Las peores experiencias que se han vivido con los regalos de Navidad
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Las peores experiencias que se han vivido con los regalos de Navidad

A veces, ir a comprar obsequios para nuestros seres queridos puede ser una auténtica pesadilla. Algunas personas te cuentan sus anécdotas

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Llega la hora de abrir los regalos que hayan traído los Reyes Magos tras pedirles lo que más deseábamos, un regalo especial que poder abrir debajo del árbol de Navidad. Está claro que si nos hemos portado bien y les hemos hecho llegar nuestras preferencias, sería raro que no acertasen.

Por el contrario, hay veces que se les va la cabeza o quieren ser originales y todo acaba siendo un completo desastre. No existen malos regalos, lo que importa es el detalle, pero cuando tú le has puesto más que buenas intenciones y te has currado algo y no es recíproco, es posible que tus sentimientos se vean heridos.

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Si nos ponemos a analizar los presentes, hemos ser sinceros y confesar que sí hay presentes horribles que no nos hacen ningún tipo de ilusión, lo que pasa es que al recibirlo ponemos nuestra mejor cara e intentamos disimular. No es cuestión de tener la mejor intención y no haber acertado o de dar algo por compromiso para salir del paso. Son los que están hechos con poca cabeza y mal gusto que solo merecen el calificativo de peores de la historia.

"Me hicieron llorar"

Cuando eres pequeño parece que te tomas las cosas mucho más a pecho que cuando eres mayor, pero los recuerdos que se quedan guardados de estas fechas tan señaladas no se olvidan nunca. "Echo la vista atrás y uno de los primeros dramas que tengo en mi memoria es de unos Reyes a los que pedí la granja de Playmobil. Era lo que más quería, el resto me daba igual y más o menos tenía en mi cabeza cuánto de grande era la caja del juguete. Empecé a abrir uno a uno y el que yo quería no estaba", explica Alejandro de 30 años.

Si no tienes ni idea de qué regalar a la persona, olvida los típicos calcetines, la ropa interior, las tazas o las 'smartbox' (no se pueden canjear nunca)

"Mi desilusión fue tan grande que empecé a llorar desamparadamente porque lo que más quería, no había llegado. Como en casa de otros familiares también habría que abrir regalos, me dijeron que no me pusiera así, que era posible que estuviera bajo otro árbol. Lo cierto es que así fue, lo abrí en casa de una tía, pero a los años me confesaron que tuvieron que ir 'in extremis' a comprarlo porque se les había olvidado comprarlo. Menudo desastre", termina.

"Me regalaron un bolígrafo digital que ni quería ni había pedido con el que se suponía que lo que escribiese en una libreta se me pasaba a formato word. Era una mierda, feísimo, incómodo y me daba vergüenza usarlo. A pesar de todo un día decidí probarlo y no reconocía mi letra. Por lo que en la pantalla aparecían letras y símbolos sin sentido ninguno", cuenta Javier, de 26 años.

Muy personal

Si no tienes ni idea de qué regalar a la persona, olvida los típicos calcetines, la ropa interior, las tazas o las 'smartbox' (escapadas románticas, fines de semana para dos personas que luego no se pueden canjear nunca...) y sé un poco más original. Si eres un vago, mejor pregunta y así acertarás siempre. Hará menos ilusión, pero al menos sabrás que nadie va a salir dañado o con sus sentimientos heridos.

Cuando eres pequeño te tomas las cosas mucho más a pecho y los recuerdos que se quedan guardados no se olvidan nunca

"Mis padres, además de graciosos, fueron malas personas. Siempre quise una consola y no paré de pedirla durante todo un año. Siempre me la negaban, pero cuando llegó Navidad una de las cajas parecía ser lo que siempre había querido. Al abrir el papel, efectivamente era la máquina, pero dentro de la caja había un libro con una nota: 'Menos pistolitas y juegos y más dejar que vuele tu imaginación'. Ese día me puse a llorar como un loco, pero a los años comprendí que llevaban razón", cuenta Miguel, de 35 años.

"En mi familia solíamos regalarnos siempre por Reyes. El problema es que cuando nos fuimos haciendo mayores cada vez era más difícil acertar. Un año, cuando tenía 15, a mis tíos se les ocurrió que era buena idea, por algún motivo, regalarme la película de 'Bartok' (resulta que es el murciélago que salía en la película de 'Anastasia'). Si no sabes quién es no te preocupes, nadie lo conoce y no entiendo por qué pensaron que podía interesarme, pero obviamente jamás la vi. Después de unos cuantos obsequios así de horribles pedí si podíamos dejar de regalarnos cosas por Navidad. Y desde ese momento me he convertido en el Grinch", comenta Ana, de 27 años.

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