auge y caída de la literatura latinoamericana

El puñetazo que acabó con el 'boom'

Xavi Ayén publica 'Aquellos años del boom. García Márquez, Vargas Llosa y el grupo de amigos que lo cambiaron todo' sobre el 'boom' latinoamericano

Foto: El puñetazo que acabó con el 'boom'

Hay libros que embisten contra todo para hacerse un hueco entre los intereses. Son los mismos libros de los que se habla durante años en los despachos de la editorial, hasta que logran arremeter contra todo y ver la luz. A la verdad le cuesta llegar al final del camino. Durante una década, Xavi Ayén se ha dedicado a reconstruir la historia de la explosión de la literatura latinoamericana, le pese a quien le pese.

Destruir la montaña de tópicos que se acumulaban sobre un acontecimiento -y sus protagonistas- de estas dimensiones era cuestión de espacio y tiempo. "He escrito un reportaje de 900 páginas", dice Ayén, que firma sus artículos en La Vanguardia. Quédense, por favor, con eso, "reportaje". Periodismo de largo aliento, periodismo libre y en libro. Periodismo sin prisas, asentado en archivos, entrevistas, documentos, lecturas, para tratar de fijar en alguna parte lo que no tiene suelo: "No es el libro definitivo sobre el boom, porque el periodismo nunca es definitivo".

Del trabajo de Ayén se destila, como la mayor de las lecciones, paciencia, voluntad, precisión, humor, serenidad y humildad. El monumental estudio es, además, Premio Gaziel de Biografías y Memorias, convocado por la Fundación Conde de Barcelona y RBA. Aquellos años del boom. García Márquez, Vargas Llosa y el grupo de amigos que lo cambiaron todo es una obra maestra del periodismo cultural, que se erige como una referencia en días de criterios revueltos.

García márquez, jorge edwards, vargas llosa, carmen balcells, donoso y muñoz suay, en 1974. (archivo carmen balcells)
García márquez, jorge edwards, vargas llosa, carmen balcells, donoso y muñoz suay, en 1974. (archivo carmen balcells)

El primer escollo que ha tenido que sortear el libro de la década para llegar a las librerías era Carmen Balcells, la superagente que apretó el botón del boom. "Gracias a ella he podido tener acceso a las fuentes para escribir este libro. Una vez lo acabé, le mandé el capítulo en el que hablo de su vida y otros dos o tres sensibles. No sé cómo se hizo con el manuscrito completo y me dio algunos "consejos de amiga". Pero el libro sale tal y como yo quería que saliera", cuenta con prudencia.

Esos momentos sensibles con los que temblará más de uno -pero sobre todo uno-, son los que se refieren a la relación entre Gabriel García Márquez y Mario Vargas Llosa. Con pudor, Ayén ha entrado en las vidas privadas de ambos para ponerle voz a la elipsis que hay entre la última foto de cariño entre ambos y la de García Márquez con el ojo a la virulé.  

Un lío de faldas

"El asunto de fondo es de faldas, pero los dos escritores decidieron dejar a los biógrafos las interpretaciones. Vargas Llosa creyó que García Márquez le había traicionado al contarle a su mujer más de lo que debía. Y ese puñetazo rompió el boom", explica el autor. Las dos figuras principales de aquellos amigos dejan de hablarse y se dispersan. Ayén aclara que el grupo podría haber durado algo más, pero al no compartir gustos ni criterios literarios comunes, todo se desmanteló al desaparecer la amistad.

No hay biografía sin vida privada. Si no quieres tocar la intimidad de los protagonistas, mejor haz otra cosa. Esa parte era imprescindible, aunque son unas pocas páginas

Podría haber hecho una hagiografía, pero el tono es el del periodismo crítico, que analiza cada documento como si estuviera reconstruyendo el caso más importante de la historia. Como si no conociera nada cuando llegó a los hechos que rodearon aquellos años, en Barcelona. "No hay biografía sin vida privada. Si no quieres tocar la intimidad de los protagonistas, mejor haz otra cosa. Esa parte era imprescindible, aunque son unas pocas páginas", resume el periodista.

Hay secretos, como en toda reconstrucción, a los que no ha llegado. La verdad, toda la verdad, siempre tiene agujeros negros. Ayén cuenta que la correspondencia de Gabo no existe porque su familia dice que la quemó, que la destruyó. Sin dar más explicaciones. Hay una carpeta de Mario Vargas Llosa en la Universidad de Princeton, donde el escritor depositó su memoria en papeles, que no se puede abrir hasta dentro de tantos años. Y el archivo que Balcells vendió al Estado por tres millones de euros y a los pocos días logró vetar para su investigación, después de que los autores se le subieran a las barbas recriminándole haber dejado sus vergüenzas al aire.

Ha trazado un punto de vista ajeno a la divinidad. Les ha mirado desde la distancia generacional y ha incidido en sus cualidades humanas. "Quizá sea más frío, pero paradójicamente el resultado es mucho más vivo". No es el libro de un académico, pero tampoco el de un fanático de los mitos. Quería explicar que esta jugada literaria era, en realidad, "la gran revolución del tercer mundo, que por primera vez llegaba a la primera división". Los ciudadanos hicieron suya la alineación del grupo y la defendieron con unas ventas infinitas, rondando el millón de Cien años de soledad al poco tiempo de tocar calle.

Una bomba literaria, social, cultural y política, porque el pegamento ideológico de todos ellos fue la revolución cubana. "No son obras políticas, pero se crea un discurso político sobre ellas". EEUU se da cuenta de que los escritores del mundo latinoamericano se le van a escapar y mueve ficha, en medio de la Guerra Fría, para ganarse la atención de los escritores de centroizquierda, entonces, como Carlos Fuentes y Vargas Llosa.

Mario vargas llosa en la cena celebrada en el museo de la danza de estocolmo
Mario vargas llosa en la cena celebrada en el museo de la danza de estocolmo

Lo más increíble de toda esta construcción de la literatura como arma política, Balcells lograra atraerlos a todos a la Barcelona franquista, donde tendrían que convivir con la censura, que sobre todo machacó a Cabrera Infante (a Gabo, no le tocaron ni una línea). Pero si Cuba fue el pegamento ideológico, Balcells fue el superglú doméstico: ella les profesionalizó, les apartó de su vida las incomodidades.

Solucionó sus alquileres, los colegios de sus hijos, incluso el dinero en efectivo cuando no existían los cajeros automáticos. Ella siempre estaba allí para ellos y logró que nunca, nadie, traicionara la relación. El propio Barral intentó varias veces recuperar a todos aquellos autores que él había publicado -por indicación de sus colaboradores-, pero esta vez sin intermediarios. No lo logró nunca.

El editor sí tenía la espinita de la traición clavada, porque Balcells había dejado de trabajar para él en derechos internacionales de las obras que publicaba Seix Barral, para crear su propia agencia. Todos se fueron con ella. Todos vieron en ella el futuro, el refugio, la mina. "Creó un vínculo indestructible". Que saltó por los aires con un puñetazo.

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