Deadpool: ni tan provocadora ni tan loca
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Deadpool: ni tan provocadora ni tan loca

Una película que tiene tantas ganas de ofender que casi sería entrañable de no ser porque resulta molesta

Foto: Deadpool
Deadpool

'Deadpool' no tendría por qué existir, al menos no de la forma en la que lo hace. Su protagonista es un personaje mayormente desconocido excepto entre los comiqueros de línea dura, y su primera aparición en pantalla en 'X-Men Orígenes: Lobezno' (2009) fue uno de los aspectos más ridículos de una película risible. Lo interpreta un actor, Ryan Reynolds, cuyo último éxito ocurrió hace más de cinco años, y cuyo anterior intento como superhéroe, en 'Linterna Verde' (2011), quizá encarna lo más bajo que el género jamás ha caído. Que pese a todo ello hayan decidido hacer la película, y respetando el espíritu rebelde y la actitud amoral del tebeo, es casi admirable.

Wade Wilson / Deadpool (Reynolds) insiste en que él no es un superhéroe, sobre todo porque es un cretino egoísta obsesionado por la venganza y que no posee brújula moral alguna. También, gracias a un extraño experimento que a la vez le curó el cáncer y lo convirtió en un mutante con la cara como un escroto, es un mutante tan indestructible como el 'Saber y Ganar'. Puede seccionarse la mano, o ser pinchado en la cabeza por una espada, y no le pasa nada, y eso por supuesto hace que las secuencias de acción sean increíblemente emocionantes -es ironía-. Eso hace que tener interés en nada de lo que le ocurre resulta difícil y, en ese sentido, que además el fulano sea un bocazas no ayuda. Y 'Deadpool' ofrece tantas distracciones que puede resultar complicado darse cuenta de que, en el fondo, es la historia de un tipo tan enamorado de sí mismo que todo cuanto quiere es darle su merecido al hombre que le estropeó su cara bonita. El tipo mata a todo Dios porque es feo, e incluso evita a su novia prostituta únicamente porque piensa que su cuerpo lleno de ronchas no la pondrá burra.

placeholder ¡Ave César!
¡Ave César!

Tanto la película como el personaje, en todo caso, lucen su gamberrismo con orgullo, haciendo alarde en el uso de la violencia exagerada y el comportamiento sádico, o rompiendo la cuarta pared una y otra vez -Deadpool se dirige una y otra vez directamente a la cámara para hacer comentarios sobre el cine de superhéroes, e incluso en una escena llega a pegar un chicle en el aparato-, o a través de una retahíla de chistes de pichas o testículos, o de elaboradísimos one liners y referencias pop más pasadas que el 'Gangham Style' -un ejemplo: “Estoy a punto de hacerte lo que Limp Bizkit le hizo a la música de finales de los 90”-. Tan divertida y encantadora como cortarse las uñas de los pies, 'Deadpool' tiene tantas ganas de ofender que casi sería entrañable de no ser porque resulta molesta.

Y, por lo que respecta a su constante recurso a la referencia meta, a su tendencia a hurgar en el ombligo del género para buscarle las cosquillas, sin duda funciona como forma de blindaje contra las críticas. Ahora bien, solo porque una película se abra con unos (muy buenos) títulos de crédito que confiesan que la trama incluye al típico Villano Británico, y a una Tía Buena, o que fue dirigida por un Títere Demasiado Bien Pagado, eso no justifica que durante el resto de su metraje no sea capaz de invertir o hacer algo mínimamente inteligente con esos clichés. 'Deadpool' es el equivalente cinematográfico de ese niño en la escuela que se pasa el día diciendo que no le importa lo que la gente piense de él, pero lo bastante alto para que todo el mundo lo oiga.

Pero señalar los síntomas de la fatiga del cine de superhéroes no es lo mismo que trascenderlos; acusar a los demás de ser unos mediocres no te exime automáticamente de serlo tú mismo, por muy encantado que estés de conocerte. Y esta película lo está demasiado. Insiste en repetirnos una y otra vez lo lista y provocadora que es y lo loca que está, pero lo que vemos en pantalla no es más que lo que vemos en cualquier otra película de superhéroes. A menudo las personas menos graciosas son las que se ríen de sus propios chistes.

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