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Cuenta hasta tres: cómo inventamos los números y revolucionamos el Universo

Habitualmente al margen de la historigrafía, los números podrían haber supuesto una innovación tan importante como el lenguaje, según defiende en su último libro el antropólogo Caleb Everett

Foto: Detalle de portada de 'Los números nos hicieron como somos'. (Crítica)
Detalle de portada de 'Los números nos hicieron como somos'. (Crítica)

Los niños más pequeños distinguen entre uno, dos y tres. Y nada más. Las tribus más aisladas distinguen entre uno, dos y tres. Y nada más. En el épico enfrentamiento que mantienen desde hace décadas la biología y la cultura, lo innato y lo adquirido, 'nature' (naturaleza) y 'nurture' (crianza), los números se han visto trágicamente desamparados. Historiadores, antropólogos, psicólogos cognitivos y toda clase de científicos sociales han vivido obsesionados con el origen del lenguaje, del fuego o de la rueda mientras desatendían la innovación cultural sin la que tal vez ninguna de las anteriores habría podido desplegar sus sucesivas revoluciones. ¿Y si, en el principio, en lugar del Verbo, fuera el Número?

"La motivación para esa falta de interés es sencilla: sólo ahora estamos empezando a apreciar el alcance de los números en la remodelación de la experiencia humana", razona Caleb Everett, profesor de Antropología de la Universidad de Miami y autor de uno de los ensayos más intrigantes y cautivadores del año: 'Los números nos hicieron como somos' (Crítica, 2018). Everett ha participado en primera línea de las más modernas investigaciones acerca de las tan aparentemente inofensivas como decisivas herramientas cognitivas que son los números. Sin esas representaciones verbales y simbólicas de cantidades, nuestra percepción del paso del tiempo sería confusa, el trabajo con cantidades mayores que tres, imposible, y ni la escritura, ni las revoluciones agrícola e industrial habrían tenido lugar. Sin los números, aún viviríamos en la infancia de la humanidad.

'Los números'. (Crítica)
'Los números'. (Crítica)

¿Pero no son innatos los números, no nacemos con una capacidad preprogramada para contar? "A pesar de lo que antes pensábamos", responde Everett, "los números no son conceptos que tenga la gente de manera natural y de nacimiento. Mientras que las cantidades y los conjuntos de elementos podrían existir independientemente, al margen de nuestra experiencia mental, los números son una creación de la mente humana, un invento cognitivo que ha alterado para siempre cómo vemos y distinguimos cantidades. Para muchos de nosotros que hemos vivido toda nuestra vida con números, quizás esta noción no es tan intuitiva".

Pero si los números no vienen de serie al nacer y son indispensables para reconocer cantidades precisas, ¿cómo demonios los inventamos?

Contar con los dedos

Cuando somos pequeños aprendemos a contar con los dedos y, en ocasiones, aún lo seguimos haciendo de adultos. Este hecho parece obvio pero no lo son tanto sus espectaculares implicaciones. Disponer de cinco dedos en cada mano aclara en primer lugar por qué la inmensa mayoría de las culturas utilicen un sistema numérico de base diez. Pero hay algo más. Todas esas culturas utilizan palabras para los números cuyo origen es la mención de partes físicas de nuestro cuerpo, con nuestras manos como principales protagonistas.Y este reciclaje de lo concreto en lo abstracto es mucho menos obvio.

Cuando somos pequeños aprendemos a contar con los dedos; esto parece obvio pero no lo son tanto sus espectaculares implicaciones

"Algunos miembros de nuestra especie se dieron cuenta claramente en diferentes momentos temporales de que una palabra que ya existía podía extender su significado y representar una cantidad específica más allá de tres. Por ejemplo, percibieron que 'mano' podría referirse a 5, no sólo a un apéndide físico. Comprender esa sencilla cuestión se encuentra en el corazón de la invención de los números. Pero entender esto no es algo con lo que nacemos como especie, al igual que no nacemos comprendiendo que las ruedas puedan existir o que los barcos de acero puedan flotar o que los aviones de aluminio puedan volar. Pero cuando algunos de los inventores de números cayeron en la cuenta de que las palabras podían usarse para distinguir cantidades como cinco de seis, fueron capaces de establecer un nuevo modo de pensar en las cantidades, algo que otros comenzaron a adoptar. Debido a esa adopción, los números se propagaron".

Lingüistas en pie de guerra

El lector avisado se habrá dado cuenta de que tal vez no sea casual que alguien que se dedica a estas cuestiones se apellide Everett. Y es que el autor de 'Los números nos hicieron como somos' es el hijo de Daniel L. Everett, el célebre misionero que removió los cimientos de la antropología y la lingüística con su estudio de campo sobre los misteriosos pirahâ. El hijo recuerda cómo de niño le arrebataban del sueño en la selva amazónica, en medio de la oscuridad, las conversaciones incesantes de los pirahâ, una fascinante tribu de indígenas brasileños aislados de la civilización que tienen por constumbre despertarse y hablar sin parar a cualquier hora de la noche. Su padre, por entonces un fundamentalista misionero católico, se había instalado allí con toda su familia para enseñar a aquellos salvajes la palabra de Dios. Siete años después del contacto con el grupo, el misionero había perdido la fe y, además, había desarrollado un extraordinario trabajo de campo con el que iba a conmocionar la antropología.

'No duermas, hay serpientes'. (Turner)
'No duermas, hay serpientes'. (Turner)

La historia la contó Daniel Everett en el bestseller 'No duermas, hay serpientes' (Turner). Según descubrió durante todos esos años de convivencia, los pirahiâ poseían un lenguaje único, sin subordinación, así como un desconocimiento total de los números, además de otras rarezas -como no creer en Dios-. Estas afirmaciones explotaron con virulencia en el centro mismo de una Academia en la que entonces eran ley las teorías promovidas entre otros por Noam Chomsky sobre el caracter innato e instintivo del lenguaje y acerca de la existencia de una base lingüística común para toda la humanidad. Lo que un alumno aventajado de Chomsky llamado Steven Pinker bautizó, no sabemos si irónicamente, como "mentalés". La polémica desatada ha durado hasta hoy y, aunque existen dudas sobre la validez de los estudios de Daniel Everett sobre los pirahiâ, lo cierto es que las hipótesis chomskyanas sobre el lenguaje sufrieron una acometida de la que no han logrado recuperarse.

Y ahora su hijo Caleb Everett recoge el testigo paterno y defiende que los números tampoco son innatos. Y su descubrimiento, un hallazgo fundamental y puramente cultural: "Entonces, en esencia, tomamos nuestras manos y alcanzamos el mar de las cuantías indistinguibles, dándoles formas de números. Nos agarramos a las cantidades de elementos alrededor de nosotros, tanto de manera metafórica como literal. Moldeamos correspondencias de cantidades abstractas en algo muy real, pero muy poco natural, los números. Construimos los números. Y dado el efecto transformador en la historia de la humanidad, es justo decir que los números también nos hicieron a nosotros".

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