dos hombres solos

'Decidir', la original y absorbente primera novela de David Giner

"Necesito matar a alguien. O, más bien, necesito que tú mates a alguien". Con semejante exhortación arranca este libro

Foto: Detalle de portada de 'Decidir', de David Giner
Detalle de portada de 'Decidir', de David Giner

La libertad y el asesinato son dos ingredientes principales de la intriga criminal. La decisión de borrar una vida humana elevada a la petición amistosa de la violencia por encargo ha generado clásicos narrativos y cinematográficos negrísimos uno de cuyos principales referentes quizás sea la inolvidable 'Extraños en un tren', de Patricia Highsmith, enredos en los que el 'kairós' griego, ese breve lapsus de decisión fatal que acarrea una serie inimaginable de consecuencias se convierte en una figura artística de primer orden. De algo de eso va -pero no solo- la original y absorbente primera novela del abogado donostiarra David Giner (1967) titulada, como no podía ser de otra manera, 'Decidir' (Apeirón Ediciones, 2018).

"Necesito matar a alguien. O, más bien, necesito que tú mates a alguien". Con semejante exhortación arranca la novela de Giner. El peticionario es un tal Sacha A., un personaje público con un pasado secreto en el baúl que languidece en una cama de un centro hospitalario. El receptor es Emil Z., habitante de la zona de sombra de los servicios secretos durante muchos años y que, tal vez, no acabó de cerrar alguno de sus peculiares asuntos entre manos como hubiera debido. Y así se desliza el diálogo entre estos dos hombres en el hospital: "a Sacha siempre le ha gustado habalr y oírse, y a Emil se le da bien escuchar. Y, sobre todo, no le gusta mucho hablar de lo que piensa".

'Decidir' (Apeirón)
'Decidir' (Apeirón)

Contar mucho más de esta novela es como pretender explicitar el mecanismo de un reloj. Lo importante no es resumir las interrelaciones de sus sucintos engranajes sino disfrutar, sin aspavientos, de su eficacia embaucadora. El atractivo inagotable del escenario cerrado, las preguntas que espabilan al lector más perezoso, los peculiares giros de la trama y las profundidades de la condición humana que abren, casi vertiginosamente, sus páginas, brindan un disfrute casi hedónico para el lector otoñal que quiera poner en marcha su cabeza en la comodidad del hogar mientras la lluvia salpica las aceras.

La mejor alegoría de 'Decidir' irrumpe en su parte final: "Jugar. Los hombres no hacen otra cosa que jugar. Con cosas que importan o con cosas que dan lo mismo, pero siempre jugar, medir sus fuerzas, retarse... Quizás estas semanas solo han sido eso, un juego entre hombres que pasan el tiempo tratando de sorprenderse. Y lo consiguen a veces, aunque no quieran reconocerlo".

No le pierdan la pista a David Giner.

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