“Los líderes europeos son tan estúpidos como en 1914”
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max hastings publica '1914, el año de la catástrofe'

“Los líderes europeos son tan estúpidos como en 1914”

El autor británico intenta ofrecer con su nueva obra una visión diferente a los acontecimientos que desembocaron en la Primera Guerra Mundial

placeholder Foto: Soldado en la Primera Guerra Mundial (Archivo Europeana)
Soldado en la Primera Guerra Mundial (Archivo Europeana)

El año que viene se cumplirán cien años del comienzo de la Primera Guerra Mundial y el mundo se llenará de libros y especiales que recordarán una fecha que cambió la historia. El escritor Max Hastings, conocido por su labor como historiador y sus libros sobre la Segunda Guerra Mundial, publica ahora1914, el año de la catástrofe (Editorial Crítica),una obraque intenta indagar en los verdaderos motivos que desembocaron en un siglo de conflictos bélicos. El autor acude puntual, como buen Caballero de la Orden del Imperio Británico, a su entrevista con este periódico e incluso actúa como si él fuera el anfitrión, educado y preocupado por todas las personas sentadas en la mesa. Una conversación que nunca se queda estancada en 1914, sino que llega hasta la crisis que asola Europa en la actualidad.

¿Por qué decide revisitar la Primera Guerra Mundial?

Era obvio que por el centenario iba a haber mucho interés en 1914, pero siempre intento contar a la gente algo que no sepan, y encontré cosas que podían interesar. La primera de ellas es que todavía existe el sentimiento de que la Segunda Guerra Mundial fue una guerra buena, que tuvo que ser luchada, pero que la primera fue fútil, que no sirvió para nada. Eso no es verdad, la guerra fue una catástrofe para Europa, pero había una causa por la que se luchaba.

Se decía que era una guerra para acabar con todas las guerras. ¿Qué pasó para que no fuera así?

Sir Max Hastings, autor de '1914, El año de la catástrofe'

Efectivamente, eso es lo que se les decía a todos. Cuando acontece la Segunda Guerra Mundial, en Francia y Reino Unido existe una sensación de desilusión, porque había fracasado lo que se había dicho tras la Primera Guerra Mundial. Y es también por ello por lo que se crea esa visión de que existió una guerra mala y una guerra buena.

En su libro expone que uno de los principales problemas fue que al terminar el conflicto no se asumieron responsabilidades.

En Reino Unido hay una creencia de que el Tratado de Versalles de 1919 fue muy injusto hacia Alemania, pero la verdad es que intentaron hacer algo muy difícil: reconstruir el mundo. Los estudiosos de Versalles dicen que no es verdad que el tratado fuera cruel con Alemania. Por ejemplo, respecto al dinero los alemanes acabaron pagando a los franceses menos que lo que los franceses pagaron a los alemanes en 1871, además fueron obligados a desmilitarizarse, cosa que no hicieron. Los mejores académicos creen que los problemas económicos de Alemania en los años 20 y 30 que provocaron el ascenso de Hitler fueron el resultado de las desastrosas políticas económicas del gobierno de posguerra, no del tratado de Versalles.

¿Cree que los gobiernos han aceptado a posteriori esas responsabilidades?

Un corresponsal de guerra australiano escribió una vez que en Alemania en 1945 no había encontrado sentido de la culpabilidad, pero sí un gran sentido de la derrota porque los alemanes podían ver que su país había sido aplastado. En contraste, en 1918 no se había habido luchado dentro del país, por lo que no tenían una sensación real de la derrota, y por tanto tampoco una sensación de la culpabilidad.

Merece la pena decir que existe un punto en común entre la Alemania de 1914 y la de ahora. Actualmente son una gran democracia y no hay amenaza de una guerra europea, pero el continente tiene la misma preocupación que hace años: ¿cómo vivimos con un estado que es mucho más rico y poderoso que cualquier otro?

¿Una posguerra diferente hubiera evitado la Segunda Guerra Mundial?

Los historiadores es mejor que nos ciñamos a los hechos, pero lo que es cierto es que la Segunda Guerra Mundial surgió del hecho de que los alemanes no habían aceptado el veredicto militar de la primera, pero nada en la historia es inevitable.

En los libros siempre se dice que el asesinato de Francisco Fernando de Austria fue el inicio de la Primera Guerra Mundial.

Los gobiernos encuentran imposible admitir que las políticas que han estado persiguiendo durante años han sido una locura

Por supuesto eso fue el detonante, pero el terrorismo era un mal endémico en los Balcanes. A los austriacos no les gustaba Francisco Fernando y consideraron este asesinato como la mejor justificación que iban a tener nunca para aplastar a Serbia. Lo que es sorprendente no es que Austria quisiera aplastarlos, sino que los alemanes les alentaran a hacerlo. Una nación como Alemania, sofisticada, con todo a favor. Yo no creo que los alemanes quisieran una gran guerra en aquel momento, peroestaban dispuestos a arriesgarse a que ocurriera.

¿Qué hubiera ocurrido con una victoria alemana?

Hubiera sido un desastre. En 1914 eran la sociedad más avanzada de Europa. Pero tenían un gran problema, un gobierno disfuncional que iba 50 o 100 años por detrás del resto del país. Aunque había una mayoría socialista en el gobierno no tenían poder real, lo tenían el káiser y los ministros que él mismo elegía. Ellos querían dominar Europa y si hubieran ganado hubieran impuesto una paz muy brutal. La ironía de 1914 es que si Alemania no hubiera ido a la guerra, hubiera continuado con su progreso y a los 20 años estoy seguro de que hubieran dominado a Europa de todas formas.

¿Estamos condenados a repetir nuestros errores y que ocurra un conflicto de estas dimensiones en el futuro?

No creo que volvamos a ver guerras mundiales como las que vimos en el siglo XX, pero vemos crisis mundiales, y lo que sí vemos es a los líderes de Europa comportarse en la crisis del euro tan ciega y estúpidamente como lo hicieron en 1914. Les hemos visto decir cosas que sabíamos que no eran ciertas y que ellos también sabían. Por lo que, aunque no sean tan catastróficas como las guerras, hemos descubierto que los gobiernos son capaces de comportarse de manera igual de ridícula. Los gobiernos encuentran imposible admitir que las políticas que han estado persiguiendo durante años han sido una locura.

Con sus libros siempre algún sector se siente ofendido, ¿quién cree que será el que más se incomode con 1914, el año de la catástrofe?

Supongo que los alemanes, inevitablemente. Pero intento ofrecer una visión que entienda por qué la gente hizo lo que hizo. A veces en Reino Unido los críticos han dicho que tenía poco respeto hacia las leyendas británicas. En el siglo XXI no tiene sentido escribir libros si no es para mirar las cosas de la forma más honesta posible. En España sólo ahora podéis mirar hacia la Guerra Civil de forma honesta.

Portada de '1914, el año de la catástrofe'

Estoy muy agradecido por no estar allí. Este fin de semana visito a una de las familias que posee uno de los periódicos más grandes en Reino Unido, y el problema para ellos es cómo hacer dinero en el siglo XXI. Así que he sido muy afortunado en trabajar cuando hacíamos mucho dinero. Cuando empezó la Guerra del Golfo pude enviar a 12 personas, ahora tendría que mandarlos en autobús.

Eso si pudiera mandar a doce.

La mayoría de los periódicos ni siquiera tienen una plantilla tan numerosa. Cada generación tiene que solucionar sus problemas. Yo tenía 39 años cuando me hice editor del Daily Telegraph, una gran edad para lidiar con los problemas de una generación. Ahora soy terriblemente viejo para ello.

Nunca ha temido mostrar en público su opinión en temas políticos ¿Se ha visto perjudicado por ello?

Las críticas de este libro en EEUU y Reino Unido habían sido muy amables pero, de repente, un académico lo atacó ferozmente. Le dije a un amigo que estaba muy molesto por ello y él me contestó que si escribo libros que son polémicos tengo que esperar que la gente esté en desacuerdo conmigo. Lo único que puedo hacer como historiador y periodista es decir lo que pienso. Siempre va a haber gente en desacuerdo, y no hay que ser tan arrogante como para decir que yo tengo razón.

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