40 años del fin de las cortes del régimen

Miedo y asco en el búnker franquista

El franquismo institucional se hizo el harakiri con la Ley para la Reforma Política en 1976, pero el tumulto callejero nostálgico siguió en marcha hasta condicionar la Transición

Foto: Blas Piñar en un mitin de Fuerza Nueva en los setenta
Blas Piñar en un mitin de Fuerza Nueva en los setenta

Mitin de Fuerza Nueva en la Plaza de Toros de las Ventas durante la Transición. Un señor con el 'El Alcazar' bajo el brazo cuenta a cámara por qué España no está preparada para vivir en democracia. "El pueblo español no está en condiciones de elegir su destino, porque está acostumbrado a que le dirijan, a que le lleven", dice el hombre en tono suave... hasta que entra en ignición al explicar -de aquella manera- a qué se dedican exactamente los españoles desde que llegó la democracia:

"No hacen más que echar las patas por el aire, hacer el bestia, destruir lo que teníamos, convertir a las mujeres en prostitutas, a los tíos en invertidos... con la pornografía, con las drogas, ¡ESTO ES EL DESIDERÁTUM!, ¡EL HUNDIMIENTO DE ESPAÑA". ¿Los responsables de esta hecatombe moral? "Aquellos malditos que votaron sí en las cortes a la reforma política".

Hace cuarenta años se aprobó la Ley para la Reforma Política (LPR) en dos turnos: primero votaron las Cortes franquistas (81% a favor) y luego hubo un referéndum (94% a favor). Era el fin del dominio parlamentario franquista.

Se dice que la aprobación de la Ley para la Reforma Política fue una astuta maniobra de Adolfo Suárez y Torcuato Fernández-Miranda para que el franquismo se hiciera el harakiri institucional, y en parte lo fue, aunque eso no significa que ciertos procuradores franquistas fueran tontos o no supieran lo que estaban haciendo...

Portada de Diario 16 antes de la aprobación de la LRP
Portada de Diario 16 antes de la aprobación de la LRP

"El proceso de desarrollo del cambio político estuvo en buena parte regido por cuestiones estratégicas, que tienen que ver con la capacidad de los procuradores para anticipar cuál iba a ser la postura triunfante y poder así sumarse a ella... Su razonamiento, esquemáticamente, era este: si apoyaban la reforma pero esta no salía, quedaban como traidores al régimen; pero si se oponían a la reforma y esta se aprobaba, quedarían marginados en el nuevo sistema. Por tanto, lo mejor que podían hacer era seguir la tendencia mayoritaria.", explica Ignacio Sánchez Cuenca en su ensayo 'Atado y mal atado'. En efecto, los procuradores franquistas pragmáticos se subieron a la ola de un partido conservador fundado semanas antes, Alianza Popular, que apoyó la LPR a cambio de una rebaja en la proporcionalidad del nuevo sistema electoral. En tres palabras: cambio de chaqueta.

El impacto cultural de la aprobación de la LRP fue indudable: parlamentarios franquistas votando en cortes por la disolución institucional del régimen, y pueblo refrendándolo en las urnas, en un proceso vertiginoso, pulcro y de foto, pero que generó un fuerte malestar entre los nostálgicos. La marginación institucional del anterior régimen generó -paradójicamente- nuevas dosis de agitación franquista: la LPR aumentó la irritación de una vieja guardia que no se iba a quedar de brazos cruzados. En efecto, más allá de la eficacia de la fontanería institucional de Fernández-Miranda y Suárez, la caída del régimen fue menos limpia y más sangrienta de lo que se tiende a creer: el quilombo callejero nostálgico siguió hasta el fin de la Transición, condicionando el proceso democrático vía atentados y complots golpistas. Fueron los últimos días de ruido y furia del búnker...

La casa común de la extrema derecha

La palabra "búnker", que describía a la extrema derecha recalcitrante, la puso de moda Santiago Carrillo en un artículo -'O el libertad o el búnker'- en el realizó diversas analogías entre el tardofranquismo y la bunkerización hitleriana. El término, que hizo fortuna entre la prensa de la época, se convirtió en arma arrojadiza. "La refriega dialéctica entre el franquismo y la oposición democrática fue un torbellino en torno a la palabra búnker y sus magnéticos significados", cuenta Pedro Sempere en sus 'Memorias olvidadas'.

Girón de Velasco: "Yo no estoy en ningún búnker. Como castellano prefiero la intemperie"¿Estaban los franquistas atrincherados en un búnker como aseguraban sus críticos? José Antonio Girón de Velasco, ex ministro de Trabajo y uno de los procuradores que votó en contra de la reforma política, negó la mayor en una sentencia tan racial como antológica: "Yo no estoy en ningún búnker. Como castellano prefiero la intemperie".

Uno de los motivos de la popularización de la palabra "búnker" es que tenía significados políticos antagónicos: podía ser despectiva o motivo de orgullo, según quién la pronunciara. "La extrema derecha la asumió como fetiche y bandera. 'Como españoles y como cristianos preferimos el búnker a la alcantarilla', pregonaba el líder de Fuerza Nueva, Blas Piñar. Y los piñaristas desgañitados de gritar 'Es-pa-ña', adoptaron su justa metonimia: 'Bún-ker, bún-ker, bún-ker', asumiendo toda su épica belicista desde Numancia", recuerda Sempere en sus memorias.

La escena del mitin de Fuerza Nueva citada al principio de este artículo sale de un doble documental: 'Atado y bien atado' y 'No se os puede dejar solos', de Celia M. Bartolomé y José Juan Bartolomé, trepidante historia de la Transición contada en crudo por la gente de la calle. También provienen de ahí las viralizadas imágenes de una señora lanzando una espectacular arenga callejera contra el rojerío en 1979. Atentos a la soflama:

Miedo y asco en el búnker franquista

"Franco encontró una España destruida, desecha, llena de piojos, llena de cadáveres, saqueada miserablemente por el comunismo y la masonería y nos dejó una España maravillosa... ¡una España arriba! Una patria limpia y llena de alegría, y nos la han destruido, la han dejado llena de terrorismo, de miseria, de anarquía. Nos están destrozando todo, los impuestos nos destruyen, nos deshacen todo. Defendemos España, defendemos nuestro Caudillo que sacrificó su vida por la Patria y murió en una habitación miserable de la seguridad social...allí murió nuestro Caudillo. ¿Y ellos cómo viven? ¡como están! Nuestro Caudillo como vivía y ellos en palacio, allí está Carrero Blanco en una casa corriente y vulgar y estos señores donde viven...en el Palacio de la Moncloa con un gasto enorme. Carrero Blanco murió en un coche y estos señores... Helicópteros, movilizando la aviación... señores, nos están arruinando miserablemente. ¡Arriba España! Vencimos y venceremos, tenemos fe en Dios, somos católicos apostólico-romanos, sabemos que tenemos que pasar este baño de sangre pero el sagrado corazón de Jesús nos ayudará"... O el búnker en estado puro (y al borde del infarto de miocardio).

Más allá de que sostener que Franco murió como un indigente es un tanto extravagante, los testimonios recogidos en 'Atado y bien atado' sirven para medir la temperatura del búnker nostálgico a finales de los setenta: 40 grados a la sombra. Otro ejemplo: una joven que asiste al mitin de Fuerza Nueva asegura que "la culpa de todo la tiene el señor Suárez", y procede a proponer una 'simpática' solución de consenso para volver a los viejos buenos tiempos: "Tenemos que aplastarles a todos como culebras".

Miedo y asco en el búnker franquista


Suena a calentón de mitin de masas, sí, pero algunos se tomaron la tarea al pie de la letra. Según contaba Mariano Sánchez Soler en 'La Transición sangrienta', los atentados de grupos de "incontrolados" de extrema derecha se multiplicaron entre 1975 y 1983. La 'hazaña' bélica más sonada del entorno del búnker fueron los asesinatos de los abogados laboralistas de Atocha.

"La Transición se cobró más de 2.663 víctimas por violencia política entre muertos y heridos hospitalizados. De estas 2.663 víctimas, 591 personas perdieron la vida. De ellas, 188 murieron en actos de violencia política de origen institucional. En cuanto a los heridos, más de 1.000 fueron víctimas de los terrorismos de izquierdas y nacionalistas (ETA, GRAPO, FRAP y otros), y un total de 1.072 heridos fueron víctimas de la violencia desencadenada por la represión policial y las denominadas 'tramas negras'", escribe Sánchez Soler, con "tramas negras" como sinónimo de entorno armado del búnker: "Los dos niveles, el aparato de Estado y las instituciones reglamentadas, se funden y se combinan en la comisión de los actos de violencia, al tiempo que se orquesta una represión indiscriminada para controlar la calle y acciones de terrorismo selectivas. A través de las denominadas 'tramas negras', se organizaron atentados y operaciones de castigo. También contaron con la participación, relación y amparo de los partidos y organizaciones legales FE-JONS, el Frente de la Juventud, la Hermandad de la Guardia de Franco… y con Fuerza Nueva, que obtendría representación parlamentaria".

El clan de El Pardo

La familia Franco también recibió cobijo en el búnker. Cristóbal Martínez-Bordiú, marido de Carmen Franco Polo, única hija de Franco, asumió el liderazgo político del clan. Tras fracasar en su intento (1976) de lograr un escaño de consejero permanente en el Consejo Nacional, el Marqués de Villaverde saltó a la órbita de Fuerza Nueva, participando en las concentraciones anuales en la Plaza de Oriente. "La extrema derecha, el búnker, fue definitivamente el último refugio de las aspiraciones políticas de los descendientes de Franco y el único auditorio nostálgico dispuesto a escuchar las diatribas de los marqueses de Villaverde", explica Mariano Sánchez Soler en 'Los Franco S.A.'

Blas Piñar: "Como españoles y como cristianos preferimos el búnker a la alcantarilla"
El 20-N de 1979, el "yernísimo" pronunció un encendido discurso en el Aula de Fuerza Nueva. "Con Franco no se podía concebir el actual y escandaloso cambio de chaqueta, sobre todo de aquellos en los que depositó su confianza y que tanto han mudado. Al morir mi suegro, presentía lo que iba a suceder, los ataques a su figura, aunque el lodo de quienes le atacan desde sus pocilgas, no salpique a la más importante figura de la historia de España".

No obstante, al margen de estos actos de activismo esporádico, la familia del Caudillo no dedicaría tantas energías a la política como a mantener su fortuna a buen recaudo. Haciendo buena la célebre cita de Franco -"Haga como yo, no se meta en política"- sus herederos se centraron en conservar un patrimonio familiar millonario que había perdido el acceso a su principal gasolina: los negocios ventajosos con la administración. Un dato para entender las fluidas relaciones entre las élites franquistas y el Estado: el 77% de los ministros de Franco entre 1961 y 1974 formaron parte de los consejos de administración de las grandes empresas públicas y privadas del país. Festival de la puerta giratoria, en efecto, aunque en algunos casos no había ni puerta: era posible compaginar ministerio y consejo de administración.

Sánchez Soler cifró en cincuenta las empresas y sociedades anónimas "relacionadas, apadrinadas o presididas" por los Franco. El capital social del holding familiar rondaba los 100.000 millones de pesetas a la muerte de Franco (7.000 millones de euros al cambio actual y teniendo en cuenta la inflación).

'La Transición sangrienta'
'La Transición sangrienta'

'Pueblo' publicó en 1977 un reportaje en el que el diputado suizo Jean Ziegler se explayaba sobre las costumbres fiscales del clan del Pardo. "El marqués de Villaverde es todavía uno de los mayores clientes de la banca de Lausana", aseguró Ziegler. "La evasión era una práctica común entre los capitalistas de la España de Franco. Casi un deporte nacional que no comportaba ningún riesgo", cuenta Sánchez Soler.

Ese mismo año, el ministerio de Hacienda envió a un funcionario a Zurich a seguir la pista de los supuestos millones evadidos por los Franco. La misión fue, al mismo tiempo, un fracaso y un éxito. Por un lado, no se encontró fortuna alguna a nombre de los apellidos familiares del clan Franco (repetimos: "a nombre de"); por el otro, sí aparecieron nombres de otros ciudadanos españoles relevantes con dinero en Suiza, información que generó estupor en la Brigada de Delitos Monetarios, pero que fue frenada por Moncloa. "Adolfo Suárez consideró que sería prudente 'parar' la operación. Como en otros temas de la Transición democrática era preciso respetar los pactos, el consenso, la convivencia política...", escribe Sánchez Soler.

La pillada helvética a los Franco fue más berlanguiana que penal. El 7 de abril de 1978, Carmen Franco Polo llegó a Barajas para embarcar en un vuelo Madrid-Ginebra. Por algún motivo, la hija de Franco tenía pasaporte diplomático, pero tuvo la mala suerte de atravesar un extraño cacharro de nuevo cuño llamado detector de metales... El aparato empezó a pitar como un loco al paso de la 'hijísima'. Los funcionarios de aduanas encontraron en su bolso 31 medallas de oro y brillantes. Las medallas, que habían sido "regaladas a Franco por otras tantas provincias", ni contaban con licencia de exportación ni habían sido clasificadas por Patrimonio Nacional.

El clan de El Pardo en los setenta (EFE)
El clan de El Pardo en los setenta (EFE)

Carmen Franco Polo aseguró desconocer "estar defraudando nada" porque "la verdad es que no conozco bien las leyes". La rueda de prensa que dio para explicar su peripecias suizas, sola ante un centenar de reporteros en un salón de su casa de la calle Hermanos Bécquer, fue de las que hacen época.

-¿Le ha molestado que la gente haya podido pensar que no ha sido éste el único viaje en que ha sacado dinero o joyas?
-¡Ah, claro! Me molesta que piensen eso. A mí me gusta mucho viajar, pero a Suiza hace cinco años que no voy porque no he tenido ocasión, y esta vez lo he pasado bien. He jugado al golf e intentado ganar en el casino, pero nada más...

-¿Cuál cree que puede haber sido la reacción del pueblo llano?
-Yo creo que de sorpresa, de desencanto... Depende de cada uno...

Este escándalo simbólico marcó el principio del fin de la impunidad con la que los Franco habían manejado sus asuntos económicos. El búnker franquista comenzaba a tener enormes grietas de legitimidad a ojos de la opinión pública. No obstante, aún quedaban unos cuantos tiros que pegar en las calles y en el Congreso, más para condicionar y limitar con éxito la apertura democrática (poca broma) que como intento serio de recuperar tal cual el régimen. La suerte cultural del franquismo pata negra estaba echada.

Pero quien tuvo, retuvo. "A pesar del proceso abierto, y de que ya no eran ciudadanos relevantes, Carmen Franco y su marido Cristóbal Martínez-Bordiú dispusieron de pasaporte diplomático hasta febrero de 1986. Sorpresas de la Transición", zanja Sánchez Soler. O la dulce decadencia de los embajadores de Francolandia en el búnker.

Cultura

El redactor recomienda

Escribe un comentario... Respondiendo al comentario #1
16 comentarios
Por FechaMejor Valorados
Mostrar más comentarios