SE PUBLICA 'LOS HEMINGWAY, UNA FAMILIA SINGULAR'

El sexo de los Hemingway

Cuando en 1986, 25 años después del suicidio de Ernest Hemingway, se publicó The garden of Eden (El jardín del Edén), los lectores del paradigma mundial

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El sexo de los Hemingway
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    Cuando en 1986, 25 años después del suicidio de Ernest Hemingway, se publicó The garden of Eden (El jardín del Edén), los lectores del paradigma mundial de la virilidad, el safari y el toro se quedaron enormemente asombrados. No era un libro heroico, ni estoico. Era un libro erótico. De un erotismo muy explícito y cargado de ambigüedad sexual. El escritor macho escribiendo sobre su fascinación por la androginia y la homosexualidad.

    Un joven escritor y su esposa celebran el éxito del primer libro de aquel pasando una temporada en Francia. Y Catherine va sorprendiendo a David con su empeño en subvertir los roles de la cama: “¿Quieres cambiar y ser mi chica y dejar que te tome?”. David acepta y se convierte en Catherine.

    Si Hemingway hubiera publicado esta novela cuando la concibió, en 1946, no solo se hubiera tenido que enfrentar a la censura, sino a la destrucción de su propio mito.

    Planeta acaba de editar en España Los Hemingway, una familia singular, escrita por John Hemingway, el nieto del autor. Un libro a caballo entre lo memorialístico, la crítica psicoanalítica y el género epistolar. Un libro que se podría haber titulado El sexo de los Hemingway.

    El verdadero protagonista de la obra de John Hemingway no es Ernest, sino su hijo pequeño Gregory Hancock. En Islands in the Stream (obra póstuma publicada en 1970 con el título español de Islas a la deriva), el alter ego de Hemingway, Thomas Hudson, describe así al menor de sus chavales: “Era un pequeño diablo, que endemoniaba a sus hermanos, con una parte perversa que solo Thomas Hudson comprendía”.

    Ernest Hemingway, sostiene su nieto, comprendía a Greg, padre del autor de Una familia singular. El macho de las letras había sorprendido ya en 1943 a su hijo de doce años luciendo ante un espejo los pantis de su madre. John apunta que quizá no sea casual que Ernest iniciara la redacción de El jardín del Edén tres años después.

    Las aficiones travestis de Greg continuaron durante toda su vida. Siendo médico en la pequeña localidad de Missoula, Montana, olvidaba por las noches su hipocrática dignidad, se plantaba una peluca, unas medias, una falda y unos tacones y se iba a los bares de camioneros y agricultores a tomarse unas copas. Los pueblerinos acabaron aceptándolo. Greg, además, de día era un seductor de mujeres, un tío atractivo, ingenioso y locuaz. Greg no era homosexual, asegura su hijo. Sencillamente necesitaba vestirse de mujer, algo que comprendían tanto sus hijos como su padre y demás familia. Sobre todo su padre, al que en ocasiones Greg llamaba “querida Ernestina”.

    Hasta aquí puede parecer que el libro de John Hemingway es un asqueroso ventilador de las intimidades de la familia para seguir haciendo dólares a costa de la marca Hemingway. Nada más lejos de la intención del autor. El propio Greg ya había explotado ese filón décadas atrás con sus propias memorias.

    El libro de John Hemingway es un libro sobre el trastorno bipolar, una enfermedad hereditaria que afectó a varios de los miembros de la familia y que explica la tendencia generalizada al suicidio del famoso clan (Clarence, padre de Ernest; el propio escritor, su hermana Úrsula, su nieta Margot…). Greg no se suicidó. Sencillamente, al final de su vida se sometió a una operación de cambio de sexo para reconciliarse consigo mismo. Y continuó casado, hasta el final de sus días en 2001, con su esposa Ida Mae Galliher. Greg se vestía de mujer porque estaba enfermo. Era la expresión de sus fases maniacas.

    Extraño libro el de John Hemingway. Incluso excéntrico. Examen de conciencia genealógica sin moralina, más o menos bien escrito, que viene a continuar una saga que se antoja interminable. La afición al suicidio de los Hemingway es solo comparable a su predisposición a escribir memorias y biografías: el hermano Leicester, el hijo Greg, la prima Hillary, la esposa Mary Welsh, ahora el nieto John…

    Quizá para el crítico literario este sea un libro prescindible, inane, salvo por la inclusión de alguna carta inédita y la confirmación de que los herederos de Ernest Hemingway trastocaron el final de El jardín del Edén para mantener el mito macho. Pero es un libro que suena sincero. Un adjetivo que, según Ernest Hemingway, era imprescindible para todo aquel que quiera escribir buena literatura.
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