EL HOMBRE QUE PLANEA VIVIR PARA SIEMPRE

Los rumores sobre la muerte de Cohen han sido tremendamente exagerados

"He visto el futuro, y es el asesinato", cantaba Cohen, que ha fallecido hoy a los 82 años. Sus canciones nos han ayudado a entender el amor, la muerte, Dios y nuestro mundo

Foto: Leonard Cohen. (Ilustración: Raúl Arias)
Leonard Cohen. (Ilustración: Raúl Arias)

La última imagen que conservo de Leonard Cohen es la del cantante brincando por el Palacio de los Deportes de la Comunidad de Madrid al final de su concierto del 5 de octubre, de camino a los camerinos, para siempre. Era un judío errante, también un sátiro. No era una de sus canciones la que acababa de cantar, sino "Save the Last Dance for Me": "puedes bailar con el chico que quieras, pero reserva el último baile para mí". " Lo suelo hacer con todos artistas que presiento no volveré a ver: recordar esa última imagen en mi cabeza. Una despedida con la que siempre cargaré. La imagen, también, hacía referencia a un verso de "Going Home", una de sus últimas grandes canciones: "voy camino a casa / sin mi carga / voy camino a casa / detrás del telón / voy camino a casa / sin el disfraz que he llevado".

Desde aquella noche, el cantante ha publicado dos grandes discos de despedida disfrazados (¡cómo no!) de reflexiones sobre el amor. En "You Want It Darker" susurra, con un hilo de voz, "estoy listo, mi señor". En "Treaty" ruega por "un tratado de paz entre tu amor y el mío", y reconoce "estar furioso y cansado todo el tiempo". Pero, sobre todo, en "Steer Your Way", la canción que cierra el disco (si exceptuamos la coda final), vuelve a ofrecer otra de esas irónicas visiones de la culpa: "Igual que él murió para que los hombres fuesen sagrados / déjanos morir para hacer las cosas baratas / y entonar el 'mea culpa', que poco a poco olvidaste / año a año, mes a mes, día a día, pensamiento a pensamiento".

"Dije que estaba listo para morir", bromeaba hace apenas tres semanas, "pero creo que estaba exagerando. En realidad, pienso vivir para siempre"

La carta de despedida a Marianne Ihlen hace apenas unos meses, en la que escribía "ha llegado ese momento en el que somos realmente viejos y nuestros cuerpos se están desintegrando, pienso que te seguiré muy pronto", presagiaba que Cohen era consciente de que no le quedaba mucho, confirmado por las imágenes de la presentación de "You Want It Darker". Débil, sí, pero siempre elegante y digno. "Dije que estaba listo para morir", bromeaba hace apenas tres semanas, en referencia a la entrevista publicada en 'The New Yorker', "pero creo que estaba exagerando demasiado. Uno se da al drama de vez en cuando. En realidad, pienso vivir para siempre". Es posible que estuviese exagerando. Pero también es probable que, como en la célebre cita de Mark Twain, los rumores sobre su muerte estén siendo demasiado exagerados.

¿Un escritor que canta, o un cantante que escribe? Cohen, al contrario de Dylan, siempre fue más cercano a lo primero, por más que fuese en la música, y no en la literatura, donde terminase explotando todo su potencial. No fueron "Los hermosos perdedores" o "Flores para Hitler" los que le empujaron al reconocimiento mundial, sino discos como "Songs of Leonard Cohen", "Songs from a Room" o "Songs of Love & Hate", de título tan lacónico como su autor, algo que se mantendría hasta el final, con sus "Viejas Ideas", "Problemas populares" o "Te gusta aún más oscuro". Dos palabras son siempre mejores que cinco.

Lo explicó al recoger en el año 2011 el Príncipe de Asturias: si no hubiese conocido en su juventud a un joven español que tocaba una guitarra flamenca en un parque de su Montreal natal, nada habría sido lo mismo. "Estaba rodeado de dos o tres chicas que estaban escuchándole, y me encantaba cómo tocaba", rememoró. "Había algo en su manera de tocar que me cautivaba, yo quería tocar así, y yo sabía que nunca sería capaz de tocar así". La sensualidad del arte, pero también la sensualidad del sexo: la anécdota recoge bien la encrucijada entre lo espiritual, lo humorístico y lo carnal en la que habita su obra. Y canciones como "Famous Blue Raincoat" y su célebre trío amoroso ("¿qué puedo decir, mi hermano, mi asesino, qué puedo decir?"), "Chelsea Hotel #2" y su recuerdo de Janis Joplin ("somos feos, pero tenemos la música") o "Suzanne" ("sabes que está medio loca, pero quieres estar allí").

"Cuando hablan de Cohen, no hablan de sus melodías, que son, junto a sus letras, su gran genio", lamentaba Dylan recientemente

En una de las contadas ocasiones en las que se presta a colaborar en un reportaje, este mes de octubre Bob Dylan explicaba por qué Cohen es uno de los grandes letristas, y su "gran rival"... para elogiarle como melodista. "Cuando la gente habla de Leonard, no hablan de sus melodías, que son, junto a sus letras, su gran genio", explicaba. "Incluso los contrapuntos le dan un carácter celestial y un alzado melódico a cada una de sus canciones. Por lo que yo sé, nadie se acerca a eso en la música moderna". Cuando en el verano de 2014 entrevisté a Marianne Faithfull, que había grabado una versión de "Going Home", me explicó cuál pensaba que era el significado de la canción: "Es lo que su ángel guardián piensa de él, de ese 'bastardo holgazán de traje'. Pero atreverse a cantar eso en voz alta... ¡Madre mía!"

Viviendo en el apocalipsis de Cohen

No fue hasta mediados de los ochenta, no obstante, cuando Cohen entregó la que quizá sea su obra maestra: "I'm Your Man", apoyado en el sonido sintético y maquinal de la producción euro-kitsch Roscoe Beck. Poco antes, ya había aupado "Halellujah" al podio de las canciones que bien sirven para un bautizo, una boda o un funeral, tal es su carácter universal. Sin embargo, eran temas como la vengativa "First We Take Manhattan" ("me sentenciaron a 20 años de aburrimiento / por intentar cambiar el sistema desde dentro / ahora vengo a recompensarles") o "Everybody Knows" ("los pobres son siempre pobres, los ricos se hacen ricos / así funcionan las cosas") los que mejor recogían la turbadura frialdad materialista de los años 80, pero también, los que marcaron la obra tardía de Cohen. En "Omega", el disco de Morente y Lagartija Nick inspirado por aquel lorquiano álbum, una instantánea recoge al cantante granadino y al canadiense charlando, sentados tranquilamente a la mesa. Hoy ya no están ninguno de los dos, pero la música sigue con nosotros.

También en su último álbum: en "You Want It Darker", invoca terrores militares: "luché con algunos demonios / pero eran de clase media y aburridos / no sabía que tenía el derecho a mutilar y asesinar". Ayer mismo, puse "The Future", ese disco de 1992 auspiciado por su novia Rebecca De Mornay (ya saben. "muerte de un mujeriego"), y sonaba muy oportuno para el estado de las cosas hoy en día, a pesar de tener 25 años: "devuélveme el Muro de Berlín / dame a Stalin y a San Pablo / he visto el futuro, y es asesinato". Quizá también "Democracy" ("la democracia está llegando a EEUU"). Hoy, muchos reconocen que la primera vez que escucharon hablar de Cohen fue en boca de Kurt Cobain, que en "Pennyroyal Tea" cantaba "dame el más allá de Leonard Cohen" ("give me a Leonard Cohen afterworld"). Quizá ya vivimos en él.

En su último concierto madrileño, durante los últimos compases de "Closing Time" (es hora de cerrar), Cohen se dirigió al público para despedirse de ellos: "Tengo tantas cosas que deciros ahora que estamos cerrando... Por favor, conducid con cuidado y no cojáis un resfriado, que os rodeen vuestros amigos y vuestra familia todos los días de vuestra vida, que la bendición os encuentre en vuestra soledad". A mediados de los noventa, el canadiense se metió a budista, aunque lo dejó, aburrido. Hace 10 años, volvió a salir a la carretera a causa de sus problemas financieros. Parece ser que hoy ha muerto, o eso dicen las noticias. Sin embargo, la gente no muere, simplemente flota. Y eso no lo dijo Cohen, lo escribió su amigo Dylan.

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