"RABIA, RESENTIMIENTO Y RENCOR"

¿Quién puede abusar de un niño? Qué debemos saber sobre los pederastas

¿Quién puede abusar de un niño? Esta es la pregunta que la población suele hacerse cuando surgen casos como el del violador de Ciudad Lineal

Foto: Los agresores sexuales no suelen forzar a sus víctimas, sino que las convencen o engañan. (Corbis)
Los agresores sexuales no suelen forzar a sus víctimas, sino que las convencen o engañan. (Corbis)

¿Quién puede abusar de un niño? Esta es la pregunta que la población suele hacerse cuando salen a la luz pública casos como el del violador de Ciudad Lineal o los 1.400 menores que fueron utilizados como esclavos sexuales en Inglaterra. Es difícil comprender cómo alguien puede obtener satisfacción de la agresión sexual a niños, y además, repetirlo una y otra vez hasta ser capturado.

Como recuerdan los expertos, y aunque existen multitud de variables que pueden desencadenar la agresión, se trata de un trastorno psicológico, como recoge la Sociedad Española de Neurología. Mientras que la pedofilia se trata de una parafilia en la cual se siente excitación sexual por los niños, el concepto de pederastia se emplea para hablar de la actividad sexual. No todos los pedófilos son pederastas, pero sí al revés. Algunos de los pedófilos pueden ser de doble vía, aquellos que disfrutan tanto de la parafilia como de relaciones homosexuales o heterosexuales normales.

Por lo general, el pederasta tiene en su infancia alguna experiencia traumática que determina su comportamiento posterior y que suele convertir a las víctimas en verdugos en un bucle sin fin. Como explica a El Confidencial la psicóloga clínica especialista en abusos sexuales a niños, Victoria Noguerol, directora del centro de psicología del mismo nombre, “en todos los casos de mis 25 años de experiencia he encontrado variables que ayudan a comprender la conducta (no a justificarla)”. Son “la rabia, el resentimiento y el rencor” que quedan instalados lo que provocará que, de adultos, les lleven a descargar sus tensiones a través de conductas violentas o sexualmente abusivas.

Aunque el perfil del pederasta es variado, suele tratarse de un hombre (tan sólo el 14% son mujeres) y no tiene por qué ser de avanzada edad, ya que también existen casos entre los adolescentes. Como explica el profesor de la Universidad Autónoma de Barcelona Francesc Xavier Moreno Oliver en su trabajo Perfil psicológico de los pedófilos aludiendo el trabajo de Anna Oliverio Ferraris, las tendencias pedófilas suelen aparecer en torno a los 15 años.

La pulsión pedofílica puede complementarse con otro tipo de patologías mentales, que pueden provocar el salto de la mera atracción a la conducta criminalLa reincidencia es bastante frecuente entre ellos, como explica el psiquiatra forense y profesor de la Universidad Complutense de Madrid Alfredo Calcedo a El Confidencial, que recuerda que un estudio de seguimiento de 15 años puso de manifiesto que la mitad de pederastas habían reincidido. En algunos casos, recuerda el psiquiatra, la pulsión pedofílica puede complementarse con otro tipo de patologías mentales como la psicosis o los trastornos de personalidad, que pueden provocar el salto de la mera atracción a la conducta criminal.

Pederastas fijados y pederastas situacionales

Se trata de personas, por lo general, integradas en la sociedad. Como explica Noguerol, la mayor parte de pederastas no tienen rasgos que los diferencien del resto, al igual que ocurre con otras conductas adictivo-compulsivas como la ludopatía. Tan sólo los pederastas fijados, aquellos más reincidentes y resistentes a la curación, presentan rasgos más distintivos. Frente a ellos se encuentran los pederastas situacionales, que tienen un pronóstico de superación mayor puesto que responden a situaciones y contextos muy determinados.

No se consideran criminales, sino que se eximen de culpa a través de autojustificaciones

Existe una progresión en la conducta del pederasta, que puede empezar observando pornografía infantil antes de atreverse a dar un paso más allá. Muchos se quedan en el camino y no agreden sexualmente a ningún niño. Otros sí lo hacen, y entre ellos, el agresor sexual fijado representa una minoría, comparado con el situacional. Noguerol cita un párrafo de Lolita, de Vladimir Nabokov, para describir la patología fijada, y es aquel en el que su protagonista, en pleno juicio, reconoce que daría cualquier cosa por repetir su encuentro con la joven.

La mayor parte de abusadores carecen de empatía, puesto que de lo contrario, no se atreverían a dar el paso a la agresión sexual. En la mayor parte de casos, estos viven una disonancia cognitiva que le sirve para excusar su comportamiento. No se consideran criminales, sino que se eximen de culpa a través de autojustificaciones como “en realidad le gusta”, “no me ha dicho que no”, “va a ser sólo una vez”, “le pasa a muchos niños y no ocurre nada”… Una manera de evitar que les afecte y, por lo tanto, sigan haciéndolo. No ocurre lo mismo con los situacionales, en los que los remordimientos son más frecuentes.

Se han instalado más cámaras de videovigilancia para atrapar al pederasta de Ciudad Lineal. (Efe)
Se han instalado más cámaras de videovigilancia para atrapar al pederasta de Ciudad Lineal. (Efe)

Un sentimiento habitual entre los agresores fijados es, no obstante, la incontrolabilidad de su comportamiento. De ahí que sea habitual que terminen agradeciendo que un agente externo, como la policía, los detenga. “Me he encontrado casos en los que me han dicho ‘menos mal que alguien ha parado esto’, puesto que ellos no podían detenerse”, explica Noguerol. “Tienen la sensación de que, si el proceso no se para, la escalada los va a terminar llevando incluso a la muerte”. En el caso del violador de Ciudad Lineal, Calcedo se muestra sorprendido por los riesgos que está corriendo, lo que para él, “indica que tiene una parafilia muy intensa y con carácter obsesivo”.

Por lo general, las víctimas de un pederasta suelen compartir un perfil o ciertas características físicas semejantes. Nogueral explica que en alguno de los agresores con los que ha trabajado, estos sólo sentían el impulso ante niñas con la misma edad y altura o rasgos semejantes, ya que era lo único que provocaba que “se activase su propio trauma”.

Un modus operandi que favorece la accesibilidad

Debido a que el agresor sexual busca saciar su impulso, suele buscar el camino más fácil para alcanzar su objetivo. Ello provoca que la mayor parte de abusos sexuales en la infancia se produzcan dentro de la familia, ya que se es mucho más accesible y garantiza el secretismo. “La dependencia emocional de los hijos puede favorecer que no sean denunciados no sólo por ellos, sino también por la mujer”, recuerda Noguerol. El contacto constante y la cotidianidad son factores que favorecen la agresión sexual. En otros casos, recuerda Calcedo, el abuso se lleva a cabo con los familiares con los que no existe consanguinidad, como los hijos de la pareja divorciada.

Ejercer la violencia desde un primer momento sólo hace las cosas más difíciles. Por ello, ganarse la simpatía del niño y hacerle sentir cómodo facilita la accesibilidad al mismo. En un estudio canónico publicado en el año 1989 en la revista científica Child Abuse & Neglect, 20 abusadores explicaban su modus operandi. “Decían que buscaban siempre a los niños más vulnerables, indefensos y discapacitados”, explica Noguerol. “Iban ganándose su confianza, haciéndoles regalos para que se sintiesen cada vez más confiados”. El sadismo hacia los niños tan sólo aparece en casos muy aislados y, generalmente, como pone de manifiesto la investigación de Oliverio Ferraris, “carentes de sentimientos morales, afectados por trastornos mentales y que han crecido en un ambiente de degradación ambiental o psicológica”.

Si un pedófilo se entrega para que lo traten, no tiene dónde ir

¿Qué ocurre una vez el pederasta ha sido atrapado? Calcedo denuncia que en España no existen centros preparados a tal efecto ni seguimiento, y que simplemente el criminal cumple su condena y vuelve a la calle donde puede volver a delinquir. Además, apenas suelen gozar de permiso para salir, puesto que “las juntas de tratamiento de las prisiones no están dispuestas a asumir el riesgo”, por lo que son recluidos hasta su liberación definitiva. Ni siquiera ellos pueden recurrir a la terapia (“si un pedófilo se entrega para que lo traten, no tiene dónde ir”) ni existen estadísticas de seguimiento. Aunque en otros países se hayan llevado a cabo leyes de “depredadores sexuales”, estas son estigmatizadoras y empujan al pederasta a un estilo de vida clandestino.

En cuanto a la curación, Calcedo señala que el pederasta suele controlarse con medicación. En un primer nivel el enfoque es psicoterapéutico, en el que se trata la empatía con la víctima, las distorsiones cognitivas y las obsesiones, en caso de que sea necesario. En el siguiente nivel se encuentran los farmacológicos, tratamientos hormonales que influyen en la testosterona, pero que matan todo tipo de pulsión sexual, lo cual puede ser problemático. Es la controvertida “castración química” que fue aprobada por primera vez en Cataluña en 2010.

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