Muere Erik el Belga, el mayor ladrón de obras de arte del siglo XX
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RESIDÍA EN EL BARRIO DE EL PALO (MÁLAGA)

Muere Erik el Belga, el mayor ladrón de obras de arte del siglo XX

A los 40 años se retiró de su 'profesión' tras décadas de entradas en la cárcel y fugas. Fue militar en el Congo y en los últimos años asesoraba sobre falsificaciones

placeholder Foto: Erik El Belga, en una fotografía de 2012 (EFE).
Erik El Belga, en una fotografía de 2012 (EFE).

Socarrón, siempre en el alambre y vividor. Erik El Belga ha sido uno de los personajes más que haya vivido en España. Considerado el mayor ladrón de obras del arte del siglo XX, decía que había devuelto el 80% de lo que robó. En su casa de la avenida Pío Baroja de El Palo (Málaga) tenía cuadros y aclaraba, con una sonrisa que se asemejaba a la del perro risitas de la factoría Hanna Barbera, que en realidad era "un nómada, con orgullo interior". Acaba de fallecer, a los 80 años, en la ciudad andaluza, donde residía desde hacía 30 años.

En una entrevista concedida a El Confidencial en el verano de 2011, no tenía ningún reparo en considerarse un 'bon vivant'. “Siempre he vivido bien, pero depende de quién te acompañe en la vida”. ¿Y se vive bien como mercenario del arte? “Se vive divinamente. ¿Cómo vas a robar arte si no estás seguro de cobrar? Es un negocio de locos, ¡de locos!”.

Tenía cinco hijas de cinco mujeres distintas y dos hijos, ahora treintañeros de su actual esposa, una abogada. Ninguno se dedicó al arte antiguo. “A todos les gusta lo que pinto, pero no el gótico y el románico, que llevo viendo toda mi vida”. Su profesión (algunos le tildaban de 'Robin Hood') la abandonó al cumplir 40 años tras décadas de entrada en prisión y fugas. Llegó a ser militar en el Congo, pero nunca quería recordar esa etapa de su vida. Sus ojos mostraban tristeza al recordarlo.

Picasso y 3.600 millones de pesetas

Hace nueve años que todos sus coleccionistas, que le doblaban o triplicaban en edad, ya estaban muertos. Se habían acabado sus días de gloria. Tenía muy pocas piezas en venta. En los últimos años, aparte de escribir sus memorias, se dedicaba a asesorar sobre falsificaciones. Detectaba la obra original de la falsa al instante. Llegó a vender un Picasso de la etapa azul valorado en 3.600 millones de pesetas. Se quedó con el 0,75% de comisión. "No está mal. Si pides más recurren directamente al comprador. Sin dinero no hay nada apasionante en la vida”.

Quería vivir hasta los 104 años y jamás quiso desvelar quiénes fueron sus compañeros de correrías en el robo de obras. "Me enterrarán con mi secreto”, admitía. Había prometido que su epitafio rezaría así: “No te enfades, nos veremos pronto”.

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