la guerra entre oxitocina y serotonina

El método infalible que permite superar el miedo a montar en un avión

Te aterra volar y cada vez que consigues llegar vivo al 'finger' del aeropuerto besarías el suelo que pisas. ¿Y por qué no besar otra cosa? El 'cura-todo' que te hará desear cruzar muchos charcos

Foto: Las 24 horas de vuelo a Australia más calientes de su vida. (iStock)
Las 24 horas de vuelo a Australia más calientes de su vida. (iStock)

Muchísimas personas sienten pavor cuando deben tomar un avión e intentan evitarlo por todos los medios. E igualmente, tampoco entienden cómo puede ser que alguien practique sexo en pleno vuelo, en mitad de una racha de turbulencias, o que se encierre en el pequeño cubículo que hace las veces de baño junto a su pareja para acariciarse un rato. ¿Cómo puede alguien calentarse cuando el sudor frío te resbala por la espalda, en un momento tan crucial de tu vida en que un simple fallo técnico podría convertir una pequeña muerte ('petit morte' u orgasmo) en una tragedia real y multitudinaria?

Tom Bunn, piloto profesional reconvertido en terapeuta de aerofóbicos, tiene la clave para que un vuelo terrorífico sea como un paseo entre nubes, y sin que medie ningún tipo de droga. Bueno, sí, el amor… Este veterano de los aires, fundador de SOAR, un programa para perder el miedo a los aviones, descubrió gracias al testimonio de uno de sus pacientes que el sexo previo a tomar un avión es la mejor cura para la ansiedad. “Mi cliente sufrió esta fobia durante siete largos años y cada vez que tenía un viaje de negocios era una pesadilla, hasta que un día, justo antes de coger otro avión, conoció a alguien y estuvieron enredados en la cama toda la noche. Al día siguiente, el vuelo fue como la seda”. Ni siquiera notó las turbulencias.

La memoria de los fóbicos

El sexo es la medicina más eficaz que no requiere de prescripción médica: ayuda a bajar la presión arterial, refuerza el sistema inmune, previene algunos tipos de cáncer, como el de próstata y, además, reduce la ansiedad y el estrés. Y esta es la última razón a la que se refiere un estudio realizado por el Massachussets Institute of Technology (MIT), que explora por qué las personas que han experimentado estrés crónico son mucho más susceptibles a sufrir estrés postraumático tras un incidente puntual, debido a un proceso llamado 'consolidación de la memoria'. De esta manera, el cerebro de los ansiosos procesa y fija acontecimientos traumáticos que en otras circunstancias ni siquiera recordarían. La razón es que sus cerebros son mucho más sensible a la serotonina, un neurotransmisor que ayuda a impresionar en nuestra mente, rápida y vivamente, recuerdos relacionados con pesadillas, pánico y memorias pasadas.

Que ocurra una turbulencia es suficiente para las hormonas del estrés de una persona ansiosa le hagan confundir la realidad con lo que sucede en su mente

Según Bunn, “la mayoría de la gente no recuerda haber sufrido turbulencias en un vuelo, pero las personas que padecen ansiedad crónica son más proclives a sentir estrés postraumático. No necesitan niveles demasiado altos de serotonina para consolidar la memoria ”, de forma que nada más poner un pie en el avión y sin necesidad de que haya despegado, ya comienzan a entrar en pánico. “Que ocurra una turbulencia es suficiente para que las hormonas del estrés de una persona ansiosa le hagan confundir la realidad con lo que sucede en su mente, y empiezan a imaginar que el avión cae en picado y que van a morir”, afirma. No es ninguna sorpresa que esas personas sufran un ataque de pánico previo al siguiente vuelo…

Polvos mágicos con explicación científica

Si bien hay numerosos medicamentos que pueden bloquear los efectos de la serotinina en la fijación de recuerdos traumáticos, de acuerdo al estudio del MIT, es mucho mejor prevenir que curar. ¿Cómo? Contrarrestando los males de la hormona del estrés con el placer producido por otro químico, la oxitocina, que se produce cuando una madre cuida y amamanta a su bebé y, sobre todo, justo antes y después de haber practicado sexo

Mantener sexo e incluso rememorar una noche de amor genera oxitocina, que nos ayuda a combatir la ansiedad y evita que consolidemos malos recuerdos

“La oxitocina se origina en los juegos previos, cuando hay química entre dos personas, pero incluso después del sexo hay una unión entre ellos, porque la naturaleza sabe que, en caso de tener un hijo, es mejor para su supervivencia”, explica el expiloto. Así que al mismo tiempo que se enciende un fuego, esta hormona del amor apaga otro: el miedo. Y por ello el paciente de Tom Bunn no sufrió un ataque de pánico en pleno vuelo, porque, de acuerdo al terapeuta, seguía generando oxitocina como resultado de la noche anterior, reviviendo una y otra vez las tórridas escenas que le hicieron tocar el cielo sin que sintiera ni siquiera un leve vértigo.

¿Regalarán orgasmos en los aviones?

No se trata de recetar sexo como si fuera biodramina o lexatin (aunque, no sería mala idea), sino, como indica Bunn, recordar escenas generadoras de oxitocina antes y durante el vuelo, y vincularlas a la experiencia de volar. Quizás únicamente tengan que imaginarse haciendo el amor con sus parejas, o recordando a sus bebés, y utilizar esa imagen para sosegarse cuando haya una perturbación o mientras el avión aterriza o despega.

Entonces, ¿habrá que empezar a imaginar que las turbulencias de los aviones son sacudidas de otro tipo? Tal vez el recurso resulte insuficiente para los pocos imaginativos, pero es bastante más entretenido rememorar una gran noche que acudir a un psicoanalista o a sesiones de hipnosis.

Alma, Corazón, Vida

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