No fue Thomas Crown, fue un butronero: el perfil del ladrón de arte en España
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SÍ HAY PROFESIONALES DEL EXPOLIO ARQUEOLÓGICO

No fue Thomas Crown, fue un butronero: el perfil del ladrón de arte en España

Los delincuentes que sustraen obras artísticas se dedican al robo de toda clase de artículos y, en muchos casos, no saben dar salida a las piezas. La idea del robo por encargo ahora es "pura ficción"

placeholder Foto: La Guardia Civil recuperó en 2011 siete cuadros de varios autores, entre ellos uno de Dalí y otro de Joaquín Sorolla, que fueron robados en 2002 de un chalé de una urbanización de Adanero (Ávila). (EFE)
La Guardia Civil recuperó en 2011 siete cuadros de varios autores, entre ellos uno de Dalí y otro de Joaquín Sorolla, que fueron robados en 2002 de un chalé de una urbanización de Adanero (Ávila). (EFE)

Ni expertos en arte, ni ladrones de guante blanco. Los delincuentes que se lucran de los hurtos de obras artísticas en nuestro país son profesionales, pero solo del robo. Y la figura del instigador de un robo de una pieza concreta también es más propia del cine que de la realidad. Adiós a Thomas Crown -el multimillonario que se apropia de un Monet por placer interpretado por Pierce Brosnan en la película de 1999-, hola delincuente habitual.

“El robo por encargo es pura ficción”, explica Antonio Tenorio, Jefe de la Brigada de Patrimonio Histórico de la Policía, que menciona dos casos para desmitificar completamente la imagen de los ladrones de arte. El primero, el robo de unas obras de un camión en Getafe en 2010 cuyos autores trataron de vender una obra de Chillida a un chatarrero por 30 euros. El segundo, el robo de 27 obras, entre las que se encontraban cuadros de Wilfredo Lam, de una galería en 2012, que acabó con la detención de los autores después de que atracasen una charcutería. Eran butroneros.

Desde el Grupo de Patrimonio Histórico de la Guardia Civil reiteran que no se producen en la actualidad los robos por encargo y destacan que, en el caso de las obras de arte, hay un factor clave: “La venta es muy complicada”. Cuando el robo se produce en viviendas, ha habido casos en los que los ladrones se han llevado todo tipo de objetos, desde joyas a obras, “sin conocer el valor de lo que se llevaban. Creemos que algunas veces las destruyen si no encuentran comprador”. Y para 'colocar' una pieza, ¿qué necesitan exactamente?: la labor de un mediador que conozca el mercado.

El paradigma de este baño de realidad sobre la figura del ladrón de arte es el autor del robo del Códice Calixtino de la catedral de Santiago, que para Tenorio ha sido el caso “más curioso, de mayor valor y resonancia en España”. El ladrón fue el electricista José Manuel Fernández Castiñeiras, condenado a diez años de prisión por hurto, robo continuado y blanqueo de capitales por el Tribunal Superior de Justicia de Galicia. El Códice fue hallado en un garaje. Otro ejemplo de ello es el robo de una colección de arte de Esther Koplowitz en 2001, cuyo responsable fue Ángel Suárez Flores, 'Cásper', líder de una organización criminal dedicada, entre otras tareas, al tráfico de drogas, robos y secuestros.

No obstante, siempre hay excepciones y también hay perfiles del mercado negro del arte que sí requieren cierta especialización. Se trata de los falsificadores y los profesionales del expolio arqueológico, que se dedican a la caza de los restos de los yacimientos, especialmente en Andalucía y Castilla y León. “Son los robos más habituales y en arqueología hay un mercado negro importantísimo”, señalan desde la Guardia Civil. En este campo hay bandas organizadas que conocen los yacimientos y se desplazan hasta allí con un detector de metales para extraen monedas. “Este es un mercado ilegal que da mucho beneficio económico y es lo que está más de moda”, resaltan.

En el caso de las iglesias, cuyo índice de robos ha descendido, también hay especialistas, “lo que sucede es que no se vende”, apuntan desde la Guardia Civil. A este factor hay que sumarle que se ha reforzado la seguridad en los centros religiosos y “las piezas más importantes ya están en los museos diocesanos”, según añade Tenorio. Además, se ha mejorado la catalogación de las piezas que, en caso de desaparición, facilita el trabajo policial y supone una prueba de su titularidad.

Casos resueltos 30 años después

Ya sea en domicilios, centros religiosos o museos -puntos donde menos incidentes se registran en nuestro país-, las denuncias por robos oscilan entre las 30 y las 60 anuales, según los datos de la Brigada de Patrimonio Histórico de la Policía, que no incluyen las denuncias presentadas ante la Guardia Civil y las policías autonómicas. En 2015, el número de hechos relevantes se quedó en 29, uno de los cuales fue el robo de cinco cuadros de Francis Bacon en un domicilio de Madrid. En este sentido, Tenorio declara que la situación en España “no es alarmante” y remarca que se han logrado superar “los años oscuros”, ocurridos en torno a la década de los setenta, en los que los delincuentes “campaban a sus anchas”.

Los anticuarios tienen que anotar sus transacciones en el 'Libro de Policía' y las casas de subastas remiten sus catálogos a los agentes para cotejar las piezas

Con el objetivo de mantener a raya a este tipo de ladrones, la Policía realiza un control sobre los anticuarios, que están obligados a anotar sus transacciones en el 'Libro de Policía', y también sobre las casas de subastas, que deben remitir sus catálogos para que la Brigada de Patrimonio Histórico inspeccione las piezas.

Con este mismo sistema la Guardia Civil ha conseguido esclarecer robos que tuvieron lugar hace 30 o 40 años porque, tras la muerte del dueño de la pieza robada, sus herederos la han sacado a subasta y, al cotejar el catálogo con la base de datos de obras robadas, ha saltado la alarma. “No pueden vender aquí una obra robada en España porque aparece en la base de datos, y la tienen que dejar dormir”, indican fuentes de la Guardia Civil. El control se hace más complicado cuando las operaciones con material robado o falsificaciones se hacen por internet. A este respecto, el Jefe de la Brigada de Patrimonio Histórico de la Policía avisa: “Es imposible controlar todos los movimientos”.

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