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Oscar 2016: Crítica de 'El renacido', 'Carol' y 'El rapto de Europa'

Leonardo DiCaprio, Cate Blanchett y la España del 15-M y la nueva política protagonizan los estrenos de este fin de semana. Pasen y vean

Foto:  Leonardo DiCaprio, en una escena del filme.
Leonardo DiCaprio, en una escena del filme.

Un Leonardo DiCaprio que da tumbos de una situación potencialmente mortífera a la siguiente en la última y muy pretenciosa película de Iñárritu. Una perturbadora historia de amor entre dos mujeres en la América paranoica de Eisenhower. Un documental sobre los grandes movimientos ciudadanos de los últimos años... 'El renacido', 'Carol' y 'El nuevo rapto de Europa' protagonizan los estrenos de este fin de semana. Pasen y vean.

['Spotlight', Oscar a la mejor película, Leonardo Di Caprio, Oscar por su papel 'El renacido' y Alejandro González Iñárritu, mejor director]

'El renacido'

Alejandro González Iñárritu jamás lo confesará, pero hay indicios de que la principal fuente de inspiración de su nueva película es 'Agárralo como puedas' (1988). Al principio de esa impagable 'spoof', O.J. Simpson es acribillado a balazos, y luego pisa una trampa para osos, y luego se quema la mano con un radiador, y luego se da de bruces sobre una tarta de boda, y finalmente cae por la borda de un barco, todo ello en no más de 30 segundos. Básicamente, 'El renacido' dedica cuatro quintos de su metraje a recrear esa escena.

En efecto, Leonardo DiCaprio se pasa la película dando tumbos de una situación tormentosa y/o potencialmente mortífera a la siguiente. Primero es atacado por los indios; poco después, un oso gigantesco hace con él lo que un perro policía haría con una maleta procedente de Medellín; se ve obligado a cauterizar sus propias heridas; desciende unos rápidos a nado mientras trata de esquivar las balas; devora un pez vivo e hígado de bisonte crudo, e incluso destripa a un caballo para usarlo como saco de dormir. Y lo hace todo sin dejar de gruñir y gemir, y rebañado en sangre, barro y mugre. Una escena en la que cae por un barranco parece directamente copiada de un episodio del Correcaminos. Si no estuviera tan bien rodada, sería desternillante. De hecho, resulta risible igualmente.

Oscar 2016: Crítica de 'El renacido', 'Carol' y 'El rapto de Europa'

Cuando alguien gana sendos Oscar al mejor guion, el mejor director y la mejor película -como hizo Iñárritu el año pasado gracias a 'Birdman'-, de repente se ve en la posición de hacer lo que le dé la gana. Y el mexicano escogió un 'western' de 156 minutos de metraje -¿o son 16 horas?- y solo media hora de narración que, en esencia, escenifica una sucesión de brutales duelos entre hombres o entre el hombre y la naturaleza, y que carece de más propósito que reiterar el gusto que este director siempre ha mostrado por castigar a sus personajes. La diferencia es que en 'Amores perros', '21 gramos' o 'Babel' el maltrato era psicológico, y aquí a DiCaprio literalmente lo entierran vivo.

El personaje al que interpreta se llama Hugh Glass, y tiene entrada propia en la Wikipedia. Parece ser que, en 1823, mientras guiaba a una expedición de tramperos, fue abandonado en la montaña por sus compañeros, malherido y a expensas de los hostiles elementos; y que posteriormente recorrió medio muerto más de 300 kilómetros, enfrentándose a los indios cabreados, las tormentas de nieve y sus heridas gangrenosas con el fin de vengarse. Por si esas circunstancias no fueran suficientemente dramáticas de por sí, Iñárritu añade a la ecuación un hijo asesinado y, en concreto, un hijo mestizo que nos suministre un plus de injusticia racial.

Iñárritu y DiCaprio en el rodaje del filme
Iñárritu y DiCaprio en el rodaje del filme


Todo eso suma poco más que una colección de clichés, pero a pesar de ello 'El renacido' resultaría convincente si al contemplarla no pudiéramos oír de fondo al director aplaudiendo su propia audacia. Es decir, la película fácilmente podría haber funcionado como una variación selvática de 'El justiciero de la ciudad', pero Iñárritu no tiene en mente a Charles Bronson sino a Terrence Malick.

En buena medida sirviéndose del trabajo de Emmanuel Lubezki -casualmente, el cinematógrafo habitual de Malick-, envuelve su historia de una capa de solemnidad y espiritualidad que sirve para ocultar y a la vez justificar la poca carne que hay bajo el reboce: nada de relieve se dice sobre la inhumanidad del hombre para con el hombre, el lado oscuro de la conquista de América o el genocidio de sus indígenas -que, por cierto, son retratados como una caricatura de nobleza, honor y poderes mágicos-; no hay más reflexión que el mensaje consustancial a todas las películas de venganza rodadas a lo largo de la historia, y pese a que por tanto el mensaje se sobreentiende, por si acaso se nos explicita a base de diálogos pancartistas e imágenes oníricas -sueños, 'flashbacks', delirios-, que podrían aportar valor metafórico de no ser tan toscas. Pero todo lo que a Iñárritu le sobra de pretencioso le falta de sutil.

El cineasta envuelve su historia de una capa de solemnidad y espiritualidad que sirve para ocultar y a la vez justificar la poca carne que hay bajo el reboce

Desde que empezó hace meses, la producción de 'El renacido' ha estado envuelta en rumores, particularmente en relación a unas difíciles condiciones de rodaje cuidadosamente publicitadas con el fin de mimetizarse con la sustancia dramática misma de la película.

Es decir, Iñárritu ha querido convertirla en su 'Fitzcarraldo' (1982), una película cuyo rodaje provocó una agonía que ha llegado a ser indistinguible de la agonía que sus escenas contienen. La diferencia es que, mientras en el rodaje de 'Fitzcarraldo' el actor Klaus Kinski y el director Werner Herzog estuvieron literalmente a punto de matarse, los productores de 'El renacido' han repartido camisetas por todo Hollywood estampadas con una imagen de Tom Hardy estrangulando a Iñárritu. Las historias sobre su rodaje, pues, tienen tanto crédito como un tuit de Kim Kardashian sobre la situación de Siria y, por tanto, mientras vemos a DiCaprio muriéndose de frío en pantalla tan solo podemos pensar en la cantidad de botones que tenía el 'jacuzzi' del hotel en el que se hospedó durante el rodaje.

Las historias sobre su rodaje conflictivo tienen tanto crédito como un tuit de Kim Kardashian sobre la situación de Siria

Ya que hablamos de DiCaprio. La principal razón por la que, después de leer el guion, cualquier actor querría protagonizar esta película es la posibilidad de ganar un Oscar. Y todo el mundo sabe desde hace años que DiCaprio quiere desesperadamente un Oscar. En un momento de 'El renacido', incluso mira directamente a la cámara con ojos que parecen gritar: “Dádmelo ya, por Dios”. Y que conste que no hay nada de malo en querer ganarlo, y que probablemente lo ganará. Ahora bien, ¿es comer carne cruda sinónimo de ofrecer una gran interpretación? No.

DiCaprio fue contratado para sufrir todo tipo de perrerías y para desgañitarse entre el fango, pero no para interpretar un personaje de carne y hueso. Por tanto, lo vemos durmiendo dentro de la carcasa de un caballo y nuestro impulso no es sentir su dolor sino grabar la escena con el móvil, como haríamos con la de dos chuchos fornicando.

En última instancia, ese es el problema que resume toda la película. Es una colección de deslumbrantes panorámicas de 360 grados, de imágenes de grandiosos paisajes y bestias formidables y carnicerías por doquier; Iñárritu y Lubezki capturan la belleza y la barbarie con tanta perfección que cada plano de 'El renacido' quedaría de maravilla como fondo de escritorio del MacBook, donde podría ser admirado sin tener que soportar las 16 horas que lo rodean. Pero lo que define una gran imagen cinematográfica no es solo su apabullante belleza sino cuánta historia cuenta, cuánto personaje describe y cuánta emoción transmite. Y lo único que 'El renacido' transmite son los delirios de grandeza de Alejandro G. Iñárritu y su empeño en convencernos de que el emperador no está desnudo sino ataviado de telas nobles. A juzgar por cómo se ha camelado a la Academia de Hollywood, no se le da mal.  

'Carol'

Cuando se le ha preguntado a Todd Haynes por las fuentes en las que ha bebido antes de afrontar su último proyecto, 'Carol', el director americano ha citado fundamentalmente dos, al margen, claro, de la novela de Patricia Highsmith de la que parte el guion. La primera de esas fuentes, cinematográfica, le resultará obvia a muchos espectadores una vez hayan visto el citado filme. En efecto, el 'Breve encuentro' que nos regaló David Lean en 1945 está muy presente en el metraje de la cinta de Haynes. La segunda referencia, literaria, es menos obvia y un tanto más desconcertante. El realizador reconoce haber leído 'Fragmentos de un discurso amoroso', de Roland Barthes, antes de haberse puesto manos a la obra. Sí, David Lean y Roland Barthes, una bomba de relojería incluso para el más valiente de todos los 'hipsters'. Pero, tranquilos, no huyan aún, porque 'Carol' no es una clase de filosofía. Si acaso una de baile. Y la sinfonía que van a escuchar en la sala es casi perfecta.

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Oscar 2016: Crítica de 'El renacido', 'Carol' y 'El rapto de Europa'

'El nuevo rapto de Europa'

Con 'Informe general' (1976) Pere Portabella elaboró un documento imprescindible para entender las complejidades ideológicas de la Transición. El director catalán, practicante de un cine militante tanto en lo político como en lo artístico, recogió a través de una serie de discusiones los retos que se planteaban a unos movimientos políticos hasta entonces obligados a moverse en la clandestinidad ante la incipiente democracia. 40 años después, 'Informe general II. El nuevo rapto de Europa' vuelve a fijarse en la dialéctica que se presenta cuando la renovación política surge de movimientos ciudadanos articulados fuera de las instituciones de poder pero dispuestos a entrar en ellas.

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