los historiadores frente a la abdicación

"Felipe no tendrá la influencia de su padre"

“Los hechos confirman que la renovación de la Constitución es imprescindible”. Ante la abdicación de Juan Carlos I, los historiadores señalaron un futuro cargado de nubarrones

Foto: El príncipe Felipe y el rey Don Juan Carlos en una imagen de archivo. (Reuters)
El príncipe Felipe y el rey Don Juan Carlos en una imagen de archivo. (Reuters)

“Los hechos confirman que la renovación de la Constitución es imprescindible”. Ante la abdicación de Juan Carlos I, los historiadores señalaron un futuro cargado de nubarrones, y la única manera de despejarlos es practicar el debate en busca de consenso. La llegada de un nuevo rey exigía una nueva norma. Abrir y reformar la esencia de este país para los próximos años requería de una nueva definición.

“Lo que no está tan claro es si abrirla supone conceder el principio de autodeterminación”, explicaba en 2014 Enrique Moradiellos (Oviedo, 1961), que habla del ejemplo de Abraham Lincoln, quien antepuso un marco constitucional a los deseos de los diputados y la población de los estados del sur, que querían la independencia.

¿Legitimaría al nuevo monarca un referéndum sobre la continuidad de la monarquía? Para Moradiellos, dependía “de la fuerza de la calle”, porque para que este escenario ocurra debe reformarse la Constitución. Ángel Viñas se mostraba tajante: “Un referéndum no es posible con esta Constitución. Pero por qué no darle una oportunidad de legitimar al nuevo monarca con un referéndum. Eso sería lo más normal”, aunque no era partidario de tomar las decisiones importantes en caliente.

Un rey con influencia

Este historiador subrayaba el hecho de que Juan Carlos I había acumulado títulos de legitimidad suficientes como para determinar que no era una continuación de Franco. “El Rey tenía, formalmente, pocos poderes, pero en la práctica ha tenido muchos más de los que le confiere la Constitución, fundamentalmente por haber facilitado la transición democrática”.

En la práctica política el Rey ha tenido mucha influencia, pero ¿y Felipe? ¿Heredará también esa influencia? “Eso se lo tendrá que ganar a pulso, pero va a ser muy complicado que adquiera el poder de su padre en su totalidad. Podemos asistir a un rey con unos poderes muy limitados por la Constitución, no como su padre”. Esto dependerá también del apoyo de los partidos políticos, pero el nuevo panorama que se abrió con las elecciones europeas anteriores a la abdicación dejaba en el aire el amparo incondicional. La nueva Corona necesitaba una nueva constitución que lo legitime.

Moradiellos señalaba el mayor escollo a superar en la nueva transición: “Tenemos problemas pendientes de solucionar y el principal es la vertebración territorial. Ya no hay un problema con la Iglesia en España, porque somos un país laico. No hay un problema militar en España. No hay problema latifundista agrario. Desde la implantación de la soberanía estos son los problemas esenciales de España”. Moradiellos explicaba que los partidos políticos preferían no abrir la Constitución para adecuarla a las nuevas necesidades, porque si se rompiese el pacto de las autonomías lo primero que caería sería la monarquía.

Un monarca rehabilitado

Sin embargo, recuerdaba que en las últimas semanas previas a la abdicación se habían abierto muchas posibilidades y una ocasión única para debatir. Señalaba tres abdicaciones decisivas en 2013 que habín sentado un precedente insalvable y habín hecho correr la mecha de la renuncia: la de la reina Beatriz de los Países Bajos, el pasado 30 de abril, la de Alberto II rey de Bélgica, en julio del mismo año, y, sobre todo, la del Papa Benedicto XVI, en febrero de hace ya dos años.  

Los historiadores indicaban una oportunidad única para mejorar la salud democrática. La nueva legitimidad de la monarquía pasarí por un proyecto completamente regenerado. “Es traumático, pero se puede cambiar. Los franceses lo hicieron: en 13 años cambiaron dos veces de Constitución”, contaba Viñas.

La rehabilitación de la figura monárquica, después de los escándalos protagonizados por Juan Carlos I en los últimos años, resultaba forzosa. “Llega tarde. Debería haberse producido antes”. Julián Casanova manifiestó que no es una abdicación natural, sino el resultado “del descrédito de la monarquía”. En opinión del historiador, la calle va a presionar mucho exigiendo un referéndum sobre la continuidad.

Imaginaba un nuevo rey más comprometido, menos sacralizado: “Pero qué pasa con esas generaciones jóvenes que no hacen nada, que están en paro. ¿Se van a sentir representados por la monarquía del Príncipe? Si mantiene la línea de discursos vacíos de su padre, no ganará ningún terreno. Tenemos problemas con la corrupción, la crisis, el paro, la desigualdad, debe entrar en el debate”. 

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