UNA VERSIÓN MANGA DE 'EL CAPITAL' CULMINA EL REVIVAL DEL FILÓSOFO TRAS EL CRASH FINANCIERO

Un icono pop llamado Karl Marx

Si yo procediera a explicarles ahora mismo el significado profundo de plusvalía, acumulación originaria del capital y fetichismo de la mercancía, les arruinaría el día (sufrirían

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Un icono pop llamado Karl Marx
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Si yo procediera a explicarles ahora mismo el significado profundo de plusvalía, acumulación originaria del capital y fetichismo de la mercancía, les arruinaría el día (sufrirían un acceso de ira, arrojarían el ordenador por la ventana, pedirían mi cabeza). Pero si les cuento esto mismo recurriendo a dibujos japoneses y mamporros, igual hasta capto su atención mañanera. Todos aquellos que han sudado tinta china para comprender la diferencia entre valor de uso y valor de cambio en el tomo primero de El capital, están de enhorabuena. 

¿Está usted demasiado disperso y desbordado como para leer a Marx? No se preocupe: ya está aquí la versión manga de El capital, editada por Herger, que ya ha lanzado cómics de obras de Nietzsche, Maquiavelo y Tsun Tzu, entre otros. “Estos mangas llegan directamente traducidos del japonés. Los mangas filosóficos gozan de gran éxito en JapónEl capital. El manga vendió allí 120.000 ejemplares”, explican en la editorial. El objetivo es hacer accesible la lectura de clásicos del pensamiento.

Los protagonistas del manga marxista son muchachos como Robin, al que le asaltan “sentimientos de culpabilidad” tras fundar una fábrica donde “explota a obreros para obtener beneficios”, o Karl, que “recela de los capitalistas que imponen a los obreros duras jornadas de trabajo”. También hay sitio para que un anciano llamado Friedrich Engels explique con viñetas los problemas conceptuales de la acumulación de mercancías. En plena disertación de Engels sobre por qué la “recesión y la crisis económica siempre planean sobre una sociedad capitalista”, se aparece el espectro de Marx: “Puede que falleciera pero no estoy muerto del todo”, asegura en un comentario profético dado el actual revival de su obra.

La crisis financiera ha disparado la conversión de Marx en icono pop. El ensayista y crítico de arte Iván de la Nuez resume la actual avalancha de derivados pop marxistas: “En la última Feria del Libro de Madrid, el Manifiesto comunista (ilustrado por Fernando Vicente y editado por Nórdica) fue un éxito de ventas. En Londres, el Marxism Festival es un éxito de público. Cualquiera puede seguir un curso online sobre El capital dirigido por el geógrafo David Harvey

En la cuerda de Tiempos modernos, de Chaplin, corre por Internet una versión de Walt Disney del Manifiesto Comunista. Un poeta cubano, Carlos Aguilera, tiene un amargo y poco comunista poemario titulado Das Kapital y así se llama la novela de John Lancaster sobre el Londres del siglo XXI [recientemente editada por Anagrama]. Son varios los artistas que han reciclado visualmente a Marx como icono. Y no conviene olvidar que filmar El capital con guión de Joyce, el sueño irrealizable de Eisenstein, fue retomado finalmente por Alexander Kluge en 2008”.

En efecto, ya sólo falta que alguien haga un musical de El capital en la Gran Vía, ¿verdad? Pues llegaría tarde: el Centro de Artes Dramáticas de Shangai estrenó uno en 2010 logrando la proeza de transformar el concepto de ‘plusvalía’ en espectáculo con aroma a Broadway. Dirigido por He Nian, narraba las desventuras de un grupo de trabajadores explotados que dudan entre mirar hacia otro lado, negociar con su empresa o montar un quilombo.La crisis financiera ha disparado la conversión de Marx en icono pop

Pero no se vayan todavía porque aún hay más: “Hasta el Sparkasse Bank ha lanzado una tarjeta de crédito MasterCard con el rostro de Marx. ¿Una Marxtercard?”, se pregunta De la Nuez, que en septiembre publicará el ensayo El comunista manifiesto en Galaxia Gutenberg. El texto, subtitulado Un fantasma vuelve a recorrer el mundo, gira en torno a la siguiente premisa: “Los grandes hechos ocurren, como si dijéramos, dos veces en la historia: la primera como tragedia, la segunda como farsa. Gracias al retorno cíclico de los acontecimientos, esta frase de Marx ha permanecido infalible. Hay, quizá, una tercera posibilidad para los grandes hechos: la de suceder como estética. Esa eventualidad cruza este libro”.

Banalización o propagación

Una vez que Marx se ha convertido en el protagonista de un musical y en el rostro de una tarjeta de crédito (no así en el economista favorito de la Troika, donde con mentar a Keynes de vez en cuando para aplacar la furia callejera tienen suficiente hoy) quizás habría que preguntarse si su conversión en icono pop al calor de la crisis supone una asimilación, una banalización o una propagación de su discurso.

“Las tres opciones están sucediendo ahora mismo, aunque comparado con otros iconos, el tratamiento de Marx me ha parecido, por el momento, más sofisticado. Lo no quita sus momentos frívolos. Creo que la conversión en icono pop es, en cualquier caso, imparable y no hace otra cosa que confirmar su análisis de la mercancía como fetiche por excelencia del capitalismo. Me parece necesario apuntar que la banalización de Marx comenzó bajo el comunismo, donde sus libros e ideas fueron trivializados en los manuales y se dejó a un lado su complejidad en aras de la uniformidad”, razona Iván de la Nuez.

César Rendueles, autor de una reciente antología de El capital (Alianza, 2011), cree que este hito de la macroeconomía mundial puede aguantar bien su transformación en artefacto pop: “Seguramente la conversión en icono banaliza cualquier libro, El capital, el Tractatus o Juego de tronos. Dicho esto, la verdad es que El capital es una obra muy heterogénea. En ella hay economía, pero también especulación filosófica, crítica política, sociología y bastante historia. 

Precisamente creo que los análisis históricos de El capital se pueden traducir sin mucho problema a un discurso popular e inteligible. Pienso, por ejemplo, en los capítulos que dedica Marx a la desposesión de los campesinos de sus medios de vida, a las condiciones de vida en las fábricas, etc. En cambio, me da bastante grima la conversión de algunos pasajes muy técnicos en eslóganes resultones (lo del fetichismo de la mercancía y cosas así). Pero, vamos, incluso eso me parece preferible a la película narcótica de Kluge sobre El capital”.  

Impacto creciente de la obra de Marx

De lo que pocos dudan es del creciente impacto cultural de Marx. “Desde luego es muy grande, si bien suele tratarse de un impacto diferido o de un sonido remezclado, pues nos llega a través de intérpretes o comentaristas. En sociología, la reconsideración de la vida íntima como producción ideológica es una perspectiva que Marx había abierto, pero que no alcanzó un desarrollo sistemático hasta la obra de Raymond Williams. En el ámbito de las letras, la polaridad entre autores ‘comprometidos’ y ‘esteticistas’, muy en boga, también tiene más que ver con la programática de Lukács que con la prospectiva de Marx, aun cuando él sea continuamente invocado en ese contexto. Ante la fractura social y la crisis de esta magnitud, no es difícil que se engrandezca la impronta de Marx

Y en el terreno del arte hay un sector amplio de la creación actual que podría verse, si no directamente como un trabajo marxista, sí como un intento, especulativo, de hacer, en estudios y en galerías, el libro que Deleuze proyectó y que dejó inacabado al morir, y que se hubiera titulado La Grandeur de Marx”, resume Eloy Fernández Porta, autor de ensayos como Emociónese aquí y Premio Anagrama de Ensayo.

“Marx no ha alcanzado la influencia de Wittgenstein en la novela ni la de Orwell en el cine. Aún así, su impacto en la cultura contemporánea es creciente. No sé si por méritos propios o por la situación social, pero ante un presente de fractura social y una crisis de esta magnitud, no es difícil que se engrandezca la impronta del crítico más ilustre que ha tenido el capitalismo”, aclara Iván de la Nuez.

Cabría pensar, por tanto, que los motivos que han llevado a El capital a ponerse de moda otra vez tengan que ver con su capacidad para iluminar el presente. ¿O no? “Su principal virtud es también su limitación más importante. Marx incorpora a su teoría procesos sociales e históricos que la economía estándar considera que exceden su campo de estudio. Eso condiciona su exactitud -tampoco es que la economía ortodoxa ande sobrada de ella- pero permite una comprensión mucho más cabal de la arquitectura profunda de nuestras sociedades. Además, Marx vincula ese análisis con estrategias prácticas de transformación política. Así que yo diría que su teoría sigue siendo una fuente de utilidades conceptuales muy importante”, explica Rendueles.

Antiguo pero actual

No obstante, no deja de ser paradójico que un estudio anclado en la realidad económica del siglo XIX se haya convertido en un hito del siglo XXI. Rendueles admite que pasa “algo extraño” con El Capital: “Marx estudia una realidad, el capitalismo, que en el siglo diecinueve era aún relativamente marginal y que sólo hoy se ha consolidado como hegemónica. Así que se da  la paradoja de que su descripción de la sociedad capitalista se corresponde cada vez menos con la nuestra pero, al mismo tiempo, su teoría resulta cada vez más explicativa”.

Hay un sketch clásico de los Monty Python en el que someten a Karl Marx y a otros titanes del comunismo mundial a la siguiente tortura: le llevan a un concurso de televisión y en lugar de preguntarle por la plusvalía le interrogan sobre apodos de equipos de fútbol. Se queda entre estupefacto y mudo, claro. La parodia como choque de contrarios. En efecto, nadie hubiera creído en su día que el rígido Marx tuviera la suficiente cintura como para desenvolverse entre las banalidades de nuestra época pop. Hasta que el crash financiero le sacudió la caspa de encima y le convirtió otra vez en el más moderno.

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