el colombiano jorge franco recibe del sello

Alfaguara ya habla alemán: ¡Guten Tag Mr. Penguin!

El nuevo Premio de Novela Alfaguara Penguin Random House lleva entregándose 17 años, y hay que darle la bienvenida como se merece, en alemán: “¡Guten Tag!”.

Foto: Ignacio Santillana, presidente del grupo editorial Santillana, antiguo dueño de Alfaguara durante la entrega. (EFE)
Ignacio Santillana, presidente del grupo editorial Santillana, antiguo dueño de Alfaguara durante la entrega. (EFE)

El nuevo Premio de Novela Alfaguara Penguin Random House lleva entregándose 17 años, y hay que darle la bienvenida como se merece, en alemán: “¡Guten Tag!”. El galardón editorial con más tirón entre los lectores hispanohablantes se convirtió un día antes de su concesión en un pelotazo intercontinental. Casi interplanetario.

La venta low cost de Alfaguara y la línea literaria que PRISA, por 72 millones de euros, permite al grupo Penguin Random House llegar a mercados donde no tenía ninguna posibilidad y a los nuevos premiados jugar en ligas en los que el castellano no tiene exclusividad. Todos ganan, incluso PRISA, a pesar del ridículo precio por el que ha entregado el sello. Pero quién puede negociar al alza cuando tienes la larga sombra de una deuda de 3.200 millones de euros y la presión de refinanciarla una y otra vez con la paciencia y los intereses de los bancos.

La primera decisión de los nuevos dueños del juguete es de suspenso sobresaliente: enterrar al premiado con la noticia de la venta. Así que, ayer, bajo la cúpula de la rotonda principal del madrileño hotel Palace el tema de conversación de los invitados era, como no podía ser otra de otra manera, la venta. Ni aperitivo, ni refresco, los autores de Alfaguara habían cambiado por la noche de grupo editorial. Pero ya se sabe que la fauna editorial no cambia apetito por una buena dosis de inquietud y dudas. “Los escritores siempre estamos en la cuerda floja”, comentaba uno riendo.

Laura Restrepo, miembro del jurado.
Laura Restrepo, miembro del jurado.
Antes de que los camareros retirasen los platos sin rastro de gambas y bacalao, la mención a la noticia del día no tardó en llegar. Montserrat Domínguez, aguda y osada, la directora del diario Huffington Post daba la bienvenida a los comensales con un “Guten tag!”, que fue recibido con un silencio helador. Así que siguió a lo suyo e insistió con que el premio que le tocaba presentar –marrón que resolvió con habilidad- será a partir de este momento “más global”. Y con los responsables de PRISA ahí delante. Han dejado de ser los mandarines de todos esos editores y autores que miraban con melancolía al escenario, pero siguen ocupando sillones de piel y coche oficial en la casa para la que trabaja la atrevida periodista.

El plato frío llegó antes de la ensalada de gambas y en forma de vídeo grabado antes de la noticia de la separación de PRISA del futuro de Alfaguara. El montaje celebraba los cincuenta años de vida del sello, desde que lo creara Camilo José Cela, que ayer habría pedido una palangana para hacer una ablución intestinal de litro y medio de agua y pasar todo este guirigay extraliterario.

El pasado es presente

El nuevo contexto económico del sello condicionó, irremediablemente, el mensaje del vídeo. Que Arturo Pérez-Reverte diga ahora que lo que le une a la casa es un equipo de trabajadores que le hacen estar seguro y en confianza, porque con ellos ha trabajado durante más de veinte años, cuando la reestructuración de la empresa está en el aire, lo cambia todo. “Trabajo con amigos y me siento arropado –decía- Espero seguir aquí”. Y así es como un deseo se transforma en incertidumbre.

De hecho, la excusa que ha blandido hasta el momento el deseado autor para no marcharse a la competencia ha sido la de los amigos que le arropan. Penguin Random House Alfaguara es dueño de su pasado –hasta que caduquen los derechos-, pero sólo Arturo es propietario de su novedad. “Sólamente puedo alegrarme por estos 50 años y le deseo otros 50 años más”. Hasta la última frase del autor de El francotirador paciente suena a despedida.

Hubo quien se preguntó si no habría sido oportuno haber abortado la operación vídeo, porque aquella celebración hablando en pasado de los 50 años de Alfaguara sonaba a velorio más que a homenaje. La voz en off repasando la historia del sello, con Cela, Jaime Salinas, el diseño de Satue, la compra de PRISA… Todo menos la venta a Penguin Random House de todos los santos. El tono derivaba al epitafio con cada nueva declaración. Rosa Montero: “Yo me nutrí de aquella Alfaguara”. Las palabras de Carlos Fuentes sobre la vocación trasatlántica –en fin- cuando habló del “gran territorio de la Mancha”. La mención al último libro de Onetti, Cuando ya no importe… Quizá exageremos.

Una fatal casualidad

No, exageramos seguro. El mal agüero fue alejado por Ignacio Santillana, presidente no ejecutivo de Santillana desde hace menos de dos años, que tomó la palabra para hablar de una editorial en la que ya ni pincha ni corta. Según el ejecutivo, todo ha sido pura casualidad: “Ha coincidido casualmente con la venta del área”. “La coincidencia no interfiere en la normalidad del acto”, y por eso se ha puesto su mejor cara de póker.

El escritor colombiano Jorge Franco.
El escritor colombiano Jorge Franco.
Todo saldrá bien, porque en la decisión no han primado las necesidades económicas del grupo: “Es una operación empresarial que busca lo mejor para todos”. Y si hay alguien en la sala que dude de la bondad del acuerdo que levante la mano. “El sector impone hacer movimientos”, y nada más que el sector. El sector es una categoría tan socorrida como los mercados, la prima de riesgo o “la realidad”, cuando uno no quiere reconocer el fallo del sistema al que ha conducido la empresa. “Queremos transmitir la idea de normalidad empresarial”, bueno, pero no nos lo diga hombre, porque entonces nos echamos a temblar, y eso sin tener vínculos con la casa. “Alfaguara impulsa la creatividad y el reconocimiento de la globalidad”. Algo ha debido ver el comprador, ausente ayer en la entrega.

Por cierto, el ganador del nuevo Premio de novela Alfaguara Penguin Random House de todos los santos, dotado con 130.000 euros, ha sido –como ya anunciamos ayer en este periódico- un escritor colombiano: Jorge Franco, con la novela El mundo de afuera. Imaginamos que la casualidad a la que se refiere Ignacio Santillana ha hecho que PRH empiece su nueva vida comercial en Latinoamerica con un buen embajador y un libro que “es un cuento de hadas que termina a lo Tarantino”.

Como afortunado por ser el primero en disfrutar de la era global del galardón explicó que no tenía información sobre la venta, pero que los 50 años de historia del sello aseguran su filosofía para el futuro. “La editorial cambiará muy poco e irá a mejor en el canal de distribución”, con el señor Santillana allí, de cuerpo presente, y entonces sí, el aplauso de los pocos que quedaban en el salón comedor estalló como un grito desesperado de esperanza. Faltó algún “bravo”. Lástima que se lo perdiese Núria Cabuti, la nueva directora de todo esto, que no pasó por el Palace a felicitar a su autor y a tomar nota del pedido.

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