GRACE MORALES REVISA EN UN ENSAYO EL DEBUT DEL GRUPO DE POP MÁS GRANDE DE LA DEMOCRACIA

Mecano: maquillaje, lucha (pija) de clases y Marca España

Quizás recuerden ustedes la alucinante performance ocurrida en noviembre de 2011 cuando el locutor José Antonio Abellán anunció en exclusiva mundial el regreso de Mecano. Sus

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Mecano: maquillaje, lucha (pija) de clases y Marca España
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    Quizás recuerden ustedes la alucinante performance ocurrida en noviembre de 2011 cuando el locutor José Antonio Abellán anunció en exclusiva mundial el regreso de Mecano. Sus fans entraron en trance, el entorno del grupo desmintió la noticia y media España se tiró los trastos a la cabeza a cuenta del legado de la banda. 

    Pues escuchen lo que dice ahora Miguel Ángel Arenas ‘Capi’, descubridor de los hermanos Cano y Alejandro Sanz, en el libro sobre Mecano que ha escrito Grace Morales (Madrid, 1969) y se publica el 24 de junio: “Lo difícil es que saquen disco nuevo, sería una probabilidad de una entre cien. Han pasado muchos años y ellos están en otras cosas. Pero que vuelvan a juntarse en una serie de conciertos en estadios por el mundo, patrocinados por un banco o por la Marca España, pues sí lo pueden hacer. Pero claro, siempre que un periodista no lo arruine, como sucedió la última vez, que ya estaba cerrado y más que cerrado el regreso, que era la campaña del Banco Exterior de España, y les reventaron la exclusiva. Imagínate si mañana haces una rueda de prensa para anunciar una gira mundial de Mecano con la Marca España…”.

    Al margen de que el Banco Exterior de España no existe desde el pasado siglo (se refiere sin duda al BBVA) y de que pensar en Nacho Cano aporreando la torre de teclados para levantar España es lo más parecido a tomarse un tripi que hay ahora mismo en el mercado, el psicodrama del regreso fallido resume bien el fenómeno Mecano: 

    1. Es el grupo de pop más famoso de la democracia. 

    2. Los españoles tienen una profunda relación amor/odio con sus miembros. 

    3. Mecano y Marca España podrían pasar por sinónimos. El análisis profundo de estos tres puntos (y de muchos más) está en el fascinante ensayo de Grace Morales (Mecano 82. La construcción del mayor fenómeno del pop español) sobre los entresijos del primer disco de la banda.

    El ensayo, que publicara Lengua de Trapo en su colección Cara B, trasciende su condición de libro sobre disco para transformarse en un espejo entre realista y deformante (por su condición de revisión crítica) de la España de 1982. Morales, popularmente conocida por sus artículos en Mondo Brutto, hace varias cosas insólitas en el contexto de la crítica musical española; por ejemplo, dar importancia al sesgo de clase. “Los pocos fenómenos pop de éxito que ha habido en España, de los Brincos en adelante, han surgido de una clase social determinada: la acomodada, la que se podía permitir viajar al extranjero y comprar discos”, cuenta a El Confidencial.  

    Este enfoque no tiene nada de revisionista. Los primeros que calificaron a Mecano de “pijos” fueron los popes de la Movida, encabezados por Alaska y Nacho Canut, pioneros de la corriente de odio a Mecano que dura hasta hoy. “Ahora puede parecer pintoresco pero entonces, cuando yo era una adolescente, o eras de Alaska y los Pegamoides o eras de Mecano”, aclara Morales.

    Con el enfrentamiento Alaska/Mecano pasaba un poco como con la gran guerra española de la democracia (PP versus PSOE): en cuanto rascabas se difuminaban las diferencias. Un antagonismo que no iba mucho más allá de lo estético. “Las bandas enfrentadas venían del mismo estrato social”, aclara Morales. Por tanto, no había razones de lucha de clases para calificar de ‘pijos’ a Mecano. Las diferencias tenían que ver con la actitud: Mecano se saltó el underground (grabar maquetas, ir a los programas de radio molones) para publicar directamente en una multinacional y a todo trapo. “Su éxito instantáneo provocó envidia, aunque otros grupos de la Movida triunfarían poco después, pero quizás lo que más molestaba era su falta de autenticidad: que en las portadas de los discos salieran vestidos con ropa que nunca se pondrían en la calle, su falta de sentido del humor para reconocerlo o que no estuvieran al día musicalmente. Mecano reaccionaron mal a estas críticas y calificaron de ‘cutres’ a las otras bandas”, resume Morales.

    "Punkitos y pobres"

    Ana Torroja contraatacó en pleno fragor de la batalla pop ochentera: “De los Alaskitos te puedo decir que Nacho Canut es hijo del dentista del rey, la Alaska es hija del embajador de no-sé-donde, el Carlos Berlanga es hijo de Berlanga…. o sea, que a mí no me cuenten historias raras. Que muy bien que te apetezca pasar de la historia de que tu padre tiene mucho dinero y te apetece ser punkie-jipi, pero es evidente a la clase a la que perteneces… Yo no tengo nada en contra de ellos, si les apetece ir de punkitos y de pobres, allá ellos, lo que pasa es que si se meten conmigo tienes moralmente derecho a réplica. Te podría decir que Alaska no canta bien… y… bueno, mejor me callo…”, se recoge en el ensayo.

     

    Morales resume así las contradicciones del enfrentamiento ‘auténticos’ versus ‘pijos’: “¿En qué consistía ser ‘auténtico’? No quedaba muy claro. Todo era una cuestión muy relativa de pareceres y, sobre todo, de actitud. Es decir, que si Alaska llevaba afirmando muy seria desde niña que ella lo que quería llegar a ser era muy famosa y forrarse con la música, a nadie se le ocurría pensar que esa no era la actitud correcta en un músico auténtico, sino una soberbia petardada, pero su grupo encabezó la banda de linchamiento a Mecano, por simples razones de gusto, seguidos de un pelotón de fans enfurecidos por alguna razón (entre los que se encontraba, lo reconozco, quien firma esto)”.

    Otro aspecto que pone en duda el antagonismo Mecano/Alaska: ambos compartían una concepción de la música como experiencia estética desideologizada, característica clásica de la cultura ochentera (años de despreocupación y de no me vengas con rollos) que Mecano llevaría al extremo. La palabra clave aquí es ‘maquillaje’, nombre de uno de los primeros hits de Mecano, pero también concepto fetiche de su generación.

    Imagen apolítica

    La obsesión de la Movida por el aspecto externo y los complementos de moda sirvió de ariete de entrada a nuestra posmodernidad: larga vida a la frivolidad, muerte al compromiso ideológico. “Las pelucas, el maquillaje y el rímel forman parte obsesiva de la cultura de la época en canciones y películas, aunque quizás fueran Mecano los menos conflictivos de todos los grupos, los más inofensivos, los más aptos para todos los públicos”, resume Morales. 

    Una imagen apolítica (a estas alturas ya sabemos que apolítico es una ideología como otra cualquiera) que Mecano alimentaban cada vez que tenían oportunidad, como demuestran estas declaraciones de José María Cano a mediados de los ochenta: “Mecano ha sido desde siempre el grupo con menos idea política. Nacho y Ana son gente que pasa totalmente; lo más que pueden hacer al respecto es algún chiste”. “En casa puedes ser lo que quieras, budista, comunista, falangista, da igual…, pero en el escenario hay que ser un profesional”. 

    Lo contradictorio de este acogedor limbo posideológico es que Mecano se acabó convirtiendo en el grupo al que recurrían las altas autoridades del Estado bipartidista cada vez que había que celebrar algo, se llamara Expo 92, boda de los príncipes o candidaturas olímpicas. Tanto el PSOE como AP hicieron guiños a la banda. Las canciones de Mecano sirvieron de banda sonora a algunos de los hitos institucionales de la democracia. Que no fuera una estrategia consciente por parte de los miembros del grupo no hace sino reforzar la irresistible fuerza de lo apolítico como aglutinante político. O el consenso vía listas de venta.  

    Libertad de ocio y consumo

    “‘Maquillaje’, la saltarina, ligera e irritante apología del circo de la modernidad, podía ser interpretada como una simple historia preadolescente sin ningún tipo de contenido o mensaje provocador, que es como la leyó el público, además de sonar en absolutamente todo el país, desde los áticos y yates más exclusivos al discopaf más modesto y la terraza con botijo y sifón, pero representa también el triunfo de esa sociedad que quería libertad, pero sobre todo libertad de ocio y de consumo, y que para ello necesitaba riqueza”, se lee en el libro, prologado por el periodista Guillem Martínez.Mecano conectó de forma abrumadora con una enorme cantidad de gente en pocos meses

    La autora, al tratar de aclarar cómo un “trío debutante, sin experiencia, sin casi habérselo propuesto, se convierte en un portento comercial”, desmiente que Mecano fuera sólo un grupo para pijos. “Conectó de forma abrumadora con una enorme cantidad de gente en pocos meses. A diferencia de lo que afirman sus detractores, es un éxito interclases. Provocan entusiasmo en casi todos los estratos de la sociedad. Por supuesto, es devoción lo que tienen por ellos los pijos de la época, y quedarán como la música preferida del Príncipe, las Infantas, la jet set y la mayoría de nuestros gestores, presidentes y altos cargos cuando se formaban para tales puestos. Pero también llegaron a la burguesía de la ciudad, los colegios del extrarradio y los pueblos pequeños. El pop que ofrecen en sus primeras grabaciones, desde 1981 a 1982, es atemporal, de ese túnel sin memoria que fueron los ochenta. Puede ser interpretado bajo diversas lecturas, y así llega a casi todas partes, no solo a las clases privilegiadas, que era uno de los argumentos arrojadizos contra Mecano, eso de ‘grupo pijo para pijos’, que desde luego lo fue”.

    El armario de Mecano

    “Desprovisto en apariencia de ideología”, según Morales, Mecano irrumpió a principio de los ochenta “dispuestos a convertirse en el grupo más relevante de la música pop española”. Lo lograron a base de “ingenio, potencial y una fuerza mercantil gigantesca”. 

     

    La sociedad de 1982 los recibió “con los brazos abiertos”. Fue el inicio de un mito más allá de la música. Lo que los nuevos españoles necesitaban. La comunión democrática total: “Su pop de línea clara, repleto de canciones pegadizas, era la herramienta perfecta para ambientar esa parcela amable, moderna y de confort que muchos querían edificar sobre un espacio gris, atrasado y taciturno... Si se habían desembarazado de un pasado problemático, simplemente escondiéndolo bajo la alfombra del consenso y tropezando cada dos pasos sobre él, habría que afrontar la imparable máquina de la modernidad en suelo tan difícil con ritmos fáciles, vestidos de fantasía y letras evocadoras”. 

    Morales también afila el lápiz para describir la estética de una época. Escalofriantes son las descripciones donde se analiza la evolución del guardarropa de Mecano. Dos momentos estelares para cerrar el artículo por todo lo alto: 

    1. “Contribuyó a la leyenda la foto de la portada del primer single Hoy no me puedo levantar. El trío nos miraba desde un decorado grecorromano (en realidad, simple columna de escayola con vasija encima y un lienzo de fondo). Sólo Nacho Cano miraba de frente, con blusa de señora con lazo en el cuello, sosteniendo una bola blanca en las manos, como un Pequeño Lord (apuesto que ya con botas de tacón)… José María, detrás de ella, manos en los bolsillos, camisa de señora con puntillas y lazo, lucía unos inolvidables mocasines de ejecutivo. 

    2. “En su primer envoltorio combinan el estilo ‘de vestir’ de los grupos anglosajones de los ochenta... Pero enseguida lo adaptarán a su circunstancia: los torsos desnudos (perdición de Nacho Cano y después de José María), hasta el exhibicionismo total cultivado en el gimnasio de la segunda mitad de los ochenta hasta los años noventa, una obsesión en la que se adelantaron a Alaska y Dinarama. Con el encantamiento definitivo, mezclar el look gym con pinceladas raciales, para hacer salivar a cientos de miles de devotos hispanos de la moda hortera-rock, todos los que soñaron alguna vez con llevar a una chica guapa a lomos de un caballo por la playa: posados de flamenquito pop, melenas largas y mojadas, tacones cubanos, camisetas imperio, sombreros vaqueros, cazadoras de aviador, flecos y traje de luces para señora”.

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