Himmler, un asesino a dieta
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franz-olivier giesbert publica su nueva novela

Himmler, un asesino a dieta

Una novela repasa la historia del siglo XX a través de una cocinera que vivirá el genocidio armenio, la Segunda Guerra Mundial y la China maoista

Foto: Llegada a Madrid del Jefe de la Policía Alemana Heinrich Himmler, (BArch)
Llegada a Madrid del Jefe de la Policía Alemana Heinrich Himmler, (BArch)

Pastel de berenjenas, alcachofas y langostinos con albahaca de primero. Como plato principal un bacalao al ajo con leche y eneldo, y para terminar tarta de manzana sin masa. Nada de grasa ni verduras crudas, una dieta estricta para uno de los mayores asesinos de la historia: Heinrich Himmler, responsable de la matanza de millones de judíos durante el nazismo.

Este menú es el que le prepara Rose, el personaje principal de La cocinera de Himmler (Alfaguara), la última novela del escritor francés Franz-Olivier Giesbert, que supone un repaso entre fogones de la historia del siglo XX y las barbaries cometidas durante esta época.

Una maestra de la cocina de más de 100 años que repasa su vida y los acontecimientos que la marcaron, entre los que se encuentran el genocidio armenio, la Segunda Guerra Mundial y el ascenso y las matanzas de Mao Zedong en China. Lo hace sin caer en lugares comunes, ni en el dramatismo al que estamos acostumbrados. El arma de Rose, es el humor. Su vida se basa en tres conceptos clave: la risa, el sexo y el afán de venganza.

Un punto de vista que comparte con su creador, el cual no se atreve a hacer propia esa frase de Flaubert que decía “Madame Bovary soy yo”, aunque sí que se siente muy identificado con su personaje principal, y es que como cuenta a El Confidencial “Creo en lo mismo que ella. En la alegría de vivir, en el optimismo, en hacer bromas. Creo que cuando esté en mi lecho de muerte seguiré haciendo bromas. Me gusta vivir como si fuera el último día”. Un placer confeso por el humor negro y por reírse de todo y de todos, hasta de los tiranos.

Incluso en el placer por la venganza se siente unido a Rose, una mujer capaz de terminar con la vida de otra persona. Franz-Olivier Giesbert aclara antes de nada que él no se venga, ya que durante años lo estuvo haciendo al no aceptar el perdón de su padre por haber maltratado a su madre, algo por lo que siempre se ha sentido desgraciado. Sin embargo, también acepta encontrar ese placer de tomar represalias “Estoy en contra de venganzas idiotas y estoy en contra de la pena de muerte, pero a un gran criminal de guerra como Himmler podría matarle, si me dieras un revólver sé que sería capaz de hacerlo” comenta sincero.

A pesar de ello La cocinera de Himmler no es un libro sobre la venganza, ni siquiera sobre crímenes de guerra o sobre el nazismo. La intención de su autor era trascender esa categoría y crear una historia sobre cómo no dejarse ganar, seguir adelante y aprovechar cada golpe de la vida para llegar más lejos.

Por ello no se centra en las barbaries que se cometieron, (aunque siempre se note su presencia) para evitar caer en los tópicos de la literatura histórica. Prefiere pensar que ha escrito una novela sin adjetivos que la definan, una obra donde es capaz de reunir poesía, rigor histórico o incluso filosofía.

Un personaje casi real

A pesar de que todo el componente histórico sea fruto de una gran investigación por parte del escritor, lo cierto es que esta cocinera nunca existió realmente. Aunque el germen de su personaje sí que fuera una persona real llamada Ros. Una cocinera de Marsella que a sus 90 años seguía cocinando y viviendo cada día como si fuera el último. Esto se apoderó de Giesbert, que desde entonces convivió con este personaje dentro de su cabeza.

Él mismo cuenta a este periódico que su proceso de creación depende de imágenes y de personas, más que de historias concretas que quiera contar. En su imaginación existe una lista de creaciones dispuestas a salir, y Ros fue una de ellas. Una vez decidió que esta cocinera poblaría las páginas de su libro simplemente se dejó llevar “los personajes acaban tomando el control sobre mí, y son ellos los que cuentan la historia. Trabajo con mi inspiración” añade el escritor.

Pese a todo siempre introduce elementos que le interesan, y ese fue el caso de Himmler, “Me interesaba mucho porque es la banalidad del mal, como decía Hannah Arendt, él no era un loco” explica Giesbert.

Por ello, y aunque él mismo manifieste que su interés era alejarse de una visión política de los hechos, es inevitable que su obra acabe impregnada de lo que realmente piensa. Así se puede ver cuando la propia Rose define el futuro “es un eructo, un hipo, una náusea, y a veces el vómito del pasado”. Una visión pesimista que el autor comparte aunque matiza “Es que estamos condenados a repetir nuestra historia justo cuando la rechazamos. La desgracia de Europa es que las nuevas generaciones piensan que la historia nació cuando ellos lo hicieron. Hay un deber de la memoria, y es que si no queremos cometer los mismos errores que los que cometieron los que arrasaron la tierra hay que conocer el pasado”.

Esta idea de afrontar la historia enlaza perfectamente con nuestra memoria histórica y la polémica en torno a revivirla, un tema del que Franz-Olivier Giesbert no evita hablar “Es verdad que justo después de una Guerra Civil no se puede reabrir las heridas de golpe, porque hay que arreglar otros problemas urgentes. Pero al cabo de un tiempo hay que retomar el tema. Un pueblo sin memoria es un pueblo que no se respeta y que repetirá sus mismos errores”.

Como buen periodista (es el director de Le Point) Giesbert termina por entrar en esa visión política que intenta evitar en su última novela. Y es que algunas frases de su protagonista son toda una declaración de intenciones: “Hace mucho tiempo intenté avisar a la humanidad contra las tres lacras de nuestra era: el nihilismo, la codicia y la buena conciencia”. Males que el escritor cree que están presentes, no sólo en nuestra sociedad, sino también en nuestros políticos y banqueros que han llevado a Europa a esta crisis “Son gente que solo pensaba en el dinero y luego hacían obras de caridad para tener una buena conciencia, incluso con dinero que habían robado. La buena conciencia no es algo normal y la humanidad estará en peligro cuando la tenga, y el nihilismo es el horror de los horrores. Es el todo vale. Yo estoy a favor de las normas y en una sociedad necesitamos, respeto, educación… Sé que esto suena muy de derechas, pero otras soy muy de izquierdas. Para mí los valores tienen que estar ahí, no comprendo que no se crea en los valores, sino seríamos buitres devorando un cadáver”.

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