un libro recuerda los cien años de la masacre

Armenia, el genocidio olvidado

Xavier Moret recuerda en su libro 'La memoria del Ararat' el centenario del asesinato de la población armenia por los turcos que países como España no han reconocido todavía

Foto: Una mujer se arrodilla ante el cadáver de una niña muerta en el campo de Aleppo (CC)
Una mujer se arrodilla ante el cadáver de una niña muerta en el campo de Aleppo (CC)

En 1939, días antes de invadir Polonia, Adolf Hitler expuso a sus colaboradores más cercanos su plan para exterminar a los judíos. Uno de ellos dijo que el mundo no le perdonaría semejante atrocidad. “¿Y quién se acuerda hoy del genocidio armenio?”, argumentó el dictador. La pregunta sigue vigente 75 años después, ¿cuántas personas conocen lo ocurrido en Armenia entre 1915 y 1923?

Durante ocho años el gobierno de los Jóvenes Turcos en el Imperio Otomano deportó y exterminó a más de un millón y medio de personas y, a pesar de ello, la comunidad internacional nunca ha prestado atención a este hecho ni ha intentado cerrar las heridas que dejó en su gente.

El completo olvido al que está sometido el país y su triste historia se confirma al saber que sólo 22 países han reconocido el genocidio armenio. Entre ellos no se encuentran España, EEUU, Israel o Alemania, que evitan utilizar esta palabra para referirse a las matanzas indiscriminadas de armenios por parte de Turquía.

Xavier Morat recuerda en su libro 'La memoria del Ararat' el centenario del asesinato de un millón y medio de armenios por parte de los turcos. Un genocidio que países como España no han reconocidoEn 2015 se cumple el centenario de este triste capítulo de la historia, lo que supone una oportunidad única para que se haga justicia. Así lo considera Xavier Moret, que con su libro La memoria del Ararat (Editorial Península) quiere poner su granito de arena a la causa. Un título que comenzó como un libro de viajes que pretendía saciar su interés por el país, pero que terminó por convertirse en una grito para que el mundo recuerde el genocidio.

“100 años es un gran momento para hablar de lo que ocurrió. Un millón y medio de muertos es una cifra suficientemente contundente para que le hagamos caso y todos los armenios están marcados por ese trauma que ha ido pasando de generación en generación. Es una oportunidad para explicar lo que ocurrió y que los países lo reconozcan. Eso es lo que pide Armenia, hacer las paces con la historia”, cuenta Xavier Moret a El Confidencial.

El autor cree que ese “no reconocimiento” viene condicionado por el negacionismo de Turquía, que actualmente juega un papel geoestratégico muy importante, por lo que las grandes potencias prefieren actuar como si no hubiera ocurrido. Olvidar nuestra memoria. Una máxima que ocurre en todos los países sacudidos por un pasado de muerte y vergüenza.

Una fila de cadáveres de armenios durante el genocidioen una imagen del libro 'Ambassador Morgenthau's Story', de Henry Morgenthau (CC)
Una fila de cadáveres de armenios durante el genocidioen una imagen del libro 'Ambassador Morgenthau's Story', de Henry Morgenthau (CC)

Para Moret la solución nunca puede borraer el pasado, hay que mirarlo a los ojos y actuar: “El pasado no se puede ignorar, es de una contundencia que siempre acaba por volver, y en este casó más, ya que más de dos tercios de la población tienen parientes fallecidos y les haría mucho bien saber que el mundo lo reconoce. Ver que no lo hacen les subleva y les da una sensación de culpa incómoda”. Por ello se están organizando actos especiales el 24 de abril, día de la conmemoración del genocidio. La respuesta de Turquía: no acudir al evento y colocar el mismo día la celebración de la batalla de Gallipoli en la primera Guerra Mundial.

Un superviviente de 103 años

Una de las obsesiones de Xavier Moret fue encontrar un superviviente del genocidio para dar voz a los que lo sufrieron. Cuando parecía una misión imposible apareció Movses Haneshanyan, que con 103 años quería contar su historia. Con cinco años vió cómo su padre era llevado por los turcos al desierto junto a todos los armenios de su pueblo para cavar un canal de riego. Una vez terminaron les hicieron caminar por el desierto hacia Siria. A los que no querían les disparaban o les golpeaban. “Mataban incluso a mujeres embarazadas”, recuerda en el libro. Su padre consiguió salvarse al ser comprado por un árabe que le conocía.

El pasado no se puede ignorar, es de una contundencia que siempre acaba por volver. Ver que no se reconoce el genocidio les subleva y les da una sensación de culpa incómodaMovses ha vivido toda la triste historia de Armenia, ya que tras vivir el genocidio sufrió las consecuencias del terremoto de 1988, el mismo año que comenzaba la guerra de Nagorni Karabaj que les enfrentó a Azerbaiyán hasta 1994. “Armenia tiene un pasado trágico. Como decía Kapucinsky tuvieron la mala suerte de verse rodeados por imperios muy agresivos y muy expansivos, como el persa o el otomano, y su independencia se ha visto siempre condicionada a estas invasiones”, explica Moret.

La memoria de Armenia sobrevive actualmente gracias a la labor de sus ciudadanos o sus descendientes en el extranjero. El cantante Charles Aznavour, el cineasta Atom Egoyan, o el grupo System of a down, reivindican el reconocimiento del genocidio a través de sus canciones y películas y aportan dinero para cambiar la actual situación de pobreza extrema en la que vive el país. “Los que más han hecho por Armenia son los que están en la diáspora. Hay tres millones de personas viviendo en Armenia y siete viviendo fuera. Actualmente es un país empobrecido, en el que te encuentras con monumentos y carreteras construidos gracias a la generosidad de cierto millonario armenio que emigró”, explica el autor de La memoria de Ararat.

Armenios asesinados durante el genocidio, museo del geonocidio en yerevan, armenia (cc)
Armenios asesinados durante el genocidio, museo del geonocidio en yerevan, armenia (cc)

La mala situación económica, la corrupción y las heridas de las guerras han hecho que un 40% de sus habitantes suspiren por abandonar el país, algo que choca con el gran sentimiento de pertenencia que tienen hacia su tierra tanto sus habitantes como los que ya han abandonado Armenia. Luchan por mantener su cultura, su alfabeto, su música y sus símbolos. Como la granada, muy presente en el cine de Atom Egoyan, y que es una metáfora del propio territorio: “Por un lado es la unidad, y por otro los granos diferenciados que son las personas que forman Armenia”, explica Moret.

Si existe un icono en Armenia es su monte, el Ararat que da título al libro. Allí donde dicen que encalló el arca de Noé y que tras los cambios de fronteras se encuentra actualmente en territorio turco. Un símbolo de eternidad y de permanencia para un pueblo que lucha porque cien años después el mundo reconozca su pasado.

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