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EL ESPEJISMO PRODUCTIVO SE DESVANECE

De parado en Coslada a precario en Róterdam: “Estamos en 'shock”

De los efectos generacionales de la crisis y de la emigración española se ha escrito mucho. Especialmente de todos esos jóvenes cualificados que, al terminar la carrera, ante las malas perspectivas laborales, decidieron marcharse del país a probar suerte. De lo que no se ha hablado tanto es de las condiciones exactas en las que están desempeñando su trabajo, que, en muchos casos, son incluso peores que las que les habría ofrecido un empleo precario en su barrio. Salir de Málaga para caer en Malagón… O, como es el caso, en la holandesa Róterdam.

“Estamos en 'shock', asimilando todo, todas las consecuencias que están conllevando la decisión que tomamos, acertada o desafortunada, de venirnos a Holanda”, explica uno de esos jóvenes en una investigación realizada por el sociólogo de la Universidad Complutense de Madrid Pablo López Calle y llamada 'Emigrar de Coslada a Róterdam. Treinta años de transformaciones productivas en el Corredor del Henares'. “Entonces, ¿ahora qué hago? ¿Reconozco y agacho la cabeza y me vuelvo a España porque he fracasado en una decisión de mi vida? ¿Me voy a otro sitio?”. Como recuerda a El Confidencial el autor, “el grado de frustración, la diferencia entre aspiraciones y promesas de realizar tareas descualificadas produce un impacto subjetivo muy difícil de medir”.

Es paradójico que un servicio estatal te ofrezca como alternativa irte del país

La investigación tiene lugar en las ciudades aledañas a Róterdam, el mayor puerto europeo (y occidental), alrededor de la cual se concentran un gran número de grandes almacenes logísticos donde sus trabajadores empaquetan, etiquetan y organizan las toneladas de mercancías que pasan por el nudo comercial. Después de años contratando a trabajadores del Este de Europa, los últimos años han visto cómo españoles, cualificados y no cualificados, aterrizaron en la ciudad holandesa a través de ofertas de empleo de la ETT holandesa T&S ofrecidas por el propio servicio de empleo público español. Como escribe López Calle, “era prácticamente la única salida laboral para este perfil de trabajadores. Jóvenes cualificados, muchos con experiencia laboral, en la treintena, con conocimiento del inglés y capital social suficiente como para poder emprender la aventura migratoria”.

“Es paradójico que un servicio estatal te ofrezca como alternativa irte del país, lo que no tiene en cuenta el drama que supone dejar tu forma de vida y tu identidad para poder trabajar”, lamenta el sociólogo. La diferencia, en este caso, se encuentra en que las condiciones de trabajo en Países Bajos son excepcionales respecto al mercado laboral español. Se trata, en concreto, de contratos de cero horas de una duración semanal, sin garantía de un mínimo de horas trabajadas y que provocan que el empleado no sepa ni qué días va a trabajar, ni cuántas horas lo hará ni cuál va ser su horario. En algunos casos, son avisados con apenas tres horas de antelación.

El Ayuntamiento y el Centro Cultural de Coslada. (CC/Zarateman)

“El jueves fui a trabajar, me marché a las 11 y me dijeron 'ya no vas a trabajar en todo el día', y entonces dije 'pues voy a aprovechar esta oportunidad' y me voy a Ámsterdam'”, explica uno de los españoles emigrados. “Pero menos mal que no me fui, porque esa tarde a las cinco me llamaron para firmar el contrato de la empresa siguiente”. En caso de no haber llegado a tiempo, habría perdido su lugar en la lista. “Entonces te ves al final esperando, esperando, sin poder hacer nada, ¡solo puedes esperar! Es extraño. Ves… que tu vida está en manos de otra persona”. Las cláusulas firmadas también les obligan a respetar el contrato de alojamiento (los barracones y bungalós están proporcionados por la ETT) y exclusividad con las empresas que los contratan a través de esta fórmula.

Grandes expectativas, pequeña realidad

Todas las cuitas vitales de estos emigrados confluyen en Jorge (nombre inventado), un cosladeño de 32 años cuya peripecia vital recoge la deriva de España durante las últimas décadas. Sus abuelos paternos, explica la investigación, llegaron a la ciudad del Corredor del Henares desde un pueblo de Guadalajara, como parte del masivo éxodo rural. Junto a ellos, muchos de los trabajadores de la fábrica de camiones de Pegaso, aquellos que no se instalaron en la conocida como Ciudad Pegaso. Los padres de Jorge, por su parte, trabajaron en la hostelería, a la que dedicaban la mayor parte del día. Él como camarero, ella como cocinera. “No coincidían mucho en casa y eso rompe una relación”.

Harto de pasar “dos horas al día seleccionando ofertas en Infojobs”, decidió probar suerte con la oferta del Ayuntamiento de Coslada

Así que él se propuso que su vida no fuese igual. “Con un trabajo de mierda toda la vida, matándose a trabajar 10, 11 o 12 horas para tener un sueldo para sobrevivir, y no poder disfrutar de la vida”, explicaba. “Yo dije 'eso no lo quiero, quiero estudiar algo que sea importante y que tengas salidas'… Y después, cuando lo estudias, te das cuenta de que trabajo no hay”. Jorge pasó 11 años formándose, entre ingeniería superior, técnica y electricidad, hasta que finalmente consiguió el título de ingeniero industrial. Su hermana trabaja en una pizzería y su hermano es taxista.

Una vez terminó sus estudios, Jorge se topó con un mercado laboral que le había cerrado las puertas. Así pasó cuatro años. Hasta que en noviembre de 2016, harto de pasar “dos horas al día seleccionando ofertas en Infojobs y enviando currículos por internet”, decidió probar suerte con la oferta que había encontrado en el servicio del Ayuntamiento de Coslada. Allí, en la localidad de Waalwijk, se dio cuenta de que la cosa no era como la pintaban. Desde luego, no mejor que en España. Como afirma la investigación, “las posibilidades de mantener las condiciones de trabajo del sur en esos países del norte se hacen efectivas gracias a un sofisticado sistema contractual que permite, mediante el recurso a las empresas de trabajo temporal, 'romper' la normativa laboral vigente en los países de destino”.

Ciudad Pegaso.

“Trabajé a la una del mediodía el miércoles, el jueves no trabajé; el viernes a las dos de la mañana, el sábado también”, explica otro de sus compañeros. “Entonces viernes, sábado y domingo seguidos. Que luego llega el lunes y cuando terminas las 10 horas de trabajar, ¡acabas muerto!”. Un poco de 'orden' —ya ni siquiera estabilidad— es a lo que aspiran estos nuevos precarios emigrados, “desengañados y desencantados, con un nivel cualificacional medio alto que no es reconocido”. Además, se sienten atrapados: no pueden volver a su país, pero saben que tampoco pueden prosperar en su nuevo destino.

La historia de España, en tres capítulos

López Calle utiliza esta historia generacional para trazar un hilo narrativo sobre la evolución del modelo productivo español desde el tardofranquismo. En aquel momento, la Pegaso llegó a emplear hasta 5.000 trabajadores, sin contar los que participaban en negocios relacionados, como los talleres. La reconversión industrial y la apertura del Mercado Común Europeo, no obstante, llevan a centralizar los procesos de mayor valor añadido en los países de origen y llevar las de menos valor a la periferia. Es lo que ocurrió con la Pegaso, que redujo su plantilla a lo largo de los ochenta hasta ser vendida en 1990.

Era un espejismo, “el mantenimiento de un Estado de bienestar artificial que ocultaba el proceso de desmantelamiento real del tejido productivo”


Es la época de la terciarización de la economía de la localidad, especializándose en el sector logístico. Junto a ella, explica López Calle, se produce una transformación de la estructura social. “Los padres de Jorge, descendientes en su gran mayoría de clase obrera, ahora se emplearán mayoritariamente en diversas actividades del terciario y accederán a pautas de vida y de clase de consumo periurbana”, señala. Los barrios obreros son sustituidos por viviendas de baja densidad —en muchos casos, chalés adosados—, coincidiendo con el 'boom' inmobiliario. Su ocio se desplaza a las superficies comerciales, y sus hijos acceden a la universidad. Otros, sin embargo, abandonan el sistema educativo gracias a la “gran cantidad de oferta de trabajo con relativos buenos salarios, a pesar de la escasa cualificación requerida y la alta temporalidad”.

En palabras del autor, un espejismo, “el mantenimiento de un Estado de bienestar artificial que ocultaba el proceso de desmantelamiento real del tejido productivo”. Entonces llegó la crisis y los restos de sectores como la logística desaparecieron, generando un efecto dominó que destruyó una gran cantidad de empleo en municipios como Coslada. Ese es el contexto en el que Jorge, y otros compañeros de generación, decidieron marcharse por toda Europa a lugares como Róterdam, donde, paradójicamente, terminarían empleados en el mismo sector que había sido eliminado en su propia localidad. Como explica López Calle, con “más formación pero con iguales o mayores niveles de frustración” que sus abuelos emigrantes.

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