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Los misterios que la ciencia aún no ha resuelto del estado de coma

El coma sigue siendo un estado muy desconocido para el ser humano. Existen muchas teorías que circulan por la red pero pocas son las certezas

Foto: El estado de coma sigue siendo un gran desconocido para la ciencia. (iStock)
El estado de coma sigue siendo un gran desconocido para la ciencia. (iStock)

El coma es uno de los estados que mayor misterio entrañan en el ser humano. Muchas son las teorías e historias que circulan en la red sobre extraños casos, presuntamente paranormales, de personas que han caído en este profundo letargo: desde la joven croata que se despertó de un coma tras 24 horas y se puso a hablar en un fluido alemán, hasta el paciente que tras varios años en estado vegetativo un día se despertó al inyectársele Valium.

Más allá de estos extraños casos, la razón por la que el coma es un tema de tanto interés es porque se trata de un caso médico en el que el paciente se encuentra en un estado de inconsciencia. Sin embargo, el término consciencia no es cuantificable con total exactitud.

En ella influyen tres cualidades como la capacidad para estar despierto, el contenido psíquico (capacidad para saber quién eres, qué día es…) y la reacción ante estímulos. Con estos tres criterios se utiliza un método para medir el nivel de consciencia. Su nombre es la escala de Glasgow.

Esta escala atiende a la apertura ocular, respuesta verbal y respuesta motora. Y, según los niveles que el paciente muestre se dará mayor o menor puntuación. Los valores entre los que se sitúa esta escala son tres y quince, y para que se pueda considerar que alguien está en coma, la suma de las tres varibales ha de ser inferior a ocho.

Dentro del propio estado del coma también existen diferentes niveles. El más superficial es aquel que tiene entre ocho y siete puntos, el moderado suma seis o cinco y el coma profundo cuatro o tres.

Otro aspecto curioso respecto al estado de coma son los reflejos que puede seguir manteniendo el paciente. Estos pueden provocar, en ocasiones, esas extrañas sensaciones de respuesta que pueden llevar a la confusión de familiares o conocidos, como abrir más los ojos cuando alguien habla o mover el brazo cuando es acariciado. Esta puede ser una de las principales diferencias entre dos términos que en ocasiones son erróneamente mezclados como el coma y la muerte cerebral.

El misterio de las alucinaciones

Los aspectos que más atención y polémica generan son las famosas alucinaciones en el estado de coma. En ellas, casi todo lo que ocurre es discutible y pueden hacerse numerosas interpretaciones. Incluso, su propio nombre puede ser objeto de debate al no tratarse puramente de simples alucinaciones, pues estas no dependen de un estímulo externo, sino que son creaciones del propio cerebro. En el caso del coma, esas imágenes sí que podrían estar vinculadas con un agente externo, por lo que pueden situarse en un punto intermedio entre los sueños y las alucinaciones.

Es complicado saber a ciencia cierta cuando un paciente va a despertar del coma

Incluso, estas imágenes pueden proceder de experiencias antes vividas. La principal certeza que se tiene respecto a este asunto es que apenas se tienen conocimientos sobre ello, al igual que en los plazos que han de cumplirse para despertarse de un coma. Existen numerosas técnicas para intentar predecir cuando una persona despertará del coma, al igual que hay determinados condicionantes que pueden influir en el tiempo (ser una persona deportista, tener un coma poco profundo, no haber sido provocado por sustancias tóxicas…), pero no existe ninguna certeza para poder establecer unos pasos totalmente seguros.

El coma inducido

En algunas ocasiones, el coma es solo un mal menor e, incluso, puede servir para mantener a una persona con vida. Este es el motivo por el cual los médicos pueden recurrir, en situaciones de especial gravedad, a inducir un coma a un paciente. La razón por la que se utiliza este método, aparentemente poco ortodoxo, es favorecer la recuperación del cuerpo. El paciente es expuesto a una gran cantidad de sedantes con el objetivo de producirle una profunda y larga somnolencia. Durante ese tiempo, el enfermo estará conectado a fuentes de alimentación externa (nutrición, respiración…) y así el propio cuerpo podrá estar más descansado, sufrir menos y priorizar en esfuerzos.

Esta medida solo se toma en casos de gravedad y extrema necesidad, que suelen estar relacionados con abuso de sustancias estupefacientes o tóxicas, fuertes traumatismos craneales como el de Michael Schumacher o situaciones de elevada gravedad como el caso del ya fallecido Alfredo Di Stéfano

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