La ambigua historia de Locomía: "Nos prohibieron ser gais"
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DOS DE SUS MIEMBROS HAN MUERTO EN UN MES

La ambigua historia de Locomía: "Nos prohibieron ser gais"

Muchos lo creían desaparecido, pero el grupo pionero del 'dance' español, con sus hombreras y sus botas de pico, se refundó en 2011

placeholder Foto: Xavier Font, Luis Font, Manolo Arjona y Carlos Armas: Locomía en su formación original.
Xavier Font, Luis Font, Manolo Arjona y Carlos Armas: Locomía en su formación original.

El 5 de septiembre de 1987 tuvo lugar la madre de todas las fiestas en Ibiza. Acudieron más de 500 invitados, aterrizados de todas las partes del mundo en chárteres, para unos festejos que acabaron con el suministro de champán y cocaína de la isla.

El organizador era Freddie Mercury. Sus fiestas se habían convertido en un género para los tabloides británicos, siempre ávidos por una imagen con drogas, sexo o travestis a la que enganchar unas líneas insidiosas, y Mercury les daba los tres elementos casi todos los meses. Sin embargo, esta era distinta, maximizada: Mercury decidió tirar la casa por la ventana —pagó 20 millones de pesetas de la época— no solo porque celebraba su 41 cumpleaños, sino porque unos días antes se confirmó el peor de sus presagios: el VIH estaba avanzando y su final era solo cuestión de tiempo.

La mayoría de los eventos tuvieron lugar en el hotel Pike's, que todavía celebra cada 5 de septiembre el cumpleaños de Mercury, pero por la noche, después de liquidar 350 botellas de Moët Chandon y reventar 200 vasos contra las paredes del hotel, la fiesta se trasladó a la discoteca Ku, hoy Privilege, que por entonces presumía de ser la discoteca al aire libre más grande del mundo.

Freddie Mercury compró dos chaquetas de Locomía en Ibiza

En una de las barras de Ku bailaban Xavier Font (Sant Boi de Llobregat, 1963) y quince de sus amigos. A Xavier, líder del grupo de gogós, le habían advertido que aquella noche iban Freddie Mercury y su troupe a celebrar un cumpleaños, pero la noticia le dejó frío: "Yo tenía 24 años y tampoco sabía muy bien quién era Freddie Mercury… esta es la primera vez en mi vida en la que lo admito", confiesa Font a este periódico desde La Habana, "así que nos limitamos a hacer un par de bailes a su lado, para las fotos, y, como no sabía qué regalarle, le di un par de zapatos de punta, de los que diseñaba yo". Font, apasionado de la moda desde niño, había montado una pequeña tienda en la isla y una peluquería con las que complementaba las noches del Ku.

"Al día siguiente, con toda la resaca, se presentó Freddie Mercury en la tienda", afirma el catalán, "y se llevó dos chaquetitas por valor de 2.200 dólares. Además, me dijo que le habían gustado mucho mis zapatos, que los iba a usar". Era verdad. Mercury lució los zapatos con punta en varias escenas de su vídeo 'I'm going slightly mad', aunque Font se enteró hace poco: "Lo vi por casualidad en YouTube hace poco. Si lo piensas, es increíble que un monstruo como Freddie Mercury llevase en su último videoclip un pedazo de Locomía, todo un honor".

Font había llegado a Ibiza cuatro años antes, huyendo de una Barcelona que no terminaba de entender esos diseños, barrocos y provocadores, de los que él era el singular modelo. En la isla, epicentro de la modernidad occidental a comienzos de los 80, aquellas hombreras, abanicos y zapatos de pico que paseaba por San Antonio a plena luz del día crearon sensación. Ku le echó rápido el lazo y Font fue colocando a sus amigos en la cuadrilla a medida que ganaba poder: "Vivíamos los dieciséis, todos juntos, en una masía en el campo. Éramos como una comuna 'hippie' pero sin ser 'hippies'", dice Font cómplice.

Los de la comuna se hacían llamar Locomía. Uno de ellos, el holandés Gard Passchier, fue el creador de una etiqueta que ha sobrevivido en el imaginario de los españoles tres décadas: "A Gard le preguntaron por qué llevábamos esos abanicos tan grandes y él quiso responder que era 'una locura mía', pero como no dominaba la gramática española, dijo que era una 'locomía'. A todos nos encantó el nombre", dice Font.

placeholder Locomía en la discoteca Ku de Ibiza.
Locomía en la discoteca Ku de Ibiza.

En 1987 Locomía se había convertido en la mayor atracción de la noche ibicenca. Su barra era la más animada, a la que más famosos iban, y sus apariciones por el paseo marítimo eran ya un clásico que vendía entradas de la discoteca como churros. Por supuesto, despertaron envidias profundas: "Una noche llegábamos todos de la discoteca y nos habían quemado la casa. Dentro teníamos el trabajo de cuatro años, los trajes con los que actuábamos, los que vendíamos… todo", explica Font. "Nunca supimos quién había sido, aunque todos sospecharemos siempre de los otros grupos que bailaban en Ku y a los que habíamos robado la atención de la gente".

Esa noche, mientras lamentaban las pérdidas, Font se subió sobre las cenizas de la casa y advirtió, a gritos, que para acabar con Locomía no era suficiente con quemar su casa; había que quemarle a él.

Locomía, el producto musical

El episodio sirvió para alimentar aún más su fama, que comenzaba a desbordar la isla: ese mismo año, un empresario japonés le ofreció al grupo 100.000 dólares por inaugurar una galería comercial. Locomía encajaba perfectamente en lo que se esperaba del 'New Spain', un concepto de desinhibición y glamour creado en torno a Almodóvar que estaba arrasando en Japón.

Una noche de ese verano, casi por casualidad, el productor musical José Luis Gil (Madrid, 1950), conocido por llevar a Raffaella Carrá, a Perales o a Miguel Bosé, estaba tomando una copa en Ku y tuvo una aparición mariana. Así lo recuerda en sus memorias: "De repente comenzaron a aparecer de las sombras unos personajes ataviados con ropajes sorprendentes y zapatos de estilo renacentista, de manera cadenciosa y sugerente, como si se tratase de los celebrantes de una danza sufí, que me hipnotizó a mí y a los que me rodeaban. Según se sabían admirados, la aceleración rítmica de los movimientos y los requiebros fue en aumento. Poco a poco, todo el mundo que estaba bailando se paró y empezó a arremolinarse en un enorme corro para admirar a esos jóvenes juglares que con profusión de brocados, terciopelos y grandes hombreras, que daban un aspecto cubista a las proporciones de los cuerpos completamente fuera de época y estación, estaban dejando boquiabiertos a los más modernos del mundo".

placeholder Locomía, minutos antes de una actuación en 1989.
Locomía, minutos antes de una actuación en 1989.

Aquella noche Gil durmió poco y, a la mañana siguiente, ya estaba en la peluquería de Locomía lanzándoles propuestas. "Tenéis una imagen muy fuerte y un estilo provocativo. Si supierais cantar, se podría estudiar lanzaros como grupo musical". Ninguno sabía cantar y el productor no quería a los quince, sino que seleccionó a cuatro, "descartando a los bajitos y a los feos, menos a mí, que soy feo pero creé el grupo", según Font, para llevárselos a Madrid y grabar un single. Los elegidos fueron Xavier Font, su hermano Luis, Carlos Armas y Manolo Arjona, lo que a la postre se recordaría como el Locomía original.

placeholder Uno de los diseños de Lurdes y su plasmación en Locomía.
Uno de los diseños de Lurdes y su plasmación en Locomía.

Pocos lo saben, pero en Locomía hubo un quinto elemento, una mujer. Se trata de Lurdes Iríbar, una vasca que tuvo un flechazo artístico con Xavier Font en 1983: "Nos conocimos en una discoteca en Lérida, varios años antes de que se formase Locomía. Íbamos los dos con estilismos casi iguales, incluso con nuestro maletín para cambiarnos, y nos dimos cuenta de que aquello no podía ser normal" explica a este periódico. El estilismo, que después asociaríamos para siempre con Locomía, era una combinación psicodélica del 'glam' de Bowie con la moda más en boga de la Florencia del siglo XII. "Yo nunca había coincidido en forma de vestir con nadie, así que nos hicimos amigos", relata Iríbar.

En la masía de Ibiza, Lurdes hacía de madre del grupo. Además de diseñar y coser el vestuario de Locomía junto a Font, era la que cocinaba y se ocupaba de las tareas del hogar. No obstante, en las fiestas no daba un paso atrás: "¿Que si había droga? Había droga, sexo y todo lo que te puedas imaginar. Piensa que no solo éramos un grupo de gente joven pasando el verano en Ibiza, sino que éramos un grupo de jóvenes que trabajaban en la noche", afirma Lurdes. "Pero más que un grupo de fiesteros, éramos una familia", coinciden Font e Iríbar sin escucharse.

Los cinco de Madrid dejaron a los otros once en Ibiza, que tuvieron que regresar a sus localidades de origen. La tienda y la peluquería estaban de capa caída y la relación con Ku terminó de malas maneras. Así que Gil metió a los elegidos en un piso en Majadahonda y los puso a bailar por las noches en Joy Eslava mientras producía su primer tema. Mientras, consiguió colar al grupo como animadores en televisión, concretamente en actuaciones de Pet Shop Boys y Duran Duran, dos de los grupos más famosos del momento, ambos relacionados con la cultura gay.

No parecer gais

Después, a partir de 1988, Gil no volvería a programar actuaciones que relacionasen al grupo con la homosexualidad. "La ambigüedad es comercial; lo definido, sea lo que fuere, limita y reduce el público", repetía machaconamente a los componentes del grupo, que se vieron obligados a esconder sus preferencias sexuales. "A mí me preguntaba un periodista que si tenía novia y yo le decía que sí, que tenía un novio guapísimo", dice Xavier, "y de golpe tuvimos que dejar de expresarnos con libertad, que escondernos, ser ambiguos todo el tiempo. Nos prohibió ser gais, igual que hizo con Miguel Bosé, al que Gil decía que 'Don Diablo' no era comercial". A Lurdes nada de aquello le parecía creíble: "Era una tontería ocultarlo, era muy obvio cuando íbamos con los abanicos por la calle que eran todos gais, pero Gil se lo tomó muy en serio, era una persona autoritaria".

Al tiempo que los chicos fingían heterosexualidad y recibían clases de canto con el 'crooner' francés Robert Jeantal, Gil producía los primeros temas de Locomía en la casa del productor Pedro Vidal, mezclando en el salón y grabando las voces en el baño. De ahí nacieron 'Locomía', 'Rumba, samba, tango' y 'Taiyo', la santísima trinidad de los 'locomaníacos'. Gil presume en sus memorias, además, de haber sido pionero incorporando letra al 'dance' español aunque, como se puede comprobar en el vídeo inferior, estas se parezcan más a lo que hoy conocemos como una nube de etiquetas.

"Disco Ibiza Locomía,
Moda Ibiza Locomía,
Loco Ibiza Locomía,
Sexo Ibiza Locomía,
Mar Ibiza Locomía,
Sol Ibiza Locomía,
Marcha Ibiza Locomía,
Crazy Ibiza Locomía".

Los singles arrasaron en las discotecas durante la primavera de 1989, saltaron a las radios y en apenas un mes llegaron a las tiendas de discos. Locomía acababa de despegar, pero Xavier Font, el padre del concepto, decidió dar un paso a un lado. "Gil era uno de los mejores mánagers de España, de eso no cabe duda, pero a mí me quitó la ilusión. Perdí mi derecho a comportarme como lo que soy, una persona gay, dejé de poder llevar mis trajes por la calle, porque me paraban constantemente... y tampoco pude refugiarme en la creación de nuevos diseños, porque Gil nos impuso ir cada uno de un color y con el mismo traje todo un año", lamenta.

Gil nos obligó a ser ambiguos, a no mostrarnos gays

"En realidad a Xavier nunca le gustaron demasiado los escenarios, él prefería los estilismos, como yo", apunta Lurdes. Antes del lanzamiento de su primer disco, 'Taiyo', que salió en septiembre de 1989, el líder de Locomía dejó de viajar con el grupo para centrarse en el lanzamiento de 'Santuario Locomía', una boutique-coctelería situada en la Avenida de América de Madrid, cerca de Torres Blancas. La idea era poder probarse la ropa del grupo mientras un mojito te animaba a dar el paso de comprar. Fracasó. "Montar esa tienda fue cosa de Xavier, una decisión muy sabia", escribe irónicamente Gil.

"Empezamos a estar en todas las televisiones, en las radios, en las discotecas... aquello fue tremendo. Éramos todos jovencísimos y nos cayó encima una avalancha de fama y dinero", recuerda Iríbar, "fue muy importante la labor de José Luis (Gil), que ejercía de padre, no nos dejaba hacer muchas cosas... entre ellas la droga y salir por determinados lugares". "Y no era fácil resistirse, que en aquella época, en mitad de Joy Eslava, la gente te ponía rayas en la barra", remacha la vasca. Entraba tanto dinero que el mánager, según indican fuentes del sector, comenzó a dejarse ver por Madrid a bordo de un Mercedes blanco descapotable y un suntuoso abrigo de pieles.

'Big in America'

Pero donde Locomía fue realmente grande fue en Latinoamérica, especialmente en Argentina, México, Perú, Colombia y Chile. Lurdes acompañó al grupo en una gira por Argentina de la que no tiene buen recuerdo: "Lo pasé mal. La gente nos esperaba en el aeropuerto, en la puerta del hotel, nos seguía en sus coches... y todos los teatros y salas donde actuábamos estaban abarrotados, era una locura", recuerda. "Mi problema es que eran casi todo chicas jóvenes y, en cuanto yo salía al escenario, me insultaban y me amenazaban, se creían que era la novia de alguno", dice divertida, "y no me extraña, porque eran todos tíos altos y guapos, pero claramente gais".

La imagen de Lurdes a comienzos de los 80 recuerda a la de Madonna a mediados de la década, algo que la sacaba de quicio: "Me confundían todo el tiempo con ella... de hecho en Japón llegué a firmar a gente como ella, no paraban", dice. "Pero es que yo no le copié el estilismo, yo siempre he ido así, es ella la que en ocasiones se ha vestido muy parecido a mí. Yo no digo que se fijase, pero eran muchas coincidencias". Al otro lado del planeta, Font defiende la misma versión: "Nos pasó en varias ocasiones ver que Madonna se vestía como la Lurdes", afirma. "Madonna celebraba sus cumpleaños en Ibiza y no es raro que alguna vez nos haya visto, aunque suene a leyenda urbana".

placeholder Locomía durante la presentación de 'Los chicos no lloran', de Miguel Bosé
Locomía durante la presentación de 'Los chicos no lloran', de Miguel Bosé

Era 1991, el grupo había sacado su segundo LP, 'Locovox', y seguían llenando estadios y plazas de toros en México y Argentina, mientras que en España se limitaban al circuito de pueblos, no siempre bien acogidos. "En algunos sitios, como en Zamora, tuvimos algún incidente de mal gusto con los machitos de la fiesta", narra Gil en su libro. En América, además, tenían todas las horas de televisión que querían. Sus fans, entregadísimas, cantaban incluso extravagancias como 'Gorbachov', un tema dedicado al exlíder soviético que seguían interpretando incluso después de la caída del Muro de Berlín. ¿Es este un guiño de Locomía al comunismo 'light'? "No. Locomía es y será ateo y apolítico. Es solo música de baile", confirma Font.

"Gorbachov es Perestroika,
Gorbachov es desarmar,
Gorvachov es convincente,
sabe mandar.

Gorbachov es dulce 'raisa',
Gorbachov es confiar.
Gorbachov es una estrella, superstar".

Gil contra Font

A finales de 1991 Locomía se trasladó a Miami para preparar el asalto a Estados Unidos. Fue el comienzo del fin. Después de que cerrase 'Santuario Locomía', con Gil y Font culpándose del fracaso, el catalán regresó al frente del grupo para asegurar la expansión, pero también porque no se fiaba del mánager. Era un sentimiento mutuo: en sus memorias, Gil sostiene que "siempre dudé de la capacidad cerebral de Xavier, pero al menos amaba el producto", para poco después referirse al fundador de Locomía como "un loco y un tonto codicioso".

La situación saltó por los aires en 1992, cuando Xavier descubrió que Gil había cobrado un adelanto de 600.000 dólares por el disco que iban a grabar. Se enteró por Julio Sabala, famoso en España por imitar a Michael Jackson y Julio Iglesias: "No nos había dicho nada porque no lo quería repartir, me tuve que enterar por Sabala, que había cobrado lo mismo", dice Font. La separación fue traumática porque ambas partes se necesitaban: mientras la marca Locomía era propiedad de Font, quien tan solo se la había cedido cinco años a Gil, al productor le pertenecían las canciones, pero solo le quedaban dos años para seguir explotándolas antes de que caducase la cesión.

placeholder Un joven José Luis Gil, a la derecha, posa junto a Neil Diamond en una de las pocas imágenes que disponibles del mánager.
Un joven José Luis Gil, a la derecha, posa junto a Neil Diamond en una de las pocas imágenes que disponibles del mánager.

Font sostiene que, después de despedirle, descubrió que Gil le había "chuleado muchos millones": "Lo ha hecho con Perales, con Mari Trini... con todos los que ha representando. Es una de las peores personas que conozco, y desde luego la que más daño a hecho a Locomía". Durante seis meses, en 1993, coexistieron dos formaciones de Locomía: la original, que no podía interpretar sus canciones, y una nueva recreada por Gil, que no cayó bien entre las fans, a las que no se ofreció explicación alguna. Más allá, Font se aseguró de que todos supiesen que aquellos no eran realmente Locomía y Gil, de que ningún empresario de Latinoamérica contratase a la anterior formación bajo amenaza de demanda. En el cénit de su éxito y con solo tres años de recorrido, Locomía se partió en dos para devorarse a sí mismo.

Font y Gil nunca volvieron a cruzarse la palabra fuera de los tribunales. Desde que el catalán recuperase los derechos sobre la marca, su relación se ha limitado a encontrar formas para explotar su legado sin que el otro se entere. "Nos encanta darnos por el culo con la publicidad. Él cobra los anuncios en los que se usan las canciones y yo en los que se explota nuestra imagen y marca. El último que he hecho es el de Sprint, la empresa telefónica, cambiando la canción lo suficiente para que no vea un duro", dice Font.

La mano negra

Después de abandonar Locomía, Gil empezó a trabajar con una joven 'grouppie' de Locomía: Mónica Naranjo. "Mónica grabó con nosotros, pasaba mucho tiempo en el estudio y claramente tomó nuestras influencias. No hay más que verla en su primera época, lucía una estética arrogante como la nuestra y desde luego nuestra misma ambigüedad sexual", afirma Font, que ve la mano negra del mánager en distintos episodios posteriores a su separación.

El más importante sucedió en 2009, cuando Font fue condenado a tres años de cárcel en la que se llamó operación Abanico por vender 'popper', una sustancia recurrente en la comunidad gay, así como pastillas de éxtasis y viagras falsificadas por internet. "Eran de uso personal, para mí y mis amigos. No entiendo que tuviese que pasar unos meses en prisión por unas cantidades tan pequeñas... ¿sabes cuándo sucedió todo esto? Cuando estábamos relanzando Locomía", dice Font desde La Habana, donde puso tierra de por medio tras recuperar la libertad.

José Luis Gil estuvo implicado en el intento de asesinato y posterior robo de Estéfano

Nadie en la industria parece saber dónde se encuentra José Luis Gil. Harto de su evolución, en 2004 publicó un ajuste de cuentas al sector, firmado como "JL Green Snake", se hizo santero y se instaló en Brasil. Lo último que sabemos de él es que en 2008 era mánager de Estéfano, del popular dueto 'Donato y Estéfano', cuando uno de sus empleados disparó al cantante dos tiros, uno en el pecho y otro en la cabeza, aunque no fue capaz de matarlo. Según la investigación de la Policía de Miami, Estéfano descubrió al salir del hospital que Gil había transferido 2,4 millones de dólares de sus cuentas a la iglesia santera a la que pertenecía el español. Con Estéfano en el hospital, Gil transfirió otros 3.000 dólares a la mujer del hombre que le disparó.

"Te voy a confesar una cosa", dice Font, "de todas las formaciones que hemos probado, ninguna me ha producido sensaciones parecidas a cuando estábamos en la Ku, y eso que en muchas de ellas ha estado Manolo Arjona, que es más importante en Locomía que yo". "Pero el año pasado estuve viendo una actuación de los nuevos Locomía y, por primera vez desde los 80, sentí la magia, sentí que esta formación era capaz de llegarle a la gente". Por eso Font tiene dudas: "Y ahora que estábamos remontando el vuelo otra vez, mueren dos de los miembros del grupo, ambos con 46 años, en el mismo mes y por causas muy extrañas... es como si Locomía tuviese una maldición para que nunca se recupere".

A sus 55 años, el catalán no se rinde y planea regresar el año que viene a España para relanzar el grupo de una vez por todas: "Digo hoy lo mismo que dije hace treinta años en Ibiza: si quieren matar a Locomía, tendrán que matarme a mí", zanja Xavier.

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