Los misterios del cuerpo femenino: 12 cosas que deberías saber sobre su lugar más íntimo
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Los misterios del cuerpo femenino: 12 cosas que deberías saber sobre su lugar más íntimo

Ya que durante siglos se ha tratado de un tema tabú, aún hay muchas cosas que desconocemos sobre el aparato reproductor femenino. A continuación resolvemos algunas de las dudas más importantes

Foto: De acuerdo, no es una vagina, pero nos hacemos a la idea, ¿verdad? (iStock)
De acuerdo, no es una vagina, pero nos hacemos a la idea, ¿verdad? (iStock)

Son muchas las cosas que desconocemos de nuestro cuerpo, no digamos ya de nuestros genitales, rodeados siempre por una neblina mitológica aún más espesada por haber sido un tema tabú durante demasiado tiempo. Es un problema en cuanto que se tratan de zonas que pueden proporcionarnos un gran placer si sabemos utilizarlas correctamente pero que, al mismo tiempo, pueden ser un importante foco de enfermedades.

Ya sabemos que no nos vamos a parar a leer el manual de instrucciones de nuestro nuevo teléfono móvil, televisor o batidora, pero no está de más conocer un poco más sobre los órganos sexuales, sean nuestros o los de nuestra pareja, para sacarle todo el jugo posible (perdón por la expresión). A continuación recogemos algunas de las curiosidades más llamativas sobre las vaginas, que son mucho más que un “conducto membranoso y fibroso que en las hembras de los mamíferos se extiende desde la vulva hasta la matriz”, como afirma la Real Academia de la Lengua.

Tiene más nervios que el pene

Si usted es un hombre, la próxima vez que se sienta satisfecho masajeando su miembro piense que este tendrá alrededor de unas 4.000 terminaciones nerviosas, mientras que sólo el clítoris de una mujer puede rondar las 8.000, y si es estimulado, afectar a otras 15.000 de la zona pélvica. No obstante, el resto de la vagina no goza de la profusión nerviosa del clítoris, y la mayor concentración se encuentra en el tercio de entrada de dicho aparato.

Se la llevó el tiburón, el tiburón, el tiburón

El escualeno es un compuesto orgánico que se obtiene del aceite de hígado de tiburón, pero que también puede encontrarse en el germen de trigo, las aceitunas… o las vaginas, en las que sirve de lubricante natural. Para los tiburones cumple una función muy diferente: conseguir flotabilidad en el mar, debido a que su densidad es menor que la del agua. Otros componentes del flujo vaginal son el agua, la albúmina, el ácido acético, los glóbulos blancos y los lactobacilos.

Las heridas que se puedan producir en el interior de este órgano se curan mucho más rápido que en otras partes del cuerpo

La vagina es una vaina

Esta palabra fue utilizada con este sentido por primera vez en 1641 por el anatomista alemán Johann Vesling, y proviene del latín “vulva”, que era la palabra utilizada para nombrar la vaina en la que se enfundaba una espada. Según San Isidoro de Sevlla, “se llama 'vagina' a la parte del portador de la espada que cubre el filo”.

Se regenera rápidamente

Como si de Lobezno de la Patrulla X se tratase, la vagina es una de las partes del cuerpo femenino más flexibles y que se recuperan a una mayor velocidad de cualquier daño, ya que está preparada para todo tipo de percances durante el parto. La vagina recibe un importante suministro de sangre que permite que los desgarros puedan curarse en apenas 48 horas, varias veces más rápido que un corte en la pierna, por ejemplo.

No todas las mujeres tienen una

La agenesia vaginal o síndrome de Mayer-Rokitansky-Küster-Hauser es, según la definición de la Clínica Mayo, una condición que se desarrolla antes del nacimiento y que provoca que la vagina y el útero no se desarrollen plenamente. Por lo tanto, las mujeres que lo padecen pueden tener un aparato reproductor reducido o, directamente, no tenerlo. Hoy en día el tratamiento puede permitir a dichas mujeres mantener una vida sexual normal, aunque no quedarse embarazadas. La prevalencia es de un caso cada 5.000 bebés.

No, no se orina por ahí

Perdone el lector la vulgaridad, pero recordemos el dicho que afirma que “no hay ninguna mujer fea por donde mea”. En realidad, la mujer no micciona por la vagina sino por la uretra, al igual que el hombre. Esta se encuentra debajo del clítoris y por encima de la apertura vaginal.

No es una puerta de acceso al resto del cuerpo

Solemos pensar que todas las aberturas de nuestro organismo conducen a algún lugar muy profundo de nuestro ser (literalmente). No ocurre lo mismo con la vagina, que tan sólo conduce al útero. Así que no, no hay que alarmarse si se ha quedado accidentalmente algo dentro: tan sólo hay que evitar utilizar una herramienta que pueda provocar una infección.

Un músculo flexible

La vagina media tiene una longitud de entre 8 a 11 centímetros, 7 en su parte anterior y 9 en la posterior. Sin embargo, se trata de una de las partes del cuerpo más flexibles para ayudar al coito y al alumbramiento y puede llegar a duplicar su tamaño en casos excepcionales, aunque por lo general se expande unos 3 o 4 centímetros.

La vagina más grande del mundo

A pesar del mito que señala que hacer el amor con mucha frecuencia o con hombres muy dotados provoca que la vagina se ensanche, no suele ser así. Ahora bien, ¿cuál es la vagina más grande de la que se tiene constancia? Como parece lógico, una que perteneció a una mujer muy grande: se trataba de una escocesa llamada Anna Swan que sufría gigantismo y medía 2,27 metros de altura, y que vivió entre 1846 y 1888. Dio luz al bebé más grande de la historia, o al menos eso nos ha llegado: pesaba 11,80 kilos y medía 86 centímetros de longitud. Al dar a luz a su hijo, Swan dilató 15 centímetros para poder expulsar los 48 centímetros de diámetro del cráneo de su hijo, que no sobrevivió.

Las siempre molestas ventosidades vaginales

Durante el acto sexual es posible que la vagina expela aire con un ruido similar de una ventosidad. Sin embargo, y a diferencia de los gases expelidos por otros orificios, no está acompañado de ningún mal olor puesto que no proviene del intestino. Y si es así, puede deberse a una fístula colovaginal, por lo que deberíamos acudir rápidamente al médico ya que se trata de una enfermedad grave.

El de la vagina dentada es uno de los mitos más recurrentes que aparecen en todo el mundo alertando sobre el hipotético peligro femenino

Tus amigas las bacterias

Al igual que ocurre con nuestro intestino, en la vagina se concentran multitud de bacterias que ayudan a combatir a los invitados indeseados. Por eso no se recomienda lavar de forma agresiva el interior de la vagina, ya que probablemente estaremos eliminando todos esos organismos que nos ayudan.

Cuidado: los preservativos no te protegen de todas las enfermedades

Aunque los condones siguen siendo una de las mejores herramientas para mantenernos a salvo de las enfermedades de transmisión sexual, incluso utilizándolos podemos infectarnos. ¿Por qué? Porque durante el sexo la vulva se encuentra expuesta al roce con las zonas genitales masculinas que sufran enfermedades como el herpes o la clamidia.

El mito de la vagina dentata

La leyenda de una vagina femenina coronada por una fila de devoradores dientes aparece en culturas tan diferentes como la hindú, la sintoísta o la cultura prehispánica mexicana como una alerta ante las relaciones sexuales con mujeres desconocidas. La imagen de esta feminidad monstruosa ha pervivido en la cultura popular, de Alien: el octavo pasajero a Cromosoma 3 de David Cronenberg, pasando por Teeth de Mitchell Lichtenstein, que no por casualidad fue traducida en español como Vagina Dentata.

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