La guía psicológica para ligar en la red sin llevarte muchos disgustos
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La guía psicológica para ligar en la red sin llevarte muchos disgustos

Cada vez más personas utilizan los portales de citas como una alternativa rápida y sencilla para encontrar pareja. Pero no es oro todo lo que reluce en internet

Foto: Sí, se puede ligar en internet, pero se ama en la calle. (Michael Bader/Westend61/Corbis)
Sí, se puede ligar en internet, pero se ama en la calle. (Michael Bader/Westend61/Corbis)

Hace una década, cuando internet empezó a ser una herramienta habitual en los hogares españoles, ligar por la red no era algo demasiado bien visto. Se daba por hecho que las personas que acudían a un servicio de citas lo hacían porque no tenían más remedio, porque, sencillamente, eran incapaces de ligar en la “vida real”. Pero esta concepción del flirteo online está completamente desfasada.

Cada vez más personas utilizan los portales de citas como una alternativa rápida, sencilla y que requiere menos compromiso para encontrar pareja, mantener encuentros sexuales casuales o, simplemente, conocer gente.

La industria de los sitios de encuentros no deja de crecer. En los últimos años la facturación de los portales de citas convencionales como Meetic, Match o eDarling ha crecido a un ritmo de casi un 10% anual, pero con el tiempo están apareciendo competidores para otro tipo de público. Es el caso de Ashley Madison, el portal especializado en relaciones extramatrimoniales; Grindr y Tinder, aplicaciones para smarthpone orientadas al sexo casual y un público joven (homosexual, en la primera; heterosexual en la segunda) o Badoo, la red social para conocer gente nueva que es un enorme foro de flirteo online.

Cada plataforma tiene sus propias normas internas, que los propios usuarios van creando sobre la marcha pero, en el fondo, los mecanismos de atracción, cortejo y compromiso son siempre los mismos.

Atracción: la foto lo es todo

Las empresas de citas online presumen de ser más eficientes que el ligue clásico gracias a sus potentes algoritmos, que cotejan los perfiles de cada persona para encontrar compatibilidades. Pero, en el fondo, todo el mundo presta atención a lo mismo: la foto de nuestro posible pretendiente.

Los feos ligan con los feos, y los guapos con quien quieran

Poco importa que un posible candidato tenga gustos afines si su rostro no nos convence. Según Edward Royzman, profesor de psicología de la Universidad de Pensilvania, a la hora de encontrar pareja establecemos una serie de prioridades, que suelen girar en torno a cuatro atributos: atractivo físico, atractivo social, ingresos y fidelidad. Los hombres, explicó en la revista The Atlantic, dicen fijarse más en el atractivo físico, y las mujeres dicen fijarse más en el atractivo social y la fidelidad. Pero esto es sólo nuestra percepción. Al final, cuando visitamos el perfil de un posible ligue, una cosa destaca sobre el resto y anula casi por completo el resto de prioridades: la foto.

Es por esto que sitios como Tinder, en el que se realizan 450 millones de interacciones diarias, tienen tanto éxito. ¿Para qué complicarse tanto si lo único en lo que nos fijamos al ligar por internet es en la foto? En esta aplicación la cosa es muy sencilla: vemos un perfil, con un nombre, una edad y una foto. Si nos gusta, desplazamos la imagen a la derecha, sino, a la izquierda, para no volver a ver nunca más al malogrado pretendiente. Sólo cuando ambas partes aprueban el perfil del otro, Tinder lo comunica a los dos usuarios y permite el contacto. No hay más. Y está arrasando.

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Esto no quiere decir que aplicaciones como Tinder sean la herramienta definitiva para encontrar pareja, pero muchos psicólogos dudan de la utilidad de otro tipo de variables para predecir el éxito de una relación. Para Paul Eastwick, investigador de los mecanismos psicológicos del amor romántico de la Universidad de Texas (EEUU), es cierto que las páginas de contactos convencionales pueden hacer que se conozcan personas con intereses similares, pero esto, en el fondo, no quiere decir gran cosa.

No hay ninguna evidencia de que los algoritmos de los sitios de citan puedan predecir una buena relación

“Si le preguntas a alguien si se parece a su pareja, hablamos de similitud percibida, y eso sí predice una buena relación; pero si tratas ese dato como una variable, tiene una capacidad de predicción muy pobre”, explicó Eastwick a SINC. “Lo que hacen las páginas de citas online es aún más difícil, ¡miden la similitud antes incluso de que la pareja se haya conocido! No hay ninguna evidencia que este proceso pueda predecir una buena relación”.

La foto se convierte pues en la información más fiable que tenemos sobre la otra persona (teniendo en cuenta que no se haya retocado, que todo puede ser), y acaba superando al resto de variables en el primer paso de la selección. Al final, como comentaba a El Confidencial Alberto, un veterano usuario de Badoo, los feos ligan con los feos, y los guapos con quien quieran.

“La gente puede preferir un compañero atractivo, pero acaba saliendo con gente cuyo atractivo es similar al suyo”, asegura Lesle Zebrowitz, profesora de psicología de la Universidad Brandeis. “Puedes apuntar a la luna, pero te quedas con lo que puedes”.

Cortejo y compromiso: del dicho al hecho, hay un trecho

Por lo general, hasta el momento en que damos el paso y concertamos una cita en la “vida real” con alguien que hemos conocido en internet, pasamos un tiempo realizando un cortejo online: intercambiamos mensajes, cotilleamos sutilmente la información que la red nos da de esa persona y pensamos si esa persona puede gustarnos. El problema es que, en sólo 10 minutos de encuentro cara a cara, toda esa percepción puede irse al traste.

La cualidades que mejor predicen el éxito de una pareja, como la compenetración, el sentido del humor o la compatibilidad sexual, no pueden adivinarse a través de un perfil web

Según un esclarecedor estudio dirigido por Paul Eastwick y Eli J. Finkel, y publicado el pasado año en la revista Psychological Science, las personas evalúan a sus posibles ligues en internet de forma distinta a como lo harían cara a cara. Cuando la gente navega por los perfiles online utiliza lo que estos psicólogos han bautizado como un “modo de evaluación conjunta”: comparan a los pretendientes entre ellos y deciden quién es más guapo o puede casar mejor con sus expectativas sociales y económicas. Pero, una vez que se establece un encuentro cara a cara, utilizan el “modo de evaluación independiente”: juzgan a su ligue en solitario, de acuerdo a una simple cuestión: ¿es esta la persona que me conviene?

Esto crea grandes disfunciones, que pueden frustrar a más de uno. “El modo de evaluación conjunta suele hacer que los usuarios se centren en una serie de cualidades que creen deben ser importantes en su potencial pareja y nieguen otras cualidades que realmente son importantes”, asegura Finkel en el estudio.

Lo cierto es que las cualidades que mejor predicen el éxito de una pareja, como la compenetración, el sentido del humor o la compatibilidad sexual, no pueden adivinarse a través de un perfil web. Por eso muchas personas se llevan un chasco cuando conocen a una persona con la que han ligado en internet. “Puedes evaluar mejor la compatibilidad de una pareja en 10 minutos de conversación cara a cara que en 100 horas navegando en perfiles de internet”, asegura Finkel.

Todo esto no quiere decir que los sitios de citas online no sean beneficiosos. Está claro que sirven para ampliar ad infinitum el catálogo de posibles pretendientes, y pueden ser una gran herramienta para las personas que tienen dificultades para conocer gente nueva en su día a día, pero tenemos que ser conscientes de lo que pueden hacer estos portales y de lo que no pueden hacer. Pueden servir para ampliar horizontes, pero en ningún caso un algoritmo puede ligar por ti. Ese es tu trabajo.

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