Miguel Delibes, el ecologista de las letras
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EL ESCRITOR VALLISOLETANO NOS DEJÓ EL PASADO MES DE MAYO

Miguel Delibes, el ecologista de las letras

“Aunque viví hasta el 2000..., el escritor Miguel Delibes murió en Madrid el 21 de mayo de 1998, en la mesa de operaciones de la clínica

Foto: Miguel Delibes, el ecologista de las letras
Miguel Delibes, el ecologista de las letras

“Aunque viví hasta el 2000..., el escritor Miguel Delibes murió en Madrid el 21 de mayo de 1998, en la mesa de operaciones de la clínica La Luz. Esto es, los últimos años literariamente no le sirvieron de nada.” Técnicamente falleció el 19 de octubre de 2010, pero él mismo escribió estas líneas tras su operación del año 1998. “En el quirófano entró un hombre inteligente y salió un lerdo. Imposible volver a escribir”, aseguraba el escritor vallisoletano en el volumen I de las Obras completas de Miguel Delibes. Era su muerte literaria.

A pesar de esa defunción en el mundo de las letras, de esos últimos doce años sin verse capaz de empuñar la pluma, Delibes dejó una profunda huella en la literatura española del siglo XX, un rastro que huele a campo y sabe a caza.

Nacido en Valladolid el 17 de octubre de 1920, Delibes disfrutó de una vida literaria envidiable para muchos escritores consagrados. Con su primera novela, La sombra del ciprés es alargada, consiguió el Premio Nadal en 1948 y emprendió un camino que le llevaría hasta todos los premios importantes de las letras españolas y lo convertiría en un clásico de las estanterías de todos los hogares.

“Las cosas podían haber acaecido de cualquier otra manera y, sin embargo, sucedieron así”. Así es como comienza una de las novelas más conocidas del vallisoletano, El Camino, un delicioso viaje a través de la adolescencia de su entrañable protagonista, El mochuelo, un niño del campo con el que se podría haber identificado media España por aquel entonces.

Más allá de su faceta como novelista la destreza de la pluma de Delibes le llevó hasta el periodismo y le colocó en el  periódico El Norte de Castilla, del que fue subdirector desde 1952 y director a partir de 1958. Para él fue un altavoz con el cual poner en relieve su querido medio rural castellano, lo que le llevó a enfrentarse con el régimen y la censura reinantes, viéndose obligado a dimitir de su cargo en 1963. A pesar de estas dificultades no cejó en su empeño de denunciar la postración de su tierra y, cuando ya no pudo hacerlo desde el periódico, lo hizo  desde la narrativa. De ese ahínco nació su novela Las ratas (1962), una  verdadera epopeya novelada de la tragedia del campo castellano. Delibes comenzó siendo un campesino amante del estilo de vida del medio rural, de la naturaleza, y con el devenir de los tiempos y las modas terminó convirtiéndose en un moderno ejemplo de ecologista comprometido.

En sus siguientes obras seguiría imprimiendo el carácter y la orografía castellana como si en vez de palabras dibujara mapas, como dijo de él Rodríguez Marcos, “con una literatura sencilla y un lenguaje cristalino, con los que consiguió sin pretenderlo que se hablara de la Castilla de Delibes como se habla de la Praga de Kafka o del Dublín de Joyce”.

En 1973, Miguel Delibes fue elegido miembro de la Real Academia de la Lengua, ocupando el sillón e minúscula. Poco después sufriría el mayor golpe de su vida: la muerte de su adorada esposa Ángeles, a la que había calificado como su “equilibrio” y la “mejor mitad de mí mismo”. Le rendiría un sentido homenaje diecisiete años más tarde al publicar Señora de rojo sobre fondo gris (1991), una novela en la que evocaba la singular figura de esa media mitad.

Tras esas ratas de la reivindicación castellana vinieron Cinco horas con Mario, Los santos inocentes, El príncipe destronado…y muchas otras obras que le fueron guiando, poco a poco, hasta su última gran creación, El hereje, un alegato a favor de la libertad de conciencia que le valió el Premio Nacional de la Literatura en 1998.

Era la guinda de un delicioso pastel plagado de reconocimientos: el Príncipe de Asturias, en 1982; el premio de las Letras de Castilla y León, en 1984; el de las Letras Españolas, en 1991; y dos años más tarde, en 1993, el Premio Cervantes, el más prestigioso galardón para escritores de habla hispana. Su discurso de aceptación del premio ha sido considerado como uno de los más bellos y profundos de cuantos se hayan pronunciado en el Paraninfo de la Universidad de Alcalá de Henares.

Todos estos premios endulzaron su vida pero no consiguieron borrar del todo su amargura final de no poder escribir tras superar un cáncer de colon. Entonces, un ya anciano Delibes, anunció que colgaba los trastos de escribir”, aunque después de eso aún tuvo fuerzas para recuperarlos y escribir algún que otro artículo periodístico y un par de cuentos.

Su fallecimiento causó un amargo dolor en el mundo cultural, en los ojos de sus lectores, en el corazón de quienes lo conocieron y dejó huérfana a Castilla. Como dijo el ex director de la Real Academia Española, Víctor García de la Concha, “toda Castilla gravita en las páginas de Miguel Delibes”, una Castilla que llora a su naturalista.

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