LA PESTE ACABÓ CON UN TERCIO DE EUROPA

Los dioses, fuera de juego: cuando el Armagedón llegó a España

Durante milenios la humanidad ha sostenido su solitaria presencia en estos confines de la galaxia a través de una lucha contra los elementos

Foto: El triunfo de la muerte, pintado por Pieter Brueghel el Viejo en 1562.
"El triunfo de la muerte", pintado por Pieter Brueghel el Viejo en 1562.

La lealtad, no pudiendo hacerse hombre, se hizo perro.

–Arthur Schopenhauer

Durante milenios la humanidad ha sostenido su solitaria presencia en estos confines de la galaxia a través de una lucha contra los elementos con un tesón solo comparable al de Sísifo en su titanica tarea. A mediados del siglo XIV, una forma de muerte desconocida anidaba entre las sombras, a punto de desatar una de las mayores tragedias que padecer pudiera este abandonado colectivo humano. Una variante mejorada de Nosferatu jugaba como casi siempre en campo propio.

Los microorganismos, como parte integrante de un ecosistema, están sujetos a las alteraciones del mismo y algunas variables pueden determinar su expansión o retroceso de tal manera que la idílica normalidad cotidiana se puede convertir en una experiencia infernal de la noche a la mañana, como así sucedió en la llamada pequeña Edad del Hielo en las postrimerías del siglo XIV.

Los ruegos y plegarias no tenían eco en la divinidad, a años luz de los que le invocaban, ajeno al horror que se desarrollaba por estos pagosEntre los años 1347 y 1351, más de treinta millones de personas sufrirían una muerta atroz; una cantidad similar a todos los soldados caídos (civiles aparte) en la II Guerra Mundial, aunque proporcionalmente la mortalidad fuera superior habida cuenta de que la población en aquel entonces no llegaba a la tercera parte. Un Apocalipsis invisible de proporciones escalofriantes, aparentemente sin precedentes en la historia de la humanidad por la contundencia de su agresividad, se llevaría por delante a más de un treinta y tres por ciento de la población europea. Huelga decir que no existía nada parecido al arma atómica para definir tan brutalmente una agresión de alcance tan letal como el ocasionado por aquella mortandad, pues al fin y al cabo, se trataba de una minúscula bacteria de un poder asombroso en aquel entonces indetectable. Los ruegos y plegarias eran absolutamente estériles e infructuosos y no tenían eco en la divinidad, que como de costumbre estaba a años luz de los que le invocaban, apoltronado en una actitud bastante displicente en su butaca cósmica ajeno al horror que se desarrollaba por estos pagos.

La zoonosis letal

Pieter Brueghel el viejo, dejaría para la posteridad un sombrío cuadro –El triunfo de la muerte-, en el que esqueléticos perros hambrientos devoraban sin reparos los cadáveres de la ingente masa de afectados por aquella plaga bíblica. Un continuum de horror reflejado magistralmente por el pincel del artista, define meridianamente aquel sombrío escenario medieval.

La enfermedad se localizaba en las ingles, axilas o cuello, e inflamaba los nódulos del sistema linfático a la par que creaba supuraciones y fiebres altísimasLa peste es una zoonosis, esto es, una enfermedad que pasa de los animales a los seres humanos y su forma de transmisión más común se daba a través de la picadura de las pulgas parasitarias de las ratas negras, que proliferaban a sus anchas en ambientes comunes a la población de la época como posadas, graneros, porquerizas, etc. La enfermedad se localizaba en las ingles, axilas o cuello, e inflamaba los nódulos del sistema linfático a la par que creaba supuraciones y fiebres altísimas, provocando en los enfermos escalofríos y delirios. En no más de tres semanas se alcanzaba indefectiblemente un tránsito seguro a la eternidad.

La peste negra, según la Biblia de Toggenburg.
La peste negra, según la Biblia de Toggenburg.

Era esta una enfermedad infectocontagiosa que podía manifestarse de diferentes maneras. Podía ser de orientación bubónica (infección a través de la pulga o rata); de carácter neumónico (contagio a través del aire circulante) o de dinámica septicemica (multiplicación de la bacteria en la sangre infectando todo el organismo).

Cuando el Armagedón llegó a la península ibérica

En 1346, la ciudad costera de Caffa en la península de Crimea estaba siendo asediada por los mongoles .El huevo de la serpiente anidaba a la espera de abrir nuevas veredas al horror. Al detectar estos la pandemia en sus filas no se les ocurrió otra cosa que proyectar a sus propio  finados con catapultas por encima de las murallas de la ciudad para añadir un poco más de morbo al tema. Los genoveses, que tenían una importante presencia en aquellos pagos al ver la situación, pusieron pies en polvorosa hacia Italia y en su huida se trajeron al terrible convidado.

Según estimaciones solventes se cree que la mitad de la población perecería en menos de un añoLos indicios sugieren que a través de «saltos metastásicos», la peste se propagaba a través de las rutas marítimas, terrestres, comerciales y caminos de peregrinación. Una de las entradas de la pestilencia se produjo a través del Camino de Santiago en su trayecto navarro, dejando al reino pirenaico “fundido” literalmente. Según estimaciones solventes se cree que la mitad de la población perecería en menos de un año. Al otro lado de la demarcación fronteriza, a la ya castigada Castilla, que estaba bregando con la fratricida guerra civil entre Enrique de Trastámara, contra su hermanastro el rey Pedro I de Castilla, en un enfrentamiento de gran intensidad, había que añadirle la indetectable presencia de un invitado bastante tenaz y desagradable. Los jinetes del Apocalipsis trabajaban a destajo en medio de aquella desolación.

La velocidad de propagación sugiere que fue la variante neumónica la que se propaló con mayor virulencia. Solo las zonas frías y con una baja humedad, como era el caso de los países escandinavos e Islandia, se librarían de aquel Armagedón.

España, bajo la peste

Las repercusiones de la peste negra en la península ibérica no tardarían en dejarse notar. En aquellos tiempos, habitaban la piel de toro alrededor de siete millones y medio de almas. Tras el paso de esta modalidad de infierno terrenal, quedarían para contarlo no más allá de dos millones y medio de afortunados. La hambruna previa del año 1343 agravaba las ya de por si lamentables condiciones sanitarias y la debilidad inmunitaria se agregaba  como factor de comorbilidad.

La peste negra provocó en España dos corrientes antagónicas: una vitalista y la otra pietistaPor otra ruta, en mayo de 1348, entraría por los puertos mallorquines (en Alcudia murió la mitad de la población en tres meses), y catalanes de la Corona de Aragón, el mensaje de muerte, y seis meses después llegaría a Galicia. En ocasiones, en cuarenta y ocho horas el afectado caía fulminado, en otras, la cosa demoraba hasta tres semanas el inicio del tránsito final. El colapso era de tal magnitud que no sólo se detendría la reconquista y se desbarataría la administración local, sino que tanto en Castilla como en Aragón miles de hectáreas de arboleda fueron sacrificadas a la voracidad del fuego purificador pues se hacía indispensable la quema de los miles de cadáveres que poblaban el agro y las ciudades.

La peste negra provocó en España dos corrientes antagónicas pero balsámicas en sus intenciones; una vitalista y la otra pietista. Los que temían morir, se entregaban al hedonismo desenfrenado o lo que es lo mismo a un carpe diem sin freno de mano; a otros les daba por el arrepentimiento y la expiación, los flagelantes, se mortificaban con penitencias extremas y peregrinaban de población en población portando cruces y entonando lúgubres cánticos embutidos en capirotes y con la espalda desnuda y sangrada por los azotes que se infligían. En fin, el acabose.

Una oscura moraleja

Si ya las repercusiones en el orden demográfico eran más que lacerantes, la absoluta subversión de la economía con la consiguiente caída de rentas, inflación galopante, falta de mano de obra y la rampante hambruna por doquier, acentuarían el claro desarrollo de un ciclo depresivo que remontaría finalmente con la buena gestión de caja de los Reyes Católicos .

¿Cómo un minúsculo microorganismo que es capaz de hibernar durante cien millones de años en las profundas y gélidas gargantas árticas puede en un desvarío borrar de la existencia al mayor depredador conocido?El orden social se vería quebrado por la desesperación de migraciones sin rumbo y desordenes de todo tipo, desde el incremento de la delincuencia asociada al desastre, así como de los abusos sin cuento de  la oligarquía y nobleza que pactarían alianzas para rescatar practicas medievales (los llamados “malos usos” o practicas casi esclavistas) que ya habrían prescrito a la conclusión de la baja Edad Media. Como consecuencia de todo esto se generarían luchas fratricidas sin cuento como corolario a los desórdenes sobrevenidos  a cuenta de las convulsiones y secuelas de la acción de la Peste Negra, entre ellas la pugna por los recursos naturales. Como secuelas socioeconómicas, cabe destacar la elevada mortandad que produciría  una drástica disminución de la mano de obra, afectando a vitales sectores productivos como la agricultura, manufacturas, comercio, etc. Todo esto causaría un  tremendo encarecimiento en los costes de producción por el aumento de los salarios, lo que a la postre se traduciría en una inflación galopante

Pero mas allá del espeluznante numero de muertos, siempre nos quedará la opción de reflexionar sobre la inveterada arrogancia humana.

¿Cómo un minúsculo microorganismo que es capaz de hibernar durante cien millones de años en las profundas y gélidas gargantas árticas puede en un desvarío acercar todas las coincidencias y borrar de la existencia al mayor depredador conocido? ¿Quizás justicia poética? Desde las dos revoluciones industriales del siglo XIX hasta la fecha, no hemos parado de fomentar la destrucción del entorno con una frivolidad asombrosa.

Quizás la cada vez más frecuente indiferencia compasiva que habita el bípedo que somos nos haga ver que tras  los claroscuros de la vida siempre hay un tribunal invisible, el del azar.

Alma, Corazón, Vida
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