La generación perdida, por R. Albala Martínez
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La generación perdida, por R. Albala Martínez

Estamos en una situación de 'erosión democrática' común al resto de las democracias de nuestro entorno y cuyas consecuencias se dejarán observar en los próximos años

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Imagen: Rocío Márquez.

Estimado Director,

No puedo por menos que establecer un claro paralelismo entre mi quehacer diario y la situación de nuestro país. Cualquier persona que ejerza su función en el ámbito del mantenimiento industrial puede corroborar estas premisas:

• Los problemas no se arreglan solos.
• No existe el equilibrio permanente, todo evoluciona por sí solo hacia una peor situación.
• Ocultar o aplazar los problemas no son soluciones.
• El mantenimiento requiere de planificación y no improvisación.
• Si no analizas adecuadamente un problema, no encontrarás la solución adecuada.
• La mejora continua no es cambiar las cosas, sino mejorar las existentes.
• La detección temprana de anomalías requiere de un profundo conocimiento y altas dosis de observación y análisis. De lo contrario, se corre el riesgo de escalar gravemente los problemas.
• La lenta actuación de agentes ambientales (hidratación, corrosión...) no apreciables en el día a día, genera unos efectos a largo plazo que suelen hacerse visibles de forma catastrófica.
• Los equipos pueden adaptarse a las 'nuevas condiciones' mediante su actualización.

Estamos en una situación de 'erosión democrática' común al resto de las democracias occidentales de nuestro entorno y cuyas consecuencias se dejarán observar, con más intensidad, en los próximos años debido a la perdida de entusiasmo democrático de una parte significativa de la población y al aumento de la conflictividad social, producto del deterioro económico.

Actualmente, ese proceso de erosión se evidencia en una tendencia creciente a criticar y menospreciar el marco de constitucional que ha sido válido y eficaz en España para permitir la convivencia y el crecimiento económico de nuestro país. Pero, ¿qué porcentaje de ciudadanos se sentirán representados por este marco constitucional dentro de 10 años? ¿Y dentro de 20?

Por ello, ante estas nuevas condiciones presentes y futuras, es necesario valorar y planificar el camino que vamos a seguir como sociedad. No hacerlo será improvisar y, en la política como en el mantenimiento, eso no conduce a una solución óptima.

El problema, según yo lo veo, es que no se van a dar las circunstancias necesarias de consenso y unidad nacional para abordar este reto, ya que los actuales líderes y la clase política, en general, está en pugna por ser más importantes ante la sociedad que dicen representar, que útiles para esa misma sociedad que deberían representar, convirtiéndose en agentes de corrosión de las estructuras institucionales y de convivencia. Parecen no entender que para cambiar algo no hace falta destruirlo, sino mejorarlo.

Por desgracia, se demuestra de manera reiterada que entre los políticos de nuestra generación, a pesar de disponer aparentemente de una mejor formación académica que la anterior, en su mayoría carecen de unos requisitos exigibles de experiencia, lealtad institucional, principios éticos, sentido de estado, capacidad de diálogo, altura de miras, construcción de consensos, visión de futuro, compromiso de servicio público, empatía social... para poder liderar un proyecto de esa envergadura. En definitiva, estamos ante una generación pérdida y amortizada de políticos.

Pero, ¿dónde se está formando la próxima generación de políticos? ¿Seguirán bebiendo en las fuentes del clientelismo y la mediocracia?

Roberto Albala Martínez

Estimado Director,

Política España
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