centenario del gran intelectual mejicano

100 años de Paz

Poeta antes que intelectual. Lo dijo una y mil veces. Y en sus poemas llamaba a la democracia y a la libertad. En la disciplina que

Foto: Octavio Paz (EFE)
Octavio Paz (EFE)

Poeta antes que intelectual. Lo dijo una y mil veces. Y en sus poemas llamaba a la democracia y a la libertad. Fuera la disciplina que fuera, su dedicación y declaración fue la moral: de la política a la poética. Octavio Paz no mostró indiferencia ante los problemas políticos de su tiempo ni de su país, desde la crisis de la democracia imperial de los EEUU a la crisis del sistema ruso, la relación entre América del norte y América del sur, y el papel de Europa occidental.

La herencia de Paz -que este año cumpliría 100 años- es una defensa sin concesiones del diálogo como base de la democracia. Pluralidad de opiniones, libertad crítica y una sociedad madura que asume estas dos premisas. Dentro y fuera de sus fronteras, entre países y entre pueblos de una misma nación. “Para nosotros, los EEUU son al mismo tiempo y sin contradicción, Goliat, Polifemo y Pantagruel”, escribió el autor mejicano en el ensayo Posdata (1969) como continuación de su primer trabajo de no ficción El laberinto de la soledad (1950).

En los próximos días la comisión encargada de organizar las actividades en homenaje al Premio Nobel de Literatura de 1990 dará a conocer el programa al completo. Cerca de treinta instituciones y empresas participarán en él. El primer encuentro es en el Instituto Cervantes, este miércoles, con una mesa redonda entre Juan Villoro y Fernando Savater. De momento, adelantamos las claves intelectuales del que es considerado el pensador más influyente del siglo XX, que reiteró la creencia en que sin democracia, ningún experimento social podría considerarse válido.

EL SOCIALISMO MULTIPLICA LA LUCHA DE CLASES

Allí donde se pretendía hacer desaparecer la lucha de clases a base de socialismo, la lucha de clases se manifestó en su manera más cruel. A pesar de ello, Paz cree que el socialismo es la única salida racional a la crisis de valores que observaba en sus días. Qué habría dicho de hoy. El socialismo con el que le gusta identificarse es el inseparable de las libertades individuales, el del pluralismo democrático y el del respeto a las minorías. Digamos que el autor ve en éste un invento reparador de los estragos capitalistas.

NI IGLESIA, NI PARTIDO

“Cuando repaso mi vida intelectual y política me doy cuenta de que buena parte de ella ha sido un diálogo con Marx y, sobre todo, con los marxismos. Leer a Marx refresca y vigoriza” [En Hombres en su siglo y otros ensayos]

Una sociedad moderna y democrática no puede estar anclada en la Iglesia o el partido. Compara el cristianismo con el marxismo para mostrar cómo ambas conciben al hombre como una criatura y producto de las fuerzas divinas o de las fuerzas sociales. El hombre debe aceptar la voluntad de dios o de la historia. La historia es para Paz el vínculo entre cristianismo y marxismo, porque ambas doctrinas se identifican con el proceso histórico.

LA DEMOCRACIA, LIBERTADES Y DEBERES

Octavio Paz reconoce en las fronteras de las democracias capitalistas una preservación de las libertades. Más que al capitalismo, su defensa es a favor de la libertad. Porque asegura que todo lo que no sea democracia desemboca en monólogo y mausoleo. Si las libertades son para todos, las responsabilidades también. No sólo caen en un grupo o una clase. En ese sentido, la posición de Paz quedó clara al hilo de la matanza de Tlatelolco, en 1968, cuando denunció la mentalidad que hace del poder político un Ejército sagrado y un ejercicio intachable, justificado por encima de los acontecimientos.

A Octavio Paz se le acusa de anticomunista porque, entre otras cosas, reunió en 1950 documentación sobre los campos de trabajo forzados en la URSS, para denunciar con valentía la injusticia. Enemigo de los abusos y totalitarismos, como demuestra en El arco y la lira (1956). El marxismo era para Paz la última tentativa por reconciliar razón e historia si hubiese sido capaz de absorber la tradición libertaria y poética, desdeñada por el propio Marx.

NACIONALISMO CULTURAL

Su concepción de nación poco tiene que ver con los límites políticos. Una nación es una cultura, es una lengua, unas creencias, una historia común. Creía el Nobel que Latinoamérica corre menos peligro de caer en los nacionalismos debido a sus orígenes: la Conquista y la evangelización. “Las naciones latinoamericanas fueron creadas después de la independencia y no antes”, escribió en el ensayo Itinerario (1994).

Aboga por preservar ese fondo común –compuesto por la diversidad, la variedad y el genio de cada pueblo-, a pesar de ser consciente del peligro que ello entraña si se malinterpreta: transformarse en recursos para el imperio y su petrificación. Creía especialmente peligroso el nacionalismo aliado con la religión, porque sobrepasa la razón y se funda, como esta, en la fe. Sabiendo la difícil tarea de conciliar autonomía y solidaridad, escribe a favor de la riqueza de la diferencia, pero siempre en convivencia: fortaleciendo la unidad nacional. No es partidario de los estados federales.

LA FÓRMULA DE PAZ

“Tenemos que aprender a mirar de frente a la gran noche del S.XX. Y para mirarla necesitamos tanto a la entereza como a la lucidez: sólo así podremos, quizá, disiparla”. [Escribe en el ensayo El ogro filantrópico, de 1979). En los noventa, Paz ya había roto con el marxismo-leninismo y practicaba la tradición liberal. Es inevitable calificar su proyecto político de utópico, por lo deseable y esperanzador que es. La fórmula democrática de Paz no tiene en cuenta los abusos que la humanidad ejerce sobre sus teorías. El escritor une democracia y libertad junto a la filosofía liberal. Una unión que lleva dos siglos tratando de fraguar y que viene a confirmar lo que ya sabemos: sin libertad, la democracia se vuelve tiranía mayoritaria; sin democracia, la libertad desencadena la guerra.

OPTIMISMO TRÁGICO

Sus ensayos y su poesía practican con las mismas inquietudes. La desilusión ante la falta de explicación existencial, influencia del subconsciente, confianza en el amor y en el otro y el impulso por resolver las paradojas que le sirve la naturaleza. Y la soledad. “Escribo poesía porque no tengo más remedio, responde a una necesidad interior”. El poema revela la condición humana sin tratar de explicarla, porque no puede. Para muchos, Octavio Paz es un poeta que piensa, no un pensador que escribe poemas. En El arco y la lira (1956) aclara que la fuerza de la poesía es su capacidad de fijar imágenes con palabras, de hacer de lo real sólo una base de su experiencia.

En Ladera este (1973) dibuja la perfecta escena de su peculiar optimismo en el acto de revelar este mundo y crear otro: “Escribo sobre la mesa crepuscular, apoyando fuerte la pluma sobre su pecho casi vivo […] La tinta negra abre sus grandes alas. Ah, un simple monosílabo bastaría para hacer saltar al mundo. Pero esta noche no hay sitio para una sola palabra más”. El poema trasciende el lenguaje y el poeta libera a la palabra. “La historia del hombre podría reducirse a la de las relaciones entre las palabras y el pensamiento. Todo período de crisis se inicia o coincide con una crítica del lenguaje”.

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