“Te dicen que si estás en paro es por no estudiar chino mandarín por las noches"
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el 15-M y 'el principito', de maquiavelo

“Te dicen que si estás en paro es por no estudiar chino mandarín por las noches"

Juan Carlos Monedero es una de los referentes intelectuales de los movimientos sociales españoles. Publica un manual político para gente decente

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“Te dicen que si estás en paro es por no estudiar chino mandarín por las noches"

Juan Carlos Monedero es uno de los escasísimos intelectuales que dio la cara por Hugo Chávez (terminó residiendo y trabajando en Venezuela como asesor),lo que le hizo relativamente popular y notablemente odiado en nuestro país. Es fácil de entender: Monedero es eso que se ha dado en llamar un intelectual de izquierda, dos términos desprestigiados hoy, y si a la ecuación le sumamos el calificativo "chavista", el resultado tiene todas las papeletetas para concitar el desprecio de unos y otros. Pero Monedero, director del Departamento de Gobierno, Políticas Públicas y Sociedad Civil del Instituto Complutense de Estudios Internacionales, es mucho más que eso. Figura reconocida en los movimientos sociales, en los que ha estado presente desde hace dos décadas, fue asesor de Llamazares en IU, el PP se querelló contra él en 2003 por ser el propietario del dominio noalaguerra.org. y ha sido una de las personalidades clave en la producción teórica de la izquierda española.

Es autor, además de Curso urgente de política para gente decente, un ensayo que edita Seix Barral con el que pretende “sacar a la luz las cuestiones que alguien tenía la voluntad de guardar en una habituación oscura”. Según Monedero, “un científico social es útil cuando ayuda a ver lo que no se ve. Un libro sirve de algo cuando logra levantar los tejados y reventar los candados que ocultan las verdades”.

Los dos elementos centrales del discurso político hegemónico, afirma Monedero, son el individualismo y la competitividad

Para Monedero, nuestro tiempo está construido a través de una serie de discursos que han forjado un nuevo sentido común,“una racionalidad que fabrica unas gafas con las que observamos el mundo”. Y de las que no somos conscientes: hoy todo el mundo ha asumido las ideas neoliberales, a veces sin darse cuenta, “desde los sindicatos hasta parte de IU, pasando por el PSOE, UPyD, o cualquier otra formación”.

Los dos elementos centrales de ese discurso hegemónico son el individualismo y la competitividad, que nos dibujan una sociedad “en la que todos luchamos entre nosotros y el que gana se lo lleva todo”. A su través construimos un mundo en el que reina la mercantilización ("nunca ha habido tantos bienes sujetos al mercado, desde la educación hasta los sentimientos") y que se percibe como un enorme escaparate. Pero eso genera también una peculiar sensación de omnipotencia, ya que “quien tiene dinero cree que lo puede comprar todo” y termina provocando una acentuada desconexión entre los ciudadanos. Sometidos a la ley de la oferta y la demanda, cada cual intenta hacer valer sus bazas en el terreno de juego, ya sea a través de la competición o de la colaboración.

En ese terreno, la tecnología, advierte Monedero, contribuye a desconectarnos. “En nuestro desarrollo evolutivo nuestros antepasados eran más independientes cuando estaban subidos a los árboles que cuando bajaron a la sabana, donde eran mucho más vulnerables y necesitaban al grupo. La tecnología nos hace subirnos de nuevo a los árboles, haciéndonos creer que no necesitamos al grupo”.

Un alegato a favor de la empatía

Entiende Monedero que el problema de la naturaleza humana es importante, también en la arena política. ya que los grandes modelos sociales siempre han estado respaldados por una concepción del hombre y nuestra época no es excepción. Según la visinón conservadora, que vive en un entorno en el que prima la supervivencia, el mundo es malo, consiste básicamente en una lucha de todos contra todos, y lo esencial en él es saber defenderse cuando las cosas se ponen feas. Según la progresista, a la que se adscribeMonedero, “la biología nos ha proporcionado un seguro de supervivencia llamado empatía. Es la reciprocidad lo que más nos ha ayudado a llegar aquí. Allí donde prima la competencia, como en la manada dominada por el macho alfa, es más fácil que se logren hijos fuertes, pero es mucho más complicado que los nietos sobrevivan. Es la cooperación lo que funciona a medio plazo”. Sin embargo, apunta el profesor de ciencia política, llevamos cuarenta años en que nos abruman con el modelo de la supervivencia, “convirtiendo la ciencia en una prolongación de la teoría de la elección racional”.

Que el 15-M fuese un movimiento sin liderazgo, programa ni estructura, era necesario en su fase inicial, pero ahora esas características se han convertido en tres rémoras

El otro gran terreno en que se ha dejado notar este cambio de mentalidad provocado por los nuevos tiempos económicos es el del empleo, donde reina la precarización. “En Europa, un trabajo ya no dura ni dos años de media. Estudias para trabajar en una profesión que no ejercerás nunca, y eso genera una frustración de estatus que te lleva a autoexplotarte porque siempre estás en el frontera del fracaso. Trabajas más horas que los esclavos en la Grecia Clásica, haces esfuerzos extra para emplearte y estar siempre disponibley, cuando no encuentras un trabajo, te dicen que la culpa es tuya porque no has estudiado chino mandarín por las noches. Y se termina por interiorizar el fracaso”.

Este terreno, que es también el de una clase media que creyó en el mito del ascenso social, y que confió en que sus hijos vivirían mejor que los padres, es en la que se está desarrollando un nuvo tipo de juego político del cual están sacando partido partidos populistas como el de Marine Le Pen. Sin embargo, de ese lugar la izquierda aparece sorprendentemente ausente. Quizá, recuerda Monedero, tenga mucho que ver el hecho de que “la izquierda europea cometió el error de convertir al proletario en clase media sin explicarle cómo había llegado ahí”. Y en gran medida esto ocurrió por renunciar a su tradición intelectual, que era Marx, pero también Gramsci, Lukács, David Harvey o Marshall Berman y convertirla en una moda por la que fueron pasando Giddens, Pettit o Lakoff hasta llegar a Beatriz Talegón. Al final, te quedas sin referentes intelectuales para explicar lo que ocurre”.

Un nuevo quincemayismo

El movimiento que pareció venir a ocupar esa pérdida de lugar y de sentido fue el 15-M, en el que militó Monedero y que entiende fue “más una pregunta que una respuesta”. Entiende que fue un éxito en la medida en que logró romper algunas ideas demasiado asumidas y en que vino a señalar que el emperador estaba desnudo.

Sin embargo, el 15-M está ahora en un momento nuevo, donde carece de capacidad de sorpresa y donde toca utilizar el capital simbólico adquirido. “Que fuese un movimiento sin liderazgo, programa ni estructura, era necesario en su fase inicial, pero ahora esas características se han convertido en tres rémoras. Debe construir nuevos liderazgos que se doten de estructuras con elementos asamblearios, pero liberadas de los lastres del asamblearismo puro, y debe dotarse de un programa alternativo para la gestión política. Y en eso está el movimiento”.Monedero atribuye un elemento positivo añadido al 15-M, como es haber conseguido que en España no haya un partido como Amanecer Dorado, ya que evitó esa salida tan fácil y tan mentirosa de culpar a la emigración. La xenofobia y el racismo de la extrema derecha funcionan únicamente para que la gente no le pueda echar la culpa al sistema”.

También señala al 15-M como un depositario de la ilusión política que se había perdido y que puede congeniar ese impulso más abstracto con elementos pragmáticos.En Curso urgente de política para gente decente, cuenta la anécdota de una estudiante que aseguraba que el último libro que había leído era El principito, de Maquiavelo, confundiendo la obra de Saint-Exupéry con la del florentino.. Y la respuesta, escribe, “que entonces nos hizo sonreír, ahora nos ayuda a pensar. Porque el libro del movimiento bien puede ser El principito, de Maquiavelo, una mezcla sabia de ingenuidad y sensatez”. Esa ingenuidad es hoy imprescindible, afirma, en tanto “sirve para desvelar el burocratismo de la política. Cuando se reúne la gente de los partidos es para repartir cargos y prebendas, cuando lo hace la de los movimientos sociales es para repartir responsabilidades”.

Yo he visto llorar a Chávez porque la revolución iba demasiado lenta y su pueblo tenía necesidades

Monedero es conocido en España por su vinculación con el régimen chavista, una actividad política que asegura le ha perjudicado, en especial en lo académico. Entiende que la defensa de la Venezuela bolivariana era necesaria “en tanto ha sido demonizada, igual que la segunda república, o el Chile de Allende. Dice haber sido crítico con el régimen cuando hizo cosas que no le gustaron, pero que respeta notablemente la figura de Chávez. “Tuve una discusión pública muy fuerte con él, porque entendía que había problemas de hiperliderazgo no resuelto. Dos años después, estando en la televisión pública, Chávez llamó para decir que yo tenía razón. Yo he visto llorar a Chávez porque la revolución iba demasiado lenta y su pueblo tenía necesidades. No me imagino a ningún político español llorando por su pueblo”.