EL GUITARRISTA DE LOQUILLO PUBLICA 'EL ARTE DE MENTIR', UN DESCARNADO RETRATO DEL ROCK

"Cualquier paleto que se cuelga una guitarra cree que está contra el mundo"

A pesar de su juventud, Igor Paskual (Gijón, 1975) puede presumir de una extensa trayectoria. Comenzó a grabar en los noventa con el Babylon Chàt, un

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"Cualquier paleto que se cuelga una guitarra cree que está contra el mundo"
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    A pesar de su juventud, Igor Paskual (Gijón, 1975) puede presumir de una extensa trayectoria. Comenzó a grabar en los noventa con el Babylon Chàt, un grupo glam-rock que nadaba contracorriente de la fiebre indie. En 2002 se le abren las puertas de los grandes recintos cuando Loquillo le recluta como guitarrista de su grupo, para el que también compone. Su último lanzamiento discográfico es Equilibrio inestable, primer álbum que firma con su nombre. Licenciado en historia del arte, ha realizado una investigación sobre la función social de los estadios de fútbol. Hace pocas semanas publicó El arte de mentir (Difácil), unas crudas memorias que ayudan a comprender los rituales del rock en nuestro país. 

    En tu libro cuestionas a Tom Waits, uno de los artistas más venerados por la crítica. Consideras su enfoque “clasista” y “colonialista”.  ¿En qué momento empezaste a pensar que su prestigio no estaba justificado?

    Le escuchaba desde jovencito, pero un día leí una entrevista en la revista Primera Línea y una pregunta decía algo así: “¿Cómo te sientes cantando cosas de gente de clase baja cuando tu público es universitario, blanco y de clase media alta?”. De repente, descubrí que en el meollo de hacer canciones había más miga de la que parecía, ya que el periodista entraba en cuestiones éticas y socioculturales. No bastaba sólo con cantar, tu actividad implica más cosas. Ante esa pregunta, Tom Waits salió por peteneras, algo que a veces también hace Dylan y, sobre todo, Lou Reed. Después de la entrevista nunca más pude volver a escuchar igual a Waits. Cuidado, lo fui a ver en directo y está muy bien, un sonidazo tremendo, muy buen concierto, puro show business americano, no hay tanta diferencia con Mötley Crüe por ejemplo. Saben muy bien lo que están vendiendo. 

    Cuando pasó todo esto debió de ser en la época del disco Bone Machine que  me gustó mucho. Pero te digo más: ¿te acuerdas de Mi Idaho Privado, la película de Gus Van Sant? Yo era muy fan de River Phoenix y leyendo un libro suyo contaba que para rodar esa película se iban a las zonas donde se prostituían los chaperos para copiarles los gestos y hacer la película más verosímil. Pues me pasó exactamente lo mismo que con Tom Waits. Esto que te voy a contar podía haber sido otro capítulo de mi libro, pero en aquella época sentí que no era merecedor de ver esa película, que era inmoral que un director emplease recursos de gente que lo pasa mal para empaquetarlo y venderlo a universitarios gafapasta. Así que me dije que para poder volver a verla tenía que tener valor para hacer de chapero por lo menos una vez. Te puedes imaginar el resto. Es complicado lo que me pasa con estas cosas...y, además, con esas dos en concreto. Y sí, en el círculos musicales piensan que no soy respetuoso pero yo creo que lo soy más que nadie, sólo que a veces hay que arrojar otra luz sobre las cosas y plantear ciertas dudas. En cambio, muchos amigos músicos se meten con una facilidad increíble con todo un Paul McCartney, por ejemplo. Me parece muy injusto.

    También te atreves a entrar en el terreno político. Criticas a Margaret Thatcher, pero muestras admiración por el multimillonario Richard Branson (autor del lema Pásalo bien y el dinero llegará solo). ¿Ves posible que un empresario sea modelo de conducta para un rockero?

    Bueno, la canción favorita de Thatcher era Telstar y no por eso vamos a denigrar a Joe Meek. Desgraciadamente, uno no siempre elige a sus fans. Richard Branson ya hacía negocios de una forma muy imaginativa muchos años antes de que Thatcher llegase a primera ministra. Los que se hicieron millonarios en los años ochenta al albur de estos ultraconservadores no fueron gente como Branson, sino los que se dedicaron a actividades especulativas aprovechando la desregularización del mercado. Pasó también en Estados Unidoss y, por supuesto, en España, con la llamada "cultura del pelotazo". Branson no se dedica al buitreo financiero. Yo lo que admiro es a la gente con cojones. Un buen empresario puede ser un modelo, por supuesto que sí. En el mundo del rock he conocido gente genial pero también auténticos cafres, descerebrados y verdaderas basuras humanas. Así que a veces hay que buscar los referentes fuera del mundillo artístico por una cuestión de salud mental. Para mí un buen empresario, que trate bien a sus empleados, es alguien de izquierdas, puesto que crea riqueza y trabajo en tu comunidad. De hecho, en el mismo instante que montas un grupo y empiezas a tocar fuera de tu ciudad ya eres un aprendiz de empresario. Supongo que mi visión está muy condicionada porque he vivido casi toda mi vida en Asturias, un lugar que durante décadas se basó en grandes sectores estatales como la minería, la siderurgia y los astilleros y se creó un poco esa cosa de "si la empresa va bien pues genial y si da pérdidas que la pasta la ponga el Estado", que es lo que luego ha pasado con los bancos.  Asturias ha recibido de Europa cantidades de dinero casi obscenas y no sólo no se ha creado nada sino que se miraba fatal a todos los que querían hacer cosas. Ser emprendedor, como se dice ahora, era ir a contracorriente.

    Hablemos claro: ¿el rock es un género de derechas?

    Hay que ser más reflexivos al hablar de estas cosas. ¿Es de izquierdas que un minero reivindique una prejubilación a los 42 años? Con la mano en el corazón, yo digo que no. Eso no es justo y si no es justo no es de izquierdas. ¿Por qué la gente o se solidariza al instante cualquier reivindicación minera? Pues porque hacen un empleo magistral de los símbolos obreros con una puesta en escena  cargada de una gran emotividad. Y ese poder generado por la imagen hace que no nos paremos a pensar qué es lo que sucede con las cosas. Pasa con todo, durante años nos dijeron que gente como Rato eran grandes economistas y ellos iban con su pinta de saber y luego resulta que, dicho por el propio FMI, era un puto paquete. También detesto al modelo de empresario que depende muchísimo de la obra pública o esos constructores que piensan que están levantando el país y se pasan el día cargando contra los funcionarios cuando son ellos, precisamente, los que se han hecho millonarios con el dinero de todos. Margaret Thatcher era una ignorante que trajo la ruina a ese país que tanto la quiso y tantas veces la votó, un poco como lo que está pasando en España. Y de Branson hay mucho que aprender.

    ¿Te parece lógico que Loquillo grabe discos de homenaje a la CNT y luego anuncie La Vanguardia y el Banco de Sabadell ?

    El Loco es la versión rock del Pijoaparte de Marsé, con todo lo bueno y lo malo. Y ha comprendido muy bien una cosa: que el rock es un producto capitalista de primer orden, que hay una pasta para ganar y él que quiere su parte. Ha comprendido que vende sueños y una serie de valores y que, además, quiere cobrarlos. ¿Cómo consigue apoyar a la CNT, ser el más rock y luego hacer un anuncio para el Sabadell? Supongo que gracias a un fabuloso empleo de los símbolos y de su propia imagen, supongo que por eso es tan fan de Kennedy. En principio, me parece incompatible decir unas cosas y hacer otras. Ahora bien, hasta que no te ves en esa tesitura no sabes qué es lo que vas a hacer. En el sofá de casa siempre he soñado con ser Gary Cooper en "Sólo ante el peligro" y salvar yo sólo al pueblo de los bandidos pero, a la hora de la verdad, es muy difícil ser un héroe. Y además, la industria musical de este país es tan nimia, tan inestable, que, a veces, hacer un anuncio de estos te da una pasta que te permite hacer discos sin comprometer tu propuesta artística, tener una mejor escenografía, pagar mejor a la gente que trabaja contigo... Me resulta difícil juzgar. En la teoría no está bien pero las realidades a veces te obligan a llegar a ciertos compromisos con cosas que preferirías no hacer. Es como esos amigos tuyos que te echan en cara que seas infiel pero ellos no los son porque nunca se han visto en esa situación. Yo siempre les respondo que si estuvieran a las tres de la mañana a mil kilómetros de su casa, con tres copas de más, después de haber tocado para cinco mil personas con el subidón de adrenalina que supone eso y se les acercara una chica guapísima... Vamos hombre, no me jodas. Todo es demasiado complejo, el otro día estaba viendo una manifestación de trabajadores de la fábrica de armas en Trubia porque van a despedir a mucha gente, tío son demasiadas familias... Pero, a la vez, pensaba en la cantidad de familias que mueren por esas armas que salen de esa fábrica.

    ¿Con qué te quedas, entonces?

    Por desgracia, cuando hablamos de pasta nada es sencillo. Tampoco hay que olvidar que el rock no nació como contestación al sistema, sino como algo que emocionaba, hacía bailar o servía para divertirse. La cuestión de oponerse al sistema y estar con los oprimidos deriva del folk. Rebeldía es casi una palabra opuesta a revolución y cualquier cateto que se cuelga una guitarra se cree que está contra el mundo pero en realidad está sólo a favor de sí mismo. Lo que pasa es que el rock me ha dado tanto, me emociona tanto que me niego a pensar que sólo sea un bien de consumo más, pero es posible que me equivoque. Y es que el rock en sí mismo no es nada, es un sonido y somos nosotros, los que hacemos rock and roll, los que podemos emplearlo de muchas formas. Me resulta muy difícil saber si el rock ayuda a perpetuar injusticias o si está en disposición de cambiarlas. Por ejemplo a veces me llega gente después de un concierto y me dice "cuando veo un concierto tuyo, ese rato me olvido de todo, me olvido de mi puta vida" y, aunque por un lado es bonito pensar que ayudas a olvidar, por otra parte me gustaría que la vida de la gente fuera mejor y que me dijeran que gracias a una canción mía o con la energía de un concierto pues cambiaron las cosas horribles de sus vidas. En fin, puede que ocupemos un lugar intermedio entre el ocio y la salvación.

    Otra frase impactante del libro “Que una chica te haga una felación en un camerino es el acto supremo de capitalismo”. ¿Nos lo explicas un poco?  

    Me parece un símbolo bastante aproximado de lo que es el rock. Y más que el rock, el poder. No te diría que el rock es de derechas del todo pero tiende a ser conservador, con sus propios ritos para empezar, que a mí me gustan mucho. Es conservador con  su propio panteón de dioses. Además en cuanto consigues un poco de éxito quieres conservarlo, como todos. El rock reproduce los defectos del sistema, vamos que, aunque de otra forma, reproduce los mismos esquemas que el mundo normal, el macho alfa es el macho alfa y todas esas cosas. Yo creo que una chica chupando una polla en el camerino es la representación de que cualquier cateto con suerte puede tener a quien quiera y que no es el erotismo lo que a veces lleva al sexo, sino que es el poder  lo que genera lo erótico. Yo lo he disfrutado muchas veces, sobre todo con Babylon Chàt, que además era muy bonito porque no éramos muy conocidos y sentías que a la gente le encantaba tu música. Lo poderoso de la imagen no es que alguien te la chupe sino dónde te la chupa, el camerino es como el sancta sanctorum, el lugar sagrado donde hay que acceder.  Más que capitalista, es una imagen patriarcal.

    Recuerdas que en los camerinos presentabas a tus amantes femeninas, pero eras discreto cuando te acostabas con un chico. ¿Hay homofobia en el rock español?  

    Mmm. Quizá eso sea más por pudor mío que por otra cosa. No es que en algunos ambientes se esté directamente en contra de lo homosexual o lo bisexual pero como es algo que se trata tan poco, a mucha gente le resulta raro o incómodo y no saben hablarlo con cierta naturalidad así que yo procuro evitar referencias explícitas a ese asunto. El ambiente rock, al menos en el que yo me muevo, creo que es tolerante, no así el del fútbol. Donde sí sufrí el rechazo hacia lo sexualmente ambiguo fue en algunos sitios con Babylon Chàt, en pueblos pequeños, o con algunos grupos de rock cateto de Oviedo que eran lo peor. Los noventa, al menos la segunda mitad, que fue la que yo viví con más intensidad, fueron muy conservadores, como si España hubiera sufrido una regresión, parecía más tolerante pero nada. Todos querían su piso, su colegio privado y una chacha sudamericana.

    Babylon Chàt eran de los pocos grupos de rock capaces de atraer al público femenino. ¿Qué ofrecíais  que no supieran los demás? 

    El rock, en general, dejó de lado la parte negra (digamos “el roll”) y se hizo algo más duro. Y claro, el público no se siente seducido sino agredido. Yo había escuchado mucho rockabilly y tenía muy claro que ese elemento sexual o más años cincuenta tenía que estar ahí. En España, demás, se juntó esa forma de hacer rock tan ibérica con un pudor tremendo a la hora de expresarse en términos líricos y melódicos. Cuesta horrores encontrar una banda de rock que te haga una buena melodía, es como si ser melódico o escribir una letra medio decente fuese de blandengues o algo así. Y así no hay forma de llegar a nadie.  Y mucho menos a las chicas que pasan de estar en un concierto rodeadas de melenudos sudorosos, recibiendo codazos con cuatro borrachos entrándote cada poco. Lo sí que triunfó en España de modo masivo es el pop disfrazado de rock, eso aquí gusta una barbaridad porque no asusta. Es como ir a Disney. Aquí el rock de verdad es totalmente underground por motivos culturales y también de difusión, así que una banda como Babylon Chàt atrajéramos a chicas a los conciertos era todo un milagro.

    Siempre has defendido la música como fuente alegría, frente a una crítica musical que se toma más en serio a los artistas torturados, depresivos y melancólicos. ¿Tiene arreglo esta disfunción?  

    La culpa es del mito del artista romántico, construido a partir de personajes como Van Gogh, que en su tiempo sí tuvieron un sentido y una razón. Ahora ya no es un mito tan válido, pero periodísticamente es muy agradecido y ha calado en el imaginario popular. Ya sabes, ese estúpido tópico que dice que el creador tiene que sufrir por su arte. De hecho, aquí hasta el más tonto puede forrarse pero, si alguien que se dedique a cualquier actividad cultural gana unos millones ya es mirado de forma sospechosa. La felicidad, además, está muy mal valorada, se la ha degradado junto con la risa y la alegría. Lo que mola es el rictus serio y la actitud cínica poniendo cara de estar de vuelta de todo. La culpa de eso supongo que la tuvieron muchos intelectuales que se creían muy listos pero como vieron que no eran felices empezaron a cargar contra la gente que ellos consideraban inculta pero que sonreían. De ahí debieron partir esos dichos falsos y engañosos como: "felices sólo son los tontos" y cosas así. Además el rock, a partir de mediados de los sesenta, empezó, y con razón, a ser considerado como una expresión artística de primer orden y a partir de ese momento, un músico, un crítico o un fan experto ya no hablaba de lo que le emocionaba sino de lo que era interesante. Por ejemplo, los fans de los Beatles citan como obras cumbre A day in the Life o Strawberry Fields y no She Loves You cuando realmente fue esta canción, junto I Wanna Hold Your Hand, la que cambió el mundo, la que hizo que la vida de mucha gente pasara de ser en blanco y negro a color. Y compositivamente es increíble. Pero claro, transmite entusiamo, alegría de vivir y eso no es una categoría elevada. Para mí A Hard Day´s Night es el mejor disco de los Beatles, más aún que Revolver, que es alunciante aunque a mí me impresiona esa llamada a la vida de A Hard Days Night. La gente feliz o que transmite alegría debería ser muy admirada porque ser feliz requiere un esfuerzo, y estar triste ninguno. Basta con dejarse llevar.

    Dices que “los feos hacen indie y los guapos rock and roll”. ¿De dónde sale esta teoría? (que, por cierto, responde bastante a la realidad)  

    Empezó como una broma porque cada vez que miraba la revista Rock de Lux pensaba “esto es una puta broma”. Cuando iba a Barcelona y mis amigas guays me llevaban a estos sitios de Gracia yo flipaba, todos vestidos como sus abuelas. Los indies estaban en contra de muchos de tópicos del rock como la expresividad sexual agresiva y exagerada y eso permitió que tipos sin carisma ni encanto pudieran encontrar su sitio en un escenario. Error. Es un poco como el mundo del cantautores que me recuerdan a esos del instituto que se ponían suaves y blanditos y hacían que escuchaban a las chicas y están pensando en meter la polla. Ya sabes, "hola soy cantautor, sufro mucho, soy muy sensible, tus ojos son como la luna...¿follamos?". "Hola soy indie, no sé afinar, no sé tocar, no sé cantar pero tengo un grupo que salimos en una lista de Rock de Lux ¿Follamos?". En general el indie español ha sido una gran decepción, no trajeron otro orden de cosas ni éticas ni estéticas. Fueron lo mismo de toda la vida pero en malo y en feo.

    En el libro reconoces el narcisismo terminal que marcó tu juventud. ¿Es ese narcisismo el combustible natural del rock and roll o el mayor obstáculo para que avance el género?

    Lo ideal sería combinar el narcisismo con la autocrítica. Creo que mi ego me ayudó en la primera etapa de mi carrera para compensar cierta falta de experiencia. Pero si luego no sabes ver tus defectos es imposible que puedas mejorar y el narcisismo se convierte en un obstáculo. Tampoco hay que confundir la seguridad en uno mismo con el ego. Conozco demasiada gente en los ambientes artísticos con un ego descomunal pero que luego es muy insegura y son seres completamente insufribles. En el mundo de la música es muy complicado tener los pies en la tierra porque si te va bien todo el mundo te hace una pelota que no veas. Hay que tener mucho cuidado porque te puedes volver muy tonto. Cuando las cosas no te van bien pues tienes que seguir apostando por lo que crees pese a que las críticas o las ventas no te acompañen pero sin dejar de mirar los errores que estés cometiendo. No es fácil mantener esa distancia con tu propia situación, es recomendable estar bien rodeado de gente de confianza porque ser más o menos objetivo con uno mismo es casi imposible. Más allá de narcisismos, el rock en este país es muy autocomplaciente y encontrar a alguien como Springsteen que se cuestionaba cada disco con una dureza casi autodestructiva es casi un milagro.
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