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¿Por qué engordamos si estamos ingiriendo menos calorías?
  1. Alma, Corazón, Vida
EL SEDENTARISMO ES LA CLAVE

¿Por qué engordamos si estamos ingiriendo menos calorías?

Cada vez comemos más cantidad, pero comemos peor y, lo que es más importante, hacemos menos ejercicio. Una dieta no basta para adelgazar

Foto: El problema no es que comamos más, es que nos movemos menos. (Michael Prince/Corbis)
El problema no es que comamos más, es que nos movemos menos. (Michael Prince/Corbis)

Los patrones de alimentación en España y los consumos de energía y nutrientes han cambiado notablemente en los últimos 40 años, difiriendo los actuales en buena medida de la dieta mediterránea tradicional. En concreto, el consumo de energía actual muestra un marcado declive en comparación con el consumo medio de los años sesenta. Estos son algunos de los aspectos principales abordados en el análisis científico La dieta española: una actualización, que forma parte de los trabajos que han servido de base para la elaboración del documento de consenso Obesidad y sedentarismo en el Siglo XXI: ¿qué se puede y se debe hacer?

El documento pone de manifiesto la importancia de las soluciones integradas con respecto al problema del sobrepeso y la obesidad, de tal forma que se tengan en cuenta los distintos factores que influyen en su desarrollo, especialmente el sedentarismo y la inactividad física, que permitan tener un balance energético adecuado, a nivel individual pero también poblacional.

Resulta excesivo para el conjunto de la población española adulta estudiada el aporte de lípidos, que desequilibra el perfil calórico

Esta conclusión adquiere aúnmás relevancia si tenemos en cuenta los datos sobre los patrones alimentarios en España durante los últimos 40 años, en los que se observa cómo –a diferencia de lo que pudiera esperarse según las actuales cifras de sobrepeso y obesidad–, el total de calorías ingeridas hoy por los españoles es un 13% menor que décadas atrás. En concreto, la ingesta media de energía ha pasado de 3.008 kcal/persona/día en 1964 a las 2.609 Kcal/persona/día en 2012.

Según el profesor Gregorio Varela-Moreiras, catedrático de Nutrición y Bromatología de la Universidad CEU San Pablo, autor del estudio y coordinador del documento de consenso, durante las últimas décadas se observa un descenso en la ingesta de todos los macronutrientes excepto de los lípidos.

“Resulta excesivo para el conjunto de la población española adulta estudiada el aporte de lípidos, desequilibrando el perfil calórico, principal índice de calidad de la dieta. No obstante, la calidad de la grasa es todavía razonablemente satisfactoria, toda vez que la contribución de los ácidos grasos monoinsaturados es positiva, si bien deberíamos reducir el aporte de grasa saturada”, señala.

Actualmente, si tenemos en cuenta la contribución de los diferentes grupos de alimentos a la ingesta total diaria de energía, los cereales (24,6%), carnes y derivados (14,3%), los aceites y grasas (13,6%) y la leche y sus derivados (12,5%) son los que contribuyen en mayor medida, seguidos a mucha distancia de los pescados y mariscos (3%), las bebidas no alcohólicas (2,9%) o las bebidas alcohólicas (2,3%).

El estilo de vida inactivo, característica común de las sociedades desarrolladas

Según los expertos, actualmente no sólo hemos reducido el número de calorías diarias. Según el documento de consenso y de acuerdo con los datos de la última Encuesta Nacional de Salud “cuatro de cada diez personas (41,3%) se declara sedentaria (no realiza actividad física alguna en su tiempo libre), uno de cada tres hombres (35,9%) y casi una de cada dos mujeres (46,6%)”.

Unaa vida físicamente activa produce numerosos beneficios para la salud y disminuye el riesgo de mortalidad por enfermedades cardiovasculares

A este respecto, Varela-Moreiras señala que “a pesar de haber reducido la ingesta de calorías en nuestra dieta, no somos capaces de tener un balance equilibrado, ya que nuestro gasto energético debido a nuestro estilo de vida inactivo es muy inferior al deseable. Y desde luego, si reducimos de manera continuada la ingesta de energía, podemos tener dificultades para incluir en esa menor cantidad de energía las vitaminas y minerales necesarios. Si, por el contrario, aumentamos el gasto energético, también nos va a permitir una mayor ingesta de calorías acompañadas de los micronutrientes necesarios”.

Esto es aún más importante teniendo en cuenta que el sedentarismo y la inactividad física no sólo se asocian con el sobrepeso y la obesidad, sino con otras patologías cuyo impacto se encuentra actualmente en algunos casos en fase de análisis. Así, numerosos trabajos científicos señalan al sedentarismo y la inactividad física como factores de riesgo de múltiples enfermedades crónicas (hipertensión arterial, colesterol elevado, triglicéridos, diabetes, ciertos tipos de cáncer, etc.), mientras que por el contrario, una vida físicamente activa produce numerosos beneficios para la salud y disminuye el riesgo de mortalidad por enfermedades cardiovasculares. En definitiva, hoy resulta necesario no sólo transmitir y conocer los beneficios de la actividad física, sino de manera creciente los efectos perjudiciales de la inactividad física y el sedentarismo.

Los patrones de alimentación en España y los consumos de energía y nutrientes han cambiado notablemente en los últimos 40 años, difiriendo los actuales en buena medida de la dieta mediterránea tradicional. En concreto, el consumo de energía actual muestra un marcado declive en comparación con el consumo medio de los años sesenta. Estos son algunos de los aspectos principales abordados en el análisis científico La dieta española: una actualización, que forma parte de los trabajos que han servido de base para la elaboración del documento de consenso Obesidad y sedentarismo en el Siglo XXI: ¿qué se puede y se debe hacer?