LA AUTOMATIZACIÓN DE LAS FUNCIONES DIRECTIVAS

Cuéntaselo a tu CEO, se va a reír: la última novedad del management

La sustitución de mano de obra cuailficada por software o máquinas parece que será una constante de nuestro futuro. Pero la tendencia no acaba aquí: apunta a lo más alto

Foto: El iCEO despierta más sonrisas que temor. (Foto: iStock)
El iCEO despierta más sonrisas que temor. (Foto: iStock)

Uno de los sueños del management actual es acelerar e implementar los procesos de automatización del trabajo, una operación peculiar que supondría una notable reducción de costes, al tiempo que evitaría los problemas continuos que supone lidiar con el factor humano. Los directivos de las empresas del Fortune 500 están intentando dar pasos adelante en ese sentido, una vez conseguido que los procesos de producción requieran de mucha menos mano de obra gracias a nuevos instrumentos técnicos. 

Sin embargo, en un mundo, como es el nuestro, donde priman los servicios, ese molesto ser humano continúa resultando esencial: desde médicos, profesores o abogados, pasando por conductores de camiones, camareros y teleoperadores, se sigue necesitando contratar a personas para realizar correctamente los trabajos y, en ocasiones, es obligado ofrecerles remuneraciones elevadas, ya sea porque su conocimiento es notable, ya porque escasean los posibles sustitutos.

"Abogados, profesores o periodistas verán cómo se automatiza su trabajo, y con bastante éxito”

Las previsiones, no obstante, apuntan en la dirección de una automatización masiva. Según el informe The future of employment, realizado por los profesores de la Universidad de Oxford Carl Benedikt Frey y Michael A. Osborne, el 47% del empleo total está en riesgo de desaparecer, “ya que muchas de sus ocupaciones son susceptibles de ser automatizadas en una o dos décadas”. En una primera fase, la mayoría de los trabajadores del sector del transporte y de la logística, así como los administrativos y, en general, todos los relacionados con la oficina, y los vinculados a los procesos de fabricación y producción, “serán sustituidos por capital informático”. Pero no son los únicos: profesionales como "abogados, profesores o periodistas verán cómo se automatiza su trabajo, y con bastante éxito”, en palabras de Lord David Finkelstein, Editor Ejecutivo del diario The Times, ya que muchas de las tareas respecto de las que entendíamos que se necesitaba inteligencia humana, como eran la calificación de exámenes escritos o la formulación de demandas jurídicas, es posible ya realizarlas, “y bastante bien”, a través de los ordenadores.

Un mundo radical

La evolución del modelo postindustrial generado por las nuevas tecnologías va a transformar nuestra sociedad de una manera radical. El mundo que nos espera será el de máquinas emitiendo diagnósticos sobre nuestra salud y rellenando recetas, o, como cuenta Jeremy Rifkin, camiones guiados por gps que no necesitarán conductor. Un buen número de tareas para las que pensábamos que los seres humanos serían siempre imprescindibles, comenzarán a realizarse a través de sustitutos artificiales.

Un prototipo de software llamado informalmente iCEO, que ejerce funciones directivas, ha sido probado con gran éxito

Ese escenario, que puede ser muy favorable para algunas empresas, contiene un problema para sus directivos, como es evitar que el proceso de automatización se les vuelva en contra, para regocijo de los accionistas de referencia. Como cuenta Harvard Business Review, la gerencia de alto nivel está cerca de caer presa del instrumento que estaba utilizando. Un prototipo de software llamado informalmente iCEO, que ejerce funciones directivas, ha sido probado con éxito. Se trata de un programa de gestión virtual que automatiza trabajos complejos dividiéndolos en pequeñas tareas individuales. iCEO asigna micro-tareas a los trabajadores a través del uso de múltiples plataformas de software, como oDesk o Uber, así como mensajería de correo.  

Y cuenta con “la receta del management”

Según David Fidler, integrante del Institute of the Future y uno de los miembros del proyecto, iCEO funcionó prácticamente a la perfección. Los expertos quedaron impresionados por la calidad del resultado y por la velocidad con que se producía. Raramente tuvieron que intervenir, ni siquiera para comprobar la calidad del trabajo o para contratar personal, porque ambos elementos eran gestionados por el mismo iCEO, que también negoció el contrato con la plataforma oDesk, desde la que operaba.

Eso pensábamos antes de la Revolución Industrial con el trabajo artesano, y mira ahora. Que se vayan preparando los consejeros delegados y los directivos

El software, afirma Fidler, podrá ser utilizado en muchas otras industrias. Hoy todavía es un programa rudimentario, pero en un año o dos lo lanzarán con un modelo que podrán utilizar grandes compañías de diversas áreas, máxime cuando cuenta con lo que llaman “receta del management”, que permite que su trabajo pueda ser modificado y ampliado según lo que sea preciso.

El círculo se cierra

Respecto de las críticas que señalan que las tareas de los CEO son tan creativas que no pueden reducirse a las simplicidades que produce un software, Fidler argumenta que eso pensábamos antes de la Revolución Industrial con el trabajo artesano, y vimos cómo podía ser descompuesto en múltiples tareas fragmentadas con el taylorismo y el fordismo, y cómo ese hecho imposible se convirtió en la norma. Y que ese es el futuro que le espera a directivos y consejeros delegados.

Su papel sería el de esos directores de RRHH contratados para despedir a la plantilla que cuando han cumplido su función son puestos en la calle

De modo que el círculo se cierra. Aquella parte de la empresa que exige sueldos y retribuciones más elevadas porque aporta más valor añadido se convertiría en prescindible si los desarrollos en la automatización siguen generando nuevas posibilidades. En ese escenario futuro, su papel sería automatizar el mayor número posible de áreas de la empresa hasta que ellos mismos fueran sustituidos por un programa, lo que se parecería mucho al papel de esos directores de recursos humanos contratados para despedir a la plantilla y que, cuando han cumplido su función, son ellos mismos puestos en la calle.

Bien podría argumentarse que el trabajo experto no puede ser sustituido por las máquinas, que hay áreas de decisión, de conocimiento y de experiencia, además de los aspectos relacionales en juego que hay en casi todos los trabajos actuales, que no pueden ser subsumidas en programas que simplifican en demasía las tareas, y que por tanto empobrecen enormemente los resultados. Pero creer eso significaría tomarlo en toda su extensión, y abandonar el sueño de seguir investigando en programas que, aseguran, pueden diagnosticar una enfermedad mejor que un médico, realizar una operación mejor que un cirujano, escribir un artículo mejor que un periodista, formular una demanda mejor que un abogado o pilotar un avión mejor que una persona. Porque si eso es así, seguro que pueden dirigir una compañía mejor que un CEO.

 

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