EVITA SUFRIMIENTO Y AHORRA COSTES

"Vete a casa y muere con los tuyos": la prueba que dice si vas a morir en un mes

Un nuevo chequeo médico puede determinar si un paciente morirá en menos de 30 días. Su objetivo es evitar tratamientos innecesarios... Y también ahorrar

Foto: ¿Es bueno saber cuándo un paciente no tiene posibilidades de sobrevivir? (iStock)
¿Es bueno saber cuándo un paciente no tiene posibilidades de sobrevivir? (iStock)

Acompañar como es debido a los enfermos en el final de sus días es una de las asignaturas pendientes de nuestros modernos sistemas de salud. En España más de la mitad de los enfermos terminales no tiene a su disposición un servicio de cuidados paliativos y ni ellos ni los familiares cuentan con la ayuda adecuada en estos difíciles momentos.

Un equipo de investigadores australiano ha presentado un chequeo médico que, aseguran, puede determinar si un paciente morirá en menos de 30 días desde que sea ingresado en el hospital. Su objetivo es determinar qué enfermos deben clasificarse como terminales, para evitar tratamientos innecesarios que prolonguen su sufrimiento y de sus familiares, pero sus promotores no niegan que también permitiría a los sistemas sanitarios ahorrarse un dineral.

El test ofrece un porcentaje con las posibilidades de que el enfermo fallezca entre uno y tres meses tras la realización de la prueba

“Demorar una muerte inevitable con intervenciones agresivas y costosas contribuye a que los costes sanitarios sean insostenibles y crecientes”, explica la doctora Magnolia Cardona-Morrel, investigadora de la Universidad de Nueva Gales del Sur. “Estas intervenciones no suelen mejorar el estado de las pacientes, normalmente no mejoran su calidad de vida, pueden empeorar el duelo de las familias y causan frustración entre los profesionales de salud”.

La nueva prueba, bautizada como Criteria for Screening a Triaging to Appropiate Alternative Care (CriSTAL), consiste en el examen de 29 indicadores de salud que incluyen, entre otros, la edad, la debilidad, las enfermedades presentes, la discapacidad mental, las admisiones de emergencia previas o la frecuencia cardiaca. Tras analizar todas las variables, el test ofrece un porcentaje con las posibilidades de que el enfermo fallezca entre uno y tres meses tras la realización de la prueba.

Polémica en Reino Unido

Tal como informa The Telegraph, el profesor Sir Mike Richard, inspector jefe de la Care Quality Commission, que vela por el buen funcionamiento de los hospitales británicos, alertó de que los pacientes terminales estaban recibiendo cuidados muy distintos dependiendo de la institución. En su opinión, estos errorses se deben a la ausencia de un protocolo común tras el fracaso de la Liverpool Care Pathway (LCP), un intento por unificar los criterios sobre el cuidado de los enfermos terminales que se exportó a muchos países pero acabó causando una enorme polémica en Reino Unido.

Hay presiones sociales para que los médicos utilicen los avances tecnológicos disponibles para prolongar la vida, incluso en situaciones en las que esto es claramente inútil

La prensa desveló que los hospitales estaban recibiendo incentivos económicos por cumplir objetivos asociados a las nuevas directrices, pero en muchos casos se estaban interpretando mal los criterios, lo que llevó a muchos pacientes a ser drogados y privados de líquidos en las últimas semanas de sus vidas.

La LCP se retiró en 2013 y desde entonces no ha vuelto a imponerse un criterio único. Los promotores del nuevo test médico, que se ha hecho público en el último número de la revista Supportive & Palliative Care (que forma parte de la editorial del British Medical Journal), pretenden que sirva como “punto de partida” de una nueva hoja de ruta que sea honesta con los pacientes y sus familiares. Los investigadores revisaron 112 estudios científicos para saber qué se debe conocer para predecir el tiempo de vida que le queda a un enfermo con la mayor precisión.

En opinión de los autores de la prueba, los doctores y enfermeras están sometidos a una gran presión de parte de las familias para prolongar la vida de los pacientes a cualquier coste. Algo que en ocasiones no tiene sentido.

“Si bien existen políticas aceptadas para reducir los tratamientos en pacientes terminales, hay también presiones sociales para que los médicos utilicen los avances tecnológicos disponibles para prolongar la vida, incluso en situaciones en las que esto es claramente inútil”, explica la doctora Cardona-Morrel. En su opinión, los médicos deben poder informar con seguridad a pacientes y familiares de que la muerte es inevitable, ya que en muchos casos los tratamientos intensivos sólo sirven para prolongar la agonía.

La mayoría de pacientes, además, se mueren en el hospital, que no es siempre el sitio en el que desearían fallecer. Los autores de la prueba creen que conocer con certeza que las posibilidades de supervivencia son nulas permitiría a pacientes y familiares decidir pasar los últimos días en casa. 

Alma, Corazón, Vida
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