adelanto editorial

¿Por qué nadie publica mi novela? Qué falla en el libro que has escrito y cómo arreglarlo

La veterana escritora británica Fay Waldon firma un título útil y muy divertido para explicarte qué falla en ese libro que todos los editores te rechazan; adelantamos sus primeras páginas

Foto: Librería en la calle en Pamplona durante el pasado Día del Libro. (EFE)
Librería en la calle en Pamplona durante el pasado Día del Libro. (EFE)

Acabemos ya mismo con lo de ‘pobre de mí’. La autocompasión no te sienta bien. Hará que te salgan arrugas en la frente y se te tuerza la boca hacia abajo.

Aun así, es un golpe, como dijo el señor Rochester a Jane Eyre, tambaleándose, cuando el señor Manson volvió sin previo aviso de las Indias orientales: "Jane, he recibido un golpe; ¡he recibido un golpe, Jane!".

"Lo sentimos, no es para nosotros": no es para nosotros, no es para nosotros, no es para nosotros, no es para nosotros, no es para nosotros, no es para nosotros. Han rechazado tu manuscrito seis veces… ¡Vaya si duele!

Tanto tiempo perdido, tanto esfuerzo, tanto pelearse con el idioma, con los tiempos verbales, con la estructura, tanto tiempo robado a la familia y a los amigos, ¿y todo para qué? Para nada.

Amargura. Humillación. Un golpe. Un fracaso en público. Vale. Ya está bien. ¿Y ahora? Seis rechazos significan que hay que replantearse las cosas.

'¿Por qué nadie publica mi novel?' (Círculo de Tiza)
'¿Por qué nadie publica mi novel?' (Círculo de Tiza)

No te asustes. Solo pregúntate qué pasó. Analiza qué fue lo que salió mal. Por qué nadie acepta la novela en la que pusiste tanto esfuerzo. Algunas investigaciones sugieren que el 80 % de los manuscritos que se envían a editoriales son rechazados, y no tengo motivos para dudar de ellas. Pero pregúntate exactamente en qué categoría (o categorías) de rechazo, en qué casilla, pudo entrar el tuyo.

Afróntalo. Sé valiente. Considera las posibilidades descritas abajo. Luego haz algo al respecto. Mira, aprende, reescribe. Corrige. Vuelve a corregir. No envíes nada sin creerlo perfecto, sin poder defenderlo palabra por palabra. Dentro de ciertos límites, claro. Pero más vale conocer esos límites. Sigue leyendo.

Por qué dijeron que no ¿En qué casilla te han puesto?

a) Tal vez tu novela era francamente aburrida.

b) Tal vez no tenías nada que decir.

c) Tal vez carecía de estructura: no llegaba a ninguna conclusión: divagaba de aquí para allá.

d) Tal vez era demasiado anticuada: estás fuera de onda con el mundo moderno.

e) Tal vez no tiene gancho y, aunque a los editores les encantó, el departamento de marketing no cree que vaya a venderse. (En estos tiempos, marketing lleva la voz cantante.)

f ) Tal vez tenía probabilidades de ofender a demasiada gente. Llamaba a la controversia.

g) Tal vez tu resumen no explicó tu novela todo lo bien que se podía explicar.

h) Tal vez la novela es demasiado buena para la editorial: exceso de frases bonitas, falta de argumento.

i) Tal vez no pasaron de la primera página antes de rechazarte por inculto, por falta de instrucción.

En cualquier caso, han rechazado tu novela seis veces, y no te han dicho por qué. Veamos las posibilidades una por una. Sé valiente. No te dejes derrotar. Aprende. Puede que sea pertinente más de una casilla, como ocurre a menudo.

a) Demasiado aburrida

No te lo tomes a mal. Lo anterior no quiere decir que seas una persona aburrida —nadie que se ponga a escribir una novela y tenga el temple necesario para completarla es aburrido, créeme—, sino simplemente que tal vez no has conseguido plasmar en la novela la chispa que te convierte en quien eres, así como los motivos por los que quisiste acometer su escritura, y eso se nota.

Tu novela es sosa. Has puesto mucho cuidado al escribirla, pero tal vez has utilizado solo el lado izquierdo del cerebro, el lado racional, sensato, censurador, el lado del lápiz rojo, con total exclusión del lado atolondrado, confuso, soñador, inventivo, que es el derecho.

Puede que utilizaras algunos de los muchos manuales disponibles titulados ‘Cómo escribir una novela’ y respetaras todas las reglas, pero tal vez el resultado es adusto, estático, incapaz de dar la idea de algo imprescindible, una historia que tiene que ser escrita y pide a gritos ser leída. Da igual el género: comedia o tragedia, romance o distopía, divertimento o terror. Procuraste mantenerte en el anonimato, oculto tras los resortes de la trama, disociado de los personajes, sin atender el hecho de que por fuerza estos son aspectos de tu persona, porque de lo contrario: ¿cómo ibas a inventarlos y por qué se te ocurrirían?

Tu protagonista roba, miente, fornica, engaña: "Nada que ver conmigo", dices al mundo. Menuda tontería. El error ha sido esconderse

Te has negado a abandonar la buena opinión que tienes de ti mismo. Tu protagonista roba, miente, fornica, engaña: "Nada que ver conmigo", le has dicho al mundo. Menuda tontería. El error ha sido esconderse. Se trata de un error que cuesta mucho rectificar. Pero puede hacerse; solo se necesita valor.

Un escritor necesita una buena dosis de introspección para triunfar. Me psicoanalicé cinco años antes de alcanzar la cordura necesaria para escribir algo más largo o interesante que un anuncio, porque antes era solo una miedosa y desgraciada redactora de material publicitario, si bien con giros muy ocurrentes. Se me daba bastante bien lo de vender productos; no así ideas: me agotaba después de un par de párrafos y ansiaba resultados inmediatos. En publicidad, se trata de ‘escribir hoy, publicar mañana’. Todo se hace a corto plazo. Al escribir una novela el viaje es largo. Debes ir en serio. Saber quién eres, qué eres y qué estás escribiendo. Si te escondes de ti mismo sonarás aburrido en el papel. Así que olvídate de cualquier ilusión de que eres una buena persona; eres tan malvado y tienes tanta mala leche como la peor persona que puedas imaginar. La escritura debe salir de alguna parte. Abandona la alta estima en que te tienes antes de empezar a reescribir tu libro.

Muchos escritores de ficción, me parece, resuelven sobre el papel los dolorosos problemas de su infancia y su familia, por mucho que lo disimulen ante sí mismos y ante los demás. Algunos despachan el asunto en su primera novela y pierden el deseo de escribir; son los afortunados. Algunos siguen dándole vueltas, preocupándose y penando por el resto de sus vidas, como en mi caso. O no exactamente penando; eso me ocurrió con las novelas airadas, festivas y feministas de mi juventud, que mezclaban la rabia con la ligereza y hablaban en nombre de una generación indignada. Pero sigo obsesionada con la pregunta de por qué mi madre puritana era como era y mi querido padre ausente era como era, y nunca pagaba la pensión alimenticia. La guerra de los sexos. Nunca lo he superado.

Una novela no tiene por qué ser autobiográfica, pero sí debe ser obra de un ser humano, no de un robot informante, obsesionado con las reglas

Ojo, no solo les ocurre a los novelistas. Miremos a los historiadores. Pensemos en el caso de Edward Gibbon, célebre historiador y literato del siglo XVIII que dedicó buena parte de su vida a escribir la magnífica y muy entretenida (para aquellos tiempos) ‘Historia de la decadencia y caída del Imperio romano’, en seis volúmenes, demostrando que la caída de Roma había sido consecuencia del nacimiento del cristianismo. Gibbon se describía como un "niñito esmirriado, desatendido por su madre, matado de hambre por su niñera". Había tenido cinco hermanos, todos ellos muertos en su niñez, pero seguía lamentándose de que su muy cristiana madre lo «trataba con desdén». Como el duque de Gloucester le señaló en 1781: "¡Otro condenado libraco como un adoquín! ¡Venga escribir y escribir y escribir! ¿Qué pasa, señor Gibbon?"

Bueno, es obvio. Nunca lo había superado. Seguía dándole vueltas al pasado y preocupándose por él, en un sentido personal y mundial. ¿Acaso hay diferencia? Para un niño, su hogar es el mundo.

Por supuesto, una novela no tiene por qué ser autobiográfica, pero sí debe ser obra de un ser humano, no de un robot informante, obsesionado con las reglas. Es un acto de comunicación entre el escritor y el lector. Si intentas ocultarte demasiado (no olvides que tu personalidad se ve reflejada en los entusiasmos, las penas y la ira de tus personajes, que son aspectos de ti mismo) y solo cuentas lo que hacen los personajes, los lectores desconectarán porque no habrás conseguido interpelarlos.

Te han dicho seis veces que tu libro "no es para nosotros, aunque ningún agente o editor te aclare el porqué en la cara. ¡Es un muermo! Pero no te lo dirán, porque eso sería grosero y descortés. Si sospechas que el principal motivo es que tu libro aburre, pero sigues teniendo el pertinaz deseo de escribir y no estás dispuesto a autoanalizarte, tal vez debas empezar de nuevo, cuidando de evitar las trampas mencionadas en los apartados que van de b) a i).

*Fay Weldon (Birmingham, 1931) es una de las escritoras más populares en lengua inglesa con más de 30 novelas publicadas ganadoras de importantes premios literarios. Una de ellas, 'Vida y amores de una diablesa', fue llevada al cine con Meryl Streep como protagonista. Su último libro titulado '¿Por qué nadie publica mi novela?' lo ha editado en España Círculo de Tiza traducido por Martín Schiffino.

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