ENTREVISTA CON CÉSAR MOLINAS

Cómo arreglar el paro de una vez por todas y transformar radicalmente España

Las transformaciones que propugna el conocido economista en el mercado laboral y en la educación son atrevidas. Y hay que realizarlas, afirma, antes de lo que se nos viene encima

Foto: César Molinas, autor de 'Acabar con el paro'. (Planeta)
César Molinas, autor de 'Acabar con el paro'. (Planeta)

Las tesis de César Molinas (economista y consultor, exdirector de gestión de Merryl Lynch) siempre son provocadoras. Desde su famoso artículo sobre las élites extractivas hasta sus recetas para cambiar España, las propuestas que pone encima de la mesa son tan atrevidas como influyentes. Ahora es el turno del análisis del mercado de trabajo nacional, que disecciona junto a Pilar García Perea, 'senior economist' en el Banco de España, en 'Poner fin al desempleo. ¿Querremos? ¿Podremos?' (Deusto), un libro avalado por Isidre Fainé, José Luis Malo de Molina o Rafael Doménech. En él, dibuja una serie de medidas diferentes que abren la puerta a transformaciones profundas. El Confidencial ha conversado con Molinas acerca de empleo, educación y, sobre todo, futuro.

PREGUNTA. El problema del paro no es solo coyuntural. Apunta hacia disfunciones sistémicas, que todo indica que se agravarán con la automatización. Estamos más bien ante un cambio de modelo, ¿no?

RESPUESTA. Los tiempos que vienen van a ser mucho peores porque nos van a coger en un mal punto de partida. A lo largo de la Historia ha habido muchos cambios en la estructura de la sociedad y en la economía, y en este aspecto el que se avecina es uno más. Con la revolución industrial, en el paso del siglo XVIII al XIX aparece una nueva clase social, el proletariado, consecuencia de que todos trabajan juntos, y eso da lugar a la difusión de una nueva ideología, el socialismo, que acaba siendo reconocida políticamente. Fue un cambio muy grande, pero que llevó tiempo: el proletariado no apareció hasta décadas después de que la revolución industrial se iniciase. Los que trabajaban en las fábricas de algodón eran las mujeres y los niños, el hombre se quedaba en casa, con la tierra, porque era lo que ofrecía el sustento principal, y mandaba a los débiles al trabajo para que trajeran un complemento. Pero, en todo caso, terminan apareciendo una nueva estructura de clase, una nueva economía y una nueva ideología.

Todo esto va a afectar a la estructura de clases, y la clase media lo sufrirá de una manera tremenda

Hoy vivimos un cambio similar: desaparece el proletariado en Occidente, el socialismo está en pleno desconcierto y se transforma la economía, pero sobre todo se está cambiando muy deprisa, mucho más que en la época del capitalismo industrial. Y ya hay algunas ideas claras de lo que pasará en el mercado laboral: los trabajos que no tengan una componente de creatividad van a acabar desapareciendo, como las cajeras de los supermercados, los analistas de crédito, que calientan la silla cuando su tarea la hace un excel, o los asesores fiscales, pues ya hay una 'app' que te hace la declaración de la renta. Todo lo que sea rutinario desaparecerá.

P. Pero quizá la amenaza vaya más allá de los trabajos manuales o de los que no generen valor añadido. Hay quienes insisten en que gran parte de los empleos de sectores creativos, como el jurídico o el de la consultoría, desaparecerán también. E incluso se dice que algunos CEO se verán sustituidos por máquinas. ¿Esto es probable?

R. Quizá sí, pero es difícil dejar la toma de decisiones a una máquina. La gente de la Singularity University dice que estamos a punto de crear máquinas más inteligentes que nosotros, pero la toma de decisiones es más compleja, porque requiere una dosis de libertad que sería posible darle a una máquina, pero que no se le vamos a dar por el problema del Terminator. La libertad tiene su origen en la capacidad de hacer el mal, y eso no querremos que lo haga una máquina. Pero, en todo caso, estamos ante un cambio muy fuerte. Los traductores antes eran indispensables y ahora los sistemas que se han inventado traducen cada vez mejor. A los taxistas, ¿cuánto les queda? Todo esto va a afectar a la estructura de clases, y la clase media lo sufrirá de una manera tremenda porque la globalización, que ha empezado por los trabajos menos cualificados, va subiendo, y cada vez afecta a profesiones más cualificadas.

P. Esto nos lleva al problema del capital humano disfuncional, que define como esa parte de la población que no puede ni sabe adaptarse a las necesidades del sistema. Usted lo cita analizando el ejemplo español, pero parece evidente que es una cuestión generalizada.

R. Dicen que nuestra concepción de la educación es demasiado dirigista, demasiado orientada el mercado de trabajo, y esa es una crítica que acepto a nuestro libro. Pero es que la parte creativa va a ser lo más importante. No sabemos cómo serán los trabajos del futuro, pero hay una frase del economista, por llamarle algo, Branko Milanovic, que define muy bien el cambio: en el futuro no habrá paro, pero nadie tendrá un empleo.

P. Entre las reformas indispensables que propone para poner fin al paro en España (transformar los servicios públicos de empleo o unificar las indemnizaciones por despido) hay algunas que llaman la atención, como reducir el excesivo activismo judicial o dar un carácter finalista a las cantidades percibidas por un despido, de forma que se inviertan en formación y en la búsqueda de un nuevo empleo.

R. Cuando se despide a alguien, este percibe dos tipos de prestaciones, la de desempleo, que está pensada como un subsidio para que vivan el trabajador y su familia mientras busca un nuevo trabajo, y la indemnización por despido, cuyo origen está en hacer pagar a la empresa el coste social que el despido tiene. No estamos en contra de la segunda, más al contrario; a pesar de que en países como el Reino Unido no existe, te dan dos semanas de sueldo y ya está. Creemos que la empresa tiene que asumir los costes sociales de dejar a alguien en el paro.

Las empresas están acelerando los planes de despido antes de que llegue el nuevo Gobierno, lo que tiene su lógica. Malévola, pero la tiene

Lo que proponemos es darle un carácter finalista, de forma que el trabajador no consuma la prestación por el desempleo y luego, cuando se acaba esta, se coma la indemnización y al final pase cuatro años sin trabajar, porque después de ese tiempo ya nadie le contratará. Lo que intentamos es que esa indemnización pague total o parcialmente el coste de la reinserción laboral del trabajador, lo que tiene bastante sentido. Es verdad que esta propuesta ha causado cierto escándalo, pero España tiene un problema tremendo de reinserción de trabajadores despedidos porque no funcionan las políticas activas de empleo. Es tremenda la noticia de que el Gobierno tenía 3.200 millones para subsidiar y reinsertar a los parados y solo se han gastado 180. No tenemos capacidad de gestionar este tipo de cosas y hay decenas de miles de funcionarios en el INEM. Hace falta un planteamiento global de cómo se hacen las cosas, y el INEM tiene que cambiar, se le tiene que poner a competir, pero los sindicatos no quieren ni oír hablar de esto.

P. De sus propuestas, la que parece que se va asumiendo es la de potenciar la negociación colectiva a nivel de empresa.

R. Se va asumiendo, pero cuidado, que puede haber un nuevo Gobierno en pocas semanas que todo esto lo eche atrás. También se habla de que las empresas están acelerando los planes de despido antes de que llegue el nuevo Gobierno, lo que tiene su lógica. Malévola, pero la tiene.

P. ¿Cuál es la reforma más urgente que necesita España para acabar con el paro?

R. Sí o sí, hay que reformar el INEM y todo el sistema de políticas activas. Hay que tener un control mucho mayor sobre los parados. Tienen que estar parados de verdad, no en lo economía sumergida, y si lo están hay que reinsertarlos de alguna manera. Esa debe ser la prioridad presupuestaria. Y no hay que inventar nada, hay que copiar lo que se hace en otros sitios. Aquí, además, se cometió un error, el de descentralizar las políticas activas de empleo a las CCAA, lo que ha provocado que el Estado pierda el control. No es que tenga muchas ideas, pero si las tuviera no las podría aplicar.

P. También propone una reforma sustancial en la educación. No solo porque pida abandonar la enseñanza estructurada por temarios y sustituirla por problemas y proyectos, sino porque insiste en la necesidad de que se estudie en casa, a través de internet, y que el colegio sirva solo para hacer los deberes. Da la vuelta por completo a la educación actual.

R. Es simplemente utilizar la moderna tecnología y la moderna psicología de los chavales. El problema de las clases es que los niños hablan, se interrumpen, hay distracciones, y hoy existen cursos buenísimos por internet para todos los niveles educativos. Es convertir al profesor en un tutor. Estoy hablando de una medida relativamente cara, porque el profesor tendrá a 20 o 30 chavales en clase, en grupitos que intentan resolver los ejercicios, o escriben una redacción o debaten. El coste de la reforma educativa es el del reciclaje del profesorado. Pero esto es fundamental, y curiosamente para un viejo comecuras como yo, los que se están adelantando a la hora de hacer esto son los colegios religiosos.

Lo que no habrá será empleo por cuenta ajena, con horario fijo y salario estipulado, pero sí existirá trabajo para el que quiera trabajar

Hace falta mucha más competitividad en todos los niveles del sistema. En el parvulario los chavales son muy competitivos, todos levantan la mano para hablar y luego se les pasa. Debería haber más competencia, siempre en límites razonables. La creación de un reducido número de colegios de enseñanza de excelencia públicos podría ser una solución. Hay que cambiar el enfoque pedagógico, y eso tarda una generación en hacerse.

P. También propone que las universidades limiten sus plazas, y que estas se concedan únicamente por mérito.

R. Con la universidad he tirado la toalla, empecemos por la guardería y luego ya veremos. La universidad es una vergüenza, es la consecuencia de haber dado todo el poder a los que la ocupan sin pedirles rendición de cuentas ni ninguna responsabilidad. Lo que hacen es repartirse todo el dinero a principios de curso y su principio rector es que los profesores que ya están sigan teniendo su asignatura. No se han opuesto a Bolonia porque degradase la enseñanza, sino porque había profesores que se tendrían que marchar. No obstante, hay muchas personas que salen de las universidades españolas que las empresas se rifan. Las de física e ingeniería están muy bien, aunque su exigencia sea exagerada. No todo es un desastre, pero sí hace falta rendición de cuentas y que compitan entre ellas.

P. He leído que entre sus predicciones está la de que en el futuro nos jubilaremos a los 120 años. Pero más allá de los escenarios a medio plazo, lo que parece probable es que los ciudadanos occidentales vivamos más años y en mejores condiciones, y eso tendrá efectos sobre el trabajo, porque nos jubilaremos más tarde.

R. Obviamente, no hay sistema de pensiones que aguante eso, y menos el nuestro, que lo tenemos muy tocado. La vida humana se va a prolongar seguro, aunque todavía no sabemos si esa prolongación va a ser en salud o decrepitud. Y aunque no hay certeza, y parece que el efecto positivo de los cambios en vida saludable se va a agotar, todo indica que gozaremos de mejor salud gracias a la ingeniería genética y a la restauración celular.

Lo que sí sabemos de esta nueva sociedad es que va a distribuir la riqueza mucho peor que la anterior, y hay que adelantarse a esta cuestión

P. Todos estos elementos juntos (menos empleos, más población y más envejecida) nos llevan a un tipo de sociedad muy diferente. Y si hacemos caso a quienes profetizan que desaparecerá el 47% de los empleos, lo cierto es que parece que estamos abocados a un sistema social mucho más complicado, con poca gente trabajando y mucha desempleada. Hay quienes encuentran la solución en la renta básica.

R. Estoy razonablemente seguro de que estamos en un periodo de adaptación en el que los trabajos antiguos están desapareciendo y los nuevos no han llegado aún. Habrá empleos que hoy ni siquiera podemos imaginar. Lo que no habrá es empleo por cuenta ajena, con horario fijo y salario estipulado, pero sí existirá trabajo para el que quiera tenerlo. El tema de la renta básica significa plantear el problema de la suficiencia económica de las personas en una sociedad opulenta, lo que no quiere decir que todos seamos iguales, pero sí que todo el mundo debería contar con lo necesario para llevar a término un proyecto de vida personal. La renta básica es una manera de abordar eso, debería pensarse quizá en otras, pero lo que ha propuesto Garicano me parece una buena aproximación. En el fondo hay un asunto de equidad y de justicia, porque lo que sí sabemos de esta nueva sociedad es que va a distribuir la riqueza mucho peor que la anterior y hay que adelantarse a esta cuestión. No es que todo el mundo deba tener un gran jardín para que le aterrice el helicóptero, pero sí debería contar, por justicia básica, con las posibilidades para articular su proyecto de vida (modesto o ambicioso, dependerá de cada cual). Lo que no debería es darse el caso de que millones de personas no contasen con esa capacidad económica. Y hoy hay miles de millones que no la tienen.  

Alma, Corazón, Vida

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