Brexit: Echamos en falta el contrapeso de la sociedad civil ilustrada
el carácter contradictorio de europa

"Echamos en falta el contrapeso de la sociedad civil ilustrada"

César Molinas y Fernando Ramírez realizan en su nuevo libro un exhaustivo recorrido por los principales problemas de la UE y por las soluciones que se precisan

Foto: César Molinas. (Foto: Fundación Rafael del Pino)
César Molinas. (Foto: Fundación Rafael del Pino)

La Unión Europa es una solución para nuestros problemas, pero también puede convertirse en un gran escollo. Es un instrumento tremendamente útil pero cuyas opciones están siendo malgastadas. El proyecto europeo contiene una gran oportunidad de formar una potencia globalmente fuerte que sirva a sus ciudadanos, pero también es un espacio de tensión entre unos miembros que compiten más que cooperan.

Ese carácter contradictorio es analizado por los prestigiosos economistas César Molinas y Fernando Martínez Mazarredo en su recién editado 'La crisis existencial de Europa' (Ed. Deusto), un libro fundamentalmente propositivo en el que se repasan los diferentes problemas y se definen las soluciones.

PREGUNTA. La Unión Europea no es un proyecto en auge. Sería necesario que se fortaleciera para ser realmente efectiva, pero no parece existir voluntad política de dar pasos adelante. Y si no se cohesiona, es probable que aparezcan muchas grietas. O que se rompa a medio plazo.

FERNANDO RAMÍREZ. Es así hasta que la fuerza de los hechos te obliga. No había voluntad de integración económica, pero llegó la crisis de deuda, puso en riesgo el euro y se llegó a una integración bancaria más acelerada. Cuando políticamente no hay interés, es necesario que la fuerza de los hechos apriete.

CÉSAR MOLINAS. Es la parte positiva que tienen las crisis, que debes afrontarlas. Es lo que le ha pasado a Rajoy con Cataluña, que no ha hecho nada hasta que ha tenido que hacerlo. La política funciona así.

P. El problema es que los distintos países que la integran compiten entre sí con frecuencia por intereses económicos y nacionales. En ese escenario, es lógico que se produzcan tensiones que debiliten las acciones colectivas. Tampoco sería extraño que el sentimiento anti UE creciese y que algún país quisiera seguir el camino de Gran Bretaña.

F.R. Lo peor que puede ocurrir es que vivas en un mundo rígido, que carezca de flexibilidad antes las tensiones. Y la mayor rigidez es la falta de democracia: cuando estás en una institución, no te sientes cómodo y no tienes forma de cambiar las cosas, lo que haces es marcharte. Por eso es urgente que en la vida de la UE haya democracia interna en los procesos de decisión para que la gente no sienta la necesidad de marcharse ante los desacuerdos. Que exista posibilidad de cambio.

P. Hay una complicación adicional. EEUU, que es nuestro rival económico, ha anunciado su voluntad de relajar los lazos que nos unen. Ya no es tan amigo.

C.M. EEUU no ha dejado de ser amigo, sino que ha dejado de ser paternalista. Ha dicho, hazte mayor y defiéndete tú de tus enemigos, que no voy a poner en riesgo a mi país por un conflicto que tú puedas tener en Estonia, por ejemplo.

Si tenemos un tratado comercial preferencial con Marruecos y Turquía, cómo no lo vamos a tener con Rusia

F.R. Nos está pidiendo que nos marchemos de casa. La primera vez que hubo un orden político internacional aceptado fue con la paz de Westfalia, cuyos principios eran el respeto al concepto de Estado, la no injerencia y el equilibrio entre Estados, de modo que ninguno de ellos dominase. Son principios que siguen estando vigentes hoy, solo que los actores son otros y exceden el ámbito europeo. Y en ese sentido, ningún país de nuestro ámbito puede generar influencia internacional por sí mismo. O estamos juntos o nadie podrá jugar ese papel.

P. En el libro se muestran favorables a una mayor cercanía con Rusia, a seguir con ella una política de palo y zanahoria, siendo esta un acuerdo preferencial de comercio.

C.M. Rusia como país nunca ha sido agresivo, lo fue la URSS, pero no Rusia. Y lo tratamos como si lo fuera. Tenemos de alguna forma en la cabeza el sonido de las conflictivas relaciones históricas entre Alemania y Rusia, o a la URSS, pero ya no estamos en el mismo escenario. Y aquí la zanahoria es importante. Vamos a ver, si tenemos un tratado preferencial con Marruecos y Turquía, cómo no lo vamos a tener con Rusia.

Tenemos una red de infraestructuras extraordinaria, no sé si totalmente necesaria, y un sistema educativo deficitario

F.R. Las relaciones con Rusia son importantes, porque es una potencia militar local, que no global, muy relevante, y porque es un proveedor de energía básico e insustituible en términos de gas. En el primer terreno no puedes emprender una carrera armamentística, máxime cuando tenemos que utilizar el dinero para otras cosas. Hay que contar con capacidad disuasoria, pero no ir más allá. Y ya que la mejor forma de que no pasen los soldados por las fronteras es que pasen las mercancías, hay que construir ese interés común.

P. ¿Y eso le gustaría a EEUU? Porque es probable que una mayor cercanía ruso europea sea vista con malos ojos por los estadounidenses.

C.M. La economía de Rusia tiene el tamaño de Italia. Su poder geoestratégico es muy superior al económico, por lo que saldría muy beneficiado con un tratado preferencial, y nosotros saldríamos ganando porque apaciguaríamos esas relaciones.

P. Uno de los grandes problemas que tendremos que afrontar como europeos es el de la desigualdad. Está creciendo, entre Estados y entre individuos, y no hay nada que destruya los vínculos tanto como las grandes diferencias económicas, especialmente si llevan a partes de la UE a niveles de vida muy empobrecidos.

F.R. En la historia reciente ha habido una experiencia exitosa, que deberíamos analizar en profundidad, que es la irlandesa, y que demuestra que lo que importa es gastar el dinero de aquella forma que favorezca la convergencia. En Europa si queremos continuar unidos hay cosas que son imprescindibles, y la convergencia es la principal. Es un objetivo que se consigue mejorando el capital humano: lo que genera que los procesos sean más productivos es que la gente esté más cualificada. Por eso los fondos estructurales utilizados en formación hicieron que Irlanda convergiera mucho más que España, donde ingentes cantidades de dinero fueron utilizadas en exceso en infraestructuras. Tenemos una red extraordinaria, no sé si totalmente necesaria, y un sistema educativo deficitario. En Irlanda fue al revés, con un magnífico sistema educativo, sobre todo en FP, por lo que su nivel de convergencia respecto de EEUU ha subido mucho mientras que aquí nos hemos estancado.

Ya no nos queda otro remedio que mejorar la productividad para generar más con lo mismo

C.M. Esta convergencia es imposible sin la actuación de los poderes públicos, no es algo que nazca espontáneamente en el capitalismo. Por eso reclamamos que la acción estructural europea, ahora se quiere hacer un Tesoro europeo, no se vuelva a dedicar a infraestructuras sino que se invierta en capital humano.

P. Estamos en las vísperas de una transformación en el sistema, afrontando una nueva revolución industrial, lo cual supondrá tensiones evidentes entre ganadores y perdedores. ¿Está la UE bien preparada para el futuro próximo?

C.M. Hay muchas razones para pensar que estamos agotando una fase del capitalismo, centrada en la producción, y vamos a abordar otra, con la que coexistará un tiempo, centrada en la distribución. Hay un informe de McKinsey estupendo que explica cómo se pasa de una a otra. Es importante, porque el capitalismo distribuía mediante el empleo: cuanta más gente trabajase, más participaba. Si hay menos empleo, habrá gente que no se siente en la mesa, y ese va a ser uno de los problemas clave del siglo XXI. No el de la desigualdad, sino el de la equidad y la eficiencia social.

Se ha gestionado mal la burbuja más que la crisis. Una vez que estábamos en ella, las soluciones eran limitadas

F.R. A los europeos, en este cambio, no nos queda más remedio que estar bien preparados, porque lo otro no lo aceptaríamos. No nos podemos plantear 'si', tenemos que pensar 'cómo'. La sociedad europea envejece y las necesidades sociales van a ir aumentado. Hasta ahora nos hemos engañado un poco porque hemos ido financiando las necesidades del estado del bienestar con deuda, pero ya no nos queda otro remedio que mejorar la productividad para crear más riqueza con lo mismo. Pero lo que está fuera de cuestión es que no podemos tener una sociedad peor en el sentido social.

P. Hace pocos días Dijsselbloem afirmó que el rescate bancario se ha hecho con el dinero de los impuestos de los ciudadanos, y que ha generado mucha deuda. Pero él es uno de los responsables de la gestión económica de la crisis y la postcrisis. Estaba allí y gestionó mal. Quizá haya un problema serio con los dirigentes que tenemos en la UE.

F.R. Se ha gestionado mal la burbuja más que la crisis. El asunto es cómo pudimos llegar a esa situación. Una vez que estábamos en ella, las capacidades eran limitadas. No se puede resolver un problema de infinitas formas. Y cuando lo tienes, y es bien gordo, hay que actuar. Pero lo que se hizo mal fue la gestión previa. Pero no sólo en Europa, porque se adoptó la típica filosofía de 'ya veo que es un problema pero a ver quién se baja de la bicicleta'. Cuando ves que los demás crecen al 25% tú no vas a ser quien se apee. Esas decisiones o las toma el regulador, obligando a la gente a que pare, o los gestores no las van a tomar.

P. Pero los reguladores tienen ese mismo problema, y por eso se toman decisiones tan ineficientes. Ellos saben que tomar esas decisiones les puede generar muchos problemas, pueden echarse encima a los gestores o a las poblaciones que les eligen. De modo que deciden no tener líos y cerrar los ojos. Y al final, somos los ciudadanos los que pagamos las consecuencias de esta ineficacia generalizada.

F.R. Echo en falta el contrapeso de la sociedad civil ilustrada, de los pensadores de los que no están atados, de esos que no necesitan ser elegidos por votación popular y a los que no puede despedir el consejo de administración. Hubo voces que anticiparon la crisis, pocas pero las hubo, y también gente que después afirmó que ellos también lo habían pensado pero no lo dijeron. Esa es la gente que echo en falta. Y deben tener un altavoz.

Para evitar futuras crisis periódicas no hay más que copiar: Canadá nunca ha tenido crisis bancarias

C.M. Nos falta otra crisis, porque las cosas han cambiado pero no lo suficiente. Ahora mismo en EEUU están a punto de dar marcha atrás en la regulación del sistema financiero. Allí el peso de Wall Street en las instituciones es enorme, y especialmente de Goldman, que siempre es el malo de la película. En Europa tenemos otros problemas, y aunque se ha hecho limpieza en España y ya no hay prácticamente banca ineficiente, en Alemania e Italia queda mucho por limpiar. De modo que hasta que no llegue otra recesión no haremos todo lo que se necesita hacer. Y no es tan difícil. Para evitar futuras crisis periódicas no hay más que copiar: Canadá nunca ha tenido crisis bancarias mientras que EEUU las sufre cada década porque su concepción de los bancos y sus mecanismos de regulación son distintos.

F.R. Tenemos que aprender de las experiencias. Si examinamos cuáles han sido las consecuencias de la recesión en diferentes países en términos de renta bruta y de renta disponible, vemos que los que tenían margen de maniobra presupuestario, los que han podido gastar cuando era necesario, son los que menos diferencias han sufrido. Ante la crisis el que ha podido actuar es el que estaba en condiciones de hacerlo, y ese es el que al final ha ofrecido mayor protección social. Se trata de cómo te pilla la crisis, y eso es gestión anterior.

P. Una de los aspectos que más subrayan en el texto es la falta de política en la UE. Y es importante porque la percepción de los ciudadanos es que Bruselas es un entorno lejano y dominado por la burocracia.

F. R. Es la pescadilla que se muerde la cola. A los individuos nos preocupa lo que nos preocupa y los políticos lo saben, y por eso quieren gestionar lo que les da votos y no quieren ceder competencias en esas materias a la UE. Pero mientras no se cedan estas materias, Europa no nos importará a los ciudadanos.

Tenemos la obligación de conseguir que el gasto militar sea más eficiente, y eso solo se consigue unificando

C.M. Se está acelerando mucho el tema de la democratización de las instituciones europeas, de modo que no tenga por qué haber un comisario de cada país o que si el presidente de la Comisión es conservador, que el vicepresidente no sea obligatoriamente socialista, o que el presidente del Consejo no sea elegido a dedo. La UE necesita legitimación democrática, y el proceso está en marcha. En las próximas elecciones habrá progresos en ese sentido. También para que el bobo de Dijsselbloem y quienes le sucedan como jefes del Eurogrupo tengan que responder ante al Parlamento.

P. Otro de los aspectos esenciales es la existencia de un ejército europeo. A pesar de las ocasiones en que se ha mencionado, no se ha llevado a efecto.

C.M. Soy optimista en ese sentido, va a acabar habiéndolo. Bastaría con que se cumplan, además, las obligaciones que cada país ha firmado, en el sentido de tener una brigada que se pueda movilizar en 15 días. Hay que tener en cuenta que cada vez es más todo tecnología y hay menos hombres y mujeres, y la tecnología se comparte con más facilidad que las fuerzas armadas personales. O que Europa en la actualidad es el segundo presupuesto militar del mundo, muy cerca del de EEUU, pero la diferencia es que allí tienen un tipo de tanque y nosotros tenemos 13, con lo que cuesta movilizar todo eso en suministros, reparaciones o munición. Y además, que uno de los escasos aspectos positivos del Brexit es que Reino Unido era el país que más se oponía al ejército europeo. De modo que el ejército llegará. Pero en el libro señalamos algo más, porque creemos que debería articularse de manera complementaria con la OTAN un arma nuclear táctica de efecto disuasorio, por si hay una bronca existencial con Rusia.

F. R. Una vez más, la fuerza de los hechos nos empuja, y el aviso recurrente de que la OTAN no va seguir siendo financiada por EEUU nos obliga a afrontar las responsabilidades. Nos pilla en una situación presupuestaria complicada, por lo que tenemos la obligación de conseguir que el gasto militar sea más eficiente, y eso sólo se consigue unificando. Y después tendremos que tomar en consideración que si nuestro contrincante va a utilizar armas atómicas tácticas en un conflicto local, a lo mejor no tenemos que gastar en convencionales, sino en nucleares.

P. ¿Qué futuro le espera a Europa? Como dice, si solo se es eficiente unificando, tendría que existir una unión mucho mayor.

F.R. Nos van a obligar a unificar los temas que nos impacten. Si hay riesgo de ruptura del euro llegaremos a una mayor unificación fiscal. Es cierto que tenemos el problema de nacer de la diversidad, pero los hechos vendrán, nos empujarán y reaccionaremos, porque los costes de la no Europa son inasumibles.

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