Conciertos: Locos por Kamasi Washington: la tormenta de jazz más esperada llega a España

Locos por Kamasi Washington: la tormenta de jazz más esperada llega a España

El saxofonista de moda actúa en Madrid (domingo 13) y Barcelona (lunes 14)

Foto: El saxofonista estounidense Kamasi Washington en San Sebastián. (EFE)
El saxofonista estounidense Kamasi Washington en San Sebastián. (EFE)

Se solía hablar de jazz. ¿Se acuerdan? La infinita elegancia de Miles Davis, capaz de seducir a cualquier oyente aunque no tuvieras unas mínimas nociones sobre el género. El swing febril de Count Basie, que despierta de golpe tu sistema nervioso. Por supuesto, John Coltrane y su intensidad mística. Una vez metido en harina, lo más probable es que acabases rendido ante Ornette Coleman, maestro en el arte de descolocar al oyente, con obras maestras tan sencillas y alegres como profundas (comprueben si exagero escuchando el clásico ‘Dancing in your head’, de 1977). La aventura podía convertirse en ocupación permanente, con paradas en artistas tan diversos como Sonny Rollins, Sara Vaughan, Roland Kirk, Chet Baker, Thelonious Monk...

¿Fin de fiesta?

Dicho esto, nos enfrentamos a la pregunta incómoda: ¿se ha quebrado en el siglo XXI esa línea de grandes nombres y estilos rompedores? Parece claro que no vivimos una época dorada. Unos se emocionan con el impoluto Christian Scott, otros recomiendan a guerrilleros de sonido casi hostil como Ken Vandermark, pero el máximo consenso lo suscita un gigantón que responde al nombre de Kamasi Washington (Los Ángeles, 1981). Más que un saxofonista rompedor, parece un personaje dibujado en los estudios Pixar para satisfacer las demandas de los cincuentones occidentales ansiosos de nuevas leyendas. Estamos ante un afroamericano rotundo, que envuelve su cuerpo en túnicas africanas y cuyos rizos recuerdan a los iconos de la rebelión afroamericana de los setenta. En sus temas encontramos una mezcla de energía juvenil, espíritu juguetón y sentimiento religioso, combinación clásica de las obras magnas del género. Además le ha tocado vivir en un tiempo de lucha por la igualdad racial, lo que propicia comparaciones con los años en que el jazz reinaba (si no en ventas, en prestigio cultural).

Órdago sonoro

Hablemos claro: desde los años ochenta, el atractivo del jazz no ha dejado de disminuir. Cada vez suena más académico, más previsible, más domesticado. Corría el riesgo de convertirse en un ejercicio de estilo, un ritual para enterados oficiado entre humo, vasos de whisky y letreros de neón. Ese en este contexto -la necesidad de recuperar la fe-, llega el turno Washington, que debuta con el triple álbum ’The Epic’ (2015), donde se rodea de una decena de músicos, un coro de veinte voces y una orquesta de treinta miembros. Este órdago sonoro le coloca en una posición privilegiada para postularse como recambio de los grandes. Ya era hora, porque en los festivales de verano se empezaban a agotar las posibilidades de celebrar aniversarios de álbumes clásicos para rellenar cartel y atraer público.

El órdago sonoro de Washington le coloca en una posición privilegiada para postularse como recambio de los grandes

Guste más o menos, la música de Washington transmite la sensación de entrega completa a la causa. “El rapero Snoop Dog solía reírse de nosotros cuando nos llevaba de gira. Después de tocar en cada pabellón, siempre buscábamos alguna jam session donde participar. Estábamos un rato de fiesta con él -entre groupies, drogas y botellas de Hennesey- , pero luego salíamos corriendo a seguir tocando en algún pequeño club donde nos escuchaban cinco personas”, explicaba a The Independent. Sus piezas contagian el placer de estar cien por cien inmerso en el sonido.

Entre Sun Ra y Beyoncé

John Fordman, crítico de jazz del prestigioso diario The Guardian, lo explicó mejor que nadie en su reseña de ‘The Epic’: “Dada su longitud, 172 minutos, solamente la falta de sorpresas separa a este trabajo de ser el terremoto creativo que sus devotos dicen haber escuchado”. Puede sonar a cuestionamiento, pero en el texto se menciona a Sun Ra, Art Blakey y Pahoroah Sanders, palabras mayores para cualquier aficionado. Resumiendo: ningún experto niega el talento a Washington, aunque algunos echan de menos la capacidad del jazz para desmadrarse, superar al oyente y trasladarle a dimensiones desconocidas.

Algo parecido opina Adam Shatz, del New York Times: “Sería injusto -y un poco idiota- preguntarnos si estamos el próximo Coltrane. En realidad, solo hay espacio para un Coltrane en la teología del jazz. Con su espiritualidad manifiesta y sus modales humildes, Washington ha conseguido resucitar y expandir la demanda de una figura similar a Coltrane, capaz de sacar al jazz de un desierto de oscuridad y resucitar su misión espiritual”. Además de un músico notable, estamos ante un artista que ha logrado convertirse en una pequeña celebridad. Los medios le miman, superventas de todo pelaje solicitan sus servicios en el estudio de grabación y la dirección del festival Coachella le programó este año como alternativa a Beyoncé.

Inquietudes políticas

Por si fuera poco, es uno de los escasos artistas estadounidenses que no rehuye posicionarse en conflictos políticos. Lo mismo dedica una canción al líder social Malcolm X, que recupera la iconografía de orgullo negro típica de los setenta. El black power recibió entonces el respaldo de una generación brillante de artistas y Washington se ha convertido en nombre destacado de la década de Black Lives Matter, el movimiento contra la violencia policial en zonas negras y pobres durante la era Obama. Creció en South Central, uno de los barrios más conflictivos de Los Ángeles, justo en la época de la epidemia del crack, la violencia desatada de las bandas y los brutales disturbios por la paliza policial a Rodney King. Sus padres se separaron cuando él tenía tres años y creció “escuchando cada noche disparos y sirenas de los coches patrulla”. Con esa biografía, normal que mire de frente a los problemas de su época. “Soy un hombre negro grande y es fácil que me entiendan mal. Antes de empezar a vestir ropa africana, mucha gente asumía que yo era una amenaza y que no pasaba nada por tratarme de manera violenta”, recordaba en la revista dominical del New York Times.

Curiosidad omnívora

No importa que Washington nunca roce las alturas de Coltrane. Recordemos que los alumnos que lo intentaron tienen estatus tan legendarios como Albert Ayer, Pharoah Sanders y David S. Ware. Hoy este joven saxo se ha convertido en punto de referencia y puerta de entrada al género para el gran público. Ayuda, por supuesto, su curiosidad musical omnívora. Hasta ahora, ha colaborado con raperos de cinco estrellas (Kendrick Lamar, Run The Jewels, Snoop Dog), rockeros de culto (Ryan Adams, The Twillight Singers) y eclécticos exploradores electrónicos (Flying Lotus, Thundercat). Viviendo en la ciudad que vive, no es de extrañar que le atraigan las bandas sonoras: participó en la de la serie de televisión The Get Down y avisa de que la gran pantalla está entre sus prioridades. No hay duda de que seguiremos oyendo hablar mucho de este músico: su próximo álbum se publica el 22 de junio y llevará por título ‘Heaven and Earth’ (2018). Millones de oídos esperan impacientes.

Kamasi Washington actúa en La Riviera (Madrid) el domingo 13 y Razzmtazz (Barcelona) el lunes 14

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