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Kirk Douglas, el hoyuelo más famoso y odiado de Hollywood cumple 100 años

El protagonista de 'Espartaco', 'Senderos de Gloria' o 'Duelo de titanes' cumple un siglo de vida convertido en uno de los pocos supervivientes del Hollywood dorado

Foto: Kirk Douglas caracterizado como Espartaco
Kirk Douglas caracterizado como Espartaco

Convirtió solo tres palabras en todo un mito del cine y en un grito reivindicativo cargado de simbolismo. "Yo soy Espartaco" bien podría ser el resumen de la vida de Kirk Douglas (Nueva York, 1916), que este 9 de noviembre ha cumplido 100 años convertido en uno de los pocos supervivientes del Hollywood dorado. Al actor le han acompañado durante este siglo un sinfín de calificativos: rebelde, fanfarrón, egocéntrico, 'el león' por sus arrebatos de mal genio, y hasta 'el hombre más odiado de Hollywood'. Quizás la más explícita fue Hedda Hopper cuando, tras 'El ídolo de barro' (1949) -su primer gran éxito-, dijo: "la fama se le ha subido a la cabeza. Se ha convertido en un hijo de puta". Él se reafirmó socarrón tiempo después: "yo ya era un hijo de puta antes de ser famoso".

Más allá de la leyenda, la vida de Kirk Douglas es el epítome del sueño americano: tenacidad y constancia (sí, malas pulgas también). Ha labrado una carrera apabullante a base de lucha y siendo el dueño absoluto de su destino. Hijo de padres rusos emigrados a Estados Unidos, pronto fue consciente de que solo podía triunfar. Se lo contaba a Terenci Moix en una entrevista en TVE en 1989 cuando presentó en España su libro de memorias 'El hijo del trapero' (Ediciones B). "Yo era muy pobre. No tenía para comer. Mis padres eran inmigrantes rusos analfabetos que llegaron a este país, pero creo que todo eso fue una ventaja para mí porque estaba abajo. No podía bajar más, tenía que subir", aseguró.

Porque el hijo del trapero -"no debo olvidarlo. Soy un esnob al contrario. No debo olvidar mis orígenes y quien soy"- hizo de todo antes de pasear su hoyuelo por las salas de cine del mundo. Trabajó como repartidor de periódicos, obrero de la construcción, dependiente, conserje, botones, jardinero o camarero. Luchó en la Marina en la II Guerra Mundial y le dio en los morros a las 'majors' negándose a firmar dos contratos millonarios para crear, desde abajo, el mito que hoy es. Para, como Espartaco, romper las cadenas de lo impuesto y ganarse un horizonte mejor.

Kirk Douglas, el hoyuelo más famoso y odiado de Hollywood cumple 100 años

'Yo soy Espartaco' también fue el grito que lanzó a la cara de la sociedad estadounidense al poner fin a la cruzada que fue la caza de brujas emprendida por el senador McCarthy. Con su productora, Bryna (el nombre de su madre) Productions, filmó títulos para el recuerdo como 'Pacto de honor', 'Senderos de gloria', 'Los vikingos' y, sobre todas, 'Espartaco' en 1960. Para adaptar la novela histórica de Howard Fast decidió contratar a Dalton Trumbo como guionista, uno de los principales integrantes de la lista negra recién salido de la cárcel y un apestado dentro del mundo del cine tras su condena. Pero no solo arriesgó eligiéndolo y burlando la censura y la moral anticomunista de la época sino que decidió poner su nombre en los títulos de crédito devolviéndole la visibilidad, animando a otras producciones a imitar sus pasos y terminando con las listas negras en Hollywood.

Sin embargo, no fueron todo torsos cincelados y épica en la cinta dirigida por Stanley Kubrick. En 'Yo soy Espartaco. Rodar una película, acabar con las listas negras' (Capitán Swing) el veterano actor cuenta cómo tras despedir al primer director del filme, Anthony Mann, por sus múltiples cabreos y "diferencias", pensó en el director neoyorquino que estaba prohibido en muchos países tras haber rodado juntos 'Senderos de gloria'. Pero no fue fácil porque Douglas quería controlarle y acabaron tan mal que Kubrick siempre renegó de la película. Una anécdota más: la mítica frase 'Yo soy Espartaco' fue idea suya y costó mucho que el director la aceptara. O eso cuenta Douglas en este contestado libro.

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Pero Kirk Douglas ha sido mucho más que Espartaco. Debutó en el cine en 1946 en 'El extraño amor de Martha Ivers', y le debe buena parte de su éxito a su amiga Lauren Bacall, compañera de los escenarios, quien en 1949 le recomendó para interpretar el boxeador de 'El ídolo de barro', película que le valió la primera de sus tres frustradas nominaciones a los Oscar. Nunca lo consiguió -no se pierdan este momento de la gala de 1958 en la que bromea junto a Burt Lancaster por no estar nominados- hasta que le dieron en 1996 el Oscar honorífico a toda su carrera.

Por cierto, Burt Lancaster es otro de los nombres que, aunque le pese, siempre estará ligado a Douglas. Ambos representaban a mitad del siglo pasado el icono de la estrella masculina de posguerra: hombres de cine poderosos, rudos e inflexibles. Los celos, dicen, marcaron su relación. "Kirk Douglas tenía muchos celos de Burt Lancaster; creía que su papel era secundario al de Burt, como efectivamente era.... Quería ser Lancaster. Se ha pasado la vida queriendo ser Lancaster", escribió John Frankenheimer, que les dirigió en 'Siete días de mayo' (1964).

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Ambos comenzaron a trabajar juntos en 'Al volver de la vida' (1948), de Byron Haskin, y firmaron siete títulos juntos, entre ellos 'Duelo de titanes' (1957). El último, 'Otra ciudad, otra ley' lo rodaron superando ambos la setentena y, cuentan, Lancaster accedió a poner el nombre de su compañero delante del suyo en los carteles en lo que debía ser entendido como toda una declaración de paz... quién sabe. El propio Douglas escribió tras rodar su penúltima cinta juntos: "Por fin me he librado de Burt Lancaster. Mi suerte ha cambiado para mejor. Ahora trabajo con chicas guapas". Amor-odio entre dos de grandes que tenían mucho más en común de lo que podían creer. Lo dijo Lancaster en 1987: "Kirk podía ser el primero en decirte que era una persona muy difícil... Yo podría ser la segunda".

En total, el centenario actor ha firmado 91 películas como actor, dos como director y ha producido más de 30. En la retina de la historia del cine quedan para el recuerdo su Van Gogh en 'El loco del pelo rojo', de Vicent Minelli, uno de sus directores fetiche; el periodista sin escrúpulos del bofetón (tan certero como actual) al amarillismo que es 'El gran carnaval', de Billy Wilder; 'El día de los tramposos', de Joseph L. Mankiewicz; 'Duelo de titanes', de John Sturges; o '¿Arde París?', de René Clément. Las últimas, ya de este siglo, han sido 'Cosas de familia', de Fred Schepisi, e 'Illusion', de Michael A. Goorjain.

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Pero más que una lista de grandes títulos, lo que define al rebelde de Douglas es esa actitud contestaria ante la vida que marcó su carrera porque así es su cine: una defensa de la libertad de expresión y de la libertad de la creación y del arte. "No me creo un gran hombre, aunque he hecho un tremendo esfuerzo. Es lo único que se puede pedir a una persona", afirmó al recoger el Oso de Oro del Festival de Berlín. Gracias a esa tenacidad el actor puede soplar tranquilo sus 100 velas porque el malhumorado 'león' se ha comido al mentón. "Espero que mi atractivo se deba a algo más que mi mentón", dijo en los ochenta. Sin duda, su atractivo se llama Espartaco.

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