DEL SABELOTODO AL COMPLETO IGNORANTE

Las peores clases de jefes y cómo pueden destruir tu salud mental

Son muchas y muy variadas las formas en las que tus superiores pueden amargarte la existencia. No sólo a ti: también a tus compañeros, tu familia y tus amigos

Foto: ¿Una amplia sonrisa? ¿Palabras amables? Cuidado: puede pretender ser tu amigo. (Corbis)
¿Una amplia sonrisa? ¿Palabras amables? Cuidado: puede pretender ser tu amigo. (Corbis)

La literatura de superación personal disfruta definiendo las características que convierten a los grandes líderes en lo que son, pero la experiencia personal de multitud de trabajadores en todo el mundo probablemente señalará en el sentido opuesto. Al fin y al cabo, cuando nos reunimos con nuestros compañeros (o amigos, o familiares), raramente solemos elogiar las virtudes de nuestros superiores (que se les presuponen), pero sí quejarnos de sus defectos o de sus comportamientos.

El de la relación empleado-jefe es un terreno abonado para el sufrimiento, pero también para el humor, e infinidad de expertos en trabajo han dedicado un gran número de artículos a definir esos prototipos de jefes que pueden amargarnos la existencia. El último de ellos ha sido la periodista de The Time Martha C. White, que en un reciente artículo distinguía cinco tipologías, pero no es ni mucho menos la única. A continuación presentamos una enumeración de aquellos prototipos de jefes altamente dañinos y con los que probablemente más de uno se verá reflejado.

  • El sabelotodo

Cuando tú vas, él ha ido y ha vuelto tres veces. Por alguna razón, a pesar de que podría solucionar todos los problemas de la empresa en mucho menos tiempo que cinco trabajadores juntos, su especialidad es sentarse y quejarse de lo bien que lo podría haber hecho él y lo mal que lo hacen los demás. Como explica Jeff Hindenach, su meta es “empujarte al límite para demostrar que es más listo que tú”. Es un firme candidato para acudir a las obras de su pueblo a enseñarles cómo se hace un buen edificio tras su jubilación.

  • El motivacional

Uno de los especímenes menos dañinos, siempre y cuando no se le vaya de las manos y olvide que, al fin y al cabo, hay objetivos que cumplir y números que hacer. Puede hacerte sentir el hombre más poderoso del mundo, pero también, un auténtico fracasado si no encajas en su prototipo de empleado ideal. Tienen una exagerada tendencia a pensar que los problemas se solucionan a base de “proactividad” y “dinamismo”.

  • El gilipollas

Perdonen por la expresión, pero define bastante bien su modus operandi. Ante la pregunta de alguien ajeno a la empresa de cómo es el jefe, la mayoría de sus empleados no responderán que bajo o alto o guapo o listo o excéntrico, sino que dirán que es “un gilipollas” (quizá aderezado con algún epíteto), por lo que consideraremos válida dicha definición. No valora tu trabajo, te trata mal, siempre tiene la razón y no respeta los límites de tu vida personal. Si es que no se puede ser más gilipollas.

  • El pasivo-agresivo

Te agarrará por los hombros, te dirá que eres muy bueno, y más tarde te la clavará hasta el fondo. Es más peligroso que el jefe despectivo, ya que hará que bajes la guardia y confíes en él para, acto seguido, destruir tu autoestima. Como explican en Guyism, “es como tener a tu madre de jefe”.

  • El freak del control

En Misery, la novela de Stephen King, la desequilibrada Annie Wilkes se daba cuenta de que Paul Sheldon había intentado escapar de su hogar debido a que había alterado unos milímetros la posición de una de las figuritas de su salón. A este jefe le ocurre algo parecido, aunque quizá no llegue al extremo de cortarte un pie. Eso sí, te llamará a las doce de la noche para garantizarse de que todo está bien –si es que tal cosa es posible en su universo– y triturará toda tu capacidad de iniciativa.

  • El workaholic

La adicción al trabajo no tiene por qué perjudicar a los demás en el caso de un mero trabajador, pero puede ser altamente dañina si se trata de tu superior. Nunca tendrá bastante y, lo que es peor, no entenderá que quizá tú no disfrutes tanto como él quedándote hasta las doce de la noche en la oficina. Quizá te convierta en un gran trabajador, pero acabará con tu vida personal, familiar y emocional.

  • El hombre sin familia ni amigos

Una variante del workaholic, sólo que su deseo por trabajar 18 horas al día no proviene de sus ansias por ayudar a la empresa, sino simplemente, porque irse pronto a casa le obligará pasar ocho horas frente a la televisión comiendo pizza y llorando por las oportunidades perdidas. Atento a su posible variante: el jefe que tiene familia y colegas, pero los odia. Cuidado, puede convertirse rápidamente en “tu amigo” (ver a continuación).

  • Tu mejor amigo

Te elogiará delante de los demás, te preguntará por tu familia, valorará positivamente tu trabajo, te aumentará el sueldo, te irás de cañas con él, saldréis de fiesta juntos, te invitará a tu cumpleaños, te invitará a ir al cine el sábado por la tarde, te preguntará por qué estás tan distante con él, comenzará a sentirse decepcionado y finalmente te despedirá aduciendo “razones personales”. Mejor mantener una saludable distancia física y emocional.

  • El vampiro

Una peculiar tipología en la que el mando intermedio se aprovecha de los de abajo –a los que, en apariencia, desprecia– para hacer pasar sus ideas por suyas. Siéntete agradecido: ha conseguido que esa tontería que se te ha ocurrido termine convirtiéndose en uno de los proyectos de mayor envergadura para la firma. Es probable que se vea a sí mismo como un médium.

  • El político deshonesto

Una de las categorías citadas en el artículo de The Time, que se basa en un estudio publicado en el Journal of Leadership & Organizational Studies para recordar que aquellos que gozan de características de liderazgo semejantes a las de los políticos son percibidos como más éticos por parte de sus trabajadores, por mucho que ello no se corresponda con la realidad. Si tu jefe comienza a hacer promesas para dentro de cuatro años, a utilizar la “democracia” como justificación de sus despidos o a recibir extraños sobres, sospecha.

  • El inquisidor

O como suelen llamarlo en los países anglosajones, el aerodeslizador (hovercraft). Su mejor cualidad es acudir de manera azarosa al puesto de un trabajador, examinar por encima su trabajo y reprenderle por lo primero que se le ocurra. Su olfato para identificar rápidamente el más mínimo error los hace parecer el Gran Hermano, y es capaz de sentir desde su oficina que alguien ha llegado un minuto tarde.

  • El fantasma

Siempre está reunido, o fuera de la oficina o de vacaciones, aunque por alguna razón, todo el mundo se muestra de acuerdo en que su trabajo es imprescindible. El correo electrónico o el teléfono son sus herramientas preferidas, aunque tiene un amor desmedido por la comunicación unidireccional. La dificultad de acceder a él para conseguir un simple “ok” puede ralentizar significativamente tu trabajo y, con él, el funcionamiento de la empresa.

  • La cheerleader

Aplaudirá todo lo que haces, desgastará tu espalda a base de palmaditas, le parecerá genial invertir miles de euros en un proyecto con pocas garantías de éxito y al final conseguirá que os despidan a todos. Pero, eso sí, saldréis a la cola del paro con la autoestima intacta.

  • El bipolar

Una terrible combinación del mejor amigo y el gilipollas, que pueden suceder el uno a otro sin solución de continuidad, pero al menos, con aquellos uno sabía a lo que atenerse. Tu vida en el trabajo se convertirá en un carrusel de emociones y sorpresas, y comenzarás a cruzar los dedos para que el lunes no caiga en luna llena u ocurra cualquier otra de las circunstancias que convertirán a Jekyll en Hyde.

  • El inseguro

Hay muy diferentes razones por las que alguien puede acceder a un puesto de responsabilidad dentro de una empresa, y la competencia o el talento no se encuentran en los primeros puestos de la lista. No hay nada peor que un jefe que necesite reforzar continuamente su posición de poder a través de su despotismo, porque luego intentará ser tu amigo, te robará las ideas y te necesitará 24 horas al día activo para poder cubrir todas las dificultades que puedan surgir en el camino.

  • El incompetente

El inseguro puede haber accedido a su puesto por casualidad, pero al menos es consciente de ello. El incompetente, no: no ha hecho absolutamente nada para merecer el ascenso, pero piensa que éste forma parte de un plan divino para liderar a la humanidad a un nuevo horizonte. No acepta un “no” por respuesta –el jefe es él, no tú–, hasta que es demasiado tarde. Cuidado: si no se le localiza rápido, es posible que termine encontrando vía libre y se convierta en CEO de una gran firma. 

Alma, Corazón, Vida
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