confluyen en la cultura de la pederastia. Por un lado, dice, se trataría de sexualizar a las niñas. “Se insiste en que no eres deseable si tienes pelo. Decirle esto a una niña de ocho años es tremendo, es como ponerle un sujetador con relleno”, afirma. En este sentido observa que las niñas y las adolescentes cada vez reciben más presión por depilarse, “y por depilarse más zonas todavía. Hay niñas de ocho años que ya se están depilando. Y no porque tienen pelos sino porque sufren acoso en el colegio. Y lo que hay que hacer es cómo podemos evitar que personas de ocho años les estén diciendo a niñas de ocho años que no pueden tener pelos”.

Se insiste en que no eres deseable si tienes pelo. Decirle esto a una niña de ocho años es tremendo, es como ponerle un sujetador con relleno


La otra parte del movimiento es, paradójicamente, lo contrario: la infantilización de las adultas: “Es que ya no puedes tener pelos ni en el coño. El pelo en el pubis es el que dice que tú ya has pasado la pubertad. A las mujeres se nos infantiliza con esas braguitas de dibujos animados mientras a las niñas las ponemos ropa interior sexualizada. Esto es más control sobre las mujeres y quitarnos el empoderamiento que podamos tener”. Por suerte, hay una parte positiva en todo esto y es la tolerancia, cada vez mayor, de las mujeres jóvenes hacia quienes no se depilan: “La propagación de ciertas ideas feministas y la generalización de estas ideas también da armas para que estas chicas se defiendan mejor. El número de chicas jóvenes que se depilan es muy alto, pero sí crece la tolerancia hacia las que no se depilan. Esto ya es un paso hacia adelante”, afirma la escritora.

Trans y famosas

Otros grupos de mujeres que aborda Olid en su manifiesto son el de las trans y el de las famosas. Sobre las primeras existe la percepción de que son mujeres hiperfeminizadas, es decir, se maquillan más, se depilan más y resaltan más ciertas partes del cuerpo como el pecho o el culo que las mujeres cis. Olid, sin embargo, niega la mayor. “No creo que lo hagan más. Las mujeres trans para ser leídas como mujeres lo que hacen es acatar las normas que acatan muchísimas mujeres cis. También a nosotras se nos tolera más. Yo puedo ir con el pelo corto y corbata y no se pone en duda que soy una mujer, pero que una trans vaya con el pelo corto y vestida como yo ahí sí que se la pone más en duda. Muchas veces acusamos a las mujeres trans de una hiperfeminidad que cuando la proyecta una mujer cis no pasa nada”, sostiene. Además, cree, y así lo desarrolla en el libro, que esta forma de hiperfeminizarse es un escudo de protección frente a posibles agresiones. “Yo creo que todas hacemos lo que podemos. Y si hay que bajar el nivel de hiperfeminización las que primero podemos hacerlo somos las cis porque no nos ponemos en peligro como se pueden poner las mujeres trans”, añade.

Las mujeres trans para ser leídas como mujeres lo que hacen es acatar las normas que acatan muchísimas mujeres cis. También a nosotras se nos tolera más

Con respecto a las famosas, el melón es bastante interesante. En los últimos tiempos algunas cantantes, actrices, modelos han acudido a premios y galas con los axilas a medio depilar, cuestión reflejada ampliamente en las revistas. Para Olid “eso es importante y ayuda”, pero también alerta: “No olvidemos que esto no pone en peligro el sistema en ningún caso. Aquí no se renuncia nunca a la feminidad”. Es decir, “Julia Roberts puede aparecer sin depilarse las axilas porque puede, nadie duda de que es guapísima, mujerísima y super sexi. Una mujer trans a la que se cuestiona su identidad de mujer a todas horas, ahí tienes unos problemas más”, indica.

Olid cuenta al final del libro cómo lo que más le costó ponerse cuando llevaba tiempo sin depilarse fueron los vestidos. Estuvo un par de veranos con pantalones. Había tomado la decisión, pero había algo que le impedía mostrar las piernas con pelos. Hasta que se enfrentó a las miradas y los comentarios. “Hay veces que la gente me mira, pero no pasa nada. Yo le coloco el problema al otro, el problema no es mi bigote, ni mis axilas ni mis piernas, el problema es que tenemos una mirada sobre los cuerpos. E igual esta persona que me esta mirando con asco tiene más bigote que yo porque es un tío y no le da asco. Aquí la cosa es como colocar el problema a los demás. Tenemos que reconocer nuestra educación y que hemos interiorizado unas normas de deseo concretas y eso no se cambia de un día para otro, es un proceso para mí fascinante y que ya tiene valor”, zanja.