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Desmontando a Elmyr de Hory: el impostor de Picasso y Matisse que no pintaba cuadros

Diego Feliu publica una rigurosa investigación periodística en la que le descabalga del título del mayor falsificador de obras arte de la historia en una vida llena de interrogantes

Foto: Portada del libro.
Portada del libro.

Picasso, Modigliani, Matisse, Cezanne o Chagall. A todos estos maestros reproducía este plagiador de postín. Su vida sedujo hasta a Orson Welles. Elmyr de Hory, protagonista de un documental del maestro de ‘Ciudadano Kane’, estaba considerado como el mayor falsificador de obras de arte de la historia. Pues no, no fue así. ¿O quizá sí? Con identidades transmutadas y medias verdades cada vez que se lo preguntaban, dejaba pistas falsas de quién era. Un misterio cada vez más enrevesado.

El periodista Diego Feliu (1959) ha iluminado algunas zonas oscuras de la vida (y presuntas obras) de Hory, que se suicidó en Ibiza en diciembre de 1976. Lo que se concluye tras 30 meses de minuciosa indagación: “He podido demostrar que no pintaba con la calidad suficiente para ser el falsificador que decía”, resalta a El Confidencial. ‘Desmontando a Elmyr’ llega a principios de diciembre a las librerías de la mano de la editorial Sloper que pilota el escritor Román Piña Valls.

Feliu investiga en documentos, libros y fuentes oficiales. Reúne testimonios orales que en realidad de Hory era un dibujante más bien normalito y que no podía ser el gran falsificador que estaba considerado. Este húngaro de Budapest, cuya fecha de nacimiento es equívoca (¿1906? ¿1911? ¿1914?), empezó a ser conocido tras la publicación en 1969 de Fake!, la falsa biografía que escribió Clifford Irving. También de la película de 1973 F for fake (Fraude), de Welles. Estas son las dos piezas angulares sobre las que se edifican los datos erróneos tomados sobre Elmyr en informaciones periodísticas y obras aparecidas con posterioridad. He aquí el valor de esta obra.

Prisión en Palma

“La falsificación, la mentira y el engaño fueron los tres pilares sobre los que sustentó su existencia”, cuenta Feliu, ex periodista de investigación de El Mundo/El Día de Baleares. Su relación cordial con el abogado Rafael Perera, un prestigio penalista que llegó a defender al ex president Jaume Matas y letrado en ejercicio desde 1961, le lleva a consultar el expediente de Hory. Perera fue el letrado que representó al falsificador, amigo de Ursula Andress.

De Hory con Ursula Andress, amiga del impostor, en Ibiza, en 1974 (colección Beltrán Rahola).
De Hory con Ursula Andress, amiga del impostor, en Ibiza, en 1974 (colección Beltrán Rahola).

“Directamente le pregunté quién era Elmyr de Hory y su respuesta me dejó sorprendido; no me la esperaba: ‘Aún no lo sé. Y ya no creo que lo sepa nunca”. Tenía preparada la documentación que aún guardaba de su cliente, cuarenta años después”, escribe Feliu, que escribe que el presunto artista estuvo unos meses preso en la cárcel de Palma por un asunto del que se conocen pocos datos.

El autor viaja a Ibiza y se detiene en entrevistas sobre el personaje, una de ellas con Joaquín Soler Serrano en el mítico ‘A fondo’ de TVE

El autor se entrevista, en un relato lleno de suspense y con detalles de su ‘making of’, con el ex director del centro penitenciario de Palma, con un ex juez que a la caída de la tarde ve la vida pasar en una céntrica cafetería o un forense al que aborda en la mitad de la calle. Consulta archivos del Estado, viaja a Ibiza y se detiene en entrevistas sobre el personaje, una de ellas con Joaquín Soler Serrano en el mítico ‘A fondo’ el 5 de septiembre de 1976, tres meses antes de su fallecimiento en la isla pitiusa.

Se trata de un auténtico viaje al fondo de la historia, salpicado de confesiones personales de su vida entre la capital balear y Madrid, con llamadas telefónicas a Málaga y la Costa del Sol, de idas y venidas en búsqueda de razones y hechos, no dando por sentado ningún dato, yendo al origen de la fuente.

Forgy, Legrôs y Lessard

En la historia aparecen como figuras clave Mark Forgy, quien una semana antes del suicidio de Elmyr fue nombrado su heredero universal, Fernando Legrôs, un marchante francoegipcio con el que el falsificador mantuvo una relación comercial y sentimental en Estados Unidos a mitad de los años cincuenta y Reál Lessard, que con apenas 18 años imitaba a los pintores de la escuela francesa modernista.

El personaje no ha dejado de estar ‘vivo’. Entre febrero y marzo de 2012 el Círculo de Bellas Artes de Madrid organizó la exposición (Elmyr de Hory. Proyecto Fake) que reunía 28 piezas suyas 'a la manera de' Modigliani, Monet, Derain, Matisse o Picasso, y seis retratos 'a la manera de Hory',

De Hory se limitaría a elaborar los documentos y plasmar los sellos y firmas con los que se pretendían autentificar las obras

¿Cuál es la teoría que se expone en el libro? El rechazo, “cada vez con mayores y más sólidos argumento de la capacidad de Elmyr de Hory para imitar a la perfección el estilo de genios de la pintura. Daba por buena la conjetura de que él se limitaba a elaborar los documentos y plasmar los sellos y firmas con los que se pretendían autentificar las obras”.

La gente compraba los Elmyr sin preocuparse quién era su verdadero autor. Estaban convencidos de que eran de él. No se ponía en duda. En la prensa de Francia se publicó que en Ibiza existía una ‘factoría de falsificadores’. Y es que, como dijo Guy Ribes, uno de los grandes genios en este ‘arte’ del último cuarto del siglo XX, “un falso cuadro con un certificado verdadero se convierte en verdadero”. Máscaras sobre otras máscaras en una realidad pervertida.

No quería volver a Francia

Elmyr tenía cuentas pendientes con la justicia gala. Lessard argumenta que Elmyr no quería volver por dos razones: por no poder identificar los cuadros que decía haber pintado “a la manera de”. También por falsificar la firma de los grandes artistas sin ni siquiera ver la obra. Así lo demostraron los peritajes grafológicos de un experto.

Considera el autor que esta obra de no ficción encaja mejor que una novela. “Si hubiera querido escribir un relato novelado tendría que haberme metido más en su personaje, en sus orígenes, y conseguir más información de él”, admite Feliu a El Confidencial.

¿Y si de Hory siguiera vivo? Este diario publicó hace seis años algunas señales que ofrecen dudas, como todo en su vida

No se trata de responder a todas las preguntas. Hay interrogantes que siguen ahí, como la opinión de Erik El Belga, un ladrón de obras de arte, de los más prestigiosos del siglo XX, que no le vio pintar jamás un cuadro a Elmyr. ¿Y su auténtico apellido? ¿Dory-Bouti, como consta en su ingreso en la cárcel de Palma? ¿De Hory se apellidaba Hoffmann? Él siempre lo negó, porque un tal Elmér Albert Hoffmann estuvo relacionado en su juventud húngara con la falsificación de documentos bancarios, el fraude y la estafa. “Cualquier nexo con ese pasado podría condicionar su futuro y arruinarlo”, relata en la obra.

Una investigación con "vértigo"

¿Y si de Hory siguiera vivo? Este diario publicó hace seis años algunas señales que ofrecen dudas, como todo en su vida. La primera: la desaparición de algunos de sus pasaportes (tenía varios con diferentes identidades). La segunda: sus cuadros se siguen vendiendo. La tercera: y más importante, dos ‘avistamientos’ (permítase la palabra) del pintor más allá de 1976: según relata el biógrafo, una mujer que lo había conocido en Ibiza se lo cruzó en una playa de Sidney, en 1982 (y cuando él la reconoció, salió corriendo), y otro amigo se había topado con él por las mismas fechas en Honolulu, con idéntico espanto por parte del pintor, que está vez huyó en taxi.

Feliu promete seguir su pista. “La investigación me dio mucho vértigo”, asegura. Al menos ya ha desmontado la máxima de que era el mayor falsificador de obras de arte de la historia. Elmyr continúa siendo un misterio sin resolver.

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