Luc Sante: "La vida cultural de Nueva York sólo regresará con un desastre"
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El gran cronista de la ciudad que nunca duerme

Luc Sante: "La vida cultural de Nueva York sólo regresará con un desastre"

Publica su monumental recorrido por el Nueva York de finales del XIX: un retrato de su vitalidad teatral y musical y un análisis sociológico de quienes (mal)vivían en su periferia

Foto: Sante. Foto: Laura Levine
Sante. Foto: Laura Levine

En los años setenta, Luc Sante (Bélgica, 1954) vivió en Manhattan, donde se codeó con artistas como Basquiat y escritores como Allen Ginsberg. Sus padres habían emigrado a la ciudad en los sesenta y eso le dio la oportunidad de conocer la que entonces era la gran capital del mundo, pocos años antes de que el neoliberalismo de Reagan y el crack se hicieran con sus calles. Sante, ya periodista, se convirtió en uno de los mayores cronistas de un Nueva York burbujeante al que todavía no habían llegado los restaurantes de moda. Sus indagaciones las plasmó en varios libros de los que en España hemos podido leer 'Mata a tus ídolos' y 'Bajos fondos', ambos editados por Libros del KO. Este último, recién publicado (aunque apareció originalmente en inglés en 1991), es un monumental recorrido por el Nueva York de finales del siglo XIX y comienzos del XX. Un retrato brutal de su vida nocturna, su vitalidad teatral y musical, pero también un análisis sociológico de quienes (mal)vivían en las zonas de Broadway o Battery.

Sante vive ahora a 150 kilómetros al norte de la ciudad. Le ha dado la espalda igual que piensa que la ciudad le ha dado la espalda a él tras dejarse arrasar por las candilejas del capitalismo. Siente cierta pena. Como afirma en esta entrevista, que concede vía correo electrónico, le gustaría que Nueva York recuperase sus antiguas luces, pero “para ello tiene que suceder un desastre”.

Pregunta. En España hemos podido leer ‘Mata a tus ídolos’ y ahora ‘Bajos fondos’. Y es increíble toda la información que aportan desde el siglo XIX hasta las últimas décadas. ¿Cómo investigó?

Respuesta. Al principió buceé en periódicos antiguos, lo cual no era muy fácil entonces. También leí testimonios. Después busqué en fotografías, postales, almanaques, canciones, películas y muchos otros artefactos.

P. Cuando estaba leyendo ‘Bajos fondos’ no podía evitar pensar en la película Gangs of New York. Usted trabajó en ella como asesor de Martin Scorsese. ¿Cómo fue trabajar con él?

R. Yo fui contratado para comentarle lo que la gente hacía en las calles, lo que los vendedores vendían, lo que dirían los carteles. Es decir, toda la vida cotidiana de la época. Y fue realmente divertido trabajar con él.

P. Este libro fue publicado por primera vez en 1991. ¿Introduciría ahora algún cambio?

R. Lo empecé en 1986 cuando podía contar que los grandes cambios en la ciudad estaban por hacerse. Quería construir un puente hacia el pasado, desde esa ciudad que estaba en constante renovación y no preservaba absolutamente nada. Pero los miedos que sentía sobre el futuro de la ciudad han ocurrido, por lo que creo que no cambiaría muchas cosas del libro.

P. Usted conoció a Basquiat y a Allen Ginsberg. ¿Qué es lo que más le gustó de su vida en Nueva York?

R. Me gustaba el Nueva York de los setenta cuando parecía un pequeño pueblo y todo el mundo era accesible. Y no necesitabas estar online para todo. Y todo era económicamente asequible. Muchos de nosotros vivíamos como aves carroñeras.

Me gustaba el Nueva York de los 70 cuando era un pequeño pueblo. No necesitabas estar online y todo era asequible. Vivíamos como aves carroñeras

P. Tras leer sus libros la conclusión es evidente. El primer Nueva York era pura vitalidad. Ahora también puedes disfrutarla, pero sólo si tienes mucho dinero. ¿Cuándo cambió todo?

R. La tendencia de basarlo todo en el dinero estuvo en Nueva York desde el principio. Sin embargo, fue la época de la Administración Reagan, con todos los cambios que trajo en las leyes fiscales, la que hizo que esto se hiciera verdaderamente real.

P. Usted ha dicho que Nueva York está ahora muerta.

R. No sé si está realmente muerta, al menos no todavía, pero sí es una ciudad muy complicada para los pobres, los jóvenes y los artistas. Es una ciudad que ofrece poco espacio para la experimentación. Experimentar quiere decir que se puede fracasar, y hoy en día si fracasas, estás muerto.

P. Acaba de publicar en ingles ‘The other Paris’, sobre una ciudad que fue la capital del mundo en el siglo XIX hasta que se vio superada por Nueva York, Londres… ¿Es similar el proceso de destrucción de las grandes ciudades? ¿Qué hace que se apague la chispa de una gran ciudad?

R. Es muy parecida y tiene que ver con las fuerzas corporativas que han ocupado todo el comercio. Por ejemplo, cada vez hay menos cafeterías tradicionales. Todo está basado en una maximización de beneficios. Y esto también tiene que ver con la especulación sobre los bienes inmuebles, que ha provocado la semi ilegal o incluso ilegal desaparición de las rentas bajas de alquiler. Se ha asumido que las fuerzas del mercado son las que dictan todas las decisiones y eso acaba con la vida de una ciudad.

P. En ‘Bajos fondos’ cuenta cómo la vida nocturna, teatral, musical de NY a finales del XIX era realmente estimulante. Además, la mayoría de la gente que vivía en Manhattan, en Broadway, Battery, pertenecía a la clase trabajadora. ¿Qué ocurrió con toda esta gente?

R. Hasta los años ochenta aún quedaban fábricas en Manhattan, pero después desaparecieron. Después, los alquileres se dispararon y era imposible pagarlos. La clase trabajadora tuvo que marcharse hacia la periferia. Y después ya se tuvo que marchar de la ciudad.

Hasta los 80 quedaban fábricas en Manhattan, pero desaparecieron. La clase trabajadora se refugió en la periferia. Y después se marchó de la ciudad

P. ¿Y dónde se fueron todos los artistas?

R. Les ocurrió lo mismo que a la clase trabajadora. Se marcharon a Brooklyn, el Bronx, después New Jersey y más arriba del río Hudson. Y más tarde se mudaron a Detroit, partes de Los Ángeles… E incluso fuera del país. Por eso hay muchos que recalaron en Barcelona, Berlín, Bruselas…

P. Si la vida cultural ha desaparecido de Nueva York, ¿dónde está ahora en EEUU?

R. Los Ángeles parece ser la ciudad más vital en este momento, también la costa noroeste del Pacífico, quizá Austin, en Texas… La verdad es que ahora estoy especulando un poco porque no estoy realmente seguro.

P. Por cierto, usted ha dicho que la clase trabajadora de EEUU votará en estas elecciones a Donald Trump. En Europa también ocurre que la clase trabajadora está apoyando a partidos de la extrema derecha, como el Frente Nacional en Francia.

R. Bueno, eso no es del todo cierto en EEUU. Mira a Bernie Sanders, que está consiguiendo un montón de seguidores al convertirse en la gran figura social de los demócratas en la política norteamericana. Esto no ocurría desde hacía muchísimo tiempo.

P. En Madrid hay un crecimiento de la gentrificación y de lo que se ha llamado la ‘cultura hipster’. Un fenómeno extraño en un país en crisis y donde el poder adquisitivo no es muy alto. ¿Por qué cree que ocurre esto en las grandes ciudades?

R. Hay mucha gente joven que vive del dinero de sus padres. Eso es lo que a mí me parece.

P. Cuando ahora hablamos de las ‘capitales del mundo’ citamos Singapur, Sanghay u otras ciudades asiáticas. Sin embargo, no lo hacemos por su cultura, su música, sus libros, sus artistas, sino por sus restaurantes, sus hoteles… ¿Qué significa esto para usted?

R. Eso es porque la comida, la ropa y todo lo que tiene que ver con el confort físico es menos preocupante desde el punto de vista del contenido. Es decir, son cosas que no generan ningún tipo de controversia intelectual.

P. Por cierto, ¿la vida cultural de Nueva York es recuperable?

R. Espero que sí, pero hace falta algo más que un cambio superficial. Desafortunadamente, el regreso de la vida cultural a Nueva York sólo depende de que ocurra un desastre.

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