"fuga DE LA MARCHA DE LA MUERTE"

La gran historia del hombre que logró escaparse de los nazis dos veces

Dave Hersch fue encarcelado en Mathausen cuando tan solo tenía 18 años. Ahora su historia cobra vida en un libro gracias a su hijo

Foto: Liberación del campo de Mauthausen el 6 de mayo de 1945. (Cordon Press)
Liberación del campo de Mauthausen el 6 de mayo de 1945. (Cordon Press)

"Durante la segunda marcha de la muerte, a mi padre ya no le quedaban fuerzas, pero el frío acero del arma le hizo cobrar vida y en ese momento vio que no le estaban vigilando. Sin pensarlo más, mi padre corrió por el camino como un conejo asustado, refugiándose y escondiéndose entre los arbustos que bordeaban el sendero". Esta fue la última vez que David Hersch volvió a ser prisionero de los nazis. Puede que el frío de la pistola le resucitara y le hiciera tomar consciencia de su situación. Entonces, pudo darse cuenta de que su vida estaba a punto de terminar y que debía hacer todo lo posible por salvarse. A fin de cuentas, ya lo había hecho una vez, y supo que podría volver a repetir la jugada.

Ahora, casi 70 años después de aquel periodo histórico de horror, su historia sale a la luz de mano de su hijo, Jack J. Hersch, un asesor empresarial de 60 que vive en Nueva York. "Ha habido muy pocos casos en los que un prisionero pudo escapar de una de las marchas de la muerte, pero mi padre fue el único que escapó una vez para luego ser capturado de nuevo. A los pocos días, le metieron de nuevo en otra marcha y logró zafarse de sus captores", resume el hijo del confinado, quien acaba de publicar 'Death March Scape' ("Escape de la marcha de la muerte"), un libro en el que documenta en detalle el arduo camino de su padre en su lucha por mantenerse con vida en el infierno del campo de concentración de Mathausen.

Inclinó la cabeza y se quedó concentrado. Oyó el sonido del metal contra el cuero. Se trataba de una pistola saliendo de su funda

Dave Hersch tenía tan solo 18 años de edad cuando fue trasladado de su ciudad natal, Dej (Hungría), al campo de concentración austríaco en junio de 1944. Después de diez meses de cautiverio, los prisioneros fueron conducidos a una "marcha de la muerte", es decir, las procesiones de miles de prisioneros judíos desde los campos próximos al frente hasta el interior de Alemania, de las que huyó por primera vez tras esconderse entre un grupo de refugiados que se cruzaron con su comitiva. Tiempo más tarde, fue recapturado después de que una anciana austríaca le delatara.

Hersch esperaba ser ejecutado, pero un guardia de las SS que al parecer se compadeció de él le salvó la vida devolviéndole al campo de concentración del que partieron los condenados a muerte. A los dos días, le volvieron a meter en una de las marchas, pero volvió a escapar por un sendero para esconderse en un arbusto mientras los oficiales miraban para otro lado despistados. En su huida, se cruzó con una amable pareja austríaca que le escondió en su casa, corriendo así un gran riesgo.

Portada del libro de Jack. J. Hersch.
Portada del libro de Jack. J. Hersch.

La primera fuga de Hersch tuvo lugar cuando su marcha se cruzó con un grupo de refugiados. Usó el desvío para colarse entre el grupo y se puso un impermeable que uno de ellos había dejado caer al suelo para que nadie reparara en su atención. El austríaco caminó con ellos hasta un pueblo, donde llamó a la puerta de una casa. Una anciana le invitó a pasar y le dio de cenar, pero mientras descansaba en el jardín trasero del inmueble, su anfitriona avisó a una patrulla de SS que estaba de guardia. Así, le detuvieron y descubrieron quién era, por lo que seguramente acabaría volviendo al grupo del que había escapado.

Pero la suerte estaba de su parte. Uno de los oficiales se compadeció de él y lo metió en una celda para pasar la noche, hasta le dio de cenar. A la mañana siguiente, las SS ordenaron que lo llevaran de vuelta a Mathausen. A los pocos días volvió a ingresar en una de las marchas de la muerte. Y es entonces cuando, habiendo perdido la mitad de su peso corporal quedándose en tan solo 36 kilos, se derrumbó durante el camino. Uno de los guardias se le acercó y le puso una pistola en el cuello. Inmediatamente, Hersch se levantó y siguió caminando. En un momento de despiste, se zafó de sus captores y corrió en libertad.

Mi padre percibió que nadie le miraba. Miró a su derecha y vio un camino de tierra que se internaba en el bosque. No lo dudó dos veces

"Papá inclinó la cabeza hacia abajo y se quedó concentrado, mirando el suelo. Su respiración se aceleró. Tan solo esperaba que fuera rápido y sin dolor. Las botas se detuvieron muy cerca de su espalda. Oyó el sonido del metal sobre el cuero. Se trataba de una pistola saliendo de su funda", escribe Jack J. Hersch en su libro. "La inesperada picadura del arma fría hizo que mi padre se pusiera de pie como un cohete. El oficial enfundó la pistola y murmuró algo en húngaro, mientras aceleraba para alcanzar a los demás prisioneros adelantados. Mi padre se encontraba totalmente erguido y frente a la marcha, se tambaleaba como un borracho".

"Los otros dos hombres de las SS se encontraban a solo unos metros de distancia controlando a los prisioneros más rezagados", prosigue Jack. "En un instante, mi padre percibió que nadie lo estaba mirando. Miró a su derecha. Vio un camino de tierra estrecho que comenzaba justo donde estaba y se internaba en un bosque de árboles. Sin pensarlo dos veces, se fue corriendo por el camino y se escondió en unos arbustos. Se puso boca abajo y vio retroceder a los guardias. Hersch se mantuvo escondido hasta que anocheció. Luego, se puso el mono de un prisionero muerto que se encontró por el camino".

Al día siguiente conoció a una pareja austríaca, los Friedmanns, quienes le alimentaron y le dieron cobijo en una habitación anexa secreta. Uno de los aspectos más increíbles de la historia es que en la misma casa vivían otros oficiales alemanes, quienes se alojaban en otro piso. Después de cuatro días escondido, sopesó que era demasiado peligroso, así que el matrimonio le dio instrucciones para llegar a un granero aislado en medio del campo que también era propiedad suya. Pero Dave se perdió, por lo que tuvo que volver a esconderse entre la maleza cercana a un arroyo durante ocho largos días. El perro de los Friedmann le encontró.

Para entonces, Alemania estaba a punto de capitular. Después de que terminara el conflicto, Dave pasó 18 meses en un hospital recuperándose de las múltiples enfermedades que le produjo su internamiento. Luego, regresó a su ciudad natal. Desafortunadamente, toda su familia, compuesta por cuatro hermanos y hermanas y madre y padre, no habían sobrevivido. Se quedó solo en el mundo y emigró a Israel, donde conoció a Rachel, su futura esposa. En 1959, poco tiempo después de que naciera Jack, se mudaron a Nueva York, ciudad en la cual Hersch pasó el resto de su vida hasta su fallecimiento a los 76 años en el año 2001. Ahora, su historia revive y él, por fin, puede descansar en paz.

Alma, Corazón, Vida

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