Estados Unidos (EEUU): La prisión no es realmente como la gente piensa que es
SEGÚN LA AUTORA DE ‘ORANGE IS THE NEW BLACK’

“La prisión no es realmente como la gente piensa que es”

Piper Kerman era una chica de buena familia hasta que un desliz le hizo pasar un año en prisión, experiencia que relata en "Orange Is the New Black"

Foto: Kerman, ayer en Madrid, durante la presentación del libro.
Kerman, ayer en Madrid, durante la presentación del libro.

Aproximadamente, 2.266.800 adultos se encuentran encarcelados en este momento en EEUU, según la Oficina de Estadísticas de Justicia (BJS). Además, casi 5 millones viven su día a día en libertad condicional. Una suma que da un total aproximado de 7 millones de personas (una séptima parte de los habitantes de España) en el sistema penitenciario americano, el más nutrido de todo el planeta.

Una de ellas fue Piper Kerman, autora de Orange is the New Black (Ariel), el libro en el que se ha basado de forma bastante libre la popular serie de Netxflix creada por Jenji Johan (Weeds) que en nuestro país es emitida por Canal+. El libro cuenta en primera persona qué supone pasar un año completo en una cárcel femenina de mínima seguridad y supone, sobre todo, un interesante análisis de las mujeres que por millones ocupan las celdas de EEUU.

Al fin y al cabo, Kerman, como reconoce a El Confidencial, fue una mujer con suerte: procedía de una familia de médicos y abogados, estudió en el Smith College, una reputada universidad privada, y su actual marido, Larry Smith, es un importante periodista y escritor, colaborador de The New York Times. Un desafortunado episodio en su juventud –ayudó a su novia a transportar dinero procedente del tráfico de drogas– provocó que tuviese que pasar un año en la cárcel de Denbury un decenio después de dichos acontecimientos. Pero, a diferencia de otras tantas mujeres, Kerman contaba con el apoyo de su prometido, de su familia y amigos. Esta no es la historia ficticia de Piper Chapman, la protagonista de la serie de televisión, sino la historia real de Piper Kerman.

PREGUNTA.- ¿Qué te llevó a escribir el libro y por qué crees que tu caso es diferente al resto?

RESPUESTA.- Entré en la cárcel en 2004 y salí en 2005, diez años después de cometer mi crimen. Cuando fui a prisión estaba muy asustada, pero lo que encontré durante mi estancia fue muy distinto de lo que esperaba.

Así que pensé que, al contar mi propia historia, el lector podría hacerse una idea diferente de quién está en prisión, ya que no solemos pensar en las mujeres cuando pensamos en prisioneros: por qué están allí, cuáles son los pasos que llevan a alguien a entrar en la cárcel y lo que ocurre realmente cuando entras en prisión.

Pensé que contando esa historia, la gente podría pensar sobre ello de manera diferente, algo muy importante en Estados Unidos, donde vive la mayor población reclusa del mundo.

P: Cuando abandonaste Danbury, ¿sentiste que habías aprendido algo?

R: Aprendí mucho de las otras mujeres con las que estuve encarcelada, pero aprendí muy poco del sistema penitenciario, puesto que lo único que te enseña en Estados Unidos es cómo ser un prisionero, lo cual no es muy útil cuando vuelves a la sociedad.

P: ¿Algo sobre la naturaleza humana?

R: Por supuesto. Lo más importante que aprendí es que las cosas que tenemos en común son más importantes que las que nos distinguen, y que tenemos más cosas que nos unen que las que nos separan. Aun así, las diferencias son muy importantes, porque cuando miras el sistema penitenciario americano, ves que dependiendo de tu nivel socioeconómico o de tu raza el Gobierno te trata de una forma u otra.

P: Muchas de las mujeres que hay en las cárceles son madres.

R: Es horrible que haya tantas madres en las cárceles americanas, es descorazonador. El día que llegué vi a una mujer que estaba embarazada de ocho meses, lo que me desconcertó, no podía imaginar ni entender qué estaba haciendo allí. La amplia mayoría de mujeres en prisión no han cometido crímenes violentos, así que poner a tantas madres en la cárcel es una gran tragedia para sus familias, y también para la sociedad en general.

El porcentaje de mujeres que se encuentran en la cárcel se ha incrementado en un 800% desde 1990P: También para sus hijos.

R: La separación entre una madre y su niño es devastadora, así como el estigma de tener una madre en prisión. A menudo esos niños quedan desprotegidos cuando sus madres entran en prisión.

P: Una conclusión a la que se llega tras leer el libro es que la cárcel no sirve para reinsertar, sino para castigar.

R: Acabo de visitar Noruega, un país legendario en lo que se refiere a la reinserción, muy distinto a Estados Unidos. No hay ninguna rehabilitación en EEUU en el 90% de los casos. De vez en cuando aparece algún alcaide con diferentes ideas sobre cómo hacer las cosas, pero es muy poco habitual. Es un gran error, porque el coste económico y social de tener la población presa más grande del mundo está cada vez más claro.

P: Como has dicho, la mayor parte de los presos no han cometido delitos violentos.

R: Es algo particularmente cierto para las mujeres, que se han convertido en el grupo social que más rápido ha crecido en el sistema penitenciario. El porcentaje de mujeres que se encuentran en la cárcel se ha incrementado en un 800% desde 1990.

P: ¿Cuál puede ser la alternativa?

R: Por una parte, las mujeres están particularmente inclinadas a sufrir enfermedades mentales, a veces abuso de sustancias o adicción, problemas que deberían estar en manos del sistema de salud pública y no en el del sistema criminal. Eso marcaría una gran diferencia, la gente sería tratada de otra manera. Además, para crímenes a menor escala, no violentos, hay otras maneras de conseguir que alguien cumpla con su responsabilidad sin enjaularla. Hay un programa en Nueva York llamado Justice Home, donde las mujeres que son madres y que de otra manera habrían entrado en prisión, pasan su tiempo en casa, monitorizadas por el sistema de justicia, pero también ayudadas por los servicios sociales con el objetivo de cambiar sus vidas.

P: ¿Ha cambiado algo en los últimos 10 años, desde que dejaste la prisión?

R: Creo que en EEUU hay una mayor aceptación de que se han tomado malas decisiones en el sistema penitenciario, y que el péndulo ha ido demasiado lejos en la dirección del castigo duro, aunque ahora ha empezado a girar en la dirección opuesta. Hay un mayor consenso entre conservadores y progresistas de que se deben realizar reformas.

P: Algo que llama particularmente la atención del libro del lector es la solidaridad y sentimiento de comunidad que se crea entre las presas. ¿Cree que podría haber ocurrido algo parecido en una cárcel de hombres?

R: Creo que en todas las prisiones o cárceles hay comunidades. Es, obviamente, una comunidad involuntaria, porque nadie quiere estar allí, pero creo que es una comunidad de todas formas. También ocurre con las cárceles de hombres, he visitado varias. Es algo importante que reconocer, y una de las razones por las que a la gente le gusta el libro.

Si has pasado diez años en la cárcel, esa es la única comunidad y la única sociedad que conocesP: Hay muchos mitos sobre la prisión que el cine ha popularizado. ¿Cuáles son los que están más equivocados?

R: Por una parte, existe la idea de que todas las prisiones son lugares incontrolablemente violentos con gente incontrolablemente violenta. Esa no fue mi experiencia. Hay cárceles realmente violentas, sin ninguna duda, pero cuando tienes un sistema penitenciario tan grande como el de Estados Unidos, cada cárcel es diferente. Así que probablemente una cárcel de máxima seguridad masculina va a ser violenta, y una cárcel femenina de mínima seguridad no es un lugar donde habrá mucha violencia. El otro mito es que la gente se reforme, yo no vi a nadie que lo hiciese.

P: También es complicado para quien pasa una temporada en la cárcel volver a la sociedad.

R: Volver a casa es algo que todo el mundo quiere, pero también puede dar miedo y ser complicado para mucha gente. Yo tuve mucha suerte porque cuando volví a casa tenía un lugar seguro donde acudir, un novio que me esperaba, un trabajo… La mayor parte de la gente en la cárcel no tiene esas cosas. Al mismo tiempo, cuanto más tiempo estés en prisión, peor. Si has pasado diez años en la cárcel, esa es la única comunidad y la única sociedad que conoces.

P: En el libro hay historias de quien ha cumplido su condena y pide volver a entrar en prisión, porque no sabe qué hacer fuera…

R: Es una realidad muy trágica, especialmente si has sufrido una larga condena. Diez años es un tiempo muy largo para pasar en prisión, y la ironía es que, para algunas mujeres, las prisiones de mínima seguridad resultan más seguras, lo cual resulta descorazonador.

Los americanos no creen que haya presos políticos en EEUU, pero los hayP: También aparecen presas políticas.

R: Los americanos no creen que haya presos políticos en EEUU, pero los hay. Muchos piensan que en todo caso están asociados con extremismos como el terrorismo, pero hay muchos que han cometido crímenes no violentos, como una monja católica de 68 años que había participado en una protesta pacífica. La hermana Platte cumplía una sentencia de cuatro años por protestar. Es importante que la gente reconozca que América está mandando presos políticos a la cárcel todos los días.

P: ¿Te sentiste alienada la primera vez que te viste en la pantalla?

R: El personaje de Piper Chapman es un personaje creado por Jenji Kohan y por la actriz que la interpreta. Es muy surrealista ver la serie, pero creo que hicieron un buen trabajo. La adaptación toma decisiones muy inteligentes, no creo que fuese necesario hacer una biografía real que siguiese el libro línea a línea, habrá sido menos efectivo. La mejor decisión que hizo Jenji fue presentar un reparto coral.

P: Hay más drama en la serie. También más sexo.

R: Hay sexo en prisión y hay muchas lesbianas, pero las prisiones en EEUU están abarrotadas, todas superan su capacidad. La prisión de mujeres en California la supera en un 70%, así que no hay privacidad. Los seres humanos son criaturas sexuales, está en nuestra naturaleza, aunque nos encarcelen.

P: Me resulta llamativo algo que afirmaste en una entrevista, que hay más gente que ha tenido experiencias con la cárcel de lo que pensamos.

R: América tiene la población de presos más grande del mundo, constituimos el 25% de la población de presos del mundo, cuando construyes una población de presos tan grande, empieza a afectar la vida de muchas personas. Puede ser que alguien haya sido encarcelado brevemente, o que tenga un hijo, a un padre o a un hermano que haya pasado por la cárcel. Hay mucho estigma y vergüenza. Lo que me di cuenta al volver de la cárcel es que si pelas un poco la naranja, te darás cuenta de que mucha gente ha pasado por el sistema penitenciario.

En EEUU el mundo de las prisiones está muy escondido del público, nadie puede conocer la realidadP: De hecho, el libro es una llamada de atención: “Cuidado, te podría pasar a ti también”, algo de lo que no mucha gente es consciente.

R: Creo que una de las cosas que más llama la atención a la gente es eso, todos tenemos algo en nuestro pasado que hemos hecho y que no podemos cambiar. Puede que no sea un crimen, pero todo el mundo tiene algo de lo que arrepentirse. Creo que esa es una de las razones por las que la gente se interesa por el libro, porque todo el mundo tiene miedo de aquello de su pasado que no puede cambiar.

P: ¿Cómo puede ayudar tu libro a otras presas?

R: Creo que es muy importante para la gente que está encerrada ser reconocida como seres humanos y no ser demonizados como si fuesen terribles criminales. En EEUU el mundo de las prisiones está muy escondido del público, nadie puede verlo y nadie puede conocer la realidad. Mi historia es personal, no refleja todas las experiencias, pero espero que ayude a más gente a contar sus propias historias y que incremente el apetito público para saber lo que le ocurre a la gente en la cárcel. 

Alma, Corazón, Vida
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