129 hombres sin billete de vuelta: la expedición perdida del capitán Franklin
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frío, penurias y muerte

129 hombres sin billete de vuelta: la expedición perdida del capitán Franklin

AMC estrena el 3 de abril la serie basada en el libro de Dan Simmons 'El Terror' e inspirada en la trágica expedición ártica que buscaba el paso del Noroeste. Esta fue su historia

Foto: Imagen de la producción de AMC 'The Terror'
Imagen de la producción de AMC 'The Terror'

A mediados del siglo XIX Lady Franklin llegó a la isla escocesa de Unst en busca de ayuda. Su esposo, el Capitán Franklin, había partido en mayo de 1845 para encontrar la ruta marítima que uniría el Atlántico y el Pacífico por el norte de Canadá. A pesar de la amplia experiencia de Franklin en misiones como esa, nada se sabía de su destino, y eran pocos los que confiaban en que los 128 hombres que le acompañaban habrían salido indemnes de un viaje tan largo como complicado.

Lady Franklin era una de las pocas que no perdía la fe, y su viaje al punto más septentrional de Gran Bretaña tenía un propósito claro. Encontrar a alguien que la llevase a Out Stack, la última isla del archipiélago de Shetland, más cercana a la localidad noruega de Bergen que a la capital de Escocia. La razón era tan sentimental como comprensible, Lady Franklin quería "enviar su amor a través de las alas de la oración" a su aventurero esposo. Aquellos que la vieron, según recogen las crónicas de la época, relataron cómo la señora se situó en la orilla norte de la isla "sobre una roca sombría, en silencio, mientras las lágrimas le caían lentamente y con los brazos levantados" en un intento de enviar su cariño y sus esperanzas mentalmente, surcando las frías aguas del Mar de Noruega.

La desesperada medida de Lady Franklin no quedó únicamente en gestos emocionados producto de la desesperación, y durante dos décadas patrocinó hasta siete expediciones dedicadas a descubrir cuál había sido el destino de los expedicionarios. Pero ninguna de ellas consiguió su propósito y en 1875 la mujer del capitán falleció sin conocer la suerte que había corrido su marido y el resto de los hombres que lo acompañaban.

El misterio de la expedición de John Franklin no se desveló hasta hace unos años, pero durante siglo y medio ha servido para inspirar a diversos creadores artísticos, literarios y cinematográficos. Entre ellos se encuentra el escritor norteamericano Dan Simmons, autor del bestseller 'El Terror' (Roca Editorial). La novela que AMC ha llevado a la televisión y que el próximo 3 de abril (22:10h.) se estrenará en nuestro país. Una producción millonaria que aspira a dejar helada a la audiencia mientras se sumerge en las penurias de unos hombres que, simplemente, querían hacer historia.

Pintura de la época sobre el comienzo del viaje, sobre aguas del Támesis en Londres.
Pintura de la época sobre el comienzo del viaje, sobre aguas del Támesis en Londres.

Irremediablemente elegido

El interés británico por descubrir el Paso del Noroeste comenzó a principios del siglo XIX, cuando el gobierno llegó a ofrecer una recompensa para aquellos exploradores que lograsen encontrar el camino que unía los océanos Atlántico y Pacífico. Las ansias de la Royal Navy por satisfacer los deseos de todo un país le llevaron a organizar una expedición, con el experto en el Ártico William Edward Parry al frente. Sin embargo, el almirante declinó la oferta, y como él otra media decena de hombres, hasta que John Franklin aceptó el reto.

La expedición que lideró para trazar la costa norte de Canadá le llevó a ser conocido como "el hombre que se comió sus propias botas"

La expedición que él mismo había liderado, dos décadas antes, para trazar la costa norte de Canadá le llevó a ser conocido como "el hombre que se comió sus propias botas". Una descripción que se correspondía con las penurias que pasaron en tierras canadienses, en la que perdió a la mitad de hombres a su cargo. Sin embargo, tras pasar una temporada en las Antípodas, Franklin parecía decidido a ser el hombre que lograse el ansiado descubrimiento, y a sus 59 años, aquella parecía su última oportunidad para conseguirlo.

Con Franklin al mando del HMS Erebus, y J.M. Crozier al frente del HMS Terror la expedición partió de un pequeño puerto, cercano a la desembocadura del Támesis. En las bodegas de ambas naves, que habían sido acondicionadas para soportar las condiciones climatológicas del Ártico, se habían cargado víveres y suministros para tres años, gracias a la utilización de latas de conserva. Pero además, para esquivar la peligrosa amenaza del hielo, los responsables de la expedición reforzaron la proa de los cascos y añadieron a las naves máquinas de vapor que funcionaban gracias a unas desalinizadoras de carbón.

El Capitán John Franklin en un grabado de la época.
El Capitán John Franklin en un grabado de la época.

Hambre, frío y enfermedades

Dos meses después de abandonar Gran Bretaña dos balleneros se encontraron con los barcos comandados por el Capitán Franklin en la bahía de Baffin, entre Groenlandia y las tierras más septentrionales de Canadá. Aquella fue la última vez que se les vio, y lo que sucedió durante los tres años siguientes sólo se ha podido conocer gracias a los intentos de rescate posteriores, así como las numerosas investigaciones que se han llevado a cabo en la zona.

Las condiciones climatológicas extremas, el plomo con el que se sellaban las latas de comida, y que terminaría envenenándolos, o enfermedades como la neumonía, la tuberculosis o el escorbuto fueron responsables de las paulatinas bajas que sufrió la expedición durante los dos primeros años de viaje. Para entonces, el Capitán Franklin había muerto (el 11 de junio de 1847) y los barcos habían pasado buena parte del tiempo encallados en el hielo.

'H.M.S. Erebus en el hielo', pintura de 1846 sobre la expedición de Franklin.
'H.M.S. Erebus en el hielo', pintura de 1846 sobre la expedición de Franklin.

En abril de 1848, bajo el mando del capitán Crozier 105 hombres abandonaron el HMS Erebus y el HMS Terror y partieron a pie con destino Back River, buscando una salida hacia el sur. Posteriormente, y gracias a las revelaciones del pueblo inuit, se tuvo constancia de que aproximadamente la mitad del grupo había sido visto, arrastrando consigo un bote y varios trineos, al noroeste de la Bahía Pelly. Pero también revelaron en 1854 que, en los últimos seis años se habían encontrado con cadáveres en distintos lugares de la región, algunos de ellos con signos de haber sido mutilados. Una muestra evidente de que los aguerridos tripulantes habían practicado canibalismo para sobrevivir.

En busca de la expedición perdida

La búsqueda de la expedición del Capitán Franklin se convirtió en una especie de cruzada para las autoridades británicas, en buena parte gracias al empeño de Lady Franklin por conocer el destino de su marido. Las misiones que ella financió, y para las que buscó el apoyo de medios de comunicación y políticos, no encontraron las respuestas que buscaba, pero contribuyeron significativamente a registrar la flora y la fauna del Ártico canadiense, así como a trazar la cartografía de la zona, convirtiéndola en una figura esencial en la exploración del Polo durante el siglo XIX.

Cartel de la época con la recompensa para aquel que diese cualquier pista sobre la expedición perdida.
Cartel de la época con la recompensa para aquel que diese cualquier pista sobre la expedición perdida.

En 1850 la falta de información sobre la misión que había partido cinco años antes llevó al gobierno británico a ofrecer una recompensa a cualquiera que pudiera proporcionar pistas sobre el desenlace de los 129 hombres. Una medida insuficiente a pesar de que, durante las décadas posteriores, más de treinta expediciones se aventuraron en el Ártico con la esperanza de encontrar algún indicio que resolviese el misterio.

A pesar de que los responsables de la Royal Navy, así como el gobierno británico, rechazaron la posibilidad de que sus enviados hubiesen recurrido al canibalismo para sobrevivir, investigaciones realizadas a finales del siglo XX confirmaron la desesperación y el hambre que sufrieron aquellos que habían logrado sobrevivir a tres años de penurias, frío y enfermedades.

La incógnita que nunca encontrará respuesta es si alguno de los 129 hombres del Capitán Franklin consiguió llegar a Back River

El círculo misterioso no se cerró hasta 170 años después del inicio de la expedición, cuando la agencia estatal canadiense anunció que había encontrado el Erebus sumergido frente a la costa sur de la isla del Rey Guillermo, en medio de la bahía que en 1910 había sido bautizada por el gobierno de la región en honor a la expedición con el nombre de "Terror". En 2016, dos años después, apareció el barco comandado por Crozier cien kilómetros al sur del lugar en el que los historiadores pensaban que se encontraban inicialmente.

La incógnita que nunca encontrará respuesta es si alguno de los 129 hombres del Capitán Franklin consiguió llegar a Back River, y cumplió con su misión, descubriendo la ruta hacia el oeste a través del Ártico. Un logro que se atribuye al comandante Robert McClure, que en la búsqueda de la expedición perdida se convirtió en el primer hombre en atravesar el ansiado paso.

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